En un contexto de ofensiva política militar contra los pueblos pro rusos de Donetsk y Lugansk (donde solo votaron el 10%, y es el 38% de exportaciones), se realizaron las elecciones del 25 de mayo. Con el 54% de los votos y una abstención histórica del 40%, Petro Poroshenko, pro Unión Europea (UE), fue elegido presidente. Inmediatamente, Poroshenko, llamo a intensificar los ataques contra los rebeldes (demanda del FMI y UE), a la misma vez que abrió las puertas al dialogo con Rusia. No obstante, la crisis política, parece estar lejos de cerrarse.

Y es que Poroshenko cogobernó con todos los regímenes políticos desde 1991 hasta la actualidad y fue fundador del partido del derrocado y pro ruso Yanukovich (a quien traiciono por no firmar el acuerdo con la UE). Además, Poroshenko, es uno de los más connotados oligarcas de Ucrania más conocido como el rey del chocolate. Como dice el sindicato ucraniano Borotba en su nota Elecciones de sangre, “…Poroshenko, junto con otros billonarios como Igor Kolomoisky y Sergei Taruta, son la personificación de la transferencia directa del poder del Estado a los grandes capitalistas…”, (http://borotba.org/). A esto hay que sumar la alianza con líderes populares como Vitaly Klitschko (ex campeón de boxeo) bajo el slogan de “la paz y una nueva forma de vivir”.

El “fascismo” obtuvo una votación del 2% expresando su marginalidad (en el Oeste, Galitzia, llegaron a ser 60 mil que al querer compartir el poder con Hitler terminaron eliminados). Yulia Tymoshenko (la “princesa” de la revolución naranja), ganó el 13% y el partido de las regiones obtuvo el 3%.

“…Mr. Poroshenko planea elecciones parlamentarias tempranas, otro paso positivo…Pero Poroshenko…enfrenta una tarea más grande: Desmantelar el sistema de gobierno corrupto y oligárquico que ha creado esta crisis – un sistema en el cual el Mr. Poroshenko ha participado…” redacto la revista The Economist (Dulce Victoria, 31-05-14). Y es que una de sus promesas fue luchar contra la corrupción que no ha cambiado con los oligarcas como gobernadores y que más bien van a maniobrar ahora para que no se les cobre más impuestos como exige la población.

Por otro lado, si bien es cierto que Putin derrotó a la UE y EE.UU. al anexarse Crimea, pues, no parece estar motivado a hacer lo mismo con Donetsk y Lugansk (que están exigiendo su anexión a Rusia), por temor a asumir sus crisis económicas así como un desborde popular que contagie al resto de Rusia (más aun cuando su economía también está en problemas y es la más débil). Y no es para menos. En Odessa, el fascismo asesino a más de 46 civiles, tratando de atemorizar a los rebeldes. Sin embargo, la respuesta fue una movilización de masas y la intervención de los obreros mineros planteando “No al fascismo en Donbas“, y ocupando minas, plantas metalúrgicas y de acero.

En las conversaciones diplomáticas sobre una hoja de Ruta entre Moscú y Kiev para superar el impase se habla de una amnistía para los rebeldes, Rusia como intermediario entre los rebeldes y Kiev, una constitución federal para Ucrania que permita la participación de Moscú, etc. Pero el movimiento de resistencia parece haber desbordado conllevando a una mayor polarización política. Desde la derecha, existen voces demandando un “Pinochet”, pero Poroshenko no es Pinochet y está combinando la represión con la diplomacia (dando concesiones a Putin). No obstante, su estrategia no parece eficaz ya que a pesar de los bombardeos de los MIG 29, SU-21 al aeropuerto de Donetsk tomado por rebeldes, con el saldo de más de 100 muertos, no ha podido desmoralizarlos.

Así las cosas, la sangre derramada hasta ahora no parece ser suficiente para resolver la crítica situación que vive la patria de Trotsky.