La Habana (PL).- En la pugna entre las potencias europeas para apoderarse de territorios africanos, en el este del continente Francia sólo obtuvo el dominio de Djibuti, pequeño enclave ubicado en el Cuerno Africano; la vastedad del imperio colonial galo se extendió por las regiones del Occidente continental.

La gran rival de Francia en África, Gran Bretaña, que conquistó tantas tierras como París, logró posesisionarse por todo el oriente africano, y en menor grado obtuvieron colonias Italia, Alemania y Portugal. A las ambiciones de esas metrópolis sólo escapó Etiopía, única nación que no fue posesión europea.

Atendiendo a su relieve, el territorio djibutense está formado por un altiplano volcánico poco elevado y bordeado en ciertos lugares por depresiones y lagos, algunos de los cuales, como Assal y el Arol, se encuentran curiosamente bajo el nivel del mar. Los grupos étnicos predominantes son el afar y los issas.

Al igual que otros pueblos del llamado Cuerno Africano, la historia antigua de Djibuti está relacionada con el Egipto faraónico, sobre todo a partir de la II Dinastía en que comenzaron algunas incursiones. En esa época los territorios estaban relativamente despoblados, con pequeños grupos dispersos.

La Edad Media es la etapa del esplendor del imperio musulmán sobre la costa oriental de África. Entre los siglos VII y IX se produjeron asentamientos de los comerciantes musulmanes en torno al Estado etíope para realizar actividades comerciales con ese país cristiano. En Etiopía hasta el presente la iglesia cristiana copta es la predominante.

El Islam vinculó a los dispersos pueblos de las zonas que rápidamente lo adoptaron. En el siglo XI se creó una serie de sultanatos entre el puerto de Zeila y el estado etíope; esos sultanatos se sustentaban en una economía comercial con productos como el marfil y el oro, además de la trata de esclavos.

La historiografía no aporta muchos datos sobre la amplitud del comercio de esclavos, pero se cree que los hombres realizaban trabajo en el campo para sultanes y otros miembros de la clase dirigente; y las mujeres se empleaban en labores domésticas o el concubinato. Tampoco se conoce por cuánto tiempo se extendió la trata en la región.

A pesar de que esos pequeños sultanatos no amenazaban a la cristiana Etiopía, el imperio etíope comenzó en el siglo XV a someterlos, convirtiéndolos en Estados tributarios; sin embargo, la condición de vasallaje no provocó grandes conflictos de carácter bélico entre dominantes y dominados.

Esta fue la situación que encontraron los europeos cuando llegaron en el siglo XIX a las costas del Mar Rojo, atraídos por las riquezas de Etiopía, conocida entonces como Abisinia, y estableciéndose sin grandes dificultades en los territorios bajo dominio musulmán, con el objetivo de comerciar con Etiopía.

El inicio de los trabajos en el Canal de Suez en Egipto, terminados en 1869, convirtió a la zona en un paso estratégico vital para el comercio. En 1862 Francia se había posesionado en Obock con el objetivo de contrarrestar la presencia de Gran Bretaña en Adén, en la actual República de Yemen. Poco después, Francia se hizo presente en Djibuti, puerto de buenas condiciones y lugar idóneo para desarrollar el comercio con Etiopía.

Este fue el inicio de la colonización francesa en la pequeña Djibuti, dominio que se extendió por más de un siglo, durante el cual se desconocieron los derechos de la población autóctona, sometida a todo tipo de vejámenes; los colonialistas, preocupados sólo por obtener riquezas, nunca se empeñaron en elevar el nivel de vida de los djibutenses y brindar al pueblo una perspectiva de progreso.

El comercio en la zona tomó gran auge cuando comenzó la construcción del ferrocarril que servía de enlace entre Djibuti y Etiopía, una vía férrea de línea estrecha terminada en 1917.

En 1896, dada la importancia adquirida por la posesión, Francia decidió darle un estatus colonial bajo el nombre de Costa Francesa de los Somalíes y Dependencia. La construcción del ferrocarril se realizó paralelamente con la edificación del puerto de Djibuti, cuyo tráfico determinó la expansión de la ciudad.

Las primeras décadas del siglo XX se caracterizaron por la penetración y colonización francesa del interior del enclave, y en 1924 se completó la ocupación total del territorio de 21 mil 583 kilómetros cuadrados. Con el fin de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), en la que participaron africanos, se desarrolló la conciencia nacionalista, que cambió el curso de los acontecimientos a favor de los que se pronunciaban por la independencia.

Ante los primeros brotes de nacionalismo, Francia propició algunas reformas tendientes a neutralizar el proceso, y en 1947 se le concedió un nuevo estatus con el nombre de territorio ultramarino. También fueron creados Consejos representativos, en los que se dio algunas posibilidades en el gobierno colonial a los nativos.

Este sistema exacerbó las diferencias entre las dos etnias principales: afar e issas, rivalidades que fueron aprovechadas por los colonialistas para desarticular el movimiento nacionalista, pero tales maniobras no tendrían efecto ante reclamos de libertad. Aún tuvo que transcurrir un buen tiempo antes de que Francia comprendiera que no era posible mantener esa colonia en África y en 1973 se vio obligada a conceder la independencia a Djibuti.

