Roma, Santiago de Chile, Amsterdam, Washington, Ginebra y Londres.- Nunca antes tantas personas dependieron de la pesca y la acuicultura para obtener alimentos e ingresos, pero las prácticas nocivas y la mala gestión amenazan la sostenibilidad del sector. La seguridad alimentaria de los océanos está amenazada por la sobrepesca, la destrucción del hábitat y la contaminación, advierte la última edición de El estado mundial de la pesca y la acuicultura de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Según el reciente informe de la FAO, la producción pesquera y acuícola mundial ascendió a un total de 158 millones de toneladas en 2012, alrededor de 10 millones de toneladas más que en 2010. La rápida expansión de la acuicultura, incluidas las actividades de los pequeños productores, fue el motor del crecimiento en la producción.

La proporción de la producción pesquera empleada por los seres humanos para alimentarse aumentó desde alrededor del 70% en la década de 1980 hasta un nivel récord de más del 85% (136 millones de toneladas) en 2012. Al mismo tiempo, el consumo per cápita de pescado se ha disparado de 10 kilogramos en la década de 1960 a más de 19 kilogramos en 2012.

El nuevo estudio de la FAO indica que el pescado representa en la actualidad casi el 17% de la ingesta de proteínas de la población mundial, porcentaje que en algunos países costeros e insulares puede superar el 70%. La Organización de la ONU estima que la pesca y la acuicultura sostienen los medios de subsistencia de entre el 10 y 12% de la población mundial. Desde 1990 el empleo en el sector pesquero ha crecido a un ritmo más rápido que la población mundial, y en 2012 ocupó a unos 60 millones de personas, 84% en Asia, y alrededor del 10% en África.

El pescado sigue siendo uno de los productos alimentarios más comercializados en todo el mundo, por un valor de casi 130 mil millones dólares en 2012. Una tendencia importante es el aumento de la participación de los países en desarrollo en el comercio pesquero: el 54% de las exportaciones totales de pesca en función de su valor en 2012 y más del 60% por volumen (peso vivo). Esto significa que la pesca y la piscicultura están desempeñando un papel cada vez más importante para muchas economías locales. Alrededor del 90% de los pescadores lo son en pequeña escala y se estima que, en total, un 15% son mujeres. En las actividades secundarias -como el procesamiento-, esta cifra puede elevarse al 90%.

La producción mundial de la pesca de captura marina se mantuvo estable en alrededor de 80 millones de toneladas en 2012. Actualmente menos del 30% de las poblaciones de peces en libertad controladas regularmente por la FAO están sobreexplotadas, lo que supone una inversión en la tendencia observada durante los últimos años. Poco más del 70% se están explotando dentro de los niveles biológicamente sostenibles. De este porcentaje, las poblaciones plenamente explotadas -es decir aquellas en o muy cerca de su máxima producción sostenible- representan más del 6%, mientras que las poblaciones infraexplotadas suponen cerca del 10%.

Por otro lado, la producción mundial de la acuicultura marcó un récord histórico de más de 90 millones de toneladas en 2012, incluyendo casi 24 millones de toneladas de plantas acuáticas. China concentró más del 60% de la cuota total.

Sin embargo, el informe de la FAO recalca que para seguir creciendo de manera sostenible la acuicultura tiene que ser menos dependiente de los peces en libertad para los piensos e introducir una mayor diversidad en especies y prácticas en las explotaciones acuícolas. Por ejemplo, las especies de tamaño pequeño pueden ser una excelente fuente de minerales esenciales cuando se consumen por entero. Sin embargo, las preferencias del consumidor y otros factores han visto un cambio hacia especies cultivadas de mayor tamaño, cuyas espinas y cabezas a menudo se descartan.

Se calcula que cada año se pierden 1 300 millones de toneladas de alimentos, lo que supone cerca de un tercio de todos los alimentos producidos. Esta cifra incluye las pérdidas posteriores a la captura de peces, que tienden a ser mayores en la pesca en pequeña escala.

