La Habana, Matanzas y Washington (PL).- Las bioeléctricas suscitan hoy creciente interés en el mundo -y en Cuba- ante la necesidad de producción de energía compatible con el medio ambiente. Actualmente una decena de naciones son paradigmas en el uso de esas instalaciones: Isla Reunión, India, Isla Mauricio, Australia, Isla Guadalupe, Belice, Guatemala, Estados Unidos, Costa Rica, China y particularmente Brasil, que posee 160 de 188 existentes en el orbe.

Globalmente estas unidades tienen un potencia instalada de más 2.800 megavatios, y de esa cifra al menos dos mil corresponden a Brasil, secundado en cuanto a cantidad de bioeléctricas por India (14), Isla Mauricio (tres), Isla Reunión (dos), mientras que los restantes países mencionados poseen una individualmente, detalló la jefa de Generación Eléctrica del Grupo Azucarero Azcuba Bárbara Hernández.

El costo de una instalación de ese tipo se estima en 1,8 millones de dólares por megavatio instalado, para la adquisición de los equipos de las cinco áreas que las integran: plantas eléctrica (turbogeneradores), de vapor (calderas), de tratamiento de agua, y almacén de biomasa y enlace con el Sistema Electro-energético Nacional (SEN). Si a ello se suman las obras de construcción y montaje la inversión puede ascender a dos millones 200 mil dólares.

En realidad, son inversiones millonarias que se sustentan en el costo evitado al país en la generación de electricidad con petróleo en las plantas de la Unión Nacional Eléctrica (UNE), ya que la caña es un cultivo que almacena energía solar -siete veces más que cualquier otra biomasa- hasta producir una tonelada equivalente a petróleo por cada tonelada de azúcar fabricada, ilustró Hernández.

Cuba evalúa un grupo numeroso de proyectos para el desarrollo de fuentes de energía renovable, afirmó el ministro de Energía y Minas Alfredo López. Mencionó las 34.658 instalaciones que utilizan fuentes de energía renovable, entre ellas, más de 10 mil calentadores solares, 827 plantas de biogas, 187 hidroeléctricas y cuatro parques eólicos experimentales con 20 máquinas de una potencia total de 11,7 megawatt (MW).

López se refirió a la construcción este año de un nuevo parque eólico de 51 MW en la provincia oriental de Las Tunas, que tendrá 34 aerogeneradores de 1,5 MW de capacidad cada uno, así como más de un centenar de plantas de biogas, más de seis 1.500 calentadores solares y 1.400 molinos de viento. Para el futuro Cuba evalúa la construcción de 13 parques eólicos con una capacidad de 633 MW en total, sobre todo en la costa norte del país. En energía fotovoltaica se estudia la producción de 400 MW en todo el país, en biomasa cañera podría llegar a generar 420 MW, en hidroenergía 55 MW, biomasa no cañera 47 MW y otros programas de biogas 27 MW.

El programa de AZCUBA consiste en poner en marcha desde 2015 hasta 2030 no menos de 765 megavatios en 19 plantas bioeléctricas, tanto anexas a centrales azucareros o con remodelación de la base energética existente. Los ingenios molerán durante (150 – 180) días/año, a no menos del 85% de su capacidad.

Actualmente el país negocia el montaje de tres bioeléctricas situadas en los ingenios Jesús Rabí, Ciro Redondo y 5 de Septiembre, la primera en el occidente y las otras dos en la zona central, las cuales pueden aportar conjuntamente unos 140 megavatios. Según Hernández, la industria azucarera cubana, con una generación total de 626 giga vatios /hora, aporta hoy el 86% de la energía suministrada por las fuentes renovables en esta isla. El 14% restante corresponde a la eólica, fotovoltaica, hidroenergía y solar térmica.

Cuba-Azúcar: ¿Por qué la diversificación?

