Hanoi (PL).- Un inusual incidente de filo confesional y de cierta violencia introdujo una nota perturbadora en Malasia, un dechado de estabilidad pese haberse fundado como estado independiente sobre tan heterogéneo mosaico de etnias y religiones y sin continuidad territorial. En Cambodia agitadas elecciones, la ventilación de un conflicto territorial, brotes de gripe aviar y desastres naturales dibujaron un 2013 cargado de sucesivos desafíos. Vietnam se batió por mantener la economía, cambiar la Constitución y enfrentar la furia del mal tiempo, en tanto que Tailandia perdió el sosiego al desatarse una cadena de decisiones y sucesos violentos que causaron muertos y colocaron a este reino al borde del caos.

El ataque incendiario perpetrado por un motociclista contra la fachada de una iglesia cristiana en Malasia, presuntamente a causa de la aparición de letreros que aludían a Alá, reavivó tensiones previas debido al uso de ese nombre como equivalente de dios en biblias que las autoridades prohibieron. Muy poco después se hizo público un proyecto de formar una policía especial islámica para velar por el comportamiento de los seguidores de esa fe, que de inmediato encontró el enérgico rechazo del ex primer ministro, musulmán él mismo, Mahatir Mohamad, con un llamado a preservar la unidad nacional.

El enorme peso del prestigioso político cuyo nombre se vincula con el período de más impresionante auge económico del país, emblematizado en los famosos rascacielos Petronas y quien presidiera una vez el movimiento de los no alineados, volvió a hacerse sentir. Al instar a la reconciliación y también a poner fin al “odio político”, debe haber tenido presente que la galvanización en la diversidad fue un factor favorable para que Malasia, acuñado décadas atrás entre los llamados “tigres” asiáticos, pudiera superar con relativa rapidez la crisis financiera de 1997, a diferencia de otros países afectados.

Claro que este nuevo “milagro” se debió en lo fundamental a las bases económicas creadas a lo largo de los años previos, sustentadas de manera decisiva en los recursos de gas y petróleo, su industria derivada y otras en distintas sectores, de manera que el país ha continuado registrando consistentes tasas de crecimiento. A ello deben sumarse las experiencias extraídas de aquella crisis, de las que Mahatir, como legado a sus continuadores en el ejercicio del poder, sistematizó lecciones preventivas de alcance regional para el futuro.

El surgimiento en 1957 de Malasia independiente como monarquía constitucional y Federación de Estados es el fruto de un extenso proceso histórico en que confluyen formaciones de reinos autónomos, corrientes migratorias, sectarismos religiosos y pugilatos de dominios coloniales, cuyas huellas perduran.

Con una superficie territorial de 329 mil 750 kilómetros, que alberga a unos 27 millones de habitantes, abarca bloques separados por el mar meridional de China, que son la península Malaca y el norte de la isla Borneo, perteneciente en su mayor parte a Indonesia. Esta porción malasia ha sido frecuente escenario de viejas reclamaciones derivadas de urdimbres colonialistas como ocurrió el año pasado, cuando elementos armados penetraron en la región Sabah, procedentes de Filipinas, inspirados desde ahí por el descendiente de un sultanato, concedido por contrato a Reino Unido.

Durante varias semanas fuerzas del ejército se enfrentaron a los insurgentes hasta liquidarlos, sin que se dejara de evocar que el imperio colonial, al desprenderse de Borneo del norte pasó dicha concesión a Malasia, por la que paga anualmente una cantidad al Sultán heredero, si bien el territorio reclamado es parte integral del país.

Por lo que hoy es Malasia pasaron a lo largo de siglos portugueses, holandeses y ocupantes japoneses en la Segunda Guerra Mundial, y al final Reino Unido lo dominó y marcó con su influencia en aspectos importantes, entre estos en el estilo de sus instituciones administrativas y legislativas.

