En defensa crítica del “proceso” de cambio: Consulta para una Convocatoria de las organizaciones sociales a la reconducción del “proceso”

El llamado “proceso” de cambio pasa por una crisis, atravesado por profundas contradicciones. Es urgente tomar posición al respecto. ¿Cómo salir de la crisis? ¿Cómo resolver las contradicciones? ¿Cómo avanzar? ¿Cómo profundizar el “proceso” de cambio? Las contradicciones son conocidas; una Constitución que establece el Estado plurinacional comunitario y autonómico en contraste con un Estado-nación conservado por el gobierno; un modelo de economía social y comunitaria, en la perspectiva del vivir bien, encaminado a la independencia económica y a la soberanía alimentaria, que salga del modelo extractivista, en contraste con la continuidad y expansión del modelo extractivista, que nos hace dependientes y conserva el colonialismo impuesto por el capitalismo. Un sistema de gobierno de democracia participativa, definido por la Constitución, en contraste con una práctica caudillista, cupular, prebendal y clientelar de gobernar. Derechos de las naciones y pueblos indígena originarios, constitucionalizados, en contraste con la vulneración de estos derechos, el avasallamiento de sus territorios, desconociendo su autonomía, su autogobierno y libre determinación. Estas contradicciones obligan a la crítica del gobierno y de la conducción del “proceso” de cambio. Esta crítica no puede ser sino radical en contra de las estructuras de poder restauradas y los grupos de poder conformados; en contra de las distorsiones políticas, las prácticas prebendales y clientelares, en contra de las renovadas subordinaciones a las empresas trasnacionales y a las geopolíticas regionales. Empero, no se puede perder de vista la defensa del “proceso” de cambio.

La coyuntura presente, que puede ser definida tanto por la crisis del “proceso” como por la situación electoral de 2014, exige una posición clara ante los dos desafíos. Nuestra posición la definimos en los siguientes puntos:

  1. Respecto a la crisis del “proceso” de cambio, ante sus profundas contradicciones, se requiere urgentemente la reconducción del “proceso”, reconducción dirigida por las organizaciones y movimientos sociales anti-sistémicos.
  1. Respecto a las próximas elecciones, pedimos que sean las organizaciones, el bloque popular, el pueblo, las naciones y pueblos indígenas, las que se pronuncien al respecto. Teniendo en cuenta la calamitosa conducción del gobierno, el haberse convertido en contra-proceso y encontrarse patentemente en contra de la Constitución, se requiere como requisito para una rearticulación del bloque popular, que abrió el curso del proceso

de cambio, mínimamente el cambio completo de las direcciones, tanto gubernamentales, políticas y de las organizaciones sociales.

  1. Las salidas a la crisis del “proceso”, incluso la forma de abordar las próximas elecciones, deben emerger del seno de las organizaciones y los movimientos sociales. Estas salidas no pueden sino estar enmarcadas en la defensa crítica del “proceso”.
  1. Las salidas a la crisis son políticas, es decir, acontecimientos políticos transformadores; implican la reconducción del “proceso”. No son salidas electorales.
  1. No hay una salida electoral a la crisis del “proceso”; las elecciones no serían otra cosa que la verificación cuantitativa de las fuerzas en crisis. El electoralismo es una reducción liberal de la problemática de la crisis.
  1. No estamos de acuerdo con la formación de un frente alternativo de “izquierda” electoralista, que de alternativo sólo tendrá su fuerza crítica y argumentativa; pero, no será una fuerza política alternativa.
  1. Ante la posibilidad de un frente amplio de “derecha”, llamamos a conformar un frente único de “izquierdas”, estratégico y no electoralista, para defender críticamente el “proceso”. Con todas las contradicciones por las que pueda estar atravesado, es el “proceso” que hemos abierto y es el “proceso” que debemos defender ante cualquier intento de retornar a los periodos neoliberales y liberales anteriores. El “proceso” ha sido abierto por la movilización general, aunque haya sido usurpado por grupos de poder, es producto de las luchas sociales. No se puede dar ningún chance al retorno de las “derechas” a retornar al gobierno.
  1. La defensa crítica del “proceso”, la formación de un frente único de “izquierdas”, estratégico y de transformación, en defensa del “proceso”, no quiere decir, de ninguna manera, que se baja la guardia en la crítica del gobierno, de los grupos de poder, de la conducción conservadora, clientelar y prebendal. Todo lo contrario, la crítica es el mejor instrumento de reconducción y la reconducción es la alternativa efectiva para la profundización del “proceso”.

Primera crítica cardinal

Crítica del poder

  1. La principal crítica al gobierno, a las gestiones de gobierno, al núcleo centralizador y concentrador de poder, que funge de conducción del “proceso” de cambio, es haberse arrogado la representación de los movimientos sociales anti-sistémicos, es haberse apoderado del “proceso” como si fuesen sus dueños. Esto no es otra cosa que efectuar la economía política del poder, efectuación que se da en todos los estados, sobre todo en el Estado-nación, economía política de poder que consiste en la diferenciación de potencia social y poder, expropiando la potencia por parte del poder, acumulando la disponibilidad de fuerzas, monopolizando las fuerzas como violencia simbólica, psíquica y física del Estado. Es decir, se hace como todo Estado, sobre todo el Estado moderno, de separar Estado de sociedad, usando el Estado contra la espontaneidad de la sociedad, apropiándose, capturando parte de la potencia social, para reproducirse como clase política dominante, como burguesía, con pretensiones hegemónicas.
  1. En este sentido, la crítica anterior adquiere su especificidad histórica cuando se constata que, con el procedimiento mencionado, de diferenciación de potencia social y poder, la economía política del poder se convierte en economía política de la colonialidad; es decir, de la continuidad colonial en las llamadas sociedades postcoloniales, que en el caso de nuestro, Bolivia, como en los demás países del continente de Abya Yala, continúa la ruta colonial en la forma republicana. En lo que respecta al gobierno llamado “popular e indígena”, la colonialidad continúa presentándose en forma de transición al Estado plurinacional, incluso como tal, simulando pluralidad política, institucional, jurídica, social, económica y cultural, cuando efectivamente se mantiene en las estructuras y arquitectura política e institucional del Estado-nación. Por este procedimiento de simulación el gobierno, llamado también “gobierno de los movimientos sociales”, que es otra usurpación, continúa la colonización de las naciones y pueblos indígenas originarios, emprendida desde la conquista.
  1. Estamos lejos de la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico, como manda la Constitución. Para que esto ocurra se requiere de transformaciones estructurales e institucionales, que no se dieron. Transformaciones que implican pluralismo institucional, pluralismo administrativo, pluralismo normativo, pluralismo de gestión, incorporando como eje primordial del pluralismo de gestión a la gestión comunitaria y a la gestión pública participativa y colectiva, con control social, como manda la Constitución.
  1. El llamado “gobierno de los movimientos sociales” o gobierno popular ha reforzado la maquinaria administrativa, jurídica y política del Estado-nación, mono-nacional, monocultural, nono-institucional. Ha extendido la mediación burocrática, ampliándola a niveles casi insostenibles y espantosamente deficientes, de tal forma que ya no se tiene gobierno, en el sentido de gobernar el Estado (gubernamentalidad), gobernar las fuerzas, sino se tiene como un cuoteo corporativo, concediendo zonas de control a los gremios afines, controlando a las organizaciones con circuitos prebendales y clientelares, centrando y nucleando las decisiones estratégicas en una élite gobernante.
  1. Esta estructura de poder, piramidal y cupular, ha convertido a los movimientos sociales en una figura alegórica, ha convertido a las organizaciones sociales en organizaciones cooptadas clientelarmente, usando a las dirigencias como representaciones perversas de los sindicatos, en una total ausencia de democracia sindical, dividiendo a las organizaciones indígenas, imponiendo representaciones adulteradas y manipuladas. Ha convertido al pueblo, en clave plural, es decir, a los pueblos, a la sociedad, en clave plural, es decir, a las sociedades, a las comunidades indígenas, con territorio comunitario y autoridades originarias, a las comunidades campesinas, con propiedad familiar de la tierra y dirigencia sindical, en rehenes de una economía política del chantaje, de una política de la coerción, del amedrentamiento y de la amenaza.
  1. Este estilo de gobierno ha ampliado considerablemente la antigua práctica de la corrupción, corroyendo las instituciones, conformando ampliamente redes paralelas noinstitucionales de decisión, de poder, de apropiación indebida de los recursos estatales. Esta corrosión institucional ha llegado al extremo de su extensión que se hallan comprometidos en esta práctica desde las dirigencias hasta la cúpula de gobierno, pasando por todas las mediaciones burocráticas y representativas.
  1. Este estilo de gobierno controla o se ilusiona controlar todo, sobre todo se ilusiona conservar el poder, cuando, en realidad, lo que está ocurriendo, es que ha carcomido, con estos procedimientos, las fortalezas no sólo del “proceso” de cambio, sino incluso del propio gobierno. Perdiendo éste el instinto de conservación; desconectado de la realidad, apuesta por la ilusión de la autocomplacencia celebratoria.
  1. Otro fenómeno que se ha manifestado en dimensiones increíbles es lo que se llama el llunkirio, la sumisión y el servilismo indisimulado e indigno a los jefes. La adulación y la alabanza más patéticas son conductas cotidianas en el partido de gobierno, en la administración pública, en el Congreso, en los órganos del Estado, en los medios de comunicación, donde las declaraciones más lisonjeras y serviles se dan de parte de los llunk’u. Esta sumisión y servilismo, esta adulación extrema, no es otra cosa que una estrategia de poder de los llunk’u que medran a la sombra del caudillo, para servirse, beneficiarse y conservar sus pequeños dominios.
  1. Esta estructura de poder cupular y piramidal, amparada en la figura del caudillo, tiene su base social en este llunkirio, en este servilismo y sumisión. Como se puede ver es una base endeble y vulnerable. La falta de convicciones, la ausencia de democracia, el vacío de deliberación, debate y discusión, por lo tanto de uso crítico de la razón, la delegación absoluta de las decisiones a la cúpula gobernante, delegación llamada irónicamente “centralismo democrático” o “disciplina partidaria”, no pueden sostener firmemente una estructura de poder por largo tiempo. Es como una fruta de la que sólo ha quedado la cascara, mientras por dentro se ha podrido y agusanado, quedando sin contenido sustancioso.

