La Habana, Washington y Ciudad de México (PL).- Jóvenes, introvertidos y con anteojos, colgados a la pantalla de una computadora durante jornadas enteras es la imagen que tenemos de los adictos a internet, sin descripción aún entre las enfermedades psiquiátricas y que algunos consideran inexistente. Las personas adictas a Internet y a los videojuegos presentan cambios en las conexiones cerebrales como los drogadictos y alcohólicos, evidenció un reciente estudio.

Investigaciones, test y recomendaciones se han ido agolpando en los archivos de más de medio mundo para tratar un problema que algunos igualan con los del alcoholismo y drogas como la cocaína, mientras otros tantos aseguran que, al menos, no existen suficientes evidencias para preocuparse.

Hace apenas 25 años esa dependencia a la red de redes era impensable, pero ahora estar ajeno a ella nos priva de sus innegables ventajas, más allá de discusiones acerca de estar o no a favor del progreso y del desarrollo. Con la limitación de que no traspasan la descripción de fenómenos en muestras pequeñas, los trabajos que hablan de la dolencia consideran entre los principales factores de riesgo el tiempo que los internautas dedican diariamente a la vida virtual. Sin embargo, numerosas indagaciones dejan de lado que no todas las personas tienen las mismas obligaciones ni las mismas necesidades de conexión a internet, ya sea por razones de estudio o empleo.

No sería justo, más allá de las diferencias individuales, exigirle a un alumno universitario o un informático dedicar la misma cantidad de horas que otra persona menos relacionada con uno de los inventos más importantes del siglo XX. Para los preocupados por el uso excesivo de los ordenadores, un adicto es aquel que pierde el control frente al uso racional de la conexión ya sea en la búsqueda de información, el juego o las compras electrónicas.

Para considerar la ciberadicción un asunto patológico debe tenerse en cuenta el nivel de interferencia y de distorsión en la vida personal, familiar y profesional del individuo, asuntos que, como mucho, serían un problema de distribución del tiempo. Más allá del medio empleado -que en otros casos puede ser la televisión o diversos dispositivos de juego, incluidos los teléfonos móviles- debe tenerse en cuenta que muchos llamados adictos pueden tener enfermedades de base o estados mentales relacionados con la depresión, la soledad o la timidez.

Para aquellos terapeutas que tratan el asunto con consultas mediante la web, el equivalente a llevar alcohólicos anónimos a un bar de copas, llaman a no perder de vista la sensación que puede provocar en las personas apretar un enlace y obtener información o imágenes estimulantes casi al instante.

Antes del surgimiento de internet ya existían conductas como la ludopatía, la cleptomanía (asociado al robo de identidades), el sexo rentado y juegos con alguna predisposición a la violencia. Culpar a la web de tales comportamientos sería un desaguisado contra toda lógica. En ocasiones algún chico ha muerto después de largas sesiones conectado a la web, pero son muchos más los fallecidos detrás de un automotor, y nadie habla de adicción a los vehículos.

Para otros, simplemente, no es la herramienta, es lo que haces con ella, y en el caso de internet, hoy es imposible sustraerse de ella.

Adictos a Internet sufren cambios cerebrales como drogadictos

Un trabajo realizado por científicos de la Academia de Ciencias China evidenció que las personas adictas a Internet presentan cambios en las conexiones cerebrales en la corteza orbitofrontal como los drogadictos y alcohólicos.

Los investigadores sometieron a 35 personas de ambos sexos de entre 14 y 21 años a escáneres cerebrales para identificar alteraciones cerebrales. Entre aquellos con trastornos de adicción a Internet (IAD) encontraron una modificación en la materia blanca cerebral, zona del sistema nervioso central que controla los axones, prolongaciones neuronales que se encargan de conducir las señales nerviosas.