En las pesquerías en pequeña escala las pérdidas de calidad son a menudo mucho más importantes que las pérdidas físicas. La mejora de los métodos de manipulación, transformación y agregación de valor podrían abordar los aspectos técnicos de esta cuestión, pero también es vital extender las buenas prácticas, establecer asociaciones, crear conciencia y desarrollar capacidad y políticas y estrategias pertinentes.

El informe de la FAO señala también que la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR) sigue representando una grave amenaza para los ecosistemas marinos y tiene igualmente un impacto negativo en los medios de vida, las economías locales y el suministro de alimentos.

Amenazas: sobrepesca y contaminación

La seguridad alimentaria de los océanos está amenazada por la sobrepesca, la destrucción del hábitat y la contaminación. El 30% de las poblaciones mundiales de peces están sobreexplotadas, agotadas o recuperándose del agotamiento, lo que provoca pérdidas económicas ascendentes a 50 mil millones de dólares al año.

Según el director general de la FAO, el cambio climático plantea nuevos retos a las poblaciones que dependen de los océanos, ya que ese fenómeno modifica la distribución y productividad de las especies marinas y de agua dulce, lo cual afecta los procesos biológicos y altera las redes alimentarias.

La pesca de arrastre, uno de los métodos de captura más usados en el mundo, es una de las principales causas de degradación del fondo marino pues elimina el carbono orgánico del suelo y supone una amenaza a la biodiversidad.

Un estudio publicado por la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, que lideró la Universidad Politécnica de Marche, en Ancona, Italia, se centró en el impacto de esa actividad sobre la meiofauna, formada por pequeños organismos de entre 30 y 500 micras, que viven en los sedimentos marinos de caladeros de pesca del talud continental, a unos 500 metros de profundidad.

Sin duda es el tipo de pesca más destructiva que existe, pues los organismos que habitan en aguas profundas necesitan muchos años para recuperarse y no meses, como los de aguas menos profundas, explicó Antonio Pusceddu de la Universidad Politécnica de Marche, autor principal del estudio.

El arrastre consiste en el empleo de una red lastrada que barre el fondo del mar. Esta técnica se empezó a utilizar en la segunda mitad del siglo XIV y se convirtió en práctica generalizada a inicios del siglo XIX con la industrialización de la pesca. La finalidad es capturar a las presas que habitan en aguas profundas, a más de 200 metros de profundidad, debido a la disminución de las poblaciones de peces cerca de la costa. En los recientes 30 años su uso creció y cada vez se practica a mayor profundidad.

Los artes de arrastre, al remover los sedimentos blandos del lecho marino, hacen que en las áreas de pesca la población de pequeños invertebrados sea un 80% menos abundante y que su biodiversidad sea un 50% menor que en las zonas situadas a profundidades parecidas donde no se pesca.

Los efectos negativos de la pesca de arrastre también son evidentes en la disminución hasta un 25% del número de especies de nemátodos (componente dominante de la meiofauna a estas profundidades).

La investigación también reveló que los sedimentos empobrecen de forma importante (un 52%) su contenido en materia orgánica, que es la fuente de alimento de los organismos a esas profundidades, y presentan un consumo de carbono orgánico un 37% más lento. Esta es una de las principales funciones de los ecosistemas marinos profundos.

En opinión de los expertos, el arrastre sobre el fondo marino remueve y levanta las finas partículas del sedimento superficial, y a la vez pone en suspensión los pequeños organismos que viven en el sedimento, que constituyen la base de la cadena trófica en esas profundidades. Esa acción, añaden, provoca a la larga una pérdida constante de sedimentos finos, blandos y ricos en materia orgánica, dejando un lecho marino con un sedimento superficial más empobrecido y compactado, el cual resulta más difícil de ser colonizado de nuevo.

Las grandes industrias pesqueras ejercen creciente presión sobre los océanos y sus reservas, lo que pone en peligro la seguridad alimentaria de millones de personas en todo el planeta, alertó el relator especial de Naciones Unidas sobre el Derecho a la Alimentación Olivier De Schutter, quien calificó de acaparamiento de los océanos la tendencia de esas empresas a firmar acuerdos que perjudican a los pequeños pescadores.