Segunda crítica cardinalCrítica de la economía política extractivista

  1. Otra crítica fundamental al gobierno y su ejercicio de poder es la continuidad de una política económica dependiente. La base de esta dependencia es la preservación, extensión e intensificación del modelo colonial extractivista. Se apuesta casi con desesperación a la explotación de minerales, explotación hidrocarburífera y de otros recursos naturales como el Litio, explotación que deriva en la exportación de materias primas a las potencias industriales, antiguas y emergentes, re-convirtiendo al país en reserva de materias primas de las grandes oligopolios y monopolios de las empresas trasnacionales.
  1. El gobierno se contenta y se explaya propagandísticamente con la parcial nacionalización de los hidrocarburos, que, indudablemente, ha mejorado notoriamente los ingresos del Estado, empero no ha logrado la refundación de YPFB como empresa productiva, reducida a administradora del control técnico de las empresas trasnacionales, salvo participaciones localizadas en la explotación y en las plantas separadoras.

Si bien el efecto de las medidas nacionalizadoras generan mayores ingresos para el Estado; en contraposición, la forma de “nacionalización”, parcial e inconclusa, conduce a la compra de acciones, con pleno beneplácito de las empresas transnacionales. Estas empresas, no solamente fraguaron, como ocurrió efectivamente con ENTEL, estados financieros fraudulentos y reparto de utilidades inexistentes, sino que incurrieron en falta de pago de tributos al Estado, usando diversas vías. Estas empresas generaron grandes adeudos tributarios, regulatorios imbuidos, además de comercialización fraudulenta de nuestros recursos. Debido a la forma “nacionalización”, estos adeudos han sido condonados; es decir, el Estado se hace cargo de los adeudos del propio Estado. Por ley se condonó la deuda al Estado, por parte de las empresas trasnacionales; en otras palabras, se perdona su pago a las empresas trasnacionales, que irónicamente son llamadas por el gobierno “socios estratégicos”. A estos “socios” les venimos pagando por sus “acciones”, alimentando su propio enriquecimiento.

Esta autosatisfacción del inicio parcial de nacionalización encubre la entrega de los recursos naturales a las empresas trasnacionales, al capital internacional. Encubre la repetición del eterno retorno del círculo vicioso de la dependencia.

  1. La dependencia es una relación estructural de dominación y sometimiento a la geopolítica del sistema-mundo capitalista, dependencia derivada de la historia colonial y de la colonialidad en la constitución del sistema-mundo, geopolítica que divide al mundo entre centros mutantes y periferias petrificadas, geopolítica racializada basada en la economía política colonial, que diferencia blanco/indio, blanco/negro, blanco/de color, como códigos civilizatorios; interpretando lo blanco y sus aproximaciones como moderno, desarrollo, progreso, bien estar; interpretando lo indio, lo negro, lo de color, como premoderno, pre-capitalista, subdesarrollo, pobreza.
  1. Dependencia y colonialidad son conceptos complementarios. Las estructuras de la dependencia son coloniales, son formas variadas de la colonialidad; la colonialidad es la base multiforme de la dependencia; colonialidad del poder[1], colonialidad del saber[2], colonialidad de cuerpo[3], etc. Colonialidad y dependencia se retroalimentan recíprocamente. La dependencia tiene también una base económica; ésta es el modelo extractivista, que no es otra cosa que una colonialidad económica. La dependencia es colonial y la colonialidad regenera la dependencia.
  1. El gobierno al apostar por la expansión del modelo extractivista, expandiendo la posibilidad de las concesiones petroleras, hidrocarburíferas, mineras, no hace otra cosa que reforzar e intensificar la dependencia y la colonialidad. Sosteniendo esta expansión con la ampliación de la frontera agrícola, invadiendo los bosques y los ecosistemas de equilibrio biodiverso, consolida una composición extractivista que convierte a la agricultura y la ganadería, expansivas, de mono cultivo y de ganadería manipulada, en agricultura y ganadería extractivistas, que atentan contra la madre tierra, los bosques, las cuencas y los ciclos reproductivos de los ecosistemas. La introducción de los transgénicos en el cultivo expansivo de la soya, ahora con la intensión de ampliar a otros productos, ha acrecentado el modelo hacia su desplazamiento neo-extractivista. La presencia de megaminerías, que explotan a cielo abierto, destruyendo los ecosistemas en magnitudes monumentales, son parte de este neo-extractivismo, altamente destructivo, de tecnología avanzada y de bajo empleo de la fuerza de trabajo.
  1. La decantada industrialización no es más que una estafa. Montajes de plantas que no tienen nada de industriales, inversiones que no se justifican, empero sirven para montar escenarios y desviar fondos, aprovechando presupuestos inflados. Plantas separadoras, que obviamente no corresponden al concepto de industrialización, son presentadas como los grandes logros de la industrialización; plantas sobrevaloradas injustificablemente e insosteniblemente, que al final no forman parte de la industrialización sino que son dispositivos materiales del diagrama de poder de la corrupción. El fracaso de la empresa siderúrgica del Mutún es apenas una muestra de las improvisaciones, tramoyas, simulaciones, montajes, que esconden conductas inescrupulosas en la administración indebida de los recursos naturales, que son propiedad de todos los bolivianos.
  1. La dependencia, la colonialidad, el modelo extractivista, cuentan también con un procedimiento administrativo financiero, que corresponde a la concepción monetarista de las políticas económicas que apuntan al equilibrio macroeconómico, respondiendo a los condicionamientos del sistema financiero internacional; forma de dominación y hegemonía del ciclo del capitalismo, en su etapa tardía y de clausura.
  1. El gobierno ha optado por una subordinación consecuente al sistema financiero internacional, a la forma más abstracta de la manipulación y especulación de la valorización dineraria, forma acabada del imperialismo y del imperio. Ha entregado el ahorro de los bolivianos, las reservas fiscales a bancos extranjeros, bancos que son dispositivos claves de la dominación financiera. El gobierno ha emitido bonos soberanos entregando como garantía nuestra soberanía sobre los recursos naturales. El gobierno forma parte de la especulación financiera, de las burbujas financieras, del más flagrante despojamiento abstracto del ahorro y el trabajo de las sociedades. El gobierno se ha entregado al cuerpo descomunal del imperialismo vigente, mientras dice pelear con el fantasma del imperialismo, una figura que quedó en los periodos de la segunda guerra mundial y se extendió hasta la guerra del Vietnam.
  1. Modelo extractivista y política monetarista conforman la composición de una política económica gubernamental que reproduce la dependencia colonial.

