La contemporánea santificación de dos papas como Juan XXIII y Juan Pablo II representa un “unicum” en la historia milenaria de la Iglesia Católica. Difícil imaginar dos pontífices más diferentes por extracción social, formación, cultura religiosa y experiencia diplomática. Para Juan Pablo II salió inmediata la invocación de “santo inmediatamente” y santo será proclamado a menos de diez años de su muerte, muy pocos para la tradición católica. Mientras que para Juan XXIII ha pasado mas de medio siglo de su muerte, no obstante fuese uno de los papas mas amados, para celebrarlo en los altares como santo.

No podían compartir ni siquiera el orígen social, Roncalli era originario de la campaña de Sotto il Monte (Bergamo) y mientras era Pontífice sus hermanos campesinos trabajaban todavía la tierra, mientras Wojtyla era hijo de un oficial de los Hasburgo.

Ambos han tenido una popularidad casi inmediata y global por esa capacidad extraordinaria de comunicación con las masas de creyentes y no. Roncalli tuvo que cambiar radicalmente el pontificado aristocrático, hierático e incluso teológicamente cerrado de Pio XII. Juan XIII fue un brillante diplomático y ejerció su ministerio en países de minoría católica como Bulgaria y Turquía. En Francia después de Vichy cuando muchos obispos estaban comprometidos con il gobierno colaboracionista de Phillippe Petain. Igualmente en Ankara el nuncio apostólico Angelo Giuseppe Roncalli había ayudado a salvar a miles de hebreos en fuga.

Para Wojtyla, después del problemático, intelectual e inquieto Montini, fue mucho más fácil establecer un contacto personal con masas de fieles e identificarlo como una persona fuerte, enérgica y tranquilizadora bajo ciertos aspectos. Estaba todavía en pie el odioso muro de Berlín y Juan Pablo II dedicó gran parte de sus esfuerzos al desmantelamiento del imperio soviético y a liberar su amada Polonia de ese yugo.

En el momento de su elevación a la cátedra de San Pedro, se dijo que habría sido un papa “espiritual” y esto fue cierto en parte. Paolo VI puso una mano en retocar su Iglesia postconciliar, Juan Pablo II completò esas ideas. Para Juan XIII se mantuvo viva la nostalgia de haber convocado el Concilio Vaticano II que había involucrado a los creyentes de todas las religiones, a los laicos y a los agnósticos y que había iniciado un proceso de renovación de la histórica institución. Ahora Francisco está continuando con la fuerza y la serenidad de quien tiene una cultura refinada de un jesuita el proceso de renovación de la Iglesia Católica.