En las últimas elecciones para renovar el Parlamento Europeo, la vieja Europa nace herida. La herida es profunda, es la primera vez que un país históricamente noble, uno de los los grandes fundadores de la Unión Europea, Francia, alberga en su seno un movimento xenófobo, eurófobo, racista, antisemita y nostálgico de las viejas ideologías de los años 40. Un cuarto de su población ha votado por este nacionalismo que rechaza la integración europea.

Es posible que la poca participación al voto, sólo el 40% de la población, ridimencione el valor de la elección, pero deja intacta su legitimidad.

En el nuevo Parlamento Europeo, que tiene más poderes que el anterior, se están instalando fuerzas políticas con la única misión de destruirlo. Este partido eurófobo francés, ha pedido inmediatamente, después de las elecciones, de “retomar las riendas de su proprio destino”. Esto abre una brecha inquietante en el sistema político de la Unión Europea. Este movimiento de extrema derecha, con el cual todos los partidos democráticos tradicionales rechazaban cualquier alianza formal, ahora representa el principal partido de la “Republique Française”.

Pero su fuerza se exprimerà sobretodo en Francia, que tendrà como objetivo principal trasformarlo en un país más xenófobo de lo que es actualmente. De este modo toda Europa se verá amenazada porque sus aliados son el FPO austríaco que se ha convirtido en el tercer partido nacional con el 19,9%, el holandés PVV, los alemanes de “Alternativa” que han conseguido el 6,5%, la “Liga” italiana con su 6% y los xenófobos británicos que han pedido la separación del Reíno Unido de la Unión Europea.