Cuando hablamos de la economía mundial, lo que se “ve” por lo general no es lo que se consigue – especialmente cuando se trata de género. El capitalismo ha generado un mundo en el que las mujeres se han vuelto invisibles y cargan con la mayor parte del trabajo. Ellas son responsables de dos tercios del total de horas trabajadas, producen del 50 al 90 por ciento de los alimentos del mundo y el 100 por ciento de los niños en nuestro planeta. Sin embargo, por todo esto, reciben sólo el 10 por ciento de los ingresos mundiales y poseen menos del 1 por ciento de la propiedad mundial. Resultado de esto es que el 70 por ciento de la gente pobre del mundo está compuesto por mujeres.

Al mismo tiempo, la violencia de género afecta más la salud de las mujeres que los accidentes de tráfico y la malaria juntos. A menudo, cuando las mujeres son “vistas,” son consideradas como simples cuerpos, seres a los que se puede manipular para obtener más beneficios. En un sentido muy real, como personas, las mujeres son invisibles.

Stephen Lewis, el ex enviado especial del Secretario General de las Naciones Unidas para el VIH/SIDA en África, escribió el 2006 en su libro Carrera Contra el Tiempo, que el Banco Mundial, la ONU y otras organizaciones internacionales repetidamente hacen énfasis en la necesidad de una tarea mayor y más efectiva contra la desigualdad de género para alcanzar la sostenibilidad y otros objetivos económicos – pero al mismo tiempo continúan trabajando en contra de ese tipo de acción. Lewis dice: “No hay mayor símbolo de la hipocresía internacional que la promesa de los derechos de las mujeres.”

Recientemente, Elizabeth Arend, Coordinadora de Programas en Acción de Género, mostró la “brecha alarmante” entre “la retórica y la realidad” al interior del Banco Mundial. Además de ignorar las cuestiones de acceso desigual a la tierra, crédito, insumos técnicos, educación, poder de decisión y las demandas adicionales que conllevan el cuidado de los niños y otros compromisos domésticos, “la disminución del apoyo del Banco para la agricultura perjudica desproporcionadamente a las mujeres, que constituyen la mayoría de los agricultores de pequeña escala y desempeñan un papel fundamental en el cultivo, procesamiento y preparación de alimentos.”

Mientras que la inequidad de género se expresa y se percibe de manera diferente en el Norte y el Sur Global, esta cuestión evidentemente tiene un alcance universal, que varía según la región, la raza y la clase.

Los medios de comunicación dominantes han recetado una serie de “soluciones” a esta inequidad, las mismas que hacen énfasis en un cambio de actitud por parte de las mujeres.

El novelista Stephen Marche, en un articulo en el New York Times, señala que, abrumadoramente, el trabajo doméstico sigue siendo competencia de las mujeres, y sugiere una solución sencilla y que solo depende de ellas mismas – no lo hagas:

“La solución a la división de género en el trabajo doméstico en general, es así de simple: no te molestes en limpiar las escaleras. No arregles la puerta del jardín. No repintes el techo que se pela. Nunca hagas la cama…..”

Según Jonathan Chait, que escribe en la revista New York, la razón de fondo para que continúe la disparidad en las tareas del hogar es muy sencilla: el servicio de limpieza hace felices a las mujeres porque les gusta limpiar:

“[Una] posibilidad que probablemente explica gran parte de la disparidad: Las mujeres por lo general tienen mayores estándares de limpieza que los hombres. Las personas que se preocupan mucho por hogares ordenados pasan más tiempo limpiando porque eso las hace felices.”

Hasta ahora, la corriente principal que intenta documentar y analizar las diferencias de género económicas tiende no solo a culpar a las mujeres, sino que asigna a éstas de características “esenciales” que enmarcan las disparidades como permanentes.

Relaciones sociales capitalistas, género y la “química del cerebro”

¿Qué es lo que nos impide romper con lo que Lewis llama “el monolito de la indiferencia e inercia” – y cómo se relaciona con las preocupaciones de orden ecológico?