Tercera crítica cardinalCrítica del despotismo ilustrado

  1. Una tercera crítica cardinal al gobierno es su descarte del ejercicio democrático en todos sus niveles. Ha optado por la absorción de los órganos de poder del Estado, desechando el marco del equilibrio y división de poderes, que si bien corresponde a la república, se encuentra, sin embargo, constitucionalizado, en la transición al Estado plurinacional comunitario y autonómico. Ha descartado toda deliberación, debate y discusión, imponiendo la verdad del poder, que es la verdad imaginaria de la cúpula gobernante. Haciendo esto, la imposición del despotismo ilustrado, ha acabado con la vida política del movimiento o partido político de gobierno, ha anulado la democracia sindical, ha inhibido al máximo la facultad de raciocinio, llevando al extremo de la obediencia, sumisa y servil, convirtiendo la “disciplina” partidaria en subordinación resignada a las ordenes de los jefes. Llama irónicamente “centralismo democrático”, como sorna sádica, al despotismo elitista de la cúpula gobernante, que confunde el ejercicio de la política con la subordinación cuartelaría, confundiendo a los “revolucionarios”, que de por sí son críticos, con soldados obedientes y subordinados.
  1. Con el descarte del ejercicio democrático, de la democracia como matriz de la política, en tanto suspensión de los mecanismos de dominación, democracia basada en el prejuicio de la igualdad y en la deliberación popular, la representación del pueblo, definitivamente se ha anulado la posibilidad de conformar el sistema político de la democracia participativa, tal como lo establece la Constitución; el ejercicio plural de la democracia, democracia directa, comunitaria y representativa. Con el descarte del ejercicio democrático y la anulación de la construcción del sistema político de la democracia participativa, se impide la participación y el control social, la construcción colectiva de la decisión política, la construcción colectiva de la ley, la construcción colectiva de la gestión pública.
  1. Con estos descarte democráticos y la anulación de la construcción del sistema de gobierno de la democracia participativa, se alejó también la posibilidad de construir una nueva forma de gubernamentalidad, la gubernamentalidad de las multitudes, radicalmente diferente a la gubernamentalidad liberal, extendida en gubernamentalidad neo-liberal, basadas en el dejar hacer y el dejar pasar, así como en la competencia. La gubernamentalidad de las multitudes también es una forma de gubernamentalidad diferente a la gubernamentalidad de Estado policial, que es en lo que finalmente acabó la forma de gobierno “socialista”, al descartar precisamente la democracia como base del socialismo. La gubernamentalidad de las multitudes es la forma de gobierno más avanzada de la democracia, es una profundización colectiva, participativa y comunitaria, pluralista y dinámica de la democracia.

Cuarta crítica cardinal

Crítica de la dominación masculina

  1. La cuarta crítica cardinal al gobierno tiene que ver con su carácter patriarcal. El Estado patriarcal[4] es un concepto que expresa la “síntesis” política de la dominación masculina, la dominación de la fraternidad de los machos. Desde una interpretación histórica, las estructuras patriarcales se remontan a la constitución de las sociedades llamadas sedentarias, las que se organizan sobre la base de la expansión de la agricultura, la revolución verde. Estas sociedades, no todas, tienden a fijar formas de familia, estructuras familiares, relaciones familiares, relaciones infra-familiares, basadas en la diferenciación

“sexual”. Empero, todavía no se hace evidente la dominación masculina; para lograr este efecto de poder se requiere algo más que la condición de posibilidad sedentaria, de la condición de fijación local, territorial, de las estructuras familiares, algo más que de las distinciones y diferenciaciones culturales de los “sexos”. Este algo es un régimen de poder, avalado, por así decirlo, por un régimen ético, moral y religioso. Entre ambos regímenes, el régimen de poder y el régimen religioso, se puede suponer un régimen, primero, de posesión, y después, de propiedad, sobre todo de la tierra, que podríamos llamar, con mucho recaudo, régimen “económico”.

  1. El poder, como diferenciación de potencia y poder, no se da sino a través de capturas de fuerzas de la potencia; para que ocurra esto, se requiere de aparatos de captura, de institución, que ejerza esta captura. Esta institución es posible como imaginaria, además de la composición de su propia materialidad relacional. ¿Cuándo el imaginario del patriarca se convierte en el arquetipo simbólico de la institución, por lo tanto del poder? Es difícil explicar esta constitución imaginaria y esta institución patriarcal sin la intervención de las religiones monoteístas y trascendentales.
  1. La historia de la dominación masculina es diferencial en las distintas sociedades históricas y en las distintas épocas y periodos por las que pasan; empero, se pueden rastrear ciertos rasgos más o menos análogos en algunas de ellas. Las mujeres son asimiladas a posesión y a propiedad, así como con otros miembros de la familia, la tierra, los animales; forman parte de los símbolos del prestigio y la riqueza, ¿de quién? ¿Cuándo el patriarca es el beneficiario de estas posesiones y estas propiedades? Cuando el patriarca se convierte en origen, principio, y fin de todo. Cuando este imaginario patriarcal da sentido a las instituciones, a las cosas, a las relaciones; cuando explica un mundo cuyo centro es el padre creador y dador. Ahora bien, es difícil aceptar que todo esto se haya dado sin resistencias, sin la emergencia de otros imaginarios, que colocaban, mas bien, a la mujer y a la madre en el lugar simbólico del origen. Resistencias e imaginarios reprimidos con posterioridad.
  1. Si bien faltan investigaciones históricas, etnohistóricas, antropológicas y arqueológicas de las sociedades precolombinas sobre este tema, se puede decir que la colonia, o refuerza relaciones patriarcales habidas, o hace aparecer nuevas relaciones patriarcales, o conforma relaciones patriarcales, que antes no habría. Lo que no se puede discutir son las relaciones y estructuras patriarcales conformadas en el mundo colonial, con todas las amalgamas, sincretismos y simbiosis que haya habido. El imaginario patriarcal es indudablemente el imaginario del Estado colonial, tanto en la monarquía absoluta de la Corona, así como en los virreinatos y capitanías de la administración colonial. La iglesia se encarga de inducir formas de familia nucleares y extendidas, claramente diferenciadoras de “sexo” y “género”, de roles y funciones para hombres y mujeres.
  1. La anterior interpretación es más o menos compartida; sin embargo, Silvia Federici tiene otra tesis[5]. Ella comprende que las sociedades anteriores al capitalismo no habían logrado romper las resistencias populares y campesinas anti-feudales, acompañadas de las resistencias de las mujeres, quienes gozaban de mucho prestigio y cohesionaban comunidades alternativas al feudalismo y al capitalismo naciente. Es más, entiende que el capitalismo va a ser mas bien la continuidad, por otros medios, de las dominaciones feudales de las oligarquías, la burocracia y la iglesia; la aristocracia se alía a la burguesía, contando ya con el apoyo de la iglesia, contra los levantamientos populares y las resistencias de las mujeres. El capitalismo requiere de una acumulación originaria de capital, el despojamiento y desposesión de tierras campesinas, de territorios inmensos en las colonias, requiere no solo de la separación de las fuerzas productivas de los medios de producción, sino también de la diferenciación de la reproducción de la fuerza de trabajo; por lo tanto, del condicionamiento de la mujer convirtiéndola en matriz reproductora de la fuerza de trabajo. Para tal efecto, la distinción de género y sexo debía institucionalizarse como modo de reproducción que sostiene el modo de reproducción capitalista.
  1. Entonces, desde esta perspectiva, es con la conformación, la expansión, la consolidación del modo de producción capitalista y del sistema-mundo capitalista, cuando la economía política del cuerpo, la economía política de la reproducción, se instala como diagrama de poder, diferenciando géneros y sexos, estableciendo roles y funciones para hombres y mujeres. Son las instituciones modernas las que logran lo que no habrían logrado las instituciones feudales, vencer las resistencias comunitarias y de mujeres a regímenes de dominación patriarcal. La figura del imaginario patriarcal se traslada a la república y al Estado-nación, expresándose de una manera más matizada, en forma de división del trabajo, distinción de lo público y lo privado, entre trabajo “productivo” y labor “doméstica”. El campo escolar[6] se va encargar de inducir conductas y comportamientos, imaginarios y significaciones, que dejen como evidentes las diferencias de género y de sexo. Es en esta época, la moderna, aparentemente democrática, cuando se institucionaliza y se inscribe en la carne la diferencia sexual; por lo tanto, se modula los cuerpos para su adecuación productiva y reproductiva. Es en esta época cuando la dominación masculina se hace efectiva, se hace “vida”, forma parte de la vida cotidiana, de las prácticas y las relaciones mundanas, extendiéndose en todo el campo de la reproducción social.
  1. La colonización múltiple, las distintas formas de colonialidad, no podrían explicarse sin la colonialidad de género; las dominaciones polimorfas no podrían explicarse sin la dominación masculina, sin la reducción del cuerpo de las mujeres a la función reproductiva, primero, a mercancía “estética”, después. La dominación sobre las mujeres fue clave para el desarrollo del capitalismo, el despojamiento de su espontaneidad y sus libertades fue clave como parte de la acumulación originaria de capital. El erotismo femenino, como potencia alterativa de contra-poder, debería ser condenado o, por lo menos controlado; primero, tipificado como pecado; después, modulado como “estética”, “belleza”, mercantilizables y símbolo de poder. El capitalismo domina y es hegemónico no solo por su expansiva acumulación de capital, por los efectos multiplicadores de su inversión productiva, por la sofisticación de la maquinaria estatal, de la explotación del proletariado, de la explotación y dominación de la naturaleza, sino también por su claro dominio sexual. La dominación masculina sobre las mujeres. Esta dominación en el diagrama colonial y las cartografías de la colonialidad se refuerza como colonialidad de género[7], redoblando la dominación colonial en el cuerpo de las mujeres de color. La diferenciación colonial, la diferenciación racial, blanco/indio, blanco/negro, blanco/de color, se interpreta también como dominación sexual, “afeminando” al hombre de color. El hombre dominante es el hombre blanco, en tanto el hombre de color se encuentra “sexualmente” subordinado. Esta dominación “sexual” se extiende a todas las relaciones jerárquicas entre hombres; los subalternos se hallan en condición “femenina” respecto al jefe, que se comporta como el macho por excelencia. De esto podemos sacar la siguiente conclusión: la dominación masculina no solamente se ejerce sobre las mujeres sino también sobre los hombres. La dominación colonial y la dominación sexual se refuerzan mutuamente, reforzando las polimorfas formas de la dominación capitalista.
  1. El gobierno popular, cuyo eje de poder radica en el mito, en la figura del caudillo, es la expresión redituada del imaginario patriarcal más colonial, apenas disimulada con concesiones manipulables, como es la participación decorativa de las mujeres en el gobierno y en el Congreso, y leyes que supuestamente defienden derechos de la mujer, empero al estar des-contextuadas de una transformación integral de los órdenes de relaciones, de las estructuras e instituciones patriarcales, no tienen mayor repercusión.