Cuba trabaja por una mayor utilización integral de la caña de azúcar, consciente de la importancia de esta planta para la producción de alimentos y energía, en forma compatible con el medio ambiente. No es fortuito que varios lineamientos de la política económica y social del país estén relacionados con este sector, en particular con la necesidad de aumentar de forma gradual la producción de azúcar y derivados, y de su diversificación, teniendo en cuenta las exigencias del mercado internacional e interno.

En efecto, esa planta, por su gran capacidad de captar la luz solar y transformarla en biomasa aprovechable, ofrece grandes posibilidades al desarrollo sostenible en los países de las zonas tropical y subtropical que la cultivan. Según expertos, su importancia presente y para el futuro inmediato no está, exclusivamente, en lo que representa el valor del azúcar como alimento para la economía de quien la produce. Ella radica, además y de manera creciente desde el punto de vista energético, en el aprovechamiento de la biomasa con vistas a aportar electricidad, alcohol, alimento animal y una gama más amplia aún de otros derivados.

A juicio del director del Instituto Cubano de Investigaciones de los Derivados de la Caña de Azúcar (ICIDCA) Luis Gálvez, es necesaria la diversificación de ese cultivo porque además de constituir una materia prima renovable, a partir de su aprovechamiento integral se crean nuevos productos de alto valor agregado.

Asimismo-añade- representa una planta que da respuesta a las principales preocupaciones del tercer milenio, vinculadas a la necesidad de producir alimentos y energía y de contribuir a la solución de problemas relacionados con el medio ambiente. Según Gálvez, una estrategia de diversificación de la agroindustria presupone maximizar la explotación de la biomasa de caña y flexibilizar la producción de derivados, a fin de satisfacer la demanda de productos agropecuarios e industriales.

También, revalorizar los productos y subproductos y derivados del proceso de fabricación, explotar eficientemente las potencialidades energéticas de la caña para la generación de combustible y energía, y preservar la fertilidad de los suelos. Esto último, al reintegrar los nutrientes de los subproductos agrícolas o industriales que aporta este milenario cultivo, cuya capacidad fotosintética es muy superior a la de cualquier biomasa, declara el directivo a Prensa Latina.

Con una inversión de 60 millones de dólares las autoridades de la occidental provincia cubana de Matanzas iniciarán la construcción de una planta bioléctrica que empleará biomasa para su producción. Está previsto el inicio del montaje de la unidad, de tecnología china y que generará 20 megawatts, en el central azucarero Jesús Rabí del municipio de Calimete, a unos 150 kilómetros al sureste de La Habana.

Esa producción abastecerá las necesidades de electricidad de la fábrica y tributará el 70% del fluido al sistema electroenergético nacional, de acuerdo con una reseña del sitio digital del semanario Girón. La entidad empleará como materia prima el bagazo, residuo de la caña de azúcar, y facilitará un mejor balance energético en esa industria, mientras en un futuro podrán emplear otros residuos forestales como el marabú o el aserrín, acorde con la fuente.

Sergio Barreto, director de Plantas Industriales de la Empresa Azucarera Matanzas, explicó que la inversión incluirá transformaciones de algunas áreas del central como la zona destinada al pesaje de la gramínea y la planta de tratamiento de agua. Esta será la primera bioeléctrica de su tipo que operará en Cuba y especialistas que estarán encargados de su funcionamiento, viajaron a China para la debida capacitación.

El ingenio Jesús Rabí resultó electo para este proyecto por la disponibilidad de caña lo que garantizará el bagazo necesario para la fabricación eléctrica. Según datos estadísticos, en el territorio matancero se incineran grandes cantidades de residuos de cosecha y aprovechar las posibilidades de las energías renovables a partir de la biomasa cañera, representará ventajas económicas y ecológicas.

