La Habana, París, Atenas y Madrid.- La aplicación de medidas de ajustes en la crisis del último lustro llevó a un rechazo social bastante general, a causa de sus consecuencias negativas para el empleo, la seguridad social y el propio sistema de bienestar de posguerra en Europa. Todo ello, en gran medida, empujó a la población a caer bajo la influencia de formaciones ultraderechistas o neofascistas que después de años de labor finalmente lograron captar gran cantidad de adeptos basados en un discurso euroescéptico y contra los inmigrantes.

En medio de una crisis económica aún latente en el corazón de Europa, uno de los argumentos más empleados por formaciones de ultranacionalistas es el supuesto peligro de la llegada de inmigrantes para sus salarios, ingresos y facilidades sociales. Los políticos de ultraderecha europeos supieron sacar buen provecho a un descontento de la población por las consecuencias de las medidas aplicadas de ajuste, sobre todo, porque por lo general las órdenes vinieron de entidades europeas.

Tomó notoriedad por sus demandas antipopulares el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, la llamada troika que impuso medidas a cambio de la entrega de rescates financieros como ocurrió en Irlanda, Portugal, Grecia o Chipre. Pero aunque no en todas las naciones de la UE los respectivos gobiernos debieron aplicar las dolorosas recetas de la troika, se hizo general a sus demandas, vistas como una intromisión en la política y economía de los estados nacionales.

Sin contar con un basamento legal establecido, la troika exigió eliminación de empleos, recorte de ministerios, eliminación de gastos en materia de educación, salud y seguridad social, así como ordenó confiscar cuentas bancarias como en Chipre, entre otras. Todo ello, provocó un auge del euroescepticismo, en el cual se apoyaron, sobre todo, partidos de corte nacionalista, neofascista y ultraderechista.

Para Javier Casals, profesor de historia contemporánea de Europa de la Universidad de Pampeu Fabra, los partidos euroescépticos casi todos nacen de estructuras de extrema derecha. El consejero europeo de Relaciones Exteriores Ignacio Torreblanca considera que las formaciones eurofóbicas atacan a dos puntos cruciales de la integración europea: la moneda común y la libre circulación de personas.Los partidarios de tales formaciones políticas más bien consideran que las instituciones europeas son una amenaza para la propia existencia de la identidad nacional y sobre ese argumento manipulan el apoyo de seguidores y refuerzan sus oportunidades en las urnas.

De ello habla el avance inusitado en Francia del Frente Nacional (FN), dirigido ahora por Marine Le Pen, o el progreso del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) que lidera los sondeos en intenciones de voto para las europeas en ese país. Además, se une al auge del partido gobernante húngaro Fidesz, con gran tolerancia para la actividad de formaciones neonazis como Partido para una Hungría mejor (Jobbik), acusado de crímenes contra gitanos y que controla una organización paramilitar del mismo corte.

En Dinamarca también el avance de los ultra es palpable con el Partido del Pueblo Danés, mientras en Grecia Amanecer Dorado, de tendencia neofascista, aparece con más fuerza, al igual que el Partido Nacional Eslovaco (SNS) o el Vlaams Belang, en Bélgica.

Además, en Bulgaria avanza la Unión Nacional Ataque (Atak), en Rumania el Partido de la Gran Rumania, que busca anexarse territorios de habla mayoritaria de su lengua, y en la confederación helvética el partido Demócratas Suecos, a lo cual se suma el partido Verdaderos Finlandeses, todos de corte euroescéptico y xenófobo.

Por su lado, el holandés Geent Wilders, del Partido de la Libertad (PVV) tristemente conocido por sus llamados xenófobos en público, Wllders podría buscar alianzas con otras formaciones ultraderechistas. Expertos estiman que entre los candidatos a esa unión Wilders buscaría al SNS, a la separatista Liga Norte de Italia, el Partido de la Libertad de Austria (FPO), el Vlaans Belong de Bélgica o el Partido Democrático de Suecia para crear un bloque en la Eurocámara.

Sin embargo, el profesor de la Universidad estadounidense de Georgia Cas Mudde estima que en tal situación, Wilders corre el riesgo de ser señalado como principal responsable de cualquier fracaso de la bancada de la ultraderecha en el Parlamento Europeo.