Conclusión

38. Las cuatro críticas cardinales al gobierno no conforman un cuadro jerárquico y sucesivo, no es una la principal y las otras las secundarias. Se trata de un cuadro integral y complementario; las cuatro críticas develan un sistema complejo de dominaciones articuladas, que se refuerzan mutuamente. Por lo tanto, las emancipaciones y liberaciones tienen que desmontar al mismo tiempo todo el manojo, todo el sistema complejo de poder y dominaciones.

Programa político

39. El programa político no es otro que la misma Constitución. La construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico; el pluralismo territorial y autonómico; la economía social y comunitaria; la transversal civilizatoria del vivir bien. Conformando el sistema de gobierno de la democracia participativa, efectuando, llevando a cabo, la planificación integral y participativa con enfoque territorial.

La reconducción

40. La reconducción del “proceso” de cambio exige la retoma de la Constitución como programa político; por lo tanto pasa por la abrogación de las leyes inconstitucionales promulgadas por el gobierno, como ser la Ley Marco de Autonomías, la Ley de Deslinde Jurisdiccional, la Ley marco de la Madre Tierra y Desarrollo Integral, entre otras; así como las leyes orgánicas que hacen al Órgano Judicial, incluyendo al Tribunal Constitucional Plurinacional. Construyendo, de una manera participativa, colectivamente leyes fundacionales del Estado plurinacional comunitario y autonómico. La reconducción pasa por el ejercicio efectivo de la democracia participativa, directa, comunitaria y representativa. Pasa entonces por la movilización general del pueblo en la demolición del Estado-nación y en la construcción del Estado plurinacional. Esto pasa por la intervención del gobierno por parte de los movimientos sociales anti-sistémicos y por la exigencia al Congreso de la aprobación de leyes fundacionales, elaboradas colectivamente y consensuadas por el pueblo.

Del colectivo Comuna

Al pueblo que se movilizó

Si es que ya no está muerto elproceso de cambio, está en peligro, no solo como proceso, sino como criatura de la movilización prolongada, del gasto heroico de un sexenio de luchas sociales (2000-2005). Está en peligro no sólo por las inconsecuencias de un gobierno reformista, sino porque ya se da un reagrupamiento de las “derechas”, acompañadas, recientemente por lo que llamaremos el recomienzo de la intervención de los dispositivos de dominación del orden mundial.

Hasta ahora hemos asistido a la usurpación de la lucha de los movimientos sociales por parte de ambiciosos políticos, que no ven otro fin que el fin del poder, no sólo para cumplir con sus anhelos, sino también considerando que el poder para todo, incluyendo, claro está, la creencia de que sirve para elproceso de cambio, del cual tienen una peregrina idea. El peligro radica en que ahora enfrentamos el recomienzo de una intervención del orden de dominación internacional, que ha aprendido las lecciones de sus derrotas, por lo menos en Sud América y en algunos países de Centro América, así como de las movilizaciones de indignados en Europa, además de las movilizaciones de la “primavera árabe”, donde quizás ya haya incursionado con sus comedidas intervenciones. Podemos estar nuevamente asistiendo, en nuevos escenarios, a la usurpación de la movilización por parte de estos dispositivos de poder internacionales y de intervención, capaces de camuflarse y mimetizarse con los descontentos, cuyas demandas no solamente son legítimas sino sentidas.

Lo que acontece en Venezuela nos muestra no solo la complejidad de la crisis política en el contexto de un gobierno progresista, sino también las complicaciones de movilizaciones de protesta, que estallan por la escasez, la pésima administración de los bienes y de los medicamentos, por lo tanto, estallan por los efectos negativos de una burocracia cada vez más alejada de las necesidades populares. No solamente se encuentran, entre los más beligerantes, grupos de choque organizados de “derecha”, sino también, con razones y objetivos distintos, grupos de “izquierda”, también contingentes de ex-chavistas o chavistas en contra de las políticas de Maduro. Hay pueblo enfrentándose al pueblo, pues las organizaciones chavistas, no necesariamente oficialistas, salen a defender lo que consideran es todavía su gobierno. Sin embargo, en toda esta turbulencia de las últimas semanas, también se han detectado agenciamientos de intervención, sigilosos y secretos, que hablan el lenguaje de los movilizados. Estos dispositivos pretenden lograr desenlaces a favor de las estructuras de poder dominantes en el mundo.

Al respecto, no podemos caer en la pueril explicación gubernamental de que las movilizaciones son armadas por las agencias de inteligencia “imperialistas”. Las movilizaciones ocurren por las contradicciones y contingencias del proceso político, no son inventadas por las agencias. No podrían hacerlo. La ceguera gubernamental no quiere reconocer las “causas” del conflicto social. La mejor manera de combatir a los dispositivos de intervención es comenzando en reconocer la crisis política, el conflicto social, las demandas concretas de los movilizados. Para decirlo, de alguna forma, para quitarle la “base social” a las maniobras de la intervención, es indispensable resolver el conflicto social. Obviamente que esta solución no pasa por la represión. La crisis da una gran oportunidad para pasar a formas más abiertas, extendidas y profundas de la democracia participativa.

No es de extrañarse, que estos dispositivos de intervención, intenten expandir a Bolivia sus incursiones, con estilos y métodos parecidos. Ante este peligro, la retórica “antiimperialista” gubernamental no sirve para nada. Es como emplear antiguas armas en una nueva guerra. Armas que no por antiguas son inservibles, sino por inadecuadas. No hacen daño a los nuevos dispositivos, a las nuevas estrategias, no logran contraponerse a las nuevas armas de la geopolítica, de los diagramas de poder, del orden de dominación mundial del capital. Para que se vea que no se trata de descartar lo antiguo; estrategias antiguas conservan su pleno valor ahora. La mejor defensa es el pueblo armado, armado en el sentido literal del término, también armado de la crítica. Un pueblo armado sin crítica es un pueblo convertido en un ejército de soldados, obedientes de generales sin horizonte. Por lo tanto desarmado en las perspectivas y en la potencia social. Un pueblo armado de la crítica es la mejor defensa de losprocesos de cambio. En este caso es un pueblo que abre perspectivas y cuenta con la potencia social, la capacidad creativa de las multitudes, el proletariado nómada, los pueblos, los colectivos de mujeres, las subjetividades diversas.

