Un dato que es por demás preocupante es el de que más de la mitad de la población de Cochabamba no tiene acceso al agua limpia o potable. Más de la mitad quiere decir que de cada 10 casas, 5 o 6 no tienen agua, es decir de cada dos uno solo tiene la suerte de tener agua bebible en condiciones higiénicas que preserven la salud y eviten enfermedades causadas por la falta de acceso a ese elemento.

La guerra del agua hizo lo que era necesario, guerreó para defender un derecho básico, el agua paso incluso a ser un tema de índole internacional cuando se planteó en las NNUU, los promotores de esta propuesta de hacer que el agua sea declarada como parte importante de los derechos humanos.

Son catorce años desde el día en que la gente se agrupó para derrocar a los que querían hacer del agua un producto de vender y comprar, que querían incluso asegurarse que hasta el agua de lluvia les pertenecía. Los impuestos y precios a los que se quiera vender este elemento eran increíbles y solo podían generar más diferencias en un juego donde se ruleteaba la vida.

Esa guerra parece que tuvo una certeza, los gritos eran “fin de los negocios. Con el pueblo no se juega. Al pueblo no se le engaña. Si tenemos que morir, lo haremos en la trinchera de la lucha por la justicia”. El neoiberalismo llegó al límite, ahora el agua mañana el aire, ya nuestros bosques y nuestras tierras ¿qué más?

Esos gritos tenían razón y ganaron, no solo en la lucha porque se terminaran los contratos con las usurpadoras ya francesas, o británicas, o españolas. Pero ¿qué ha pasado? Las cifras siguen gritando que el agua es todavía beneficio de los menos. Es todavía virtud de los que pueden pagar o comprar agua de los aguateros o recoger agüita de la señora Juana.

Con un proyecto de desarrollo de riego y agua potable, con un proyecto de dar agua y luz y alcantarillado a todos, seguimos aceptando que el agua sea un privilegio. Ya no es serio.

El tema Misicuni no puede ser postergado por otra década ni por siquiera un lustro ni un bienio tiene que ser arreglado ahora. No podemos ver esa Cochabamba agrietada por burocracias y trampas, no más arreglitos ni jueces ni ingenieros. ¡Misicuni tiene que dar agua ya!

Si no se lanza una moratoria en la ejecución de este proyecto lo que estamos haciendo es postergar la justicia de uno de los derechos básicos. Nada puede hacer esperar. No es otra cosa Misicuni es prioridad ahora de primera plana. Ahora Misicuni debe estar en toda agenda de la Gobernación y de los concejales y de la alcaldía, no puede esperar ni un día.

Los que dicen que es un proyecto que tardará, están diciendo que el proyecto no está siendo mirado con ojos de urgencia departamental. Si Misicuni no sale es necesario hacerlo salir a la fuerza.

O se ponen a trabajar en el proyecto para terminarlo o la paciencia se debe acabar.