Madrid y La Habana (PL).- Cuna y crisol de civilizaciones, la zona del mar Mediterráneo afronta una compleja situación provocada por el incremento de la emigración irregular de países de África y Medio Oriente que caminan hacia Europa como una nueva Meca. Situaciones complejas de guerras y hambrunas, resultado de malas políticas o políticas de olvido hacia esas regiones, impulsan a una cantidad creciente de personas a abandonar sus hogares para buscar la sobrevivencia.

La alternativa, para muchos de ellos, es morir de inanición, perecer en una guerra sin sentido o vivir algún tiempo más en condiciones de penuria y desesperanza, resultado de siglos de olvido y marginación y políticas de explotación. Europa, que ahora recibe el fenómeno como bumerán de su historia colonial, es -pese a la crisis- un eslabón superior y un sueño para millones de personas atraídas también por el estímulo a la inmigración con que varios países intentaron neutralizar la caída de la natalidad.

La arista más dramática son las muertes provocadas por los intentos de llegar en embarcaciones endebles, el asalto a vallas fronterizas y el paso por lugares peligrosos, en ocasiones de mano de mafias del tráfico humano.

El Observatorio de víctimas de la inmigración estimó que entre 1988 y 2008 murieron más de 12 mil personas provenientes de Marruecos, Argelia, Mauritania, Senegal y otros países, deshidratados en el desierto, ahogados en el mar o asfixiados en barcos de carga.

Vallas cada vez más altas protegidas por cuchillas, como las instaladas en Ceuta y Melilla -ciudades españolas en África- no pueden impedir la avalancha que deja un número creciente de víctimas, cuyas cifras reales tal vez nunca se conozcan.

Uno de los hechos más dramáticos del año ocurrió el pasado 6 de febrero, cuando 15 inmigrantes murieron al intentar alcanzar a nado una playa ceutí, luego de haber fracasado un intento de asalto a la valla que separa esa ciudad con Marruecos.

La tragedia provocó fuertes polémicas en España, ante acusaciones de que las muertes fueron propiciadas por los disparos de proyectiles de goma cuando los inmigrantes se encontraban en el agua hechos por la Guardia Civil, que rechaza esas alegaciones.

Para enfrentar la situación se plantean dos posiciones básicas: una, reforzar las fronteras y facilitar las devoluciones de quienes logren ingresar de forma irregular; la otra, incrementar la ayuda para el desarrollo con vistas a eliminar o disminuir causas de la emigración.

Con la perspectiva de un análisis del fenómeno por parte de la UE, los países integrantes del Grupo Mediterráneo se reunieron el 16 de abril en la ciudad española de Alicante, con el propósito de llevar una posición común sobre los flujos migratorios.

Los ministros de Asuntos Exteriores de Chipre, Francia, Grecia, Italia, Malta, Portugal y España optaron, en una declaración conjunta, por una postura que aglutina los dos enfoques: más recursos para las fronteras y programas de ayuda a los países emisores.

Lamentablemente, el análisis de la reunión de Alicante evidencia que el peso lo tiene el reforzamiento de las fronteras y la agilización de mecanismos de devolución para las llamadas devoluciones en caliente, ahora consideradas ilegales.

Según su valoración, la presión migratoria en el Mediterráneo está en aumento, como demuestran los trágicos acontecimientos recientes resultado de la situación de inestabilidad y pobreza en los países de origen, pero este elemento parece marginado en las propuestas.

Los países mediterráneos piden a la UE tener en cuenta que gran número de inmigrantes pretenden seguir adelante a otras partes de Europa, por lo cual requieren mayor participación de sus miembros en las cuestiones migratorias.

Estos desafíos, según ese enfoque, solo pueden ser abordados de manera global, con medidas a corto y largo plazo, en la UE y terceros países, mediante la dedicación de recursos para la gestión de los flujos migratorios.

La reunión de Alicante pidió reforzar el control de las fronteras externas de la UE- tanto terrestres como marítimas- incluyendo operaciones conjuntas con participación mayor de los estados miembros.

Asimismo proponen generar capacidades en los países de origen y tránsito del Mediterráneo y de la región subsahariana para reforzar el control de sus fronteras y la lucha contra las redes criminales y la trata de seres humanos.