Hungría mira de nuevo a la derecha

Hungría se convierte en otro de los grandes contribuyentes al avance de formaciones ultraderechistas en Europa, tras los comicios parlamentarios, donde el gobernante Partido Cívico Húngaro (Fidesz) venció con casi el 45 por ciento de los votos. El país estrenó una nueva ley electoral hecha a la medida del partido en el poder desde 2010, pues se eliminó la posibilidad de una segunda ronda electoral y se redujo de 386 a 199 el número de diputados en el legislativo nacional.

La legislatura saliente estuvo caracterizada por la aprobación de unas 300 enmiendas constitucionales por una mayoría de dos tercios del Fidesz, lo cual le permitió reforzar el poder del gabinete, de acuerdo con expertos.

El contencioso electoral, al cual se presentaron más de 20 formaciones políticas, tenía como característica que no necesitaba de una asistencia mínima ni de 50 y ni siquiera de 25 por ciento de los más de cuatro millones de empadronados, aunque finalmente asistió el 56 por ciento.

Además, para poder entrar al mencionado órgano era necesario sobrepasar el listón del cinco por ciento en el caso de los partidos por separado, el 10 si se trataba de un bloque de dos partidos y el 15 si era una unión de tres o más formaciones. La división entre los escaños escogidos por listas de partidos y los unicamerales o de un solo mandato también cambió sustancialmente, pues de 210 distritos por listas de partidos quedaron solo 93, mientras los de un solo mandato pasaron de 106 a 176.

El complicado sistema de otorgamiento de votos de perdedores a los candidatos vencedores y a sus respectivos partidos para repartir las bancas parlamentarias también significó un cambio sustancial que permitió al Fidesz contar ahora con 133 asientos de 199, pese a obtener 600 mil votos menos que en la edición anterior (52 por ciento).

Otros cambios favorecieron por igual al partido gobernante como lo fue la prohibición para medios que no fueran públicos de la presentación de anuncios de campaña electoral. La nueva ley electoral prevé, además, el pago de un millón de florines (cuatro mil 523 dólares) a los candidatos individuales y unos 600 millones (dos millones 714 mil dólares) para los partidos que presentaran sus candidatos en los más de 100 distritos electorales del país.

Para esta ocasión, se contó por primera vez con el voto de unos 500 mil magiares fuera del país, lo cual a juicio de expertos también pudo favorecer al Fidesz, la formación política más publicitada fuera de Hungría. Otro asunto que contribuyó al éxito de la formación ultranacionalista y conservadora fue la división de la propia izquierda que finalmente se presentó en un bloque de cinco agrupaciones, muchas de ellas derivadas del Partido Socialista Húngaro (MSZP).

Uno de los golpes más dolorosos para la centroizquierda fue el proceso iniciado contra su vicepresidente Gabar Simon, quien después de perder su inmunidad parlamentaria fue arrestado bajo acusación de malversación y otros cargos en febrero de este año. El hecho fue una conmoción para el electorado de izquierda que redujo su apoyo al bloque Unión, de un 25 a un 18 por ciento, solo en el mes mencionado.

A finales del pasado año, las fuerzas de izquierda, que gobernaron al país de 2002 a 2010 y fueron relevados por la alianza Fidesz y la derecha democrática, iniciaron una serie de fracturas dentro de sus filas como la creación del Partido Democrático (DK). En el DK ingresaron los seguidores del exprimer ministro socialista Forenc Gyurcsany, mientras en septiembre de 2013 otra agrupación de diputados del MSZP formó su propia bancada independiente hasta crear un nuevo partido.

Pero muchas de esas agrupaciones finalmente decidieron unir filas con el fin común de sacar a la ultraderecha del poder. Cierto es que el Fidesz estuvo por debajo del 52 por ciento obtenido hace cuatro años, pero su posición en el Parlamento permaneció casi intacta, pues mucho del avance en las urnas estuvo vinculado al éxito en los comicios unicamerales.

La repartición de bancadas por listas de partidos apenas llegó a 90, lo cual también favoreció a la formación gobernante, pues el resto se dirimió entre mandatos individuales. Además, las filas del Partido La política puede ser diferente (LMP) se fracturaron en los objetivos a seguir en la campaña y las alianzas que nunca llegaron a cuajar entre todo el espectro de la izquierda.