La tarea inmediata es re-articular el bloque popular que abrió el proceso de cambio. Ciertamente no como soldados al mando de generales engreídos sin perspectiva, pues no pueden tenerla al no contar con la interacción deliberativa y crítica del pueblo. Sino como sujetos autónomos, libres, innovadores, críticos, rebeldes. En este ambiente creativo se forman no solo las mejores defensas de un proceso sino también se abren espacios alternativos, composiciones alterativas, invenciones de lo nuevo.

Ante la coyuntura electoral en Bolivia dijimos que, la crisis delproceso de cambiono tiene salida electoral, sólo la movilización general puede recuperar el vigor, la potencia social, de un proceso descolonizador, emancipador y libertario. Sin embargo, considerando el conformismo generalizado de los y las que se movilizaron, en lo que fue el bloque popular, sobre todo en los sectores afines al gobierno, no parecen darse las condiciones para esta movilización general por lareconducción del proceso.

Ante esta situación, que parece corroborarse, indicando, más bien, que las mayorías irán a votar,Comunano llama a votar por el MAS; eso lo decidirá el pueblo, las organizaciones sociales, las comunidades, los sectores populares, la gente, cada quien, haciendo su propio balance, no sólo del proceso, sino de la historia política boliviana. Sobre todo habrá que considerar lo que aconteció con los gobiernos populistas, perdidos, en sus avatares, después, hundidos en sus contradicciones. Si se diera un frente de izquierdas, como en el caso de Ecuador, tampoco llamamos a votar por este frente de izquierdas. El pueblo, las organizaciones sociales, las comunidades, la gente, cada quien decidirá si vota o no por esta opción.

No somos electoralistas. Las salidas de transformación no son electorales. Nunca lo fueron en la historia política. Si se llega a elecciones con un caudal de voluntades movilizadas es porque hubieron antes victorias políticas, se dio lugar la movilización general, como respuesta popular a la crisis múltiple del Estado y del capitalismo. Este no es el caso de la coyuntura electoral presente, degradada a la compulsa de la votación, en un ambiente caracterizado por la descomposición de un gobierno atrapado por el poder, por la herencia institucional del Estado-nación, por un realismo político corroído, convertido en oportunismo y en inclinación perversa por el clientelismo, el prebendalismo y la corrupción, como formas paralelas del ejercicio de poder. Ambiente caracterizado por la ausencia de propuestas emancipadoras, así como por el retorno de propuestas institucionales de la llamada “derecha” y del llamado “centro”, que lo único que hacen es ratificar su apego al viejo Estado colonial.

En todo caso, bajo estas consideraciones, entendiendo que las mayorías van a ir a votar, lo que sí hacemos es llamar anovotar por las “derechas”, estén o no conformadas en frentes. Si bien hemos llamado al gobierno reformista la nueva “derecha”, no se debe perder de vista que este monstruo es también criatura de las luchas sociales, siendo la matriz de esta monstruosa criatura el mismoproceso de cambio. Hay pues diferencias. No se pueden confundir estos perfiles, estas historias, ni sus genealogías políticas. Votar por esas “derechas” es votar por lo que vencimos en la movilización prolongada del 2000 al 2005.

Cualquiera que fuesen los resultados de las elecciones, antes y después, la tarea es la defensa de la Constitución, incumplida por el gobierno reformista, re-articular el bloque popular en la perspectiva de la retoma de las luchas emancipatorias, descolonizadoras, libertarias.

La defensa de lo que queda delproceso de cambiosigue siendo prioritaria, aunque sea la propia memoria de las luchas, de las movilizaciones, que abrieron esta oportunidad histórica. Sobre todo frente a las señales de intervenciones de los dispositivos de dominación mundial.

La defensa de los recursos naturales, que en el Anteproyecto de Ley de la Madre Tierra del Pacto de Unidad son reconocidos como seres. Defensa de los “recursos naturales” y defensa de la Madre Tierra que exigen la orientación política hacia alternativas al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo. Por lo tanto, orientación hacia una eco-producción, hacia la soberanía alimentaria; construyendo mundos alternativos, construyendo economías solidarias y complementarias entre los pueblos. Saliendo de la geopolítica del sistema-mundo capitalista, de sus lógicas de valorización, de sus estructuras de poder, de sus mallas coloniales, neo-coloniales y redes de la colonialidad. Saliendo de la geopolítica extractivista y de la acumulación obsesiva, el consumismo compulsivo, la ganancia especulativa.

Lo primordial es tener claro el proyecto de contra-poder. El proyecto que no solamente es contra –hegemónico, sino contra las dominaciones múltiples. Se trata de destruir el poder, no sólo como relaciones de fuerzas, sino como captura institucional de la potencia social. Se trata de desmantelar el Estado, no solo como idea de unidad política, no sólo como pretensión de síntesis abstracta de la sociedad, sino como lo que es efectivamente, como campo institucional, como campo burocrático, como campo político, como campo escolar. Campos de captura, a través de estas mallas, de la potencia social; reproduciendo, a través de los diagramas de poder, a través del ejercicio institucional, la institución imaginaria del Estado. En otras palabras, se trata de liberar la potencia social de las mallas institucionales, de las capturas, de las estrategias y procedimientos de estatalización.

La pregunta que nos hacen es: ¿Cómo conformar una cohesión social, cohesión que es política, sin el Estado, que es la instancia que efectúa esa cohesión? El supuesto de que el Estado es la única instancia de cohesión social es la conjetura del poder; este enunciado es precisamente el supuesto que maneja el imaginario estatal. Esta ideología estatal no se puede imaginar una forma de cohesión sin el Estado. Múltiples formas de cohesión social antecedieron al Estado. Históricamente, mas bien, la idea de Estado se montó sobre estas formas perdurables de cohesión social. Las formas de cohesión social concretas y específicas, territorializadas, fueron expropiadas y despojadas de sus técnicas, de sus códigos, de sus saberes, concretos, para dar curso a una “cohesión social” generalizada, abstracta, extensible. Empero, esta “cohesión social” generalizable y abstracta no es, efectivamente tal, no cohesiona efectivamente, sino que funciona como unaideología; hace creer que cohesiona, cuando, en realidad, se basa en las cohesiones ya dadas. Lo que hace esta “cohesión social”, generalizante y abstracta, es integrar la multiplicidad de cohesiones sociales, concretas, específicas y territoriales en la representación de una “cohesión social” abstracta, universal, que, efectivamente, no se da, salvoideológicamente; es decir, como representación.

El individuo moderno, el ciudadano moderno, son mitos de estos procedimientos de abstracción y de universalización. Son representaciones, identidades construidas por el Estado moderno. Ciertamente, también son derechos conquistados. Derechos, que no dejan de ser representados como derechos universales de la humanidad. Históricamente, los individuos y los ciudadanos son también específicos, concretos, aunque sus representaciones sean universales. Las individualizaciones, la ciudadanización, son perfiles de historias específicas, locales, regionales, temporales. La riqueza de las conquistas de derechos se encuentra en estas especificidades, en estas historias concretas, por más que sus discursos hayan sido pretendidamente universales.

Si se puede decir algo del funcionamiento concreto del Estado, es que es una maquinaria productora de abstracciones, de códigos abstractos, de representaciones generales. El Estado construye identidades abstractas o, si se quiere, identidades imaginadas como totalidades. En la primera etapa de la modernidad, esta vaporosa formación y esta abstracción dieron la sensación de libertad. Liberación de las ataduras concretas, locales, territoriales, de las dominaciones patrimoniales; sin embargo, lo que acontecía era que se pasaba de estas ataduras concretas, locales, territoriales, de las dominaciones patrimoniales, a subordinaciones generales, des- localizadas, desterritorializadas, a dominaciones des-patrimonializadas, efectuándose dominaciones desligadas de la sangre y de la herencia, dominaciones estatales decodificadas económicamente, explotaciones económicas legitimadas estatalmente.

Ya hay una larga historia del Estado moderno, más de medio milenio. Forma Estado generalizada, irradiada al mundo entero, forma Estado globalizada. El Estado es la representación de las naciones y de los pueblos, es también la representación de las relaciones entre las naciones y los pueblos. El Estado ha logrado estructurar un lenguaje político, de entendimiento entre los estados, dentro de los estados, de entendimiento entre los ciudadanos. El Estado es la pieza clave del derecho internacional. Si bien no hay un Estado mundial, aunque hay un orden mundial, se puede decir que el Estado circula en el discurso de las naciones.