Comores: Maniobras contra la descolonización

La República Islámica de Comores figura entre los países de África menos conocidos internacionalmente, sin embargo esta pequeña nación ubicada en pleno Océano Índico, muestra como pocas en la región las ambiciones de dos metrópolis europeas por controlar ese territorio.

La posición estratégica del Archipiélago de las Comores, frente a la costa oriental del continente, a la entrada del Canal de Mozambique y entre Madagascar y la costa de Tanzania, constituye un punto importante en el Índico.

El archipiélago es de origen volcánico y sus principales islas son Gran Comore, la mayor en extensión; Anjouan, Mayotte y Moheli, y numerosos islotes y arrecifes.

Las islas son conocidas desde la antigüedad. En el siglo XV los árabes se establecieron en el territorio y fundaron varias dinastías. Y en el siguiente siglo se inició el asedio de los portugueses, holandeses, franceses y británicos.

Era la época en que los futuros imperios coloniales europeos comenzaban su rivalidad para apoderarse de amplios territorios africanos, someter a sus pueblos y saquear sus cuantiosas riquezas naturales.

Fue precisamente en el siglo XVI cuando los portugueses, los primeros europeos en pisar suelo africano, iniciaron el comercio de esclavos hacia América, continuado por traficantes de Holanda, España, Francia y Gran Bretaña.

Los africanos obtenidos fundamentalmente en las regiones occidentales del continente, eran enviados a las colonias del denominado Nuevo Mundo y vendidos a los dueños de plantaciones agrícolas para trabajar en régimen de esclavitud.

Con esa fuerza de trabajo esclava que los enriquecía, sustituían a la población autóctona aborigen menos resistente a las duras labores del campo y el trato cruel a que eran sometidos sus habitantes por capataces y propietarios de haciendas.

En la región oriental del continente, al igual que en otras partes de África, Gran Bretaña y Francia fueron protagonistas de agudos enfrentamientos por controlar nuevos territorios. Con tales objetivos arribaron a Comores conquistadores ingleses y franceses.

En 1591 Gran Bretaña se apoderó del archipiélago, y comenzaron a llegar las invasiones procedentes de la vecina Madagascar, integradas por británicos y aventureros de otros países europeos. El control británico en Comores se extendió por casi dos centurias.

A principios del siglo XIX, cuatro sultanes imperaban en cada una de las islas, hasta que el de Anjouan, la segunda ínsula por su extensión territorial, sometió a los de Moheli y Mayotte. Una rebelión en esta última favoreció al sultán de Madagascar y la isla pasó a su poder.

Esta situación fue aprovechada por el colonialismo francés para suscribir pactos de protección con unos jefes locales en detrimento de otros y con posterioridad se apoderó del archipiélago.

Francia ocupó Mayotte en 1843 y las demás islas las adquirió mediante tratados en 1886. La que París no pudo obtener mediante esos engañosos convenios, la consiguió con el uso de la fuerza contra los que se oponían a sus planes.

La firma de pactos de protección fue ampliamente aplicada por Gran Bretaña y Francia en muchos países del continente, valiéndose en unos casos de la debilidad de algún grupo tribal en el poder, y en otros, promoviendo contradicciones interétnicas.

Gran Comore, Anjouan, Mayotte y Moheli, ubicadas geográficamente a miles de kilómetros de Europa, se convirtieron en territorio de Francia sin consultar a la población autóctona, e incorporadas a la posesión de Madagascar, que había caído en manos de París.

Los comorenses observaban como sus escasas riquezas agrícolas partían hacia la metrópoli, especialmente su producción de aceites esenciales destinados a la industria perfumera gala, mientras que se hundían en la pobreza y eran duramente reprimidos por las fuerzas de la metrópoli.

No fue hasta el término de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) cuando Francia separó nuevamente a las Comores de la isla de Madagascar, las que tuvieron desde 1961 una autonomía interna y siete años después cierta autodeterminación, aunque el poder en la práctica era de los colonizadores, a través del Alto Comisario francés destinado en las Comores.

Las autoridades de la nación europea utilizaron disímiles maniobras para impedir la independencia comorense, desmembrando el archipiélago. Pretendían mantener al país bajo estatus colonial a pesar de lo avanzado del siglo XX, cuando casi toda África ya era independiente.

París no pudo impedir la descolonización del llamado Archipiélago de los Perfumes, la única nación de África que como herencia colonial tiene al inglés y al francés de idiomas oficiales, además de hablarse árabe y veinticuatro lenguas africanas, entre ellas el swahili.

Con la liberación de Comores en 1975 se cerraba otro capítulo en la triste historia de la esclavitud y colonización en África, un continente dramáticamente explotado por las ambiciones de riqueza y poder de potencias extranjeras

Chad: De la esclavitud colonial a la libertad

Casi desconocido en el panorama internacional, Chad sufrió los rigores del sistema colonial francés. El dominio extranjero durante décadas sobre Chad determinó que este país cuya extensión territorial es superior en más de dos veces a la de la ex metrópoli colonial, tenga en el presente escasa presencia en el contexto internacional.