En 1963 Singapur, Sarawak y Borneo Septentrional y la Federación Malaya se unieron para conformar Malasia. Pero desde el principio se presentaron fuertes tensiones que condujeron a un conflicto armado con Indonesia y a la salida de Singapur en 1965.

La población nacional es en su inmensa mayoría malaya, y con una considerable presencia de ascendencia china e india, que tienen peso en la vida social, en tanto se estima que el 60,5 por ciento es musulmana, un 19,5 por ciento budista, un 19,5 por ciento cristiana, un 6,3 por ciento hinduista y un tres por ciento profesa otras religiones.

Todos estos orígenes y confesiones condicionan la formación de los partidos políticos del país, más de 30 registrados, en un sistema de monarquía electiva constitucional, dos cámaras parlamentarias, la Baja o del Pueblo constituida por diputados elegidos y la Alta o de la Nación equivalente a un senado.

Desde las primeras elecciones en 1959 hasta la fecha el Barisan Nasional, o Frente Nacional se ha mantenido en el poder, como coalición que comprende a la predominante Organización Nacional de la Unidad Malaya y otras 13 formaciones, en su mayor parte de base étnica.

Cuentan también en el juego electoral el histórico Partido Islámico de Malasia, representante del Islam político en el país y con un sólido y pequeño apoyo en las urnas, el Partido de Acción Democrática, que recoge parte de la comunidad china, el de Justicia del Pueblo que se sitúa dentro del nacionalismo malayo, más abierto a las otras minorías y se ha destacado por su oposición frontal al Frente Nacional.

Sin embargo, rompiendo el abrumador apoyo de votos con que siempre contó el Barisan Nasional, en las elecciones de 2008, que otorgaron la jefatura de gobierno al actual primer ministro, Najib Razak, la dominante coalición perdió preocupantes cotas de posiciones legislativas.

Desde entonces ha tenido que enfrentarse a un creciente rechazo mostrado por la comunidad china y por sectores de la comunidad étnicamente malaya, debido a casos de corrupción y alegados abusos de poder y discriminación racial, que se sumaron a cuestionamientos del manejo de la economía. En este último frente, la crisis económica global tuvo su influencia interna en el encarecimiento del costo de la vida en alimentos, vivienda y transportación, que resintió sobre todo la joven población, en un entorno ya cargado de tensiones interétnicas.

Mediado por semejante escenario los comicios de mayo de 2013, con una participación ciudadana del casi el 85 por ciento, dejó como resultado que la oposición sumara más votos que el gobierno, aunque este se mantuvo para un nuevo mandato debido al impacto de la fórmula electoral mayoritaria a la hora de traducir las boletas en escaños. Por lo tanto el 47,38 por ciento de los votos conseguidos del Barisan Nasional se corresponden con un 59,91 por ciento de los escaños, mientras a la oposición, pese a conseguir un 50,87 por ciento de los sufragios, le toca el 40,9 por ciento de los asientos.

Con todos estos ingredientes en el panorama malasio, se comprende que un estadista como Mahatir haya salido de su retiro para llamar a preservar la unidad nacional y poner fin al “odio político”. Malasia es un país demasiado importante en Asia, y un destacado miembro de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean) en vías de convertirse en comunidad, con un prestigioso protagonismo internacional en la cooperación Sur-Sur.

De ahí el interés de Europa, por motivaciones económicas, de cultivar vínculos con Malasia y de modo señalado de Estados Unidos, que lo tiene en punto de mira de su denominada estrategia de “rebalance” de Asia, reflejados en la visita meses atrás del jefe de la diplomacia John Kerry y la anunciada del presidente Barak Obama para abril.

Por lo pronto parece que intentará superar el escollo que representa la manifiesta reserva manifestada por Najib a las negociaciones en curso para un ambicioso Tratado Comercial Asia-Pacífico, por falta de transparencia y la potencial amenaza de que arruine la industria nacional con la ventaja de los participantes más fuertes. Mucho puede jugar Malasia y a la vez jugarse a juzgar por las señales que emitió Mahatir.