Las cohesiones sociales efectivas no han dejado de ser concretas, locales, territoriales, incluso regionales; empero, se suponen representativamente “cohesiones sociales” generales y abstractas. Incluso se ha llegado a concebir una “cohesión social” universal, basada en los derechos humanos universales. No se discute la pertinencia política de estos derechos universales, cuando se tienen que defender los derechos de los pueblos y los derechos fundamentales. Lo que se pone en mesa es que estas son representaciones; para hacer cumplir estos derechos, se tiene que pasar por las historias concretas, por los condicionamientos específicos, por los conflictos puntuales, por las relaciones de poder territoriales, que afectan estos derechos.

El problema es que el ejercicio de estos derechos se realiza en el imaginario de las leyes. Para hacerlos cumplir efectivamente hay demasiadas dificultades, pues se tropieza con las relaciones de poder específicas y locales. Incluso cuando se cumple la ley, el beneficio llega al individuo abstracto o al pueblo como abstracción, sin efectuarse plenamente en el individuo concreto y en la satisfacción adecuada de los pueblos concretos.

El Estado se ha convertido en un obstáculo no sólo para hacer cumplir efectivamente los derechos, sino también para la integración solidaria y complementaria entre los pueblos. Peor aún, el Estado se ha convertido en la pieza clave de la dominación mundial del sistema-mundo capitalista.

La distinción entre Estado subalterno y Estado dominante, entre Estado periférico y Estado central del sistema-mundo capitalista, fue crucial en las luchas antiimperialistas del siglo XX. Ahora, los mismo Estados subalternos se han convertido, a pesar de la defensa que pueden lograr, de sus soberanías, de sus recursos naturales, de sus proyectos propios, en los mejores administradores de la transferencia de recursos naturales a los centros del sistema-mundo capitalista. En su defecto, cuando logran industrializarse, parcialmente o de una forma integral, se convierten en los mejores dispositivos del reforzamiento de la estructura cambiante de la dominación mundial de los ciclos del capital, en el perfil contemporáneo del capitalismo tardío. Para dar un ejemplo, entre muchos, se puede decir que todos los Estados están atrapados en las redes y la organización del sistema financiero mundial, sistema nuclear de la acumulación ampliada de capital.

Por eso, la cuestión estatal vuelve a ser primordial; empero, no como cuestión de poder, de toma del poder, como lo desarrollaron las tesis marxistas de la tercera y la cuarta internacional, sino como problema primordial de la articulación de las dominaciones polimorfas, de las dominaciones coloniales, neo-coloniales y de la colonialidad. Entonces la cuestión estatal aparece como problema histórico del desmantelamiento de esta maquinaria abstracta de poder.

Lacrisis del proceso de cambioen Bolivia, la crisis de los gobiernos progresistas de Sud América, no se resuelven electoralmente; sus resultados cuantitativos serán expresión de indecisiones y dilemas no resueltos por los pueblos. Como parte componente de la crisis aparece el conformismo generalizado, que, en otras palabras es la renuncia a las transformaciones, no solo por el gobierno, sino también por las mayorías. En estas condiciones adversas, la tarea es mantener el fuego de la crítica, activar la memoria social, hacer presente las luchas inconclusas, la guerra anticolonial inacabada, las emancipaciones proletarias, las emancipaciones de las mujeres, las emancipaciones de las subjetividades diversas, las liberaciones de los pueblos.

A los propietarios de los recursos naturales, los y las bolivianas

Del colectivo Comuna

Si la Constitución dice que los bolivianos y las bolivianas, es decir, todos nosotros, que nacimos en estas tierras andinas, amazónicas y chaqueñas, tierras de hombres y mujeres insurgentes, por lo menos, en los momentos de crisis y convocatorias emergentes. Ahora, que se repite la historia de la dependencia, que no es otra situación que el de la sumisión, de manera perversa, condenándonos nuevamente al colonialismo y a la colonialidad, cuando se vuelven a entregar nuestros recursos minerales a la vorágine colonial del capitalismo, son pues ustedes, los bolivianos y bolivianas, las que deben defender lo que es nuestro. Lo que no puede volverse a entregar a la vorágine del capitalismo depredador.

La Ley Minera, como lo ha dicho el propio presidente, es una traición a la patria. Si el presidente lo dice y después se manda a cambiar, en un tema ciertamente crucial, sobre la cuestión marítima; sin embargo, manejado todavía en una forma ambigua y endeble[8], a pesar de su presentación al tribunal de la Haya; no es algo que podemos dejar pasar. Si lo ha dicho es por algo, porque de alguna manera lo afecta. No sabemos cómo y por dónde. Lo que importa es que nosotros sí sabemos, con certeza, que la Ley Minera, tal como ha sido aprobada por la Cámara de Diputados, tal como parece ser devuelta a la Asamblea Legislativa, con sólo el artículo 151 revisado y discutido, acompañado quizás por otros artículos menores, entrega, de una manera sorprendentemente desmesurada sumisa, los recursos naturales a la vorágine destructiva del capitalismo, en condiciones que no podían ser más entreguistas y subordinadas. Cuando ocurre esto, cuando entregan los bienes geológicos, los recursos minerales, destinados al vivir bien, como reza la Constitución, a la pulsión de muerte del capitalismo, el deber, la responsabilidad nuestra es luchar porque esto no acontezca. Si se deja que ocurra, será una corresponsabilidad nuestra con este atentado mortal contra la madre tierra y el destino de nuestros hijos.

La historia no es un tribunal, es memoria, memoria social; la historia no juzga, transcurre; nosotros, los bolivianos y bolivianas no somos historia, somos presente. Tenemos la oportunidad de decidir por donde vamos, qué es lo que viene. Si no aprovechamos el momento, que está aquí, esperando una respuesta, si dejamos que las cosas sucedan, no somos más que cómplices miserables, de una reiterada destrucción de las formas y ciclos de la vida.

Ante una Ley, que es resultado de corrosivas prácticas de corrupción, que involucran a altos personeros del gobierno con empresas trasnacionales del extractivismo, intermediando la burguesía cooperativista minera, expoliadora y explotadora del joven proletariado nómada minero, nadie puede quedar callado, estático, pues esta actitud pasiva es comprometedora, es una especia de aval no dicho a este atentado contra los bienes de los bolivianos y de la patria; es una aceptación implícita al saqueo recurrente.

Una Ley que contraviene violentamente, no sólo la Constitución, sino también, la concepción constitucional anterior, donde se establecía claramente la propiedad, la potestad exclusiva del Estado, sobre los recursos naturales, prohibiendo cualquier transferencia de la posesión de estos recursos estratégicos. Entonces, estamos ante una Ley Minera perversa, no solamente entreguista, sino desvergonzadamente subyugada; marco legal, paraíso fiscal de las empresas trasnacionales extractivistas. Una Ley aprobada, ahora reelaborada, con el teatro de que se la revisa, cuando, en realidad, se la consolida, discutiendo superficialmente sólo el artículo 151. Ante esta Ley nadie puede ni debe quedarse callado, tiene la responsabilidad de revelarse, de levantarse, inclusive de manera extrema, pues está en juego el destino de la patria, de los y las bolivianas, de los seres y ciclos vitales de la madre tierra.

Se ha llegado muy lejos. Los gobernantes no sopesan nada, ni miden consecuencias. Están demasiado atrapados por la gravitación de esa compulsa privada del gozo individual, apropiándose, regalando a terceros, bienes primordiales, como si fuesen mercancías despreciables, cuando son bienes y bondades de la vida. Esta desdichada conducta de los gobernantes y legisladores nos coloca en una situación extremadamente peligrosa. Nos pone ante el dilema de ser o no ser de Hamlet de Shakespeare; si dejamos pasar esta inconducta descomunal de los gobernantes y legisladores, comprados por las trasnacionales extractivistas, no somos. Si nos hacemos escuchar, si nos insubordinamos ante estas bajezas humanas, somos. ¿Qué es lo que decidimos? Esa es nuestra pregunta. La tarea nuestra es mantener el fuego, convocar al pueblo a salir a las calles y los caminos, intervenir, evitar que este saqueo despavorido continúe, como si se tratara de una condena.