También criticó que esas grandes industrias pesqueras no informan de sus capturas, penetran en aguas protegidas y desvían los recursos que necesitan las poblaciones locales para sobrevivir. Esta es una amenaza que puede ser tan seria como el acaparamiento de tierras, sentenció De Schutter.

El relator especial de ONU consideró que a causa de una mayor presión sobre la producción agrícola, se empieza a mirar ahora a ríos, lagos y océanos para lograr la creciente aportación diaria de proteínas. Se calcula que el volumen de pesca ilegal en el orbe se mueve entre los 10 y 28 millones de toneladas métricas anuales.

De Schutter reveló que la mayor parte de las aguas marinas del mundo son explotadas por grandes flotas, de ahí que recomendó una urgente revisión de los Acuerdos de Licencia y Acceso (LAAs). A su juicio, tales tratados deberían incluir mecanismos de vigilancia más sólidos para encarar la pesca ilegal, tener en cuenta el impacto de las grandes explotaciones en las poblaciones locales y fortalecer los derechos laborales de los pescadores.

Millones de toneladas de basura son vertidas al mar

Millones de toneladas de basura y otros residuos derivados de la actividad humana son vertidos cada año en el mar, alerta un estudio realizado por expertos de 15 instituciones de investigación de Europa y publicado en la revista científica en internet PLOS ONE. En el trabajo se describe la presencia de basura en los fondos marinos del Mediterráneo, el Ártico y el océano Atlántico -de la plataforma continental europea a la dorsal centroatlántica- y desde 35 metros hasta 4,5 kilómetros de profundidad.

Según los investigadores, incluso en las zonas más profundas del océano se pueden encontrar desde botellas, bolsas de plástico, restos de artes de pesca, metales, madera, papel, cartón, tela, cerámica y otros materiales de origen humano hasta productos de desintegración como los microplásticos.

El catedrático Miquel Canals del Departamento de Estratigrafía, Paleontología y Geociencias Marinas de la Universidad de Barcelona apuntó que lo más sorprendente es constatar, una vez más, que la huella humana llegó a los lugares más recónditos del planeta. La basura se encuentra en todas partes de los océanos, desde las regiones más remotas, como el Ártico o los mares del Sur, hasta las llanuras abisales, a miles de metros de profundidad.

Christopher Pham de la Universidad de las Azores dijo que el plástico es el componente más común en el fondo del mar, y la basura asociada a las actividades de pesca -líneas y redes de pesca abandonadas- abunda particularmente en montañas y colinas submarinas y en las dorsales oceánicas. Grandes acumulaciones de basura se encuentran en los cañones submarinos profundos.

Para Kerry Howell de la Universidad de Plymouth, el estudio demuestra que la basura está en todos los hábitats marinos, desde las playas hasta las grandes hondonadas oceánicas. Las corrientes y, en general, la dinámica marina, reparten los desperdicios hacia el interior del océano. Las principales fuentes son las grandes concentraciones urbanas e industriales cercanas a la costa, las playas; las actividades turísticas y embarcaciones de todo tipo.

Los ríos y el viento también tienen un rol en el transporte de basura hacia la costa y el mar, remarcan los expertos. Mares cerrados, como el Mediterráneo, con concentraciones urbanas e industriales importantes, acumulan probablemente más desechos que regiones oceánicas alejadas de tierra.

La huella de la navegación en mares y océanos después de la revolución industrial, queda revelada por los depósitos de escoria de carbón quemado en las calderas y vertido por barcos de vapor desde fines del siglo XVIII. Esas acumulaciones están ligadas a las rutas de navegación modernas, e indican que los principales corredores de transporte no sufrieron modificación en los últimos dos siglos.

Abogan por medidas urgentes para preservar los océanos

En la Cumbre sobre la acción oceánica global para la seguridad alimentaria y el Crecimiento Azul, celebrada en La Haya (Países Bajos), los gobiernos y diversos participantes se comprometieron a desarrollar acciones enfocadas en combatir el cambio climático, la sobrepesca, la pérdida de hábitats y la contaminación, en un intento de restablecer unos océanos resilientes y productivos.