El lago que da nombre al país está a 202 metros de altitud y posee entre diez mil y veinticinco mil kilómetros cuadrados, y debe su vida esencialmente a los ríos Chari y Legone que se alimentan con las lluvias de las montañas de Camerún y República Centroafricana.

Con más de un millón de kilómetros cuadrados figura entre las mayores naciones de África, y su territorio está cercado por Libia, Níger, Nigeria, Camerún, República Centroafricana y Sudán del Norte. En el país existen cerca de veinte grupos étnicos que en el transcurso de siglos mantuvieron relaciones fluidas y armoniosas. Los idiomas oficiales son el francés y el árabe, aunque también se hablan más de cien dialectos.

La civilización sudanesa, llamada así por haber tenido en el Sudán su Edad de Oro, se componía de Estados a cuya cabeza se encontraban reyes a quienes se les rendían honores divinos y se les atribuía poderes de la misma índole. Por Sudán se denominó la extensa zona de sabanas al sur del Sahara desde Senegal hasta la actual República de Sudán del Norte.

Es también denominada Sahel, al norte del desierto a la región se le conoce como Magrheb.

Los Estados originarios comprendían uno o más grandes reinos en el centro, y otros más pequeños diseminados por la periferia. Todos mostraban señales de una estructura política más o menos centralizada.

Uno de esos Estados, el reino de Kanen, fue fundado aproximadamente en el siglo IX, al norte del lago Chad. Este reino estaba relacionado con el Bornu, establecido en la costa sur del mismo lago, fundamentalmente, en el territorio de la actual Nigeria, manteniendo entre ambos vínculos económicos.

La introducción del Islam desde la segunda mitad del siglo XI, sirvió como factor de fusión entre los reinos de la región, fundamentalmente bajo el mandato del sultán de Oume (1085-1097). La expansión árabe por el norte africano llegó hasta el reino de Kanen en el siglo XIV cuando ocuparon la parte norte donde se establecieron, influyendo totalmente en la cultura de los habitantes de la región.

Llegaron los europeos Los primeros europeos llegaron al país en 1892, cuando una expedición que se encaminaba hacia el Congo con el fin de unir comercialmente esos territorios con la cuenca mediterránea, hizo contacto con el reino de

Kanen.

Un acuerdo suscrito entre Francia y Gran Bretaña, las dos mayores potencias coloniales del continente, garantizó la presencia de los galos en la región, sobre todo en los territorios de la periferia norte del lago Chad.

Con los europeos se inició una etapa de profundos sufrimientos y humillación para el pueblo. Los nativos de Chad no fueron víctimas del tipo de esclavitud que conocieron los autóctonos de los países situados en la parte norte occidental de África de donde salieron los millones de africanos llevados por los traficantes hacia regiones de América continental y el Caribe.

Sin embargo, la naturaleza de los crímenes de Francia en Chad, en nada se diferenciaba por su crueldad a los cometidos por los esclavistas dueños de plantaciones en el denominado Nuevo Mundo.

La conquista y colonización francesa de la región y de Chad en particular, no resultó fácil, debido a la resistencia que le opuso el norte islámico, que había logrado una unidad religiosa relativamente fuerte.

El sur del país con un clima tropical húmedo, a diferencia del semidesértico del norte, con considerables recursos naturales y una fragmentación política por las creencias animistas de sus habitantes, fue seleccionado como asentamiento por los colonialistas.

Las décadas siguientes no transcurrieron de forma tranquila para los ocupantes extranjeros. Constantemente surgían manifestaciones de rebeldía que eran aplastadas con suma severidad por las tropas francesas.

Para la segunda década del siglo XX, las rebeliones de los nativos fueron dominadas y Francia completó la ocupación total de Chad. La nación como la mayoría de los territorios del África Ecuatorial Francesa, de la que formó parte, no escapó al “esfuerzo de guerra” exigido por Francia a sus territorios coloniales durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), lo que aumentó la explotación de la colonia.

Con el fin de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), nuevas ideas democráticas y anticolonialistas llegaron a África traídas en su gran mayoría por los soldados africanos que pelearon en la contienda en los ejércitos de las potencias coloniales.

El nacionalismo africano recibió un notable impulso con la creación en 1946 del Partido de la Reunión Africana Democrática (RAD), organización nacionalista de carácter regional encabezada por Félix Houpouet Boigny de Costa de Marfil.

Francia intentó detener el movimiento nacionalista africano con pequeñas reformas. Abolió el trabajo forzado y el Código de Indigenado impuesto años antes a sus colonias, en los hechos un código esclavista.

En Chad el movimiento nacionalista tomó fuerza en 1947 con la fundación del Partido Progresista Chadiano, como una sección de la RAD.

Para el colonialismo en la enorme nación, la suerte estaba echada. Elementos recalcitrantes en París se empeñaban en mantener el sistema colonial cuando el siglo XX transitaba por su segunda mitad. Pero en agosto de 1960, Chad se liberó de la esclavitud colonial impuesta por Francia.

* Ex corresponsal en África y colaborador de Prensa Latina.