La dirección del LMP, compuesta por verdes y liberales, se dividió en enero de 2013 al salir ocho de sus diputados de la bancada de 50, mientras 100 miembros de ese partido abandonaron esa organización para establecer el Nuevo Diálogo por Hungría. De acuerdo con el diario Budapest Times, las dificultades para la existencia misma del LMP están dadas por la profunda polarización política de la sociedad magiar, donde resulta difícil formar un partido que no esté claramente definido como de derecha o de izquierda.

Tal división se hizo más patente después de un polémico discurso pronunciado en septiembre de 2006 por Gyurcsany sobre la política nacional que provocó grandes manifestaciones encontradas, a punto de llegar a una guerra civil en la nación centroeuropea, comenta el rotativo. En las elecciones del 6 de abril, el LMP apenas logró sobrepasar la barrera del cinco por ciento, aunque a juzgar por la pronunciada división política de la sociedad húngara, el resultado es loable para una agrupación que busca hacer una política diferente.

Por otro lado, el gobernante partido de derecha con su victoria se suma al tren de ascenso de formaciones ultraderechistas europeas como ya ocurrió en Austria, Francia y varios estados escandinavos, lo que les permitió realizar planes para presentar un bloque a las elecciones europeas del 25 de mayo de este año.

Pero el gobierno de Viktor Orban también jugó la carta del nacionalismo con los electores internos y en su política exterior y pese a mantener casi los mismos niveles de pobreza y salarios que en los tiempos del mandato de izquierda (2002-2010), recibió más elogios para su aparente política soberana respecto a diferendos con la Unión Europea (UE).

Entre los puntos de discordia con la UE estuvieron controvertidas leyes sobre la libertad de prensa, que expertos europeos estiman coartan los derechos de expresión, o la de reducción de las prerrogativas del Tribunal Constitucional. Además, el bloque europeo tampoco saludó los intentos del Gobierno de revisar la historia, sobre todo, de lo ocurrido en la II Guerra Mundial.

Uno de los hechos más visibles fue el intento de erigir un monumento al Holocausto nazi en Hungría, cuando historiadores defienden que el régimen de entonces fue colaboracionista de los nazis y apoyó la represión de los judíos, gitanos, comunistas y minorías sexuales de la época. Pero uno de los puntos que quizás más molestaron a Bruselas, pues en naciones como Ucrania se registraron intentos de revisar la historia y no eran objeto de tales críticas, fue el acercamiento pronunciado del gobierno nacionalista de Orban con Rusia.

Tal aproximación incluyó el refuerzo de los lazos comerciales con el estado más extenso del orbe y, en especial, un contrato con la compañía estatal rusa Rosatom para construir dos reactores adicionales en la planta de Paks, edificada en tiempos de la Unión Soviética.

Pese a las visiones anticomunistas de la derecha magiar en el poder, las relaciones con Rusia y en específico con empresas del sector de los combustibles, al parecer, irritó a Europa que llegó a aconsejar a Budapest una desaceleración en su sintonía con Moscú, comenta el diario ruso Kommersant. El dirigente conservador estimó que para 2018, un tercio de las exportaciones húngaras debería realizarse fuera de Europa.

Orban, que ya conocía las reacciones positivas a lo interno de sus posiciones nacionalistas, defendió la perspectiva independiente de su nación frente a ataques de la burocracia comunitaria. El dirigente magiar defendió a capa y espada la necesidad de mantener la fortaleza de los estados nacionales ante el avance de las prerrogativas de la UE en la decisión de aspectos claves de sus 28 miembros, lo que ya causó más de una disputa en varias naciones europeas.

De hecho, la puesta en vigor en enero pasado de la reducción de un 20 por ciento de las tarifas de los servicios comunitarios, en primer lugar, puso en aprietos a la oposición de centroizquierda de cara a los comicios y, en segundo, enfrentó las demandas de las autoridades de la UE para introducir un austero programa de gastos sociales.

La Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo exigieron a Budapest la reducción de desembolsos sociales, en una nación donde el crecimiento económico podría llegar este año al 1,8 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), según estimaciones del propio FMI.