Los sucesivos desafíos de Cambodia en 2013

El sepelio del ex monarca Norodon Sihanouk, agitadas elecciones, la ventilación de un conflicto territorial, brotes de gripe aviar y desastres naturales dibujaron en Cambodia un 2013 cargado de sucesivos desafíos. Al fundador de la independencia de este reino de la Indochina y reconocida figura mundial, se le rindió honores oficiales y populares el 4 de febrero en los más grandiosos funerales que se recuerdan en el país, casi cuatro meses después de fallecer por causas naturales en Beijing, donde recibía atención médica.

Una vez pasado el sentido duelo nacional recobró intensidad la vida política de cara a las segundas elecciones democráticas desde el fin del régimen genocida de los khmer rojos en 1979, al que siguieron períodos de inestables administraciones bajo el paraguas de la ONU.

Señaladas para julio, la campaña proselitista previa estuvo marcada por encendidos cruces verbales entre los principales partidos contendientes, el gubernamental del Pueblo de Cambodia (Ppc) y el opositor del Rescate Nacional (Prnc) cuyas diferencias alcanzaron su clímax con el resultado final de los votos.

Tras el conteo de las boletas que arrojó tres millones 227 mil en favor del Ppc y dos millones 941 mil para su rival, que les valieron respectivamente 68 y 55 puestos de un parlamento de 123, se abrió una etapa de tensas querellas que casi bordeó el peligro de una guerra civil. Ante las denuncias de la formación perdedora de que se cometieron irregularidades en el proceso de registro de votantes y en el escrutinio, la Comisión Nacional Electoral y el Órgano Constitucional supremo facilitaron la revisión de los procedimientos en algunos colegios, en los que solo se detectaron fallos técnicos que no cambiaban la balanza.

Aún así el Prnc y su líder Sam Ransy, autoexiliado dos años atrás para escapar de la justicia, y a quien el rey perdonó para que regresara al país y participará en la campaña por los votos, emprendieron un curso de tonos violentos que todavía mantiene. Sus notas más notables han consistido en exigir la revisión total del conteo por una comisión internacional independiente, la organización de marchas callejeras de protestas que suelen tener entre sus destinos finales la embajada de Estados Unidos, y la inasistencia de sus 55 diputados electos al parlamento, a modo de boicot.

El nuevo gobierno constituido, con el primer ministro Hun Sen al frente, presentó un programa que prioriza el crecimiento económico, la reducción de la pobreza, la creación de empleos, la efectividad administrativa y la eliminación de toda clase de apropiación ilegal de tierra, un flanco de ataque opositor.

Al tiempo que el foco de atención se concentraba en el conflicto gobierno-oposición los cambodianos vivieron meses en vilo, en espera de un dictamen de la Corte Internacional de Justicia (Cij) de La Haya, donde representantes de su país y Tailandia comparecieron para defender reivindicaciones territoriales por las que ya se fueron a las armas dos veces.

El 11 de noviembre la Cij reafirmó una sentencia de 1962 que reconoce la soberanía de Cambodia en el milenario templo hinduista de Preah Vihear, declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad, pero dejó en manos de las partes resolver el litigio de poco más de cuatro kilómetros cuadrados por dilucidar.

Cambodia recibió con moderación lo que califica de victoria parcial, y dio muestra de preferir acordar pacíficamente con Tailandia los términos de la evacuación de las tropas tailandesas que custodian Preah Vihear, como dispuso la Corte y eludir crispaciones que afecten las buenas relaciones bilaterales.