También sugieren flexibilizar las formas de retorno y readmisión, para que quienes se encuentren en situación irregular en la UE puedan volver a sus países de origen, con pleno respeto de sus derechos fundamentales y sobre la base de los estándares internacionales.

Apoyo para las organizaciones internacionales que operan en terceros países de tránsito y garantías que los estados africanos cumplan compromisos de readmisión se incluyen en la proyección.

Menos concretas son las ideas en torno al reconocimiento de los esfuerzos para abordar adecuadamente las causas profundas de la inmigración asociadas a situaciones de pobreza, inestabilidad política y conflictos.

Al respecto se limita a considerar necesario el compromiso de instituciones europeas en la cooperación para el desarrollo con programas e instrumentos financieros que actúen contra la presión migratoria y promuevan el desarrollo económico y social.

A partir de la visión expuesta en Alicante y la posición de otros países líderes de la comunidad como Alemania, parece muy probable que si esta situación es abordada en el Consejo Europeo de junio próximo, la estrategia no esté centrada en la cooperación.

La historia reciente indica que vallas cada vez más altas y cuchillas afiladas son impotentes para detener una avalancha de millones de personas que a menudo prefieren jugarse la vida en un viaje peligroso para escapar de una muerte segura o una vida que no lo es.

Mediterráneo: la tragedia anunciada

Durante las últimas dos décadas, el mar Mediterráneo ha sido testigo de la muerte de cerca de 20 mil personas, obligadas por la pobreza y los conflictos a abandonar sus orígenes para buscar mejores oportunidades en Europa. Según datos proporcionados por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), cada año, miles de inmigrantes, en su mayoría sirios, eritreos y somalíes, atraviesan ese mar en embarcaciones inseguras y se exponen a travesías peligrosas que muchas veces tienen un final no deseado.

Ante los desastres que allí tienen lugar, algunos se alarman, unos pocos intentan evitarlos y otros cierran sus ojos y prometen, pero no cumplen. Pese al reclamo de organizaciones humanitarias, las grandes potencias continúan sin prestar la atención suficiente a la problemática migratoria, en tanto el número de cadáveres hallados en el Mediterráneo es cada vez mayor y la cifra total de muertes puede que nunca se conozca.

La más reciente tragedia de esa índole ocurrió a mediados de mayo de este año, cuando la Guardia Costera italiana reportó el fallecimiento de al menos 17 personas y la desaparición de más de un centenar, tras el naufragio de una embarcación proveniente de Libia con alrededor de 400

indocumentados a bordo. El diario La Repubblica indicó que el desastre ocurrió a 50 millas del país africano y a 100 de la isla de Lampedusa, una de las rutas más seguidas por inmigrantes con intenciones de establecerse en el llamado viejo continente.

Dicho suceso, más allá de conmover al mundo, agudizó las contradicciones entre Italia y la Unión Europea (UE) y mostró un trasfondo reprochable del bloque comunitario y de algunos detractores de los intentos de ese país para evitar catástrofes similares. Varios funcionarios, entre ellos, el ministro italiano de Interior, Angelino Alfano, reiteraron desde Roma las advertencias tantas veces realizadas y se refirieron al acontecimiento como “la tragedia anunciada”.

MARE NOSTRUM, EL PRECIO DE SALVAR VIDAS

A pocas horas de reportado el incidente, cerca de 210 individuos, fueron rescatados por navíos pertenecientes al operativo militar y humanitario Mare Nostrum, creado por el Gobierno italiano para fortalecer los servicios de socorro en alta mar. La iniciativa surgió en octubre último tras conocerse la muerte, cerca de Lampedusa, de más de 350 eritreos y somalíes, uno de los mayores desastres registrados hasta el momento en esa zona.

Desde su puesta en funcionamiento, Mare Nostrum ha reportado el rescate de más de 20 mil inmigrantes, entre ellos menores de edad sin acompañantes y recién nacidos. Constantemente, ese operativo emite informes de acciones de salvamento, al tiempo que Italia continúa con el reclamo de la ayuda del resto de los miembros de la UE, pero sus denuncias, al igual que las barcas de los refugiados, parecen desaparecer entre las olas.

En los últimos meses, fuerzas opositoras internas criticaron los gastos del programa que incluye embarcaciones y personal de la Marina Militar y la Guardia Costera y para cuya implementación se invierten 300 mil euros diarios, según informes oficiales. El partido Forza Italia reclamó el cese de la iniciativa por considerarla “demencial y costosa” y Liga Norte señaló que, mediante ese proyecto, se estaba “financiando a traficantes clandestinos y permitiendo una invasión del territorio nacional”.

A la polémica generada en torno al precio de los rescates y la costumbre de algunos de reducir a cifras el valor de la vida humana, se suma la situación de escasez y abarrotamiento de los centros de acogida italianos, por lo que el Ejecutivo acudió a los 28 en busca de una respuesta eficaz e inmediata.

En lugar de tomar medidas efectivas, la UE ignoró durante meses los reclamos de instituciones estatales y no gubernamentales y en noviembre de 2013 aplazó hasta junio de este año la definición de una estrategia para afrontar la inmigración ilegal.

LA CULPA… NO LA TIENE NADIE

Al divulgarse la última tragedia en las costas de Lampedusa, la Comisión Europea (CE) se lavó las manos y responsabilizó a los países miembros del bloque de las muertes en el Mediterráneo. Michele Cercone, portavoz de la comisaria europea de Interior, Cecilia Malmstrom, afirmó que la CE se sentía “frustrada” por la inactividad de muchos de los 28 ante dichos desastres y los instó a

acoger en su territorio a los individuos que permanecen en campos de refugiados.

“Si cada Estado miembro amparara a unos miles de inmigrantes, ayudaríamos a muchas personas y contribuiríamos a reducir la presión sobre las naciones del Mediterráneo. Escuchamos palabras de solidaridad, pero no vemos soluciones concretas”, señaló. “La CE puede financiar la acogida de los indocumentados, pero no podemos obligar a todas las naciones del bloque a hacerla, la iniciativa debe provenir de ellas”, aseveró.

Los pronunciamientos de Cercone se conocieron después que el Gobierno italiano denunciara la falta de apoyo en las labores de salvamento y ayuda a los indocumentados. “No queremos lágrimas y declaraciones de intenciones: la UE debe intervenir de inmediato. Esas muertes pesan sobre la conciencia de todos, nadie está excluido”, declaró Francesco Rocca, presidente de la Cruz Roja italiana.

“Por enésima ocasión, exigimos la apertura de un corredor humanitario, que permita la llegada segura al continente de los afectados por la guerra y el hambre y contribuya a la lucha contra el tráfico de personas”, afirmó.

El ministro italiano de Interior manifestó que “la UE tiene dos salidas: o viene al Mediterráneo e iza su bandera, o dejaremos que los inmigrantes ejerzan el derecho de asilo en otros países”. De su lado, el primer ministro Matteo Renzi también denunció la poca atención prestada por el bloque a los problemas relacionados con la llegada masiva de indocumentados a las costas italianas. “Europa salva a los bancos y deja morir a madres con niños”, expresó durante una entrevista concedida a la televisión local.

Mientras la disputa continuaba, el Acnur, destacaba que en los primeros cuatro meses de 2014, más de 170 individuos se ahogaron al intentar llegar al viejo continente y alrededor de 18 mil tuvieron que ser rescatados por Italia. “Instamos a los gobiernos de todo el mundo a ofrecer alternativas legales como facilidades para la reunificación familiar y la flexibilización de medidas punitivas a aquellas personas desesperadas que necesitan protección y asilo”, señaló Adrian Edwards, portavoz del organismo internacional.

Por su parte, el Papa calificó de “cinismo proclamarse defensor de los derechos humanos mientras se ignora la muerte de quienes se ven obligados a abandonar sus tierras sin recibir muestras de solidaridad”. Sin embargo, las intenciones, las críticas y las condenas no son suficientes para evitar que, según el Acnur, dos mil personas mueran cada año al tratar de llegar a Europa por mar.

A raíz de los últimos sucesos, la prensa italiana divulgó un video filmado por los buzos que participaron en la recuperación de los cadáveres de la tragedia de octubre pasado cerca de Lampedusa. El archivo muestra las bodegas de la embarcación repletas de los restos de quienes quedaron atrapados mientras intentaban salir. La imagen de dos cuerpos abrazados en espera de la muerte en las aguas del Mediterráneo es hoy el recordatorio del esfuerzo insuficiente y las calamidades permitidas por la raza humana.

* Lozano es corresponsal de Prensa Latina en España y Arcia periodista de la Redacción Europa.