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Cuba apuesta al desarrollo de la hidroenergía

La utilización del agua en Cuba para generar electricidad -que data de principios del siglo XX- recibe un notable aliento al calor del desarrollo de las fuentes renovables de energía. El país cuenta con 180 instalaciones hidrogeneradoras, distribuidas en nueve provincias y 38 municipios, de las cuales 149 prestan servicio de energía eléctrica a ocho mil 629 viviendas que albergan conjuntamente a 34 mil habitantes en zonas rurales y montañosas de difícil acceso, según Alien Pérez, subdirector del Centro Integrado del Tecnologías del Agua (CITA), del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH). Entre los beneficiados se incluyen 78 consultorios médicos, 138 escuelas, y otros 529 objetivos económicos y sociales. Las 31 instalaciones restantes entregan su energía al Sistema Electroenergético Nacional (SEN).

Antes de la década de 1980 se contaba con un pequeño número de instalaciones, entre ellas la hidroeléctrica Hanabanilla, las del Guaso y San Blas, y algunas micro hidroeléctricas, indica Pérez. A tenor del desarrollo de la voluntad hidráulica, dirigida al máximo aprovechamiento, acceso al recurso agua y protección de la población, comenzó la construcción de hidroenergéticas, fundamentalmente mini y microeléctricas, destinadas a suministrar esta fuente de energía a pobladores del macizo montañoso.

De acuerdo con la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE), las hidroeléctricas se clasifican en microhidroeléctricas, minihidroeléctricas y Pequeñas Centrales Hidroeléctricas (Pche), según el rango de capacidad de potencia instalada.

Las microhidroeléctricas son las unidades que poseen de potencia hasta 50 KW, mientras que las que tienen de 50 a 500 KW se ubican entre las minihidroeléctricas. Cuando la instalación cuenta desde 500 hasta cinco mil KW clasifica como Pche. La categoría de central hidroeléctrica es para las que poseen más de cinco mil KW.

La potencia total instalada en el país es de 65 MW y la generación promedio anual de electricidad es de 128 mil MW por hora, lo cual permite el ahorro de 25 mil toneladas de combustible, a la vez que se favorece al medio ambiente, pues se evita emitir a la atmósfera 102 mil 400 toneladas de CO2.

En estos momentos se encuentran en proceso de inversión tres Pche, con una potencia instalada de 6,2 MW, las cuales se incorporan en este año y de conjunto con otras obras garantizan que el país alcance una potencia en energía hidráulica de 70 MW.

A lo largo de estos años se ha venido estudiando el potencial hidroenergético de Cuba, el cual pese a constituir un país que por su forma alargada y estrecha no posee grandes ríos, es posible construir en las 220 presas y embalses existentes igual cantidad de Pche, las cuales podrían aportar una generación media anual de electricidad de 210 mil MW por hora. Este programa incluye la construcción de nuevas presas e hidroacumuladoras, entre otros objetivos.

En el país se aplican variantes para la modernización de las instalaciones, que en su gran mayoría tienen más de 20 años de explotación y cuentan con tecnología obsoleta. Lo anterior ha permitido realizar rehabilitaciones, como sustitución de conductoras, generadores y turbinas, la reconstrucción de casas de máquinas y la colocación de reguladores de voltaje y frecuencia, a fin de mejorar la calidad del servicio a las instalaciones en condiciones de aislamiento. Hay que destacar que la industria nacional ha producido más de 300 turbinas de varios modelos, en colaboración con empresas de la rama.

El país dispone de varios trasvases, el mayor de los cuales es el Este-Oeste, que atraviesa las provincias orientales de Holguín y Las Tunas, el cual permite llevar el agua desde las Sierras de Nipe, Cristal y Baracoa hasta Camalote en Camagüey. También de 270 kilómetros de canales magistrales, canales sobre colchón, puentes-canal, túneles, presas reguladoras de aporte y buena relación costo beneficio y dos estaciones de bombeo, entre otros objetivos en la rama hidráulica.

* Periodista de la redacción de Economía de Prensa Latina.