La Habana, Naciones Unidas y Washington (PL).- América Latina es marcada por los organismos internacionales como la región del planeta de mayor desigualdad en la distribución de las riquezas, algo contra lo cual lucha y obtiene resultados alentadores. Aunque la economía de la región creció más que la media mundial, aún hay 164 millones de personas pobres, de ellas unos 66 millones en extrema pobreza.

Diez de los 15 países más desiguales del mundo están en América Latina y el 38% de los latinoamericanos corre el riesgo de caer en la pobreza. Más del 30% de los habitantes del área vive en la pobreza y un 16% sufre condiciones de pobreza extrema, mientras que un 30% pertenece a la clase media y solo 2% vive en la opulencia, indica un estudio del Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD).

Para la administradora del PNUD Helen Clark, la región ha tenido éxito en sus esfuerzos por sacar a millones de personas de la pobreza. El estudio de esa agencia de la ONU señaló a Uruguay, Argentina y Chile como los países con niveles proporcionales más bajos de pobreza y con clase media más numerosa. Por su parte, colocó a Costa Rica, Panamá, Brasil, Colombia, Bolivia, México, Venezuela y Ecuador en un grupo que cuenta con una “población pobre mediana” y sectores medios emergentes. Paraguay, República Dominicana, Perú y El Salvador quedaron como ejemplos de altos niveles de pobreza y clase media débil.

América Latina redujo la pobreza y se convirtió en una zona de ingresos medios en los últimos 10 años, destacó el PNUD, ya que en 16 de 17 países se produjo una importante disminución de la desigualdad del ingreso, como resultado de los salarios fruto del trabajo doméstico. También influyó el crecimiento económico que generó una mayor demanda de productos nacionales y propició un aumento de la fuerza laboral y de las remuneraciones.

Según el PNUD esto ayudó a reducir las diferencias salariales entre los trabajadores con título universitario y los que no lo tienen, al contrario de Estados Unidos, donde esa disparidad en la educación aumentó en los últimos años. Otro factor decisivo es que América Latina es el líder mundial en programas sociales que ofrecen ayuda financiera a personas que viven en la pobreza, con la condición de mantener a sus hijos en la escuela y dar seguimiento a los chequeos médicos.

Estas transferencias alcanzan entre el 0,5 y el 3% del producto interno bruto, pero representan casi un tercio de la disminución de la desigualdad y son la principal vía para la reducción de la pobreza en 18 naciones de la región, beneficiando a 113 millones de personas. Otra evaluación del PNUD en 116 países confirmó que en 20 naciones latinoamericanas la brecha en los ingresos se redujo 5% como promedio durante los últimos 20 años, mientras que en el conjunto de las economías emergentes creció un 11%.

Latinoamérica es una región donde se realizan serios esfuerzos para lograr un crecimiento mucho más inclusivo, algo muy difícil de obtener en casos como el de Brasil y de otros países latinoamericanos donde el crecimiento es impulsado por los recursos naturales, comentó Raymond Torres, director del Instituto Internacional de Estudios Sociales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

No obstante, considera que se observa una disminución de las desigualdades en países como Argentina, Uruguay y Perú. Hay en cambio un aumento ligero de las desigualdades en El Salvador, Chile y Honduras.Pero la realidad dice que aunque la economía de la región creció más que la media mundial, aún hay 164 millones de personas pobres, de ellas unos 66 millones en extrema pobreza, por lo cual el avance económico es insuficiente para saldar esa deuda histórica.

El informe latinoamericano sobre Pobreza y Desigualdad 2013 del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, una organización no gubernamental sin fines de lucro, pondera los esfuerzos por cambiar ese panorama. Dicho estudio, realizado en 10 países, constató que en todos ellos hay una mejora socioeconómica en las variables de salud, educación, dinamismo económico y empleo, ingresos y pobreza, seguridad ciudadana y equidad de género. Además, han logrado reducir la desigualdad que existe entre las provincias y regiones dentro de sus fronteras. Tales son los casos de Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua y Perú.

Según la investigación, la desigualdad socioeconómica dentro de las naciones se redujo en todos los ámbitos -menos la seguridad ciudadana- desde 2011. Las zonas más rezagadas se caracterizan por ser poco pobladas, rurales y con una mayor proporción de población indígena o afrodescendiente.

Sobre esa base el Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural insiste en la necesidad de reducir cada vez más esas brechas territoriales porque además de una injusticia son un obstáculo para el desarrollo, pues generan dinámicas que se convierten en trampas y mayor inequidad. En tal sentido ejemplifica con la distribución territorial de oportunidades de acceso a empleos de calidad, ya que “el lugar donde nacen y viven las personas determina fuertemente sus oportunidades de acceso a un trabajo adecuado”. Las dificultades que trae consigo el empleo precario constituyen pesados obstáculos no sólo para quienes las viven, sino también para el desarrollo equitativo de los países de la región, concluyó el documento.

Con todos los elementos positivos y negativos, han disminuido la pobreza y la desigualdad, proceso frenado desde 2008 por el alza de los precios de los alimentos y la crisis financiera en Estados Unidos y Europa, cuyo fin aún es difícil de definir con precisión.

En opinión de la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) Alicia Bárcena, “ha habido un panorama de luces y sombras en la región”, con éxitos en la reducción de la pobreza. Ese indicador cayó del 48% en 1990 hasta el 28% actual, pero aún afecta a millones de latinoamericanos. De ahí los grandes retos: control de la inflación, a fin de evitar el alza de los precios de primera necesidad para la población; garantizar la recuperación sostenida del crecimiento; evitar la caída del empleo; y asegurar un alza del salario, con creciente productividad.

Paralelamente, se debe promover el crecimiento económico con igualdad, con regulaciones claras y apoyo social; políticas contracíclicas de corto plazo, previendo las crisis locales y manteniendo en el tiempo el equilibrio interno y externo. Aún el camino resulta largo, porque como afirmara la representante de la Cepal, “no es sólo crecer para igualar sino igualar para crecer, porque no sólo en lo social se juega lo social, pues se requiere una macroeconomía para el desarrollo”.

* Jefa de la redacción de Economía de Prensa Latina.