El país sufrió dos duras calamidades en 2013: el peor brote mundial de gripe aviar que cobró 22 vidas, en su mayor parte infantiles, y desbordamientos del río Mekong y fuertes lluvias que causaron 83 muertes y afectaron a más de 800 mil personas. También en el año el Tribunal especial de la ONU que juzga crímenes de guerra cometidos por los khmer rojos vio agudizarse su crisis por falta de fondos con huelgas de empleados por retrasos en pagos de salario, a lo que se sumó el fallecimiento de la segunda figura de aquel régimen, el anciano Iang Sary, que escapó de la dilatada justicia.

El 2013 se cerró con un pronóstico de crecimiento económico del siete por ciento certificado por entidades financieras internacionales y un ambicioso proyecto petroquímico para el que cuenta con un crédito por más de mil millones de dólares proveniente de China, un país con el que Cambodia consolidó vínculos estratégicos.

Vietnam: un 2013 de duras pruebas y avances

El deceso del legendario general Nguyen Giap imprimió una nota de profundo pesar a Vietnam en un 2013 en que se batió por mantener la economía, cambiar la Constitución y enfrentar la furia del mal tiempo. Con sentido dolor y los altos honores merecidos todos sus compatriotas despidieron en octubre al héroe histórico de Dien Bien Phu y de la resistencia a la agresión estadounidense por la liberación y reunificación de la patria, de cuyos frutos se mantuvo al tanto hasta cerrar los ojos para siempre a los 102 años de edad.

Sus generaciones herederas al frente del Partido y el gobierno se consagraron a lo largo de 2013 a enfrentar los desafíos de un entorno global de inestabilidad económica para reducir sus impactos, mantener las conquistas sociales de la revolución y seguir avanzando hacia convertir al país en uno industrializado moderno hacia 2020.

Los plenos del Comité Central de la organización política dirigente, los análisis mensuales del gabinete ejecutivo y las sesiones del parlamento fundamentalmente se centraron en consideraciones críticas en torno a esas cuestiones, la adopción de medidas y el control de sus aplicaciones. Casi en las postrimerías del año se constató como resultado de tales esfuerzos señales positivas de recuperación en los índices más preocupantes, consistentes en un crecimiento de alrededor un cinco por ciento del producto interior bruto, contener la inflación por debajo del 10 por ciento y una favorable tendencia a la estabilidad de la macroeconomía.

A ellos se suma una curva ascendente en las exportaciones hasta noviembre hasta alcanzar un valor de 121 mil millones de dólares, que destaca por contraste con las inversiones foráneas directas que decrecieron mientras se constataron ritmos lentos en otras áreas como el flujo de créditos bancarios a empresas en dificultades y los precios al consumidor.

Sin que las autoridades dejen de alertar sobre potenciales peligros futuros, el país proyectó para 2014 un crecimiento del 5,5 por ciento, impulsar la reforma de la economía, seguir reduciendo la pobreza e intensificar el combate a la corrupción, que se considera insatisfactorio.

A partir del primero de enero arrancó un amplio proceso de consulta democrática para enmendar la Constitución de 1992 vigente en el que se emitieron más de 26 millones de opiniones de la población y de los expertos en unas 27 mil conferencias y seminarios dedicados a ese empeño.

Con el 98 por ciento de los votos la Asamblea Nacional adoptó el texto final de 11 capítulos y 120 artículos que plasma la voluntad de los vietnamitas, al adecuarse a los cambios experimentados por la sociedad en las tres décadas transcurridas y proyecta el futuro socialista bajo la dirección del Partido y el sector estatal como pivote de la economía.

En su más prolongado período de sesiones el parlamento aprobó también una sustancial modificación de la ley agraria que regula el usufructo de la tierra, litigios y compensaciones, fortaleciendo el papel del campesinado en la planificación del desarrollo del estratégico recurso a la vez que la aplicación de avanzas tecnologías de explotación.

Bajo el sino del cambio climático el país sufrió como nunca antes los embates de la naturaleza con una llegada récord de 19 furiosas tormentas casi consecutivamente que cobraron 211 vidas y causaron pérdidas materiales evaluadas en cerca de mil millones de dólares, sobre todo en la región central. Fue otro año de duras pruebas para Vietnam en el que volvió a demostrar su capacidad para enfrentarlas y seguir adelante.

