Periodistas que han confirmado en la práctica su competencia profesional y siguen en la lucha aunque es fuerte la dirección de los vientos en su contra, ahora, luego de señalar que antes los medios de difusión eran, mayoritariamente, opositores a los cambios y al gobierno de Juan Evo Morales Ayma, con aparente seguridad afirman que ahora “está mejor que antes” el 80% de los medios, definidos como amigos del Presidente y de su gobierno.

Cuando escuchamos ese tipo de afirmaciones, además de preocuparnos, recordamos el grafiti (rayado mural) difundido en esta parte del mundo (en Ecuador, especialmente) que define al periodista como al profesional “que la mitad de su tiempo habla de lo que no sabe y la otra mitad de su tiempo calla lo que sabe”.

Nosotros afirmamos que antes de la metamorfosis de los medios de difusión de nuestro país, gracias a la confesión del Presidente —entrevista a éste en El Deber de Santa Cruz del 24-09-13— así como ahora, con las naturales diferencias debidas al espacio y al tiempo, la mayoría de los medios de difusión, incluidos los del Estado y/o gubernamentales, censuran, se autocensuran, dicen medias verdades, manipulan y mienten o intentan matar a la verdad.

Estudios, en nuestro país, se realizan más que antes y nosotros trataremos de aportar a ese entendimiento, como lo hemos hecho en este espacio periodístico y en otros. Decimos más: cuando se acentúa la lucha de clases (en el campo de la política, las ideas, la economía y la cultura) los medios de difusión incurren más en las deficiencias anotadas.

Antes, los medios de difusión enfrentaban a las reformas bolivianas, al gobierno y, en especial al Presidente, porque sus dueños eran opositores; muchos de éstos asumieron ese comportamiento porque no entendieron entonces que podían pactar con el Presidente, como lo consiguieron hace poco.

Además los medios, definidos como “aparatos ideológicos”, en el mundo cumplen similares y casi idénticas tareas: aportar en la despolitización y en la desideologización y, a la vez, a reideologizar y a repolitizar a los “públicos”, a unos más que a otros en una sociedad como la nuestra: “abigarrada” y dividida en clases sociales con intereses contrapuestos, incluso en este momento y por un tiempo indefinido.

Como es inusual entre nosotros, el primer director de El País de España, en la primera entrega de ese diario, dice: Este diario será el intelectual colectivo de la transición de la dictadura a la democracia; de la dictadura fascista de ese país europeo, luego de la muerte de Francisco Franco, hacia la democracia burguesa (vigente hasta este momento), luego del pacto de la Moncloa (Palacio del Gobierno español) establecido entre los partidos políticos del sistema imperante. En ese pacto no entraron los más consecuentes combatientes que defendieron la República española porque habían muerto o porque fueron “ninguneados”.

La mayoría de los medios de difusión bolivianos hacían lo que hacían en defensa de los intereses materiales, de las ideas propias o ajenas pero asumidas como suyas, de los proyectos socio-políticos de ellos, de los proyectos de vida de las clases dominantes… Desde sus orígenes los medios de difusión aquí, en Nuestra América o Patria Grande, han desempeñado ese papel, para eso existen.

Antes del anuncio presidencial, en Santa Cruz, la mayoría del 80 por ciento de esos medios de difusión hicieron lo que convenía, en ese momento, a sus dueños, a las clases dominantes a las que pertenecían. Ésta, que quizá sea una verdad de Perogrullo (que todo mundo la conoce), la reiteramos por si acaso intenten ponerla en duda.

Por supuesto que estuvimos y estamos en la otra orilla de esa corriente generada, alimentada, conducida por la actividad de esos medios. Jamás compartiremos la censura que coarta la libertad de pensamiento y de expresión; rechazamos la autocensura porque es una cobardía por la que sentimos vergüenza, para decir lo menos; las medias verdades, por desinformadoras, nada tienen que ver con informadores que mantienen el decoro; la manipulación está reñida con el nuevo periodismo al que aspiramos; matar a la verdad o intentarlo es lo que se hace como acción anticipada en una guerra (lo primero que muere en una guerra es la verdad, difunde un docente de una universidad alemana).

Se afirma (lo que nosotros compartimos) que esa indecorosa labor, en este último tiempo, se la realiza de manera más o menos diligente en el 80 por ciento de los medios amigos del Presidente. Ejemplos sobran. Nos remitimos a los estudios que hace, actualmente menos que antes, el Observatorio de Medios de la Fundación Unir, los que son considerados ecuánimes.