Budapest Times señala que en 2012 la recesión golpeó al gobierno de Orban, con una contracción del PIB de 1,7 puntos, situación que solo fue superada en 2013, cuando se logró un magro crecimiento de 0,2 por ciento. Para ello, el gabinete conservador aplicó impuestos a telecomunicaciones, transacciones financieras y un gravamen único a las aseguradoras, mientras se redujo la subvención a los productos farmacéuticos y empresas públicas, todo lo cual llevó a contar con un déficit presupuestario inferior al tres por ciento del PIB el pasado

año.

Un tercio de la economía magiar depende de la producción agrícola que aunque emplea a solo el 4,5 por ciento de la población activa, genera el 15 por ciento del PIB. Los dos tercios restantes de la economía van a parar al sector de los servicios, lo cual general el 65 por ciento de los puestos laborales y es el que acoge la mayor cantidad de inversiones foráneas, sobre todo, la esfera de telecomunicaciones, finanzas y distribución.

Pese a que el ejecutivo pudo reducir en un 10 por ciento el desempleo, el problema de la salida masiva de jóvenes al exterior continúa como un asunto pendiente.

Aunque el partido neofascista Jobbik (Movimiento para una Hungría mejor) expuso durante la campaña electoral su oposición al Gobierno y lo criticó por su política migratoria, para abogar por preferencias a la comunidad magiar en detrimento de las minorías, la posibilidad de una alianza quedó siempre abierta.

El gabinete de Orban recibió duras críticas por su tolerancia con las actividades de Jobbik, la cual cuenta con una milicia paramilitar, con uniforme similar a los guardias de la SS, quienes por lo general circulan armados, un asunto que en su momento fue motivo de debate nacional.

La política de exclusión de minorías de los últimos cuatro años del Fidesz llevó a estratos pobres como gitanos a una relativa pasividad, mientras personas de menos recursos fuera de la comunidad gitana más bien se considera buscaron un acercamiento al Jobbik que con sus promesas de bienestar para los húngaros estuvo a punto de situarse como segunda fuerza política en esta nación de apenas tres millones de personas.

Ahora, cuando se calmaron los altavoces y se retiran las pancartas de las avenidas, la ultraderecha húngara podría encontrar puntos comunes más allá de las urnas, aunque mucho podría depender de la posibilidad del Fidesz de conservar la cómoda mayoría de dos tercios que disfrutó en los últimos cuatro años.

Entre el Fidesz y el Jobbik superan el 66 por cientos de los resultados en las urnas aunque expertos aclaran que ello dista mucho de considerar a Hungría como una nación conservadora, solo que el problema de la centroizquierda para reorganizarse tras perder el poder también pareció beneficiar a la ultraderecha.

La extrema derecha enturbia el camino electoral al gobierno griego

La firma del acuerdo entre Atenas y los acreedores internacionales, con la consiguiente nueva entrega de dinero, y la posibilidad de salir a los mercados internacionales de la deuda debían servir al gobierno griego para presentarse como triunfador ante la próxima convocatoria electoral. Las optimistas previsiones se vieron truncadas el pasado 2 de abril cuando se hicieron públicos los encuentros secretos entre el jefe de la oficina del primer ministro, Takis Baltakos, y el portavoz parlamentario del partido neofascista Amanecer Dorado (AD), Ilias Kasidiaris.

En uno de los vídeos que salió a la luz, Baltakos aseguraba que el Gobierno presionó a la justicia para mantener en prisión preventiva a varios diputados del partido ultraderechista, al inicio del proceso judicial en el que se acusó a sus dirigentes de crear una organización criminal. La noticia cayó como una bomba en la mansión Maximos, sede del ejecutivo griego, y los medios de comunicación no han dejado de airear nuevas conexiones entre los miembros del partido de gobierno, Nueva Democracia (ND), y sectores de la extrema derecha griega.

Al mismo tiempo el poder judicial dio inicio a una investigación urgente sobre si sacar a la luz pública la grabación, que fue el producto de la filmación clandestina, violó la ley de privacidad y qué posición adoptar ante la publicación de otras nuevas, como amenazó AD.

El mismo partido aseguró estar en posesión de más vídeos comprometedores para altos cargos del Gobierno, incluido uno del propio Samarás, y con los que pretende presentarse ante la opinión pública como víctimas de un proceso político orquestado en su contra.