Tailandia en su laberinto político

Tailandia entrará en el quinto mes de una crisis política cuya eventual salida parece situarse por el momento en el incógnito escape de un laberinto en el que protagonistas enfrentados recorren un círculo vicioso con algún que otro ribete de irrealidad. En el vértice visible predomina la primera ministra Yingluck Shinawatra, quien al frente del partido de nueva creación Peau Tais, ganó abrumadoramente las elecciones de 2011, y blanco hoy de furibundos ataques del rival Partido Democrático (PD) para sacarla del poder.

Se podía prever desde que asumió el cargo, que entre sus múltiples desafíos por delante -económicos y un conflicto armado en el sur musulmán- había que incluir el de su propio apellido, que la vincula inevitablemente al hermano Thaksin, quien también gobernó el país en los años de mayor estabilidad política.

A escasos meses de ser reelegido en 2006 durante un viaje a Nueva York, fue derrocado por militares del autodeterminado Consejo para la Reforma Democrática, y a partir de entonces se pasó de tres lustros estables a una inestabilidad permanente, salvo algunos cortos períodos de apaciguamiento. Durante la turbulenta etapa abierta, el único beneficiario temporal fue el líder del PD Abhisit Vejjajiva, elegido por la Asamblea Nacional como primer ministro en 2008, y que encontró pronto la oposición de los llamados “camisas rojas” integrados en el Frente Unido Nacional por la Democracia contra la Dictadura”.

Estos ocuparon Bangkok en 2010 y para desalojarlos el ejército dejó decenas de muertos, agravando la crisis, con un desenlace sangriento, cuyas secuelas perduran como un fantasma de lo que pudiera repetirse y a la vez relativo antídoto a excesos de las fuerzas armadas en tanto que factótum omnipresente.

Si Yingluck se vio tan favorecida en la consulta de los votos, fue en buena medida porque recogió la herencia del predicamento de lenguaje social populista de su hermano que hizo mella en una sociedad caracterizada por brechas entre las masas rurales empobrecidas y las élites urbanas de clases alta y media.

Pero como quiera que se mire, los Shinawatra pertenecen a esas mismas clases superiores, con culturas y prácticas políticas comunes, y en consecuencia el autoexiliado Thaskin enfrentó en tribunales un proceso acusador por corrupción y abuso de poder. Estos antecedentes resultan insoslayables para apuntar como detonador de la actual encrucijada el intento de la mayoría parlamentaria del Peau Tais de sacar adelante una proyectada ley de amnistía en favor de encausados por crímenes políticos y corrupción, que abriría las puertas al retorno al país de Thaksin.

Desde noviembre de 2013, cuando semejantes pretensiones dieron pie a una arremetida opositora, se perdió el sosiego en Tailandia, al desatarse una cadena de decisiones y sucesos violentos que causaron una decena de muertes y colocaron a este reino al borde del caos. Recurriendo a fórmulas previstas en la Constitución, la primera ministra disolvió el órgano legislativo, se constituyó en ejecutivo interino y convocó a elecciones anticipadas para el 2 de febrero.

Pero a lo que pudiera considerarse una vía constitucional de solventar la crisis, la oposición contrapuso la exigencia de instalar un Consejo Popular de imprecisas duración e integración, supuestas a impulsar cambios en las reglas electorales. Fue así que tras esos objetivos apareció en escena, como subsidiaria del PD, el Comité de Reforma Democrática Popular (CRPD), conducido por el ex diputado Suthep Thaugsuban, que ha mantenido en jaque a Yingluck mediante marchas de protestas, ocupaciones de organismos y levantamiento de campamentos en puntos de la capital.

