Guatemala (PL).- Un ramo de margaritas llevamos en familia hasta la tumba de María García Granados el 11 de mayo de 2013. El homenaje lo hacíamos también en nombre del entrañable profesor cubano y estudioso martiano, Jorge Lozano.

Aquel día no había en su tumba rastros de ninguna flor. Al parecer los guatemaltecos, quienes sí han oído hablar de la que murió de amor, no recordaron que María había muerto un 10 de mayo de 1878.

María fue una de las hijas del general Miguel García Granados, quien presidió el país de 1871 a 1873. Con 24 años, Martí conoció a María, una de sus discípulas en la Academia de Niñas de Centroamérica, donde el insigne patriota impartió clases de composición de manera gratuita en 1877.

María comparte la sepultura con Jorge García Granados (1900-1961), uno de los descendientes directos del ex general Miguel García Granados y Judith de García Granados (1902-1962), esposa de aquel, quien llegó a ser embajador de Guatemala ante Naciones Unidas.

“Quiero, a la sombra de un ala,/ Contar este cuento en flor:/ La niña de Guatemala,/ la que se murió de amor”, se lee en letras doradas en la tarja, donde está incluida la imagen de la adolescente que dejó de existir a los 17 años de edad.

“Nadie se muere de amor”, me dice una amiga guatemalteca con picardía cuando conversamos sobre La Niña de Guatemala, inmortalizada así por Martí en sus Versos Sencillos, publicados por primera vez en Nueva York, en 1891.

Cuando ese libro de poemas salió a la luz, ya habían transcurrido 13 años de la muerte de María García Granados. Se ha dicho que padecía de tuberculosis o pulmonía, mientras hay quienes tejen otras historias basadas en suposiciones de camino.

Algunos escritos de la época, aparte del poema de Martí, sugieren que fue intensa la atracción que sintió la muchacha por aquel joven de 24 años conversador, culto y sobre todo sincero.

“Hace seis días que llegaste a Guatemala, y no has venido a verme. ¿Por qué eludes tu visita? Yo no tengo resentimiento contigo, porque tú siempre me hablaste con sinceridad respecto a tu situación moral de compromiso de matrimonio con la señorita Zayas Bazán. Te suplico que vengas pronto, Tu niña.”

Esta nota de María evidencia que Martí fue limpio desde un comienzo al confesarle su compromiso. De ahí que el famoso cuento poético señale “Él volvió, volvió casado:/ Ella se murió de amor”. La comunicación corresponde a enero de 1878, cuando el poeta había regresado a Guatemala tras contraer matrimonio con Carmen Zayas Bazán.

El orador de renombre, quien se ganó en esta tierra -por envidia y admiración- el calificativo de Doctor Torrente, le había impartido clases a María en la Academia de Niñas de Centroamérica desde junio de 1877, meses después de su llegada a esta nación en marzo de aquel año.

También la escuchó tocar el piano en su propia residencia, donde el Maestro jugaba ajedrez con el ex presidente Miguel García Granados, padre de la moza.

José María Izaguirre, cubano exiliado quien dio empleo a Martí en la Escuela Normal de Varones, describió a María como “alta, esbelta y airosa: su cabello negro como el ébano, abundante, crespo y suave como la seda; su rostro, sin ser soberanamente bello, era dulce y simpático; sus ojos profundamente negros y melancólicos…”.

Más adelante apuntó: “desde que Martí frecuentaba la casa, se notó en ella cierta tristeza que nadie se explicaba, así como el silencio en que se encerraba delante de él. Era evidente que algo pasaba en su interior; pero ese algo nadie se lo explicaba y quizás ella misma ignoraba la causa de lo que le pasaba”.

Martí evoca el fallecimiento de María cuando su matrimonio con Carmen Zayas Bazán iba rumbo al abismo. Casualmente la primera edición de ese volumen autobiográfico se publica en agosto de 1891, el mismo mes en el que Carmen sale de Nueva York hacia Cuba con el hijo de ambos: José Francisco.

Después de aquella fecha Martí nunca más volvió a ver ni a su esposa ni a su hijo. Y desde hacía 13 años antes había dejado de ver a quien le regalara una almohadilla de olor. “Dicen que murió de frío…”, pero él siempre supo que murió de amor, aunque no literalmente.

* Corresponsal de Prensa Latina en Guatemala.