La segunda guerra mundial nos dirigió a una gran polarización que dividió al mundo en dos, desembocando en la derrota de Hitler y las potencias del Eje y la victoria de Roosevelt y los Aliados. 69 años después no existen todavía tambores de una nueva guerra mundial pero sí hay una peligrosa polarización que se refleja en las últimas elecciones para el Parlamento Europeo (que integran 28 países y 751 diputados con el fin de diseñar políticas socioeconómicas y migratorias).

Y en efecto, si hay algo que demuestran estas elecciones es la derrota de los partidos tradicionales moderados (sean de derecha o izquierda), la crisis del sistema (según Eurostat, en 2012, unos 124 millones de personas -24.8% de los 28 países de la UE- estaban en peligro de pobreza o exclusión social), una abstención del 70 y 80% (Rumanía, Polonia, Croacia, Eslovaquia), la emergencia de nuevos movimientos de extremaderecha (después de más de 80 años), y de izquierda populista (IU-PODEMOS-EQUO), así como la afirmación del “estable” poderío alemán.

Un neofascismo pero con nuevo look

De esta forma, tenemos por la derecha, a Marie Le Pen en Francia (la segunda economía de la UE), con su Frente Nacional (que capitaliza la crisis de Mélenchon y el Frente de Izquierda), y a Nigel Farage en Inglaterra con el Partido de la Independencia del Reyno Unido (UKIP), quienes agitan las banderas de la disolución de la UE, la devaluación del euro, la expulsión de los inmigrantes, un freno a la “colonización alemana”, y que han conseguido pasar del 6.3% al 25% (25 de los 70 escaños), y del 3.1% al 27.5% (24 de los 73 escaños), respectivamente.

En Austria, se impuso el Partido de la Libertad con el 20% así como el Partido del Pueblo de Dinamarca con el 27% de los votos. Detrás de estos se encuentran los partidos públicamente fascistas en Grecia como Amanecer Dorado con el 9.4% y el Partido Nacionalista en Hungría con el 15% superando a la socialdemocracia. Por esto, el diario francés Le Monde habla de un eje antieuropeo de derecha París-Londres-Copenhague.

Y no es para menos. “…el Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos de Francia (INSEE) reveló que en 2011 la pobreza en Francia afectó al 14,3% de la población total, su nivel más alto desde el año 1997…Según el INSEE unas dos millones de personas viven con menos de 645 euros por mes (US$877), unos 3,6 millones tienen problemas de vivienda y unos 3,5 millones reciben ayuda alimentaria…en Reino Unido, los bancos de alimentos, administrados por organizaciones caritativas, se han multiplicado por 20…”, redactó la BBC Mundo (El nuevo mapa de la pobreza en Europa, 16-01-14).

A esta cuestión hay que agregar que la victoria del neofascismo se dio gracias a un nuevo marketing político donde Farage vendió la imagen de ser un “ciudadano común” que le gusta beber buena cerveza inglesa en su pub local y que a la misma vez es un hombre exitoso tipo “Lobo de Wall Street”, con una gran repercusión mediática. Algo similar hizo Le Pen, quién con una mirada rebelde, amable y joven, encarnó a la vez el conservadurismo y el cambio, logró darle al FN un nuevo look basado en las banderas tanto de derecha como de izquierda, desde el anticomunismo hasta el cuestionamiento a la globalización.

“…El Frente Nacional es un partido líquido, por utilizar el paradigma de Zygmunt Bauman; un partido camaleón, capaz de adaptarse a todas las frustraciones y de captar todas las pulsiones dentro de una lógica de marketing. Las adhesiones políticas ya no están en las ideologías y creencias, sino en el deseo y las atenciones…Marine Le Pen se envuelve en la bandera francesa, con frustraciones que resucita y actualiza…” (Zona critica, 30-05-14).

No obstante, ahí donde la extrema derecha tuvo un avance significativo en las elecciones pasadas como Bélgica, Italia y Holanda, ahora tuvieron un importante retroceso, lo cual puede implicar que las corrientes de extrema derecha solo sean coyunturales como dicen algunos analistas, aunque el historiador Michael Lowy señaló que, “…Ningún grupo social está inmunizado contra la peste parda. Las ideas de la extrema derecha, y en particular el racismo, han contaminado no solo a una gran parte de la pequeña burguesía y de los desempleados, también a una parte de la clase trabajadora y de la juventud…” (10 Tesis sobre la extrema derecha, Vientosur, 04-06-14).

La emergencia de la izquierda populista

Por otro lado, hay una polarización hacia la izquierda populista como la llama el escritor Pablo Stefanoni. La misma que acaba de generar un “terremoto político” en España con PODEMOS e Izquierda Unida obteniendo el 8 y 10% respectivamente (cuarta y tercera fuerza), en Grecia con Syriza conquistando el 26.5%, en Portugal con el PC y el Bloque de Izquierda con el 18%, y en Bélgica con el Partido del Trabajo (PTB) obteniendo el 5.49% de los votos (algo que no se veía desde hace más de 20 años).

Y es que tanto en España como Grecia y Portugal, las cifras de desempleo y desigualdad son dramáticas. En la tierra de Cervantes Saavedra existen más de 6 millones de desempleados (25% de la PEA). “…En la eurozona, Grecia vive al borde de una catástrofe humanitaria, España tiene tres millones de personas que sobreviven con ingresos mensuales de menos de 307 euros (US$417), las cifras oficiales de Portugal colocan a un 18% de la población por debajo de la línea de la pobreza…”, (BBC Mundo, 16-01-14).