Aunque varias diferencias de género han existido a lo largo de la historia, la construcción de una nueva ideología de la opresión de género se remonta a la revolución científica y el amanecer de las relaciones sociales capitalistas que buscaban colocar los hombres por encima de las mujeres, más cerca del cielo, más racionales y con el deseo de dominar y controlar no sólo a las mujeres, sino también a la Tierra.

Francis Bacon, uno de los filósofos más influyentes de la visión científica del mundo, aplica sistemáticamente el lenguaje legal y la extracción forzosa de los conocimientos de las personas acusadas de brujería para describir cómo los “secretos” de la Tierra (cuyo género es femenino) deben ser arrancados de ella. Bacon, en un lenguaje altamente sexualizado, explica su pensamiento sobre la labor científica en el prólogo de El Nuevo Organo:

“Pero si hay en el mundo hombres que tomen a pecho no atenerse a los descubrimientos antiguos y servirse de ellos, sino ir más allá; no triunfar de un adversario por la dialéctica, sino de la Naturaleza por la industria; no, en fin, tener opiniones hermosas y verosímiles, sino conocimientos ciertos y fecundos, que tales hombres, como verdaderos hijos de la ciencia se unan a nosotros, si quieren, y abandonen el vestíbulo de la naturaleza en el que solo se ven senderos mil veces practicados, para penetrar finalmente en el interior y el santuario.”

En tanto la fabricación de bienes urbanos para el intercambio sustituyó la producción rural para uso, los hombres se convirtieron en trabajadores sin propiedad; la tierra se volvió a imaginar como una máquina sin vida lista para la explotación, y las mujeres fueron expulsadas ​​de manera sistemática de la producción hacia el sector no remunerado- y por lo tanto sin valor—de las actividades reproductivas en el hogar.

Hoy en día un nuevo “estudio” científico postula a los hombres y las mujeres actuando de manera opuesta en su interacción con el mundo como si la cuestión de las diferencias de género estuviera relacionada con “la química del cerebro.”

Como señala Marx, las ideas dominantes en cualquier sociedad son las de la clase social materialmente dominante. Las nociones sobre “cómo funciona el mundo” se incrustan perfectamente en el sentido común del pensamiento de la sociedad, al mismo tiempo que, mágicamente se alinean con los intereses de la élite gobernante.

En lo que se refiere a la producción de alimentos y la población, no importa cuántas veces se refuten en los hechos los argumentos maltusianos sobre la superpoblación; estos todavía refuerzan las explicaciones de las clases dominantes sobre el hambre y la degradación ambiental, y niegan las explicaciones alternativas, menos agradables, y, por lo tanto, estos argumentos continúan surgiendo como si fueran “la verdad.”

Del mismo modo, las ideas sobre las supuestamente grandes e inalterables diferencias entre hombres y mujeres están resurgiendo, esta vez bajo la apariencia de estudios científicos de las transmisiones sinápticas y las diferencias de conexión en el cerebro.

Incluso antes de analizar los detalles de la investigación, uno tiene que preguntarse: ¿Por qué esta investigación se lleva a cabo en primer lugar? Qué es lo que hace que los científicos, en su supuesta búsqueda objetiva de la verdad, estén cautivados tratando de demostrar que “existen grandes diferencias en el “cableado” de los cerebros masculino y femenino.” Un ejemplo de ello es un artículo que habla sobre los resultados de un reciente estudio del cerebro de 1.000 hombres y mujeres, por un equipo de investigación de la Universidad de Pennsylvania.

La investigadora Ragini Vermi nota cómo los resultados del equipo “sorprendentemente” validan los estereotipos de género: “Si observamos los estudios funcionales, el lazo izquierdo del cerebro está más relacionado al pensamiento lógico; el lado derecho del cerebro es para el pensamiento intuitivo. Así que si hay una tarea que implica hacer ambas cosas, pareciera que las mujeres están programadas para hacerlas mejor… Las mujeres son mejores cuando se trata de pensamiento intuitivo y son mejores para recordar cosas. Cuando uno habla, las mujeres se involucran más emocionalmente – ellas escuchan más.” Por el contrario, si Vermi “quisiera ir a un chef o un estilista, estos deberían ser principalmente hombres.”