Ante los iniciales indicios de corrientes subversivas en esas enardecidas campañas, se decretó el estado de emergencia y se creo el Centro para el Mantenimiento de la Paz como regulador de la seguridad. Pese a su vigencia, el CRPD consiguió en una ofensiva de boicot entorpecer la apertura y funcionamiento de colegios electorales en 28 circunscripciones del país, recurriendo a presiones a funcionarios y bloqueando el acceso de votantes, de tal manera que solo emitió el sufragio el 48 por ciento de la ciudadana habilitada.

Entonces para remediarlo Yingluck, desafiando interesadas reticencias de la Comisión Electoral, optó por la realización de comicios suplementarios en los territorios impedidos de votar, puesto que sin contar con un 95 por ciento de diputados sería inválido inaugurar nueva legislatura.

Aunque la Corte Constitucional convalidó la consulta adicional, las lecturas de la Ley Fundamental pasaron a formar parte de otro terreno de contradicciones ya que la misma establece que se forme gobierno dentro de los 30 días posteriores a elecciones anticipadas y ese plazo se agota el 2 de marzo.

Al menos este desenlace previó el CRPD en la tercera de cuatro etapas de un plan de derrocamiento del equipo Yingluck, que pasaría antes por su destitución y luego seguiría por la inhabilitación de los 300 diputados del Peu Tais que promovieron la cuestionada ley y la anulación de la lastrada consulta en las urnas del 2 de febrero.

Tal escenario puede verse propiciado tras los cargos levantados por la Comisión Nacional Anticorrupción contra la gobernante por alegada negligencia en un esquema de adquisición y almacenamiento de cosechas de arroz para venderlos ventajosamente en el mercado externo. Ella lo concibió para garantizarle una subvención estable a los arroceros, pero los funcionarios encargados de su aplicación han sido objetos de críticas por presunta corrupción y el resultado más explosivo ha resultado una deuda por ocho meses de impagos a cerca de un millón de perjudicados, que se estima en unos cuatro mil millones de dólares.

A las protestas callejeras antigubernamentales se sumaron las de impacientes agricultores, irónicamente importante base electoral del Peu Tais, con cuyos representantes el ministerio de comercio negoció un compromiso de pago gradual, mientras se vende el arroz y se buscan recursos financieros para cumplir. Arreglo remediar a medias, su potencial detonante tiene efectos acumulativos en un panorama de persistentes enfrentamientos de progresiva violencia, en los que personalidades sospechan de la intromisión de un “tercer partido” atizador, entre las dos partes rivales que tampoco ceden en posiciones.

Choques entre policías que se disponían a desmantelar campamentos opositores y estos con un saldo de cinco muertos y 70 heridos entre ambas partes, dispararon una señal premonitoria de perspectiva incierta. Después de los incidentes, la Corte Civil desautorizó al cuerpo de orden a emplear la fuerza sosteniendo que las manifestaciones son pacíficas, lo que objetivamente las alienta en su papel desestabilizador, y también ordenó la excarcelación de un centenar de agitadores, algunos bajo orden de captura por violar el estado de emergencia.

Esa disposición obra asimismo contra el propio Suthep, quien sin embargo continúa libre y públicamente movilizando partidarios hacia otras acciones de hostigamiento frente a las cuales se proponen reaccionar los reactivados “camisas rojas”, lo que en conjunto tiende a trazar una espiral de violencia de callejón sin salida.

Sin duda alguna el espectro de los graves acontecimientos de 2010 y las experiencias extraídas contienen por el momento al ejército, cuya jefatura ha decidido tomar distancia y descartar en diversas declaraciones interés de algunos en una intervención golpista. Pero nada quita la eventualidad de volver sobre los pasos de seguir agravándose la crisis política hasta un irreversible punto de no retorno del laberinto tailandés, en el que rejuegos electorales entre las élites tras el poder se repiten cíclicamente sobre una sedimentada estructura social por cambiar.

* Corresponsal de Prensa Latina en Vietnam y el Sudeste asiático.