Para nosotros no es que el 80 por ciento de los medios de difusión del país estén mejor que antes. Lo esencial es que ahora han cambiado de línea informativa y sus opiniones (a veces también los análisis que intentan de noticias y de opiniones), son cada vez más en servicio de los gobernantes.

Actualmente, en ciertos casos sin el fervor de antes, los operadores de ese 80 por ciento de esos medios políticamente afectos al Presidente y a su gobierno, cumplen la actividad marcada por los dueños de la chequera. Ocurre con esos operadores de medios de difusión lo que de manera franca dijo un colega periodista: Antes de firmar un contrato de trabajo en un medio yo pregunto contra quién o quiénes no se puede escribir.

La revista Siete Días de Argentina contó, los años 70 del siglo XX, que en una ocasión a un postulante a redactor en el diario católico Presencia (cerrado), como prueba para su eventual ingreso a la redacción de ese medio, le pidieron que escriba un artículo sobre Dios. Ante la propuesta el sagaz potencial redactor de Presencia respondió: escribo en favor o en contra de Dios, en tanto que el que recibía el examen le instruyó que no escriba nada, pero le dijo que lo esperaban al día siguiente para reforzar el cuerpo de redactores de ese matutino.

Aunque creemos que sería muy difícil, los periodistas distintos a los descritos en esta nota, deben recoger lo que dice Luis Espinal: Los periodistas vendemos nuestra fuerza de trabajo, mas no nuestra conciencia, la que nos la quieren comprar, agrega.

Sabemos que las represalias se toman contra los periodistas respondones o en perjuicio de los que osan apartarse del libreto, de la línea informativa (a veces de la línea de opinión incluso), del medio en el que trabajan. Antes apuntaban contra los gobernantes, contra Evo Morales, especialmente, ahora desde la misma trinchera informan, de la manera más favorable que pueden, sobre el gobierno y sus integrantes.

Otro apunte: Página Siete incurrió en errores que fueron reconocidos sobre todo por su anterior Director. Nosotros señalamos en ese momento que ese diario debió confirmar, primero, la falsa noticia sobre la muerte de un niño durante la represión estatal a la VIII marcha indígena (25-09-11); que no debió referir que el Presidente “acusó” de flojos a los cruceños, en cambio debió reproducir textualmente lo dicho por el primer mandatario; que respecto de la presunta excomunión de cuatro ministros, a lo sumo ésa pudo ser una interpretación (que debió presentarse como interpretación), pero jamás como una noticia…

Sin embargo, otros medios políticamente afectos a los gobernantes cometen similares faltas, incluso otras de mayor gravedad; sin embargo, los inquilinos del Palacio Quemado se comportan indulgentes con esos medios y con sus redactores y ejecutivos.

Y a propósito del libro Control remoto, de la que se vende su cuarta edición, nosotros ratificamos que lo que allí se informa ayuda a entender que los gobernantes mantienen un acuerdo, por supuesto político, con dueños del 80 por ciento de los medios señalados por el Presidente.

La segunda afirmación nuestra: La lectura de ese libro nos convence de que al menos los medios estudiados, de ese 80 por ciento de amigos del Presidente, cumplen una labor destinada a servir como intelectuales colectivos suyos (parafraseamos a Juan Luis Cebrián, ex director de El País de España).

Este diario (El País), a los pocos meses de la posesión de Juan Evo Morales Ayma en el cargo presidencial, aconsejó apoyar a éste para que no se vaya a la izquierda. He ahí otro rasgo del comportamiento de los diarios, reputados como serios, el que es posible encontrar en muchos de ese 80 por ciento de medios amigos del Presidente.

El libro Control remoto sin respuesta sustancial de los gobernantes

El periodista Raúl Peñaranda Undurraga (RPU), ex director del diario paceño Página Siete (PS), luego de una investigación, es decir, después de “reconocer” lo averiguado antes, “descubrió” (lo esencial de una investigación) que existen, en Bolivia, lo que él denomina medios de difusión “paraestatales”, decir, casi del Estado; que en esos diarios se impone la censura y que en ellos se cambia la línea informativa y editorial; que se acosa políticamente al autor del libro Control remoto (CR) y, por ello se ve obligado a renunciar; que, por tanto, es cierto que los gobernantes, en Bolivia, cuentan con el apoyo del 80 por ciento de los medios (antes políticamente desafectos a ellos), como afirmó el presidente Morales en una entrevista publicada en el diario cruceño El Deber, el 24 de septiembre de 2013.

