El acento “british” del verdugo del periodista estadounidense Jim Foley, significa una pesadilla para gobiernos y opinión pública del mundo occidental: el de tener en casa propia una “bomba humana”. Son miles de estos “guerrilleros musulmanes” nacidos y crecidos en Europa o residentes en países de la Unión Europea. Estos fanáticos no son sólo británicos, son también franceses, alemanes, belgas, escandinavos e italianos.

No podía ser de otra manera en un mundo occidental globalizado que ha transformado la sociedad occidental en sociedad multiétnica y multicultural. Estos “hijos del odio” son los mismos que pocos años atrás han transformado París en una “guerrilla” y son los mismos de los barrios étnicos alemanes y que forman parte de la segunda, tercera y hasta cuarta generación panislamista.

La novedad es la maciza presencia de muyahidín nacidos o crecidos en Occidente, en los enormes “guetos” de Paris o en las periferias de ciudades como Londres. Con su dogmatismo, el islam radical ofrece extraordinarias certezas, aunque distorcionadas, a estos hijos del mal, muchos de los cuales muy jóvenes. Son la generación del rechazo y del rencor, es una generación hija de su tiempo.

Otro peligro para el occidente y para las grandes metrópoilis, son los “muyadhistas congelados”. Saben usar muy bien armas y explosivos, y pueden atacar por órdenes externas o autonomamente.

El peligro es que el conflicto siro-iraqeno transforme las ciudades occidentales en un nuevo frente de lucha, confirmando que la distinción entre global y local en estos casos es siempre más efímera.