Malawi, país del África Oriental, fue el centro de una aguda confrontación entre Gran Bretaña y la Alemania imperial en una época en que ambas potencias europeas pugnaban por apoderarse de nuevos territorios en esa región. Como otros grupos étnicos del África Subsahariana, desde sus inicios los bambara rechazaron la presencia en su territorio de una metrópoli extranjera cuyo objetivo era explotar las riquezas naturales e implantar un humillante sistema de esclavitud colonial.

Malawi es un país mediterráneo y montañoso, y la mayor parte de su territorio está ocupado por el lago Nyasa, con 30 mil kilómetros cuadrados, que es el tercero por su dimensión en el continente, y abarca la sexta parte de su superficie total con más de 116 mil kilómetros cuadrados.

Entre la importancia estratégica de ese espejo de agua que dio nombre a Malawi hasta que alcanzó su independencia, están sus excelentes puertos y playas, pero sufre repentinas y violentas tormentas arenosas. Posee un variado mosaico étnico integrado por chewa, nyanja, lomwe, yao, tumbuja, sena, tonwa, ngoni y nonde, que con sus diversos hábitos, costumbres, lenguas y creencias conforman el universo cultural de la nación.

Esta fue la situación que encontró el portugués Gaspar Boccaro, el primer europeo que llegó al país en 1616. No fueron los pioneros británicos ni alemanes, que se disputarían posteriormente el territorio. Desde el siglo XV navegantes lusitanos habían arribado a las costas africanas y establecieron contactos con poblaciones costeras. En el siglo siguiente, el mismo en que Boccaro llegaba a Malawi, los portugueses incrementaban el tráfico de africanos hacia su colonia de Brasil para trabajar como esclavos en plantaciones agrícolas.

Para la población autóctona de Malawi la presencia de Boccaro significaba el primer encuentro con un europeo que fue seguida en épocas posteriores por el arribo de misioneros jesuitas que trataron de imponer sus creencias y hábitos a los nativos. Fue el inicio de una relación que resultaría nefasta para los africanos, basada en el saqueo de las riquezas y la esclavitud colonial.

El 16 de septiembre de 1859 llegó el explorador escocés David Livingstone el lago Nyasa, la historiografía occidental lo llama el descubridor del notable accidente geográfico. El también misionero realizaba exploraciones sobre el río Congo, en la actual República Democrática del Congo, y en el lago Tangañica, que separa al país de la República Unida de Tanzania. El grupo étnico yao encontró a Livingstone en la zona del lago Nyasa. En esa época fracasaron varios intentos de establecer misiones en Malawi a pesar del apoyo de las fuerzas colonialistas.

En 1878, Gran Bretaña inició la penetración hacia el interior de Malawi por medio de la Afrikan Lakes Company, pero fue su rival la British African Company creada por el colonialista británico Cecil Rhodes la que mediante engaños, sobornos y presiones logró que los jefes tribales le cedieran territorios.

Gran Bretaña adquirió de la South África el derecho sobre el país y consolidó su dominio a través de los acuerdos anglo-germanos de 1890, y anglo -portugueses de 1891. En ese año Gran Bretaña proclamó el Protectorado el Nayasalandia y funcionarios y colonos británicos pasaron a dominar la vida política y económica.

Las autoridades de Alemania no ocultaron sus intenciones de extender sus posesiones coloniales por el este del continente. Bajo su dominio ya se encontraba la llamada África Oriental Alemana (Tangañika), y mantenía pretensiones sobre