Por otra parte, el estudio deja de lado una serie de consideraciones sobre las variedades de género, y las formas en las que los transexuales y otros y otras que no están conformes con estas categorías de género pueden caber en la supuesta mezcla de “la química del cerebro.”

Como si las supuestas extremas diferencias en la conectividad cerebral para explicar la abundancia de chefs masculinos y estilistas no fuera suficientemente absurda, Vermi también menciona la supuesta capacidad de los hombres de esquiar mejor como producto de las conexiones adicionales del cerebro masculino en el cerebelo. Todo esto podría ser fácilmente desechado como una tontería petulante sino fuera tan influyente – y parte de un esfuerzo mucho mayor para mantener a las mujeres como ciudadanas de segunda clase y mantener la rentabilidad del capitalismo y del orden social dominante.

Del mismo modo, un estudio de la UCLA recientemente ha tratado de demostrar que las mujeres tienen menos interés en el sexo casual que los hombres por razones evolutivas, en lugar de encontrar una explicación coherente en el estigma social y los valores culturales negativos a los que la que la sociedad somete a las mujeres que se involucran en una sola noche.

En un ejemplo clásico de encontrar lo que uno busca, en oposición a causa y efecto, en un estudio de la Universidad de Pennsylvania, los científicos utilizaron las diferencias que inevitablemente encontraron en los cerebros masculinos y femeninos para explicar porqué los hombres se comportan de manera diferente a las mujeres, ignorando cómo el tratamiento y el comportamiento contrastante en la sociedad pudiera haber influido en una estructura cerebral diferente.

El estudio, publicado en la prestigiosa Actas de la Academia Nacional de Ciencias, fue uno de los más importantes que se hizo sobre los cerebros “sanos.” Pero ¿se puede legítimamente hablar de cerebros “sanos” cuando estos se han sido expuestos a un sistema de explotación y opresión desde el primer momento de la existencia consciente, donde cada nanosegundo de la información sensorial está sesgada por la entrada de datos analizados a través de fuentes sociales expuestas que constantemente validan la ideología sexista?

Incluso la naturaleza de la premisa – las personas son diferentes porque sus habilidades y personalidades están predeterminadas por el “cerebro izquierdo” y el “cerebro derecho”– es científicamente dudosa cuando no exagerada enormemente. Otra distinción basada en premisas falsas es la que nos dice que hay dos categorías inmutables, masculino y femenino, y en esto se basa el género. La cuestión de género debe ser vista como lo que es: una continuidad flexible, en lugar de un binario opuesto genéticamente predeterminado. Como dijó Simone de Beauvoir: “Una mujer no nace, se hace.”

¿Acaso alguno de los científicos que realizó estos estudios se preguntó por qué los cerebros “masculinos” y “femeninos” antes de los 13 años mostraron muy pocas diferencias de conectividad cerebral, pero que fueron creciendo con la edad? Como muchos otros estudios han demostrado, y como Cecilia Fine esboza en su excelente libro El espejismo de Género, a pesar de todas las afirmaciones muy promocionadas, las diferencias en la cognición y los intereses asignados a los géneros las más de las veces son consideradas triviales.

La profesora Dorothy Bishop, de la Universidad de Oxford, al comentar el último estudio, señaló que los autores actúan “como si hubiera un cerebro masculino y femenino típico – incluso proporcionan un diagrama – pero ellos ignoran el hecho de que hay una gran cantidad de variación dentro de los sexos en cuanto a la estructura del cerebro. Uno no puede simplemente decir que hay un cerebro masculino y un cerebro femenino.” Marco Catani, del Instituto de Psiquiatría de Londres, considera este tipo de conclusiones como “puramente especulativas.”