La Ley minera contraviene totalmente a la Constitución, mantiene la mercantilización de los recursos minerales, en su extensión, de los recursos naturales, así como de los bienes para la vida como el agua, regalándola gratuitamente a las empresas. La Ley Minera despoja a los bolivianos y bolivianas de las reservas fiscales, condenando a COMIBOL a la inanición, entregando concesiones a empresas privadas, encubiertas como cooperativas, y a las empresas trasnacionales, ocasionando con este paraíso fiscal para las empresas privadas mineras la continuidad exacerbada de la privatización de los recursos minerales. La Ley Minera atenta contra los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios, contra los derechos fundamentales de los bolivianos y bolivianas, contra los derechos de los seres de la madre tierra. La Ley Minera mantiene el mismo régimen tributario, impositivo y de regalías neoliberal, el mismo que deja sólo el 8% del valor de la producción minera al Estado. A todas luces es una Ley que descubre la escandalosa corrupción que la ha ocasionado, que es la causa de este entreguismo y esta privatización desmedida.

Rechazamos esta Ley Minera por inconstitucional y por traición a la patria. Convocamos al pueblo a la movilización general en defensa de los recursos que son de su propiedad, resguardando el futuro de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos.

Del colectivo Comuna al pueblo boliviano

Inspiración zapatista: Tomando el ejemplo de las comunidades zapatistas de la selva lacandona

Propuesta de Auto-convocatoria a formar auto-gobiernos

Bolivianas y bolivianos, comunidades plurales, juntas de vecinos, agrupaciones diversas, poblaciones territoriales, familias, ciudadanas y ciudadanos, nos auto-convocamos a conformar auto-gobiernos.

  1. En primer lugar, no requerimos de ninguna elección institucionalizada – que no es otra cosa que la delegación de las voluntades, no sólo de la voluntad general, la transferencia de la propia libertad, a representantes, que usufructúan del poder, resultado de la expropiación política de las voluntades y libertades – para ejercer nuestra libertad de decidir de manera consensuada, de conformar formas de organización, de administración, de composición, de asociación, llamadas de autogobierno. Es un derecho innato, el ejercicio de este derecho es la consecuencia de su existencia. Nos respaldamos en lo que es la vida misma, memoria sensible, capacidad creativa e inteligente. También política y jurídicamente la Constitución establece textualmente este derecho a la autonomía plural.
  1. En segundo lugar, ante la larga historia, que parece interminable, de “malos gobiernos”, así como llaman los zapatistas a los gobierno institucionalizados en las repúblicas criollas, herederas de la colonialidad, es obligación nuestra, en el ejercicio pleno de nuestros atributos existenciales, vitales, sociales, culturales y políticos, conformar auto-gobiernos, que podemos llamar, como lo hacen los zapatistas, “juntas de buen gobierno”, o, si se quiere, el nombre que decidan los consensos sociales y políticos autónomos.
  1. En tercer lugar, una vez que se tome esta decisión colectiva, comunitaria, consensuada, la consecuencia inmediata es la anulación de los mandatos de gobiernos, nacionales, departamentales, municipales, pues no pueden convivir en los mismos territorios “juntas de buen gobierno” y las formas heredadas institucionalizadas de los “malos gobiernos”. Inmediatamente se les entregará una carta de agradecimiento por sus malos servicios prestados, invitándoles a aprender cómo se ejercen los auto-gobiernos asociados. Liberándolos de la espantosa tarea de gobernar desde esa institucionalidad dominante, centralista, oprobiosa, burocrática, corrupta e inservible, subordinada al Capital.
  1. En cuarto lugar, se anulan, inmediatamente todas las leyes inconstitucionales, aprobadas por el gobierno central, se anula la supuesta legitimidad de todos los actos de la institucionalidad heredada, colonial, dependiente, rentista y burocrática. La historia de esas instituciones, representadas en el imaginario del Estado, quedaran para los archivos de historia, las fuentes y registros de la historia, para aprendizaje de las nuevas generaciones de lo que no se debe hacer, para enseñanza de a lo que lleva la inclinación destructiva por las dominaciones. La vida, la defensa de la vida, pasa por criticar, interpelar y anular esta institucionalidad de la violencia abierta y encubierta de las dominaciones.
  1. En quinto lugar, las asociaciones de auto-gobiernos, al recuperar lo común, los bienes comunes, el acceso libre a lo común, al emancipar lo común de la propiedad privada y pública, que usurparon lo común, disponen de estos accesos libres a los bienes comunes y sus ciclos vitales para orientar sus usos, sus consumos, su interacciones, hacia la armonización de las sociedades humanas con todas las sociedades no-humanas del planeta y del cosmos.
  1. En consecuencia, quedan anuladas todas las concesiones territoriales y geológicas, hidrocarburíferas y mineras, además de otras concesiones por el estilo, a las empresas privadas, públicas y mal llamadas “cooperativas”; remarcándose la anulación de concesiones a empresas trasnacionales. Estas decisiones autónomas de las asociaciones de auto-gobiernos están por encima de las leyes estatales e internacionales del orden mundial, pues emergen de la vida y los ciclos vitales.
  1. En sexto lugar, una de las tareas prioritarias de las asociaciones de auto-gobiernos es acabar con las desigualdades, las injusticias, los colonialismos, las discriminaciones, las explotaciones, los patriarcalismos, las depredaciones, las desposesiones, los despojamientos y las contaminaciones contra la madre tierra y los seres múltiples y diversos de la madre tierra.
  1. En séptimo lugar, las asociaciones de auto-gobiernos convocan a una constituyente autónoma y libertaria, que consensue las orientaciones iniciales de los auto-gobiernos y territorialidades integradas, basándose en el libre ejercicio de sus autonomías múltiples, en distintas escalas y niveles.
  1. En octavo lugar, las asociaciones de auto-gobiernos de Bolivia, convocan a todos los pueblos del mundo a hacer lo mismo, de la manera diferente que consensuen sus propias asociaciones de auto-gobiernos. La perspectiva es avanzar efectivamente al auto-gobierno mundial de los pueblos.

Contra la impostura

Comunicado de Comuna

Al pueblo boliviano

En los tiempos de la acumulación especulativa del capital, de la dominación del capitalismo financiero, la política se ha convertido en un teatro, la política del cambio en una simulación grotesca. Los montajes sustituyen a las transformaciones; los demagogos y charlatanes sustituyen a los y las revolucionarias; los gobiernos pretendidamente progresistas, que responden, efectivamente, a un reformismo endémico, han sustituido a gobiernos de vigorosa voluntad, capaces de ejecutar medidas que, en los límites de la soberanía, que en los alcances del nacionalismo-revolucionario, realizaban nacionalizaciones de la única manera que se puede hacerlo, por medio de la expropiación a los expropiadores. El proceso de cambio, abierto por el pueblo boliviano, en su larga lucha de ciclos históricos, condensados en la movilización prolongada de 2000 al 2005, ha sido reducido a las dimensiones prebéndales y clientelares de un gobierno que compra acciones en la bolsa de valores, para presentar esta labor bursátil como nacionalización. Las transformaciones estructurales e institucionales requeridas y demandadas por la Constitución, han sido saboteadas y reducidas a la insignificancia de las ceremonialidades del poder, rito bullicioso y publicitario, que ha convertido el Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico en una presentación folclórica para turistas.

Los movimientos sociales han desaparecido, sustituidos por organizaciones sindicales burocratizadas y clientelares, donde los dirigentes corruptos han entregado la representación social a la manipulación gubernamental. Estos procedimientos de cooptación han abolido la democracia sindical, las asambleas deliberativas, la participación comunitaria, convirtiendo a sus bases en público de espectáculos estridentes, donde habla el caudillo otoñal y el clarividente crepuscular. Este público aplaude mientras los medios de comunicación muestran las escenas festivas de comediantes.

Este panorama triste es un oprobio para un pueblo rebelde y combativo. Al que se lo ha adormecido con promesas mesiánicas y el culto a la personalidad de personas que no tienen personalidad ninguna. La contadas organizaciones indígenas, que tuvieron la valentía de resistir y buscar la reconducción del proceso de cambio han sido reprimidas, descalificadas, perseguidas y, por ultimo, divididas, por medio de los procedimientos más vergonzosos. No hay nada de lo que se puedan sentir orgullosos los ministros cumplidores de la tarea represiva, tan parecidos a los ministros anteriores, de los gobiernos neoliberales y de las dictaduras militares. Salvo la fidelidad servil al caudillo y a su consejero intelectual.