Ante esos y otros hallazgos de esa investigación, los gobernantes nombrados expresamente en CR, han optado por el silencio. Espinal dice que “callar es lo mismo que mentir”.

Sin embargo, la ministra de Comunicación, periodista que otrora luchó —por los derechos a informar, comunicar, opinar e interpretar, ahora reconocidos por la Constitución Política del Estado, CPE— prefirió y prefiere atacar al mensajero: por RPU ha dicho y dice que es chileno de nacimiento y que mientras ejerció como director de PS, en esas páginas se difundieron titulares que, al menos, desfavorecieron la demanda marítima de los bolivianos. Interpretamos nosotros que la funcionaria del gobierno actual considera que un periodista chileno-boliviano, como el periodista RPU, no puede asumir como suya una causa, como la demanda boliviana de salida al mar, y menos defender con resolución los intereses bolivianos; incluso como no lo hace el diario Cambio (gubernamental o estatal), agregamos.

Seguimos con nuestra interpretación: La Ministra de Comunicación, Amanda Dávila, sustituye los argumentos, por los insultos, contra el periodista. Así evita incluso una explicación, que merecemos los bolivianos, como la dirección indirecta que ejerce el vicepresidente Álvaro García Linera, especialmente, del diario La Razón de La Paz. Y también de los otros medios de difusión, que son casi estatales, los audiovisuales: ATB, PAT, Abya Yala, Full Tv… y quizá Gigavisión. Esta última televisora la agregamos nosotros, apoyados en la confesión presidencial hecha en la entrevista con el diario cruceño El Deber.

No faltan periodistas obedientes que, en descargo propio y de la ministra de Comunicación, dicen que ésta no entiende la necesidad de que los gobernantes respondan a lo sustancial del libro CR.

Nosotros creemos que esa Ministra en vano intenta ocultar lo esencial del último libro de RPU. Éste, sin embargo, aprovecha toda ocasión para convencernos de que aunque ha nacido en Chile y siente orgullo de su madre y de su abuela, como la “mejor del mundo”, pero pocas veces difunde el contenido de su CR. De esa forma el colega RPU ayuda, aunque su propósito es otro, a la ministra Amanda Dávila en la difusión de una propaganda mentirosa (en vez de informar con veracidad).

En este caso, un informe sobre el contenido del libro CR podría complicar a los gobernantes. En esta materia parece que los actuales inquilinos del Palacio de Gobierno tuvieran en cuenta lo que decía un político que de cuando en cuando aparece en fotografías de recepciones de embajadas: “El que explica se complica”, afirmaba. No obstante, esperamos que el presidente Morales un día se complique porque acaso responda, inesperadamente, al libro CR.

Sólo hay que leer La Razón, cualquier día, para concederle la razón a RPU: el diario paceño, afirmamos nosotros, censura, se autocensura, dice medias verdades, manipula y miente (mata a la verdad o lo intenta). Así como lo hizo antes, en favor de sus dueños; ahora, en servicio de los gobernantes porque el Vicepresidente, según la investigación del periodista RPU y su último libro, dirige ese diario por intermedio de su directora y de otros de sus editores. Éstos, sin embargo, parece que ya perdieron la capacidad de sonrojarse y/o de sentir alguna objeción de conciencia o arrepentimiento, para decirlo con una palabra de la Cuaresma católica que concluye.

El diario La Razón, el viernes 18 de este mes, nada informa sobre la baja de los 64 suboficiales y sargentos, como lo hace la mayoría de los medios de difusión paceños.

Nosotros agregamos: Los actuales gobernantes creían que los medios de difusión eran sus enemigos principales, ante la derrota de la derecha de la media luna boliviana, decían. Ahora tienen al 80 por ciento de aquéllos para que hagan propaganda política, al gusto de ellos, con mentiras incluidas, como toda propaganda política o publicidad comercial. Con esta última afirmación, compartimos una tesis de un estudioso francés, pensamiento al que tacharían de “colonialista”. Asumimos, criterios de un docente universitario alemán, y añadimos que cuando se agudiza la lucha de clases en Bolivia se mata a la verdad o se lo intenta, también desde el Palacio Quemado o el Ministerio de Comunicación.