Las pinturas rupestres no fueron examinadas sino hasta hace poco por el género de los artistas desconocidos. ¿Por qué buscar algo cuando se supone que la respuesta es tan obvia? Contrariamente a la creencia popular, sin embargo, en los descubrimientos que revierten la sabiduría convencional sobre las normas culturales de los primeros seres humanos, y por lo tanto ponen en cuestión nuestras nociones sobre las relaciones de género, el 70 por ciento de las huellas de las manos en las paredes de la cueva eran de mujeres. (Claramente, estos descubrimientos no permiten la realidad de la continuidad de género, sino que contradicen las nociones tradicionales de dominación de éste.)

Lo que estas ideas tienen en común, por supuesto – además de estar basadas en la ciencia barata – es que están ahí para validar las normas sociales en virtud de las relaciones sociales capitalistas, y una de las cuales es la opresión sistemática de las mujeres.

Russell Brand, cambio climático y misoginia

En una controversia relacionada esta la metódica anulación por parte del comediante británico Russell Brand al temido y supuestamente talentoso entrevistador Jeremy Paxman en “Newsnight,” el programa de noticias mas importante de la emisora​​ BBC, y que se convirtió rápidamente en una sensación en el Internet. Brand rápidamente reduce el comportamiento agresivo de Paxman que se vuelve torpe, y su cuestionamiento directo se diluye en un montón de argucias, en cuanto Brand argumenta a favor de la necesidad de una revolución ecosocialista para derrocar y reemplazar al capitalismo.

En el transcurso de la entrevista, Paxman aparece cada vez más y visiblemente desconcertado. No estaba seguro de qué hacer con alguien cuyo argumento decía que votar por cualquier partido político dominante era para la democracia lo que el juego de charadas es a la vida real, que el cambio climático es esencialmente imposible de resolver con los métodos permitidos por el capitalismo y que sólo un movimiento revolucionario capaz de reconocer estas dos cosas tiene una oportunidad de prevenir el colapso social y ecológico a corto plazo en el futuro.

El éxito público de la desacreditación de una figura que es parte del sistema, y el hecho de que soluciones revolucionarias sobre el cambio climático se pusieran delante de una audiencia masiva causó una considerable revuelta entre aquellos organizadores que tratan activamente de construir un movimiento para poner en práctica sus sugerencias para una revolución integral.

Por un lado, saber que el ecosocialismo como política y la necesidad de una revolución puedan alcanzar a una audiencia masiva, a través de un personaje famoso a nivel internacional, no es publicidad menor. En todo el mundo, cada vez más personas, como Brand, están empezando a notar que la crisis ecológica, económica y democrática tienen una sola causa fundamental: el capitalismo.

Por otro lado, muchas personas han señalado el hecho de que Brand tiene una historia problemática relacionada con comentarios misóginos y que ha construido su carrera –en parte– a través de la objetivación sexual y la degradación de la mujer.

Para agravar estas contradicciones, el 24 de octubre, Brand, en un artículo para la prestigiosa publicación izquierdista británica New Statesman y en el que atacaba al capitalismo y proponía la necesidad de una revolución, comienza su editorial diciendo que acepto escribir “porque fue una mujer hermosa la que me lo pidió.”

Tanta facilidad para menospreciar a las mujeres al mismo tiempo que se habla sobre el cambio climático en la primera frase de un artículo que busca reflejar preocupación por el futuro del planeta y ser “incluyente” solo podía levantar aun más controversia sobre si Brand era un portavoz que valía la pena tener. Brand ha respondido a la crítica sobre su sexismo, señalando que tiene “una resaca cultural sin resolverse” y que él “no quiere ser un machista.”

Por supuesto, en su discusión sobre el cambio climático, Brand olvidó mencionar que este sólo agrava los problemas de las diferencias de género para el 50 por ciento de la población mundial –que en los hechos ya está viviendo de manera sistemáticamente desfavorecida y desproporcionadamente pobre, como he escrito en alguna otra parte.

