Con 92 MM/$us que percibirían los jubilados, según la propaganda oficial, podrían construirse tres hospitales de tercer nivel. Con los 240 MM$us del teleférico podrían ser ocho grandes hospitales. A ese tamaño ascendería el monto del despilfarro. La cobertura no alcanza ni al 3 % de las necesidades metropolitanas

Al iniciar el servicio de la línea amarilla del teleférico, el Presidente inauguró también la segunda fase del mayor sistema gubernamental de trameaje masivo, modalidad de cobro por tramos, cuestionada a los choferes del transporte público tradicional que duplican ingresos “trameando” los recorridos y que el Estado persiste en agudizar y propagar en detrimento de los costos familiares de movilidad urbana.

En paralelo, su gobierno habrá insistido, asimismo, en no interconectar directamente los dos ejes, por ejemplo entre las terminales Feria 16 de Julio−Ciudad Satélite, para prestar un servicio de esperada eficiencia y recorrido continuo.

“Una de las primeras tareas dentro de la segunda fase es unir la línea roja con la amarilla o la verde para formar un sistema”, había anticipado en junio pasado el ministro Vladimir Sánchez, sin cumplir su objetivo.

El reciente “plan maestro” de ampliación y de casi 700 millones de dólares en erogaciones, ha descartado la apenas mencionada “línea azul”, de articulación entre las otras dos terminales: Estación Central y Curva Holguín, que con tarifa reducida calculada en 1.50 sí hubiera beneficiado a la mayoría de los usuarios −pese a el uso de trasbordos e interconexiones debiera ser gratuito, como sucede en otros países− al construir un verdadero sistema y circuito intercomunicado, y no dos o tres ejes paralelos (incluido el proyectado Obelisco-Faro Murillo) tirando cada por su lado sin unirse nunca.

Con criterios más de “trameaje” y ganancia/rentabilidad que de uso social (la interconexión generaría menos ingresos empresariales y más gasto social), ese plan ha preferido, según anunció el presidente Morales en el último aniversario paceño, una conexión distante, obligando a una excursión –no gratuita, con seguridad− por la Av. Periférica, Villa Fátima, Villa Copacabana y San Antonio, para llegar al transbordo de la Curva Holguín, en Obrajes.

Giro y gira que costarán, al modo vigente, el pago de cinco tramos (tres adicionales) si el usuario quiere trasladarse desde el Cementerio a la U. Católica, al CIDES o el hospital Metodista. Peor si va desde la UPEA.

Así, sin sistema técnico directamente interconectado, con criterios onerosos de trameaje; con derroche de recursos cuando faltan hospitales y colegios o mayor seguridad ciudadana, el Presidente habrá estrenado una mega obra de impacto electoral pero que actualmente cubre el escaso 1.7 % de las necesidades del transporte público local.

TARIFAS, INGRESOS Y COBERTURA MÍNIMA

A futuro y con las actuales tarifas, abordar en Chasquipampa o Achumani y llegar a la terminal de Irpavi, costará 3 Bs; pasar a la verde-amarilla hasta Ciudad Satélite, 5 (con rebaja de “un peso”) y 1.50 usar minibús u otro medio a La Ceja. Total: 19 Bs, ida y vuelta, que para una sola persona pudiera no importar, pero si va en familia aunque la más pequeña vaya en hombros y quizá la mascota en la mochila, el costo sumará 76: casi dos jornales de salario mínimo nacional.

Y en recaudaciones, al paso que se va: 2 MM/Bs. al mes sólo boletos, las tres líneas lograrían 72 millones al año, equivalentes a 10.2 MM/$us. requiriéndose no 40 años para reunir los 740 MM/$us. anunciados por el ministro de Obras Públicas, sino 73 años (¡hasta el 2087¡)

Por el mismo rumbo de expectativas decrecientes, se tiene que la línea roja promedia 35 mil transportaciones de pasajeros/día. Si acaso con la amarilla-verde se triplicara esa cantidad, apenas realizarían 100 mil viajes de los casi 2 millones que conforman la demanda diaria en La Paz y El Alto, es decir, el 5 % de lo que se requiere.

Y no el 20 % previsto por el ministro Sánchez en declaraciones del 31 de mayo pasado, lo que desnuda la verdadera esencia marginal del teleférico, “un maravilloso proyecto turístico”, como diría el economista Juan Antonio Morales, de los pocos preocupados junto a Waldo Yanaguaya, del Instituto del transporte-UMSA , sobre este artículo de lujo como medio idóneo de transporte masivo.

Pero eso no es todo. Si el negocio de la primera fase fue para los destinatarios de la inversión efectiva, el consorcio austriaco: 166.5 MM/$us, el mismo Estado que recuperó 42.2 MM/$us, y los supervisores e implementadores del así llamado “sistema”, obtuvieron 25.8 MM$us. que comprenden otras compensaciones, de acuerdo con la versión oficial, el negocio de la segunda fase será de 450 MM/$us, con un costo de 90 millones de dólares por línea.

Y en total las 16 líneas de teleféricos importarán la friolera de 1.400 MM/$us. para “vivir bien” o “estar mejor”, según la intensiva y extendida propaganda en que a sólo tres semanas de los comicios presidenciales se hallan empeñadas instituciones y empresas del régimen, obsesionado por la reproducción del poder a cualquier costo pero sobre todo por el control de los dos tercios parlamentarios, una especie de “cheque en blanco” que espera obtener de los electores