El también periodista Hugo Moldiz Mercado, desde el semanario La Época, fundado por el periodista RPU, antes de la publicación de CR y como para tapar, también anticipadamente, el contenido de esa publicación ha dicho, por intermedio de un chileno que vivió exiliado en Bolivia, que RPU es chileno, vinculado a empresarios chilenos. También en La Época, un historiador chileno, sugiere que el ex director de PS, con lo que publicó en ese diario, respalda a los que, en Chile, se oponen a que se atienda el pedido de salida al mar con soberanía para Bolivia.

La omisión de La Época y/o de su Director pasa casi desapercibida: él no es el que debe explicar siquiera si el Vicepresidente dirige (y por qué) el diario paceño La Razón, por interpósita periodista.

Otra afirmación importante se lee en La Época, según notas periodísticas de esa publicación, el colega RPU trabaja para una institución que, so pretexto de la defensa de la libertad de expresión en Latinoamérica, lucha contra la revolución que transcurre en esta región. Sobre esa labor que se le endilga a RPU éste tiene que informarnos, si quiere. Sin embargo, lo que llama la atención, sin embargo, es la interpretación del Director de La Época, que al parecer es la que sigue: el chileno-boliviano RPU, especialmente con los titulares del diario paceño PS, apoya a los chilenos que están en contra de la cesión de una salida, con soberanía, al Océano Pacífico; con el libro CR, el periodista RPU, trata de dejar mal parados a los gobernantes, al Vicepresidente en particular; con su labor desde esa institución, que recibe financiamiento yanqui, enfrenta los procesos revolucionarios de Nuestra América, yapa el Director de La Época.

Con esos cargos, que resumimos y que son muy graves, atribuidos a RPU, ni La Época ni su Director restan credibilidad al libro CR porque nada explican sobre su contenido: Nosotros, suponemos, que el desempeño de La Época y de su Director, pretenden dañar política e ideológicamente al libro CR y a su autor, aunque ninguna polémica digna de llamarse tal se libra a propósito de esa publicación. Otra vez, en este caso, antes que lucha de ideas, hay “guerra de insultos” (como escribió un periodista), con un añadido nuestro: imputan otros cargos contra el autor de CR para evitar al menos una referencia a su contenido. Se nota que la decisión de voceros oficiosos del gobierno, como el Director de La Época, es conseguir que estos días se hable de cuestiones personales del autor de CR, menos de su contenido, con cierta facilitación del autor de un libro que se compra más y que probablemente se lea más que otros, con la ayuda de la Ministra de Comunicación y del Director del semanario La Época.

A pesar de todo, el periodista RPU es un actor de la política a su modo o también intuitivo a veces, aunque lo niega, siempre. Así se pone la camiseta, aunque también lo niega. El libro suyo, asimismo, nada tiene de inocente; al revés, difunde ideas y contribuye a la acción política. Por qué negarlo.

Los medios de difusión “paraestatales” (casi estatales, reiteramos), tendrían que ser “los intelectuales colectivos” de las reformas, reformas porque cada día está más claro que en Bolivia no hay revolución democrática y cultural.

¿Por qué calla el Vicepresidente frente al contenido del libro CR? ¿Nada tiene que decir? ¿O tiene vergüenza de la metamorfosis, cual engendro, logrado en La Razón y en los otros medios de difusión paraestatales? ¿Explicará el porqué La Razón recibe más publicidad gubernamental, pagada con nuestro dinero, que otros diarios del país?

Álvaro García Linera, definido y autodefinido como el “intelectual orgánico” en el gobierno actual, es decir, “el ideólogo” o el de las “grandes ideas” tendría que explicar y defender lo que hace, directa o indirectamente, en y respecto de los medios de difusión paraestatales. Incluso el segundo mandatario por sí y por el primer mandatario tendría que sacar pecho (ufanarse) porque ahora el 80 por ciento de los medios de difusión del país son amigos suyos, del Jefazo sobre todo.

Los gobernantes, Evo Morales en especial, querían a los medios “bajo banderas”, a su servicio, que le sean llunk’s o súper llunk’us. Ahora que tienen bajo su control a esa cantidad de medios de difusión en el país y como, según ustedes, bien le están cascando (parafraseamos al Pipirri), síganle cascando, pero no lo callen ni lo nieguen. Agreguen que los medios de difusión paraestatales son una expresión, además, del pacto entre Evo Morales y García Linera con empresarios criollos y transnacionales.

Y aunque les sea más difícil: ustedes gobernantes digan qué intereses regionales, populares y plurinacionales defienden desde y con los medios “paraestatales”.

* Periodista editor del Semanario Aquí.