Lo que es invisible para Brand, cuando se trata de género, es un fenómeno generalizado en la izquierda. Una demanda común entre los ecologistas y economistas ecológicos es que las corporaciones asuman los costos de la contaminación de los que tan generosamente se benefician, pero que no pagan. Esta es, obviamente, una demanda digna. Sin embargo, hay costos mucho mas grandes y desconocidos dentro del capitalismo de los que se habla poco y que continúan invisibilizados en gran medida. Los 2,2 trillones de dólares de costos sociales que produjo la contaminación el 2010 son apenas una fracción comparados con los 11 trillones de dólares de riqueza externalizada y no contabilizada que fue generada en 1995 y que proviene de la “contribución invisible de las mujeres,” según cálculos de la ONU. En ese momento, la cifra total de 16 trillones de dólares en costos externalizados representaba el 70 por ciento de la economía global.

Como señaló la ONU en 1995:

“El problema general del trabajo no remunerado o que no esta en el mercado ha sido observado por largo tiempo. A comienzos de este siglo, Arthur Cecil Pigou, el pionero de la economía del bienestar, escribió que si una mujer que trabaja como ama de llaves para un hombre soltero fuera a casarse con este, el ingreso nacional caería, ya que su trabajo pagado anteriormente ahora se realizaría sin pagar. Pero el trabajo no remunerado va mucho más allá de la limpieza, y su omisión deja un gran vacío en la contabilidad del ingreso nacional. “

Además de trabajar más horas, porque el trabajo del hogar y la comunidad no tienen un valor en el capitalismo, el tiempo total de trabajo de los hombres esta compensado económicamente en dos tercios (posible gracias a la “co-producción” de las mujeres que se quedan en casa), mientras que para las mujeres, la cifra es sólo de un tercio.

Haciendo eco a Marx sobre los distintos tipos de valor y como el valor humano mas alto no esta monetarizado, el Informe sobre el Desarrollo de la ONU del 95 reconoció que:

“Otra cuestión a tener en cuenta es que el valor de gran parte del trabajo en el hogar y la comunidad trasciende el valor de mercado. Esta actividad tiene un valor intrínseco de uso, o valor humano, que no se refleja en su valor de intercambio. El aspecto medular del desarrollo humano es la ampliación de las opciones humanas mediante el desarrollo de la capacidad humana. El ingreso pasa a ser uno de los medios de asegurar el desarrollo de la capacidad, pero no un fin en si mismo. El cultivo de una buena salud, la adquisición de conocimientos, el tiempo dedicado a fomentar las relaciones sociales, las horas pasadas en compañía de parientes y amigos, son todas actividades dignas de ser realizadas; no obstante, no se les asigna ningún precio.”

Un estudio de la Escuela de Negocios de Columbia ha documentado que incluso cuando las mujeres están en el trabajo, se espera que sean mucho más propensas a hacer “favores” no remunerados para los compañeros de trabajo y jefes. Mientras que si lo mismo es hecho por un varón se incluye más fácilmente en la categoría de “trabajo”. Esto llevó a Heidi Moore a decir: “No importa cuál sea la profesión que una mujer tenga, en realidad ella esta siempre en el área de los servicios.”

Por lo tanto, mientras que el capital tiene un problema importante al tratar de encarar financieramente los daños ambientales y seguir siendo rentable, sería absolutamente imposible socializar y valorar financieramente el papel de la mujer en la sociedad. Los ecologistas tienen que reconocer esta profunda contradicción y entender que para el capitalismo, la desigualdad de género es una propiedad intrínseca y condición económica fundamental.

Si bien el informe 2012 de la ONU sobre cuestiones de género, desarrollo económico y la sostenibilidad reconoció la necesidad de una mayor equidad de género como algo esencial para alcanzar las metas de sostenibilidad, otro informe de hace 17 años indica también que esto sólo será posible cuando las prestaciones económicas “cambien radicalmente, y en consecuencia el sistema jurídico sea revisado. Los derechos de propiedad y sucesión tendrán que cambiar, así como el acceso al crédito basado en garantías, el derecho directo a beneficios del Seguro Social, incentivos fiscales para el cuidado de los niños y los términos de los acuerdos de divorcio.”

