Desde algún tiempo se habla mucho del celibato eclesiástco: la norma de la Iglesia Católica de rito latino que ordena sacerdotes solamente a los bautizados que son “llamados al celibato por el Reino, o viudos que no se han vuelto a casar”.

La discusión sobre este problema ha nacido después de que 26 mujeres que viven bajo el mismo techo con sacerdotes católicos mandaron una carta al Sumo Pontífice, solicitando que ponga fin al celibato impuesto al clero. En la carta escribièron el “sufrimiento” al que eso conlleva, “queremos con humildad, poner a sus pies nuestro sufrimiento para que algo pueda cambiar no sólo para nosotras sino para el bien de la Iglesia”.

Ahora es necesario estudiar y reflexionar los motivos por lo cuales en la iglesia de rito latino ha entrado en vigor el celibato eclesiástico. Seguramente en tiempos del Medio Evo fue por la evolución negativa de la sexualidad cuyo ejercicio se consideró indigno para un ministro del reino.

En el Nuevo Testamento ninguna ley imponía el celibato eclesiástico al contrario de lo que escribió San Pablo a su discípulo Timoteo: “los sacerdotes deberán ser hombres casados una sola vez, que sepan gobernar en su casa. Porque si no son capaces de gobernar en su hogar ¿cómo van a poder gobernar la Iglesia?” Aunque ya desde al Antiguo Testamento algunos hombres como Elías y Jeremías, prefirieron ser celibes.

En el Concilio Romano de 386 se estableció que los obispos casados ya no pudiesen cohabitar con sus esposas. Esta prohibición pero alcanzaba sólo a los obispos y no a los sacerdotes. Cuando el primer Concilio de Letrán (1123) exigió la obligación del celibato, ésta sólo rigió para el mundo latino: en el Oriente cristiano los hombres casados podían ser ordenados sacerdotes y así rige hasta hoy. El celibato entró en vigor solo con il Concilio de Trento (1545-1563), que promulgò en forma inequivoca la exigencia del celibato para todos los que fuesen ordenados sacerdotes.

A partir del siglo XVIII las leyes eclesiásticas iniciaron una progresiva rigurosidad interna. El Códice de Derecho Canónico estableció penas para los delitos cometidos por religiosos concubinos.

Cuando en la década de los años 70, y ventilando numerosas situaciones internas, el papa Paulo VI (1963-1978) optó por conceder autorizaciones a quienes desearan contraer matrimonio, cerca de cinco mil sacerdotes dejaron la Iglesia a través de esa dispensa papal.

Después del Concilio Vaticano II (1962-1965) en Iglesia Latina el celibato obligatorio ha sido abolido para los diáconos, excluyendo los que son candidatos al sacerdocio y no hace mucho se ha ocupado de este tema también el Secretario de Estado de la Ciudad del Vaticano, el Cardenal Pietro Parolin, afirmando que “para la Iglesia no es un dogma y se puede discutir porque es una tradición eclesiástica”