En este contexto decadente y una coyuntura descoyuntada, el camino a las elecciones es la ruta a la muerte del proceso de cambio y su posterior enterramiento. Se está yendo a elegir entre dos opciones equivalentes, si es que no son ya parecidas, entre una nueva derecha que gobierna y una vieja derecha que quiere volver a gobernar. Ambos perfiles políticos, a su manera, sirven al imperio, es decir, a la dominación de la híper-burguesía del orden mundial, compuesta por trece empresas trasnacionales extractivistas y el sistema financiero internacional. Los primeros lo hacen demagógicamente, presentándose como “antiimperialistas”, cuando sólo pelean con el fantasma del imperialismo de la segunda mitad del siglo XX; los segundos, lo hacen con el mismo discurso desplegado por la triste historia de las oligarquías regionales, apegadas a las ilusiones de la llegada de capitales, inversiones soñadas, que cubrirían sus falencias estructurales, herederos de los prejuicios coloniales.

Comuna convoca a mantener el fuego de la crítica, a defender, por lo menos, el recuerdo memorable de las luchas, buscando en la experiencia el aprendizaje, la pedagogía política, para cuando se pueda volver a encender la pradera y continuar con la lucha emancipadora y libertaria emprendida por los caídos.

La discreta comedia electoral

De Comuna a los y las electoras

Se dice que las elecciones forman parte de la práctica democrática o del ejercicio democrático; esto puede ser cierto si se lo toma de una manera general; pero, ¿qué verdad tiene valor efectivo si es general? Todo depende no solo de las circunstancias sino de las condiciones en las que se ejerce el derecho al voto. No solo hablamos de todo lo que todo el mundo debería saber sobre los requisitos básicos de la democracia como, por ejemplo, independencia del órgano electoral, del tribunal electoral, condiciones administrativas adecuadas para la votación como, por ejemplo, registros verificados de los votantes, basados en un censo científico, también en las estadísticas vitales, además de contar con la adecuada información sobre, no solamente los programas de gobierno, sino sobre la realización material de las políticas gubernamentales, siendo uno de los postulantes el partido de gobierno. Nos referimos a las condiciones materiales y culturales que garantizan la libertad, en todo sentido, no solo de opinión y de expresión, sino de voluntad. No estamos induciendo, de ninguna manera, la discusión hacia los reclamos liberales conocidos, como los relativos a las garantías de los derechos civiles y políticos, sino hablamos de la autonomía plural, la autonomía singular, que puede ser individual, la autonomía grupal, que puede ser comunitaria u otra forma colectiva o social, es decir, hablamos del ejercicio de la potencia social. Para no hacer una lista larga nos quedaremos aquí.

Si se cumplen estos requisitos y estas condiciones se pueden hablar de democracia, del ejercicio y las prácticas democráticas; de lo contrario, estamos ante una comedia, que simula la democracia, cuando, en realidad se efectúa la coerción múltiple.

El problema de las elecciones del 12 de octubre es que no cumple con los requisitos y las condiciones democráticas, en el sentido del que planteamos. No ha habido un censo científico; lo que ha habido es una farsa, por lo tanto una conducta irresponsable, que se delata cuando se dice que se hizo el censo, pero no se cumplió con el requisito indispensable de la actualización cartográfica. En Bolivia como en gran parte de América Latina, salvo en San Paulo, no se cuentan con consolidados registros vitales. Lo que se ha montado es una lista perversa de votantes sobre la base de una ausencia censal. Por otra parte, no hay acceso a la información fidedigna, salvo la propaganda, que no tiene ningún valor objetivo. En esto no solo hablamos del gobierno sino también de lo que se llama eufemísticamente “oposición”. El pueblo, este referente tan amplio, tan aparentemente homogéneo, que significa la voluntad general, no ejerce la autonomía, en sus distintas formas. Se mueve o corporativamente, presionada por coerciones organizativas, en un caso, o por presiones de terrorismo “ideológico”, en otro caso. El primer caso, se refiere a los aparatos de presión oficialistas; el segundo caso, se refiere a la especulación aterrorizada y terrorista “ideológica” de la llamada “oposición”. El llamado pueblo, que no es ciertamente, ni homogéneo, ni la voluntad general, no se encuentra en condiciones de ejercer su autonomía, en sus distintas formas; es decir, no se encuentra en condiciones de ejercer y realizar la libertad, concepto moderno que se refiere a la voluntad.

En esta comunicación de Comuna no hablamos ni recurrimos a nuestra crítica política, la que establece que el “proceso de cambio” ha muerto, de que estas elecciones significan el entierro del “proceso de cambio”, de que se está yendo a elegir entre una nueva “derecha” que gobierna – el mejor gobierno de la burguesía recompuesta, la antigua y los nuevos ricos – y la vieja “derecha” que quiere volver a gobernar; hablamos de democracia, de política. Decimos que no se ejerce la democracia, que no se ejerce la política, en el sentido de Jacques Rancière, es decir, en el sentido de la suspensión de los mecanismos de dominación, sino que se habla de democracia, se habla de política, nombres que se colocan a prácticas de coerción y chantaje.

Este es el problema. La simulación de la democracia, que no solamente se da, como se da, en Bolivia, sino en el mundo. No es un problema de este gobierno, el de Evo Morales Ayma, sino de todos los gobiernos llamados “democráticos”, sean progresistas o no, sean liberales o conservadores, sean de “izquierda” o de “derecha”. No es por cierto el problema de las elecciones del 12 de octubre, sino de todas las elecciones, no solamente en Bolivia. El problema en Bolivia es que se trata de un “proceso de cambio” en crisis, que dio marcha atrás. No porque traicionaron los que gobiernan – esta es una explicación ingenua y esquemática -, sino porque se entramparon en las mallas institucionales del Estado-nación, que restauraron extensamente, sino porque se convirtieron en engranajes del poder, como toda revolución, sea socialista, reformista o indígena, que no destruye el Estado y el poder.

Es llamativo que, al respecto, no digan nada, no solo los medios de comunicación, que de la mediocridad en la que se movían, han caído en la calamidad de no informar y no decir nada, convirtiendo los noticiosos en crónica roja, no solo los partidos, incluyendo, sobre todo, al partido oficialista, que han reducido sus discursos a la pobreza grotesca de la diatriba, sino también al “pueblo”, que no reacciona, que se conforma, que es cómplice de esta decadencia.

La decadencia no solamente es culpa de los gobernantes, sino del pueblo que los deja hacer, que no dice nada cuando los gobernantes entregan los recursos naturales, los recursos mineros, los recursos hidrocarburíferios, a las empresas trasnacionales extractivistas. La ley minera es una traición a la patria, tal como tipifica la Constitución a estos actos comprometidos y comprometedores. Los que vayan a votar el 12 de octubre están avalando esta traición a la patria. Tendrán que rendir cuentas a sus hijos y los hijos de sus hijos por este aval entreguista.

No llamamos a no votar, no tiene perspectiva hacer esta convocatoria, pues la mayoría, va a ir a votar. Lo que hacemos es interpelar a los y las votantes. Están firmando la entrega de nuestros recursos minerales a las empresa trasnacionales extractivistas, están firmando el entierro del cadáver de un “proceso de cambio” arrodillado. Están firmando la restauración extendida del Estado-nación, que no es otra cosa que un Estado colonial, aunque subalterno. Están firmando la recolonización. Para no seguir con una lista larga, están firmando la repetición grotesca de la simulación política de una revolución que no se da efectivamente sino en la demagogia desbordante de la publicidad y la propaganda.

[1] Concepto trabajado por Aníbal Quijano.

[2] Concepto trabajado por Estudios postcoloniales, en los que se encuentra Walter Mignolo.

[3] Concepto trabajado por las feministas de-coloniales.

[4] Concepto elaborado por las feministas radicales.

[5] Ver de Silvia Federici: Calibán y la Bruja. Tinta Limón; Buenos Aires.

[6] Concepto elaborado por Pierre Bourdieu.

[7] Concepto usado por María Lugones.

[8] Si bien es una iniciativa que no se puede dejar de apoyar, en la que debemos unirnos bolivianos y bolivianas, no se puede perder de vista que se trata de un mínimo desplazamiento de lo que fue el perfil blandengue de la diplomacia de los gobiernos anteriores, desde los liberales de principios del siglo XX hasta el gobierno de Carlos Mesa; esto es, la gestión puesta en escena en negociaciones interminables, agitadas sobre todo en crisis de legitimidad de los gobiernos. Se espera de un gobierno “revolucionario” un cambio radical respecto al manejo chauvinista, poniendo bien en claro que fueron las oligarquías liberales las que firmaron el tratado de 1904, entregando casi definitivamente Atacama a la geopolítica regional de la burguesía trasandina. Un gobierno “revolucionario”, que asume una posición radical ante todo despojo, lo mínimo que puede hacer es desconocer el tratado de 1904, tratado entreguista, que expresa claramente el manejo desapegado de las oligarquías en relación a nuestros territorios.