En otras palabras, estaríamos hablando de un sistema completamente diferente. El capitalismo no puede medir o valorar las fuentes humanas más ricas y de relaciones entre nosotros que no estén monetarizados. Si tratáramos de hacerlo de forma sistemática mediante la internalización de todos los costos – no sólo los costos de contaminación, pero también incluyendo aquellas tareas que se realizan en su mayor parte por mujeres – el capitalismo no podría ser rentable y, por lo tanto, sería un sistema inviable.

Uno ahora sabe porqué la posición invisible, opresiva y servil de las mujeres es tan necesaria para la continuidad del capitalismo – y porqué nuestra lucha por una sociedad ecológicamente sostenible también debe desafiar estas iniquidades. El reconocimiento de la fuerza de la desigualdad de género y su relación con el capitalismo nos muestra la importancia y la centralidad de la lucha si queremos vivir en un mundo realmente sostenible y socialmente justo.

A pesar de la existencia de complicaciones éticas obvias vinculadas a la idea de, por ejemplo, fijar un valor monetario a la crianza de los niños, hay otras formas en que podría ser posible en una sociedad que no este fundamentada en el beneficio y la ganancia. En una crítica a la forma en que algunos conceptos, dentro de la segunda ola del feminismo, han sido cooptados por las ideologías neoliberales e incluso adoptados por algunas feministas, Nancy Fraser sugiere algunas formas en las que podemos reformular nuestras demandas para volver a encender el mensaje liberador:

En primer lugar, podríamos romper el vínculo espurio entre nuestra crítica al salario de la familia y el capitalismo flexible, militando por una forma de vida descentralizada del trabajo asalariado y que valorice las actividades no asalariadas, incluyendo – pero no sólo – trabajos de cuidado. En segundo lugar, podríamos interrumpir el pasaje de nuestra crítica al economicismo de la política de identidad mediante la integración de la lucha para transformar un orden de estado cuyas premisas son los valores culturales machistas con la lucha por la justicia económica. Por último, podríamos romper el vínculo falso entre nuestra crítica de la burocracia y el fundamentalismo del libre mercado por la recuperación de la capa de la democracia participativa como un medio para fortalecer a los poderes públicos necesarios para restringir el capital por el bien de la justicia.”

El trabajo privatizado e invisible realizado generalmente por mujeres –criando hijos, cuidando de otros seres humanos y muchas otras cosas más –podría ser valorizado y socializado.

Algunas veces, pareciera que la mano de la conciencia humana se desliza delicadamente en el guante de la ideología capitalista; creemos que nos satisface. Desafortunadamente, para la clase capitalista, y a pesar de sus mejores esfuerzos para comprarnos, sabemos que las apariencias engañan.

Marx ya lo señalaba, la realidad que vive la gente ordinaria choca constantemente contra los límites internos de nuestra prisión mental y los límites de nuestra vida física. Si esto no fuera así, la propaganda dominante de las tiranías dominantes crearía el fin de la historia de la humanidad y haría imposible el objetivo de la liberación y la igualdad. Pero es. Y eso significa que dada la lucha sostenida, tanto para la equidad de género como para la transformación ecológica, las metas liberadoras están –de hecho– a nuestro alcance.

* Activista medioambiental y autor de Ecología y Socialismo: soluciones para la Crisis Ecológica Capitalista. Preside el Departamento de Ciencias en el Packer Collegiate Institute y es profesor adjunto de la Universidad Pace en el Departamento de Ciencias Física y Química. Recientemente fue galardonado con la beca de la Libertad Cultural Lannan. Publicado originalmente en ingles en http://www.truth-out.org/news/item/20849-capitalism-ecology-and-the-official-invisibility-of-women y traducido por Marcela Olivera.