Entonces, parecen ser estas razones de ira ciudadana contra el stablishment las que han permitido la emergencia de fenómenos políticos como Syriza, que incluso ganó en Ática (la región más importante del país y que concentra más de un tercio de la población). Y aunque Syriza (integrada por ex comunistas, socialdemócratas y desertores del PASOK), ha dicho que permanecerá en el UE, lo más probable es que el actual gobierno tenga que convocar en el corto plazo a nuevas elecciones donde Syriza probablemente conquiste la victoria.

Por su parte, en España, no hay duda de que el rol de Pablo Iglesias, líder de PODEMOS, ha sido fundamental para el avance fenomenal de su partido. Catedrático de Ciencia política en la Universidad Complutense de Madrid, de un pasado de izquierdas, con un nuevo discurso filudo y sereno, denunciando a la casta política, los banqueros y los ricos, como responsables de la crisis, así como a la monarquía, y emplazando a Felipe VI a ser elegido jefe de Estado a través de las urnas, ha logrado inspirar a miles de jóvenes convirtiendo a PODEMOS en el partido líder por las redes sociales como facebook y twitter.

“…El 15-M nos enseñó que la fuerza no está en pedirle el carnet a nadie, en que no se puede ir por la vida exigiendo certificados de pureza ideológica. El 15-M no es un movimiento, es la sociedad en movimiento…Somos una iniciativa política cuya principal aspiración es convertir la indignación y el hartazgo social en poder político…”, declaro Iglesias (La Marea, 20-05-14).

Y mientras que Izquierda Unida postuló con un presupuesto de 3.993.268 euros, PODEMOS lo hizo con solo 100 000, demostrando que convertirse en una alternativa política de masas no depende necesariamente de las finanzas sino de un diagnóstico correcto de la situación política, organización, un programa antineoliberal (control público de sectores estratégicos de la economía, Estado laico, derecho al aborto, autodeterminación de los pueblos, no a los desahucios – expropiación de inmuebles vacíos, no al pago de la deuda externa, reducción de los sueldos de los diputados, etc.), y la mística de luchar junto a los movimientos sociales como el 15-M.

Hace 5 meses aproximadamente nadie daba un dólar por PODEMOS. Ahora, se ha convertido en la tercera fuerza política en Madrid y otras ciudades, poniendo en alerta a IU, que solo saco 300 mil votos más. Si a esto sumamos el 3.16% (486.539 votos) del partido Ciudadanos, liderado por Albert Rivera, y el 1.90% (242, 462 votos) conseguido por la coalición que integran Compromís y Equo, pues estamos hablando de un total de 23% de votos obtenidos por la izquierda populista española.

Por su lado, el izquierdista Movimiento de Grillo a mantenido el 21.1% (5,8 millones de votos), y el maoísta PTB, que surgió al calor de las luchas estudiantiles de fines de los 60s, se organizó con la revista AMAMA (que significa Todo el poder a los obreros), y donde se formó el ex presidente de la República Democrática del Congo Laurent Desiré Kabila, hoy se ha convertido en una fuerza política en alianza con trotskistas y estalinistas al conquistar el 5.49% de los votos y la representación de 4 diputados (en la ciudad de Amberes supero a la democracia cristiana, liberales y la ultraderecha obteniendo el 9.04%).

¿Estabilidad en Alemania?

Lo que llama la atención es que mientras que en esta parte de Europa se expresa una polarización a derecha e izquierda, en Alemania, aun con una abstención del 51%, más bien sucede todo lo contrario con la victoria de Merkel (que se basa en el crecimiento del PIB per cápita en un 12,8% de 29.500 a 33.000 euros).

Mientras que el izquierdista Die Linke sacó el 7.4% de votos, Merkel y el partido conservador Unión Cristiano Demócrata (UCD), y su “hermana” bávara la Unión Socialcristiana (CSU) lograron el 35,3% de los votos (34 de los 96 escaños). No obstante, estos resultados no se deben necesariamente a la “vida austera y disciplinada” de Merkel sino a que Alemania es el imperio industrializado más poderoso que se ha beneficiado de la UE, el euro y los ajustes a la clase trabajadora del continente. Dilemas de la vida. Mekler consiguió con la guerra política lo que Hitler no pudo con la guerra militar.

No es casual que justamente el cuestionamiento al poder alemán sea una de las razones del crecimiento de los euroescépticos (en Alemania el partido Alternativa por Alemania logró el 7%, no se opone al movimiento migratorio –una de las bases del crecimiento-, pero si cuestiona el abuso del bienestar y los millonarios rescates a Grecia), y la izquierda radical. Cuestión que puede amenazar, en los próximos años, la estabilidad alemana.

Peligrosa polarización

Así las cosas, la Europa de la postguerra vive una peligrosa polarización que se va profundizar mientras continúe la crisis económica y política.

Por un lado, hay una tendencia hacia una capitalización de la crisis por parte de la extrema derecha que puede desembocar en una nueva versión del nazismo. Al respecto, Michael Lowy escribió, “…Uno de los argumentos utilizados para mostrar que la extrema derecha ha cambiado y que no tiene gran cosa que ver con el fascismo es su aceptación de la democracia parlamentaria…Pero recordemos que un tal Adolf Hitler fue aupado a la Cancillería por una votación legal del Reichstag, y que el Mariscal Pétain fue elegido Jefe de Estado por el Parlamento francés…”.

Finalmente, el sistema también se ve amenazado por el desarrollo de estrategias políticas de alianzas entre la izquierda populista, que en el caso de España, ha causado la histeria de los poderes facticos llamando “chavista” a PODEMOS y Pablo Iglesias. Es más, Mariano Rajoy, acaba de plantear una reforma de la Ley electoral para tratar de evitar lo que las encuestas vaticinan para las futuras elecciones municipales: Una tendencia a crecer de la izquierda populista.