Los dirigentes de AD fueron detenidos tras el asesinato del rapero Pavlos Fyssas, en septiembre de 2013, por un miembro de la organización, y acusados de múltiples cargos criminales que iban desde el blanqueo de capitales hasta la extorsión, pasando por su participación en actos de violencia.

Con ello el gobierno pretendió obtener réditos políticos y tratar de captar a los votantes del partido ultra, sin embargo las encuestas realizadas en los últimos días muestran que el escándalo protagonizado por Baltakos ha tenido un efecto contrario de cara a las elecciones europeas de finales de mayo.

Amanecer Dorado, cuya popularidad había caído ligeramente en los últimos meses volvió a afianzarse, mientras que el gubernamental ND comenzaba a perder terreno en relación con su principal competidor, el izquierdista Syriza. Casi todos los sondeos realizados coincidieron en mostrar esas tendencias y en presentar como principales beneficiarios de la situación a Syriza y a Amanecer Dorado.

Además, medios de prensa y partidos opositores no dejaron de criticar duramente al primer ministro, Antonis Samarás, por estar rodeado de asesores y políticos cercanos simpatizantes con la extrema derecha, como es el caso del abogado Failos Kranidiotis.

Este “amigo personal de Samarás”, según sus propias palabras, fue elegido miembro del comité político de ND, su máximo órgano, y tras el asesinato de Fyssas sostuvo que el principal problema en el país era la violencia de la izquierda y que él no condenaría a los “nacionalistas y patriotas”, en referencia a los neofascistas de AD.

Las críticas sirvieron para que Kranidiotis renunciara a presentarse como candidato de la formación conservadora a las elecciones al Parlamento Europeo, a pesar de que su inclusión se daba como segura.

Un detallado estudio sobre la infiltración de la ultraderecha en los aparatos del estado griego, realizado por el profesor de ciencias políticas de la Universidad de Atenas, Dimitris Jristopulos, vino a corroborar las complejas interrelaciones entre extremistas, policía, ejército, judicatura y también la iglesia ortodoxa.

Jristopulos, quien también es vicepresidente de la Federación Internacional de Derechos Humanos, se preguntó porqué pese a las claras evidencias de las actividades criminales de AD durante años, el Tribunal Supremo nunca inició una investigación penal en su contra, salvo cuando recibió instrucciones por parte del Ministerio de Orden Público.

Las revelaciones de los vínculos entre el partido de Samarás y la organización fascista también desestabilizó a la frágil coalición de gobierno, pues varios legisladores de su socio del Pasok mostraron abiertamente su rechazo a que todo se saldara únicamente con la dimisión de Baltakos.

Todos los grupos políticos pidieron la comparecencia ante la Asamblea Nacional de Samarás y los ministros concernidos para que explicaran el contenido de las conversaciones y asumieran sus responsabilidades políticas, sin embargo la vista tendrá lugar después de las vacaciones de Semana Santa.

Sociedad francesa preocupada por aumento del neofascismo

El asesinato de un joven francés a manos de integrantes de organizaciones neofascistas encendió las alarmas y puso en duda la capacidad del gobierno para contener la creciente presencia de ideologías basadas en el odio y la intolerancia. La muerte en pleno centro de París de Clément Méric, atacado a golpes en la cabeza y el rostro con manoplas de acero, aquí llamadas “puño americano”, levantó una oleada de indignación, pero también apuntó hacia un maligno fenómeno que lleva años de gestación en esta sociedad.

Diversos grupúsculos neonazis comenzaron a tener presencia más o menos solapada desde principios de la década de los 80 del siglo pasado, hasta que en el otoño de 1987 uno de sus líderes, Serge Ayoub, consiguió el registro legal de la autodenominada Juventud Nacionalista Revolucionaria (JNR).

Ayoub se aficionó al neofascismo durante un viaje a Reino Unido, a su retorno a París fundó una pandilla denominada “El Klan” y adoptó para sí mismo el seudónimo de “Batskin”, por su preferencia del bate de béisbol como arma durante sus agresiones.

Este individuo, como otros de su especie, es, sin embargo, más peligroso que un simple golpeador callejero; se autodefine como un patriota y explica sin ningún rubor su concepción del pensamiento ultraderechista.

“Me adherí a los skinhead (cabezas rapadas) porque comprendí rápido su potencial sobre la juventud. Es un movimiento popular y nacionalista; engloba ideas políticas, modo de vestir, estilo musical nuevo y toda una subcultura urbana. Ataca la política desde un ángulo nuevo, me parece moderno, inteligente y eficaz”, declaró en una entrevista.

Según Ayoub, la extrema derecha francesa tiene como objetivo permanente la defensa de la historia, del patrimonio y la cultura, y desde su punto de vista el Frente Nacional, de la ultra conservadora Marine le Pen, es el primer partido obrero de Francia.

Para financiar sus proyectos, la JNR abrió bares en París, Lille y Lyon, tiene una propia casa editorial donde publica sus manifiestos y está preparando un “diccionario ideológico”, así como una productora de video y un sello disquero.

Los sujetos que atacaron a Méric son miembros o simpatizantes de este grupúsculo y de una de sus derivaciones, la Asociación Tercera Vía, lo cual llevó al Ministerio del Interior a ordenar su clausura, basado en la única herramienta que tiene el Estado para combatir este fenómeno, una ley promulgada en 1936.

La JNR es sólo una entre varias agrupaciones dedicadas a predicar la intolerancia, el racismo y la xenofobia, como la llamada “Generación Identitaria” que recientemente emitió una declaración de guerra contra las migraciones, de manera particular las originadas desde África y el Medio Oriente.

Uno de los factores para explicar el auge de estas ideologías es la crisis económica y financiera que afecta a la mayor parte de los países de la Unión Europea, y la falta de respuestas adecuadas de los gobiernos, explicó a Prensa Latina el académico francés Salim Lamrani.

La extrema derecha aprovecha la situación para culpar a los migrantes por la falta de trabajo y el deterioro de la economía y muchas personas, no pocas de ellas entre los sectores menos favorecidos, son proclives a caer en los cantos de sirena de que, una vez resuelto el problema migratorio, se arreglará todo lo demás.

Un acontecimiento que vino a dar más oxígeno a la ultraderecha y sirvió como catalizador para acercarla a otros sectores intolerantes fue el proceso de promulgación de la ley del matrimonio entre personas del mismo sexo.

En realidad las discusiones en torno a este proyecto vienen de hace años y las primeras escaramuzas datan de 2011, cuando Francia estaba gobernada por Nicolás Sarkozy, de la Unión por un Movimiento Popular.

Al pasar el proyecto a manos del presidente François Hollande, del Partido Socialista, la iglesia católica se lanzó a fondo en su contra por medio de la organización Civitas, la extrema derecha de la conservadora curia gala.

Como pantalla utilizaron un movimiento denominado “Manif pour tous” (Manifestación para todos) y pusieron a la cabeza a la experiodista y cómica Virginie Tellenne, más conocida por su estrambótico sobrenombre de Frigide Barjot.

El grupo contó con cuantiosos recursos económicos y una cuidadosa asesoría mediática, en la cual participó la estadounidense National Organization for Marriage (NOM), muy ligada al Opus Dei, y la agencia de comunicación Opus Fidelis, especialista en manejo de redes sociales, denunció el portal de internet Mediapart.

Brian Brown, líder en California de la NOM, pronunció un discurso y participó en la primera marcha de la Manif pour tous en París.

Como columna vertebral de la seguridad interna de este movimiento seleccionaron, ni más ni menos, que a miembros de la JNR y los Identitarios, y existen numerosos testimonios sobre su presencia en las marchas armados con manoplas, tubos de metal e, incluso, bombas de gas lacrimógeno.

Pronto las manifestaciones degeneraron en batallas campales entre estos grupos y la policía, mientras dirigentes políticos de derecha lanzaban irresponsables llamados a la violencia contra el gobierno de Hollande.

Frigide Barjot llegó a decir en una declaración pública que “si sangre quieren (los favorables al matrimonio para todos), sangre tendrán”.

Lamentablemente el gobierno reaccionó cuando, en efecto, corrió la sangre de Clément Méric, y se decidió entonces la disolución de las JNR y Tercera Vía, medida considerada correcta, pero insuficiente para resolver el problema de fondo.

Al amparo de las leyes, estos grupúsculos podrán inscribirse de nuevo en poco tiempo bajo otro nombre y todo seguirá igual.

Lo que se necesita, señalan los expertos, es iniciar una campaña política e ideológica para explicar que la solución de los problemas no está en las propuestas de la ultraderecha, sino en acciones concretas de justicia social y económica.

El inquietante avance de la extrema derecha en Francia

La ultraderecha francesa, representada por el Frente Nacional (FN), registra durante los últimos años un auge peligroso que algunos analistas atribuyen a la crisis económica y otros a un cambio de imagen del partido.

El FN, calificado como de ideología neofascista, fue fundado en 1972 por Jean-Marie Le Pen, veterano de las guerras de Indochina y Argelia.

Le Pen logró llegar con su partido en 2002 hasta la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, aunque fue derrotado estrepitosamente por Jacques Chirac, por 82 por ciento de votos frente a 17.

Este tipo de formaciones políticas, que durante la última década han tenido un avance en Europa, se caracterizan por su discurso nacionalista, xenófobo y sobre todo contra los migrantes, a quienes responsabilizan con el desempleo y la inseguridad.

El polémico fundador del FN fue condenado en 2008 por el tribunal correccional de París a tres meses de prisión condicional y una multa de 10 mil euros por apología de crímenes de guerra.

Jean-Marie Le Pen dijo que “la ocupación nazi en Francia no fue particularmente inhumana, pese a que hubo algunos atropellos, inevitables en un país de 550 mil kilómetros cuadrados”.

Le Pen había sido sancionado en otras tres ocasiones por atacar a los migrantes, defender la desigualdad de razas y por declarar que las cámaras de gas solo fueron “un detalle en la historia” durante la II Guerra Mundial.

En enero de 2011 el creador del FN fue sustituido por su hija, Marine Le Pen, joven y divorciada, quien ha tratado de cambiar la estrategia con el abandono de las ideas más polémicas para “desdemonizar” la organización y convertirla en un partido que aspira a gobernar.

El maquillaje del discurso, unido a la contratación de expertos y profesionales y a otros factores sociales, permitió que la organización se posicionara en el tercer lugar en la primera vuelta de los comicios presidenciales de 2012.

En junio de este año la elección parcial en la comuna de Villeneuve-sur-Lot para designar al alcalde hizo saltar las alarmas, cuando el candidato del Frente Nacional ocupó el segundo lugar y disputó la ronda decisiva.

Para impedir el triunfo del FN la izquierda llamó a votar por la conservadora Unión por un Movimiento Popular (UMP), que se impuso a la postre, aunque el representante de la ultraderecha obtuvo 46 por ciento de votos.

Ahora, en los comicios cantonales en Brignoles, el aspirante del FN quedó por delante del de la UMP y ambos deberán disputar la segunda vuelta el domingo próximo.

Una encuesta recién publicada aquí señala que el Frente Nacional se encuentra a la cabeza en la intención de voto para las elecciones al Parlamento Europeo, que tendrán lugar en mayo próximo.

El sondeo otorga al FN 24 por ciento de los votos, por encima de la UMP, con 22, y del gubernamental Partido Socialista, con 19.

Marine Le Pen y el FN han llegado hasta tan elevadas posiciones cabalgando sobre la crisis económica, el desempleo, la inseguridad ciudadana y otros problemas que causan malestar en la sociedad.

Desde el inicio de las turbulencias económicas, en 2008, el paro mantiene una curva ascendente y ya afecta a más de tres millones 200 mil personas. Si a ellos se suman quienes tienen trabajo a tiempo parcial, la cifra se eleva a cuatro millones 800 mil.

El constante cierre de fábricas, la continuación de las políticas de austeridad y el aumento de los impuestos son otros de los problemas que no han sido solucionados durante la administración de Francois Hollande, del Partido Socialista.

“La historia de Europa nos muestra cómo en el pasado las crisis se han resuelto con la guerra y con el fascismo”, declaró recientemente el dirigente del Frente de Izquierda François Delapierre.

Es en estos momentos que el Frente Nacional ha encontrado terreno fértil para su discurso con propuestas como salir del euro y volver a la moneda nacional, frenar la inmigración y aplicar la tolerancia cero contra la delincuencia.

Interrogado hoy sobre las causas del incremento de la ultraderecha, el ministro francés de Agricultura, Stéphane Le Foll, se lo atribuyó a la crisis económica.

Para el Frente de Izquierda y el Partido Comunista, sin embargo, el origen del fenómeno está en el fracaso de las políticas seguidas por los últimos gobiernos.

Ultraderecha francesa gana elección cantonal

El candidato del ultraderechista Frente Nacional (FN) Laurent López fue electo consejero general de Brignoles, del departamento francés de Var, resultado considerado una advertencia para los próximos comicios municipales. En la segunda ronda de las elecciones cantonales López obtuvo 53 por ciento de los votos, seis puntos por encima de la aspirante de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), Catherine Delzers, a pesar de que el Partido Socialista (PS) y la Izquierda habían llamado a votar por esta última.

Para Harlem Désir, primer secretario del PS, la victoria del FN “recuerda a la izquierda la imperiosa necesidad de su unidad en los territorios”.

Mientras, Ségolene Royal, presidenta del PS en la región del Poitou-Charentes, señaló que el triunfo del Frente Nacional es la expresión de un malestar y de una angustia por el futuro.

La elección del candidato de la extrema derecha ocurre a sólo cinco meses de los comicios municipales y a siete de los del Parlamento Europeo.

Una encuesta recién publicada aquí señala que el FN se encuentra a la cabeza en la intención de voto para las elecciones de la Eurocámara.

Los analistas atribuyen el auge de la extrema derecha al desempleo y otros problemas económicos y al cambio de imagen del partido desde que asumió las riendas de la organización Marine Le Pen, quien ha intentado quitarle la etiqueta de extremista. La crisis económica es uno de los asideros que ha aprovechado el FN para ganar adeptos con su discurso xenófobo, antiinmigrante y por el abandono del euro y el regreso a la moneda nacional.

Denuncian auge neonazi en España

El Partido Comunista de Murcia advirtió sobre el auge de grupos fascistas y neonazis que provocan actos violentos en la ciudad capital de esa comunidad autónoma del sudeste de España. La advertencia sigue a reportes de incidentes atribuidos a grupos de ultraderecha en esa y otras regiones españolas, en las que se registra un resurgir, aunque tímido, de organizaciones de tendencia fascista.

Los comunistas denunciaron que en los últimos cuatro meses en la ciudad hubo un intento de homicidio con arma blanca, concentraciones autorizadas de partidos políticos fascistas y ataques a seguidores del club de fútbol CAP Ciudad de Murcia.

Asimismo alertaron sobre la libertad con que se mueve el Movimiento Social Republicano (MSR), de ideología neofascista. Según la organización, el auge de grupos de ultraderecha tiene su origen en la crisis económica a la que no son capaces de poner solución los partidos políticos tradicionales.

Precisa que en la región la tasa de paro es del 29 por ciento, mientras aumenta el número de personas en exclusión social y la emigración, lo cual abre espacio al discurso xenófobo y excluyente.

Ante el silencio de la prensa, los políticos, los jueces y las autoridades los comunistas convocan a enfrentar las manifestaciones ultraderechistas antes de que sea demasiado tarde y se deban lamentar mayores pérdidas.

El pasado diciembre se reportó un herido durante hechos violentos en la Facultad de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid atribuidos al grupo neonazi Liga Joven, que tiene como referente el partido ultraderechista griego Amanecer Dorado.

Ese mismo mes Izquierda Unida denunció el tercer ataque contra su sede en León por grupos que pintaron signos nazis, mientras en Cataluña fueron detenidos integrantes de Pilla Pilla, grupo inspirado en la organización neonazi rusa Occupy Pedofilya.

Otras manifestaciones de esta ideología provocaron denuncias de militantes de Nuevas Generaciones, organización juvenil del Partido Popular, que practican el saludo nazi o se retratan junto a símbolos de ideología fascista.

En España se identifican una docena de grupos fascistas solo en Madrid y a nivel nacional se dio a conocer a mediados del año pasado la plataforma España en Marcha que agrupa organizaciones como La Falange, Alianza Nacional y Nudo Patriota, entre otros.

* Rondón es jefe de la redacción Europa de Prensa Latina; Cuesta, corresponsal en Grecia, y Morales y Esquivel, corresponsales en Francia.