Esa parte del cerebro interviene en la generación y procesamiento de emociones, control cognitivo, atención y la toma de decisiones, explicó el autor principal del estudio, Hao Lei. “Los resultados también sugieren que el IAD parece compartir los mecanismos psicológicos y neuronales de otros tipos de adicción a sustancias y otros trastornos de control de impulsos”, indicó el experto a la revista PLoS One

Investigadores que no participaron en el estudio, señalaron que cambios cerebrales similares se han descubierto también entre personas adictas a los videojuegos.

Facebook puede afectar negativamente el ánimo de internautas

Un estudio de la universidad estadounidense de Michigan mostró que la dependencia a la red social Facebook tiene un efecto negativo en el estado de ánimo de los internautas. La revista PLoS One publicó las impresiones del psicólogo Ethan Kross tras estudiar a 82 jóvenes asiduos a un espacio que si bien satisface una necesidad social de conexión, tiende a deprimir.

El experto reconoció que Facebook facilita la necesidad humana básica de conexión social, pero su investigación demostró que en vez de mejorar el bienestar, tiene el efecto contrario. El equipo de Kross contactó con cada participante varias veces al día durante cinco jornadas para preguntarles cómo se sentían o si estaban preocupados, entre otras cuestiones.

La evaluación de los datos recogidos evidenció que cuanto más era usada la red social, peor se sentían los individuos analizados en los momentos posteriores. En cambio, las interacciones cara a cara con otras personas no tenían ningún impacto negativo en su bienestar, si bien el equipo descartó que los usuarios usaran más Facebook cuando peor se sienten.

“Algunos investigadores han especulado que el uso de redes sociales on line podría interferir con la actividad física o aumentar las comparaciones sociales dañinas”, agrega el texto.

Se estima que el 2% de la población juvenil mexicana, entre los 11 y 18 años de edad, es adicta a internet, según un estudio de la Asociación Psicoanalítica Mexicana (APM). Pese a que la cifra resulta inferior a la registrada en otros países, los especialistas señalan que se observa un aumento en relación con el 0.5 por ciento reportado hace dos años.

Sicólogos consideran alarmante el hecho de que los niños y jóvenes mexicanos rompan con mayor frecuencia sus vínculos con la realidad para refugiarse en las nuevas tecnologías. La directora de difusión de la APM, Delia Hinojosa, dijo que hoy se promueven las conductas basadas en el miedo a la cercanía, a la intimidad y a establecer vínculos profundos, lo que favorece el empleo de las nuevas tecnologías como internet, al punto de crear una adicción.

El uso excesivo que hacen muchas personas de la web, precisó la especialista, puede llevar al individuo a actuar de manera patológica consigo mismo y con las personas que integran su entorno más cercano. Agregó que un adicto a la red de redes o algún medio electrónico presenta síntomas como ansiedad, angustia e intolerancia al no estar frente al objeto que le genera esa situación de estrés, la cual provoca otros conflictos en el orden laboral o estudiantil.

Hinojosa reconoció la importancia que hoy tiene el uso de internet en la vida moderna, pero aclaró que cuando este medio o la computadora impiden al individuo relacionarse socialmente con otro es una llamada de alerta sobre que algo raro, fuera de lo normal, está pasando. Al respecto, la doctora recomendó que lo más sensato es buscar ayuda profesional para resolver el problema a tiempo. Indicó que España (41 por ciento) y Estados Unidos (38 por ciento) son los países con mayor cantidad de jóvenes adictos a internet.

La hiperactividad, depresión y adicción a los videojuegos son las principales problemáticas que afectan a los niños y adolescentes puertorriqueños, aseguró el médico-psiquiatra Jesús M. Saavedra. Se han dado cambios en la familia motivados por las tendencias tecnológicas y cada día los padres prestan menos atención a los hijos, algo que sin dudas tiene un impacto negativo, indicó el experto durante la VI Conferencia Internacional Psicología de la Salud (Psicosalud 2011).

* El autor es periodista de Prensa Latina.