La Cumbre sobre la acción oceánica global para la seguridad alimentaria y el crecimiento azul en Amsterdam concluyó con un compromiso internacional para adoptar medidas urgentes, que afronten las amenazas a esos espacios marítimos. El consenso de los más de 600 participantes se dirige a frenar los riesgos del cambio climático para los océanos, la sobrepesca, la pérdida de hábitats y la contaminación.

Los asistentes concluyeron que es urgente un desarrollo sostenible independiente sobre los océanos post 2015, y mayor reconocimiento del impacto creciente del cambio climático en los océanos. Además deben eliminarse las subvenciones pesqueras dañinas que contribuyen a la sobre extracción de los productos del mar, e incentivar en su lugar estrategias que mejoren la conservación, desarrollen una pesca sostenible y pongan fin a ilegalidad, no declarada ni reglamentada.

Otro acuerdo de la Cumbre es fortalecer el mandato de las organizaciones regionales de ordenación pesquera y su financiación, y acelerar la ratificación de los mecanismos para mejorar las prácticas en esa actividad en aras de la conservación y menos contaminación. También será necesario invertir en la pesca en pequeña y mediana escala y en las comunidades locales, como custodios vitales para el crecimiento azul, así como apoyar a las cadenas de suministros sostenibles.

La trazabilidad de la cadena alimentaria es cada vez más un requisito en los principales mercados pesqueros, sobre todo a raíz de los recientes escándalos relacionados con el etiquetado incorrecto de los productos alimentarios. La FAO proporciona directrices técnicas sobre la certificación y el etiquetado ecológico, que pueden ayudar a los productores a demostrar que el pescado ha sido capturado de forma legal en una pesquería gestionada de forma sostenible o producido en instalaciones acuícolas debidamente controladas.

En particular, los expertos hacen hincapié en la importancia del Código de Conducta para la Pesca Responsable que, desde su aprobación hace casi dos décadas, sigue siendo clave para el objetivo de una pesca y acuicultura sostenibles. El Código promueve el uso responsable de los recursos acuáticos y la conservación de los hábitats para impulsar la contribución del sector pesquero a la seguridad alimentaria, la mitigación de la pobreza y el bienestar humano.

La FAO promueve el “crecimiento azul ” como marco para una gestión sostenible y atenta a las cuestiones socioeconómicas de océanos y humedales. El concepto de “economía azul” surgió en la Conferencia de Río+20 de 2012, enfatizando en la conservación y la gestión sostenible de los ecosistemas oceánicos.

“La salud de nuestro planeta, así como nuestra propia salud y el futuro de la seguridad alimentaria, dependen de cómo tratemos el mundo azul. Tenemos que asegurarnos de que el bienestar del medio ambiente es compatible con el bienestar humano, a fin de que la prosperidad sostenible a largo plazo sea una realidad para todos. Por esta razón, la FAO se ha comprometido a promover el ‘crecimiento azul’, que se basa en la gestión sostenible y responsable de los recursos acuáticos”, aseguró el director General de la FAO José Graziano da Silva.

Priorizar el desarrollo sostenible de la pesca y la acuicultura es necesario para mejorar los niveles de seguridad alimentaria de América Latina y el Caribe, afirmaron los participantes la XIII Comisión de Pesca Continental y Acuicultura para América Latina y el Caribe (COPESCALC) realizada en Buenos Aires, Argentina.

“La pesca continental es el principal medio de subsistencia de miles de familias de la región. Las comunidades rivereñas Amazónicas, por ejemplo, dependen casi exclusivamente de la pesca para su alimentación”, afirmó el secretario de la COPESCAALC Alejandro Flores.

La COPESCAALC recomendó a la Conferencia de la FAO que se adopten medidas para difundir los beneficios nutricionales y promover el consumo de los productos acuáticos, estimulando que sean incluidos en los programas de alimentación escolar. Otra recomendación fue el apoyo a la acuicultura de recursos limitados y de la micro y pequeña empresa. “Este sector necesita acceso a crédito, asistencia técnica y acceso a mercados, comercialización y distribución”, destacó el Secretario Ejecutivo de laRed de Acuicultura de las Américas (RAA) Felipe Matías.

* Con información de la FAO y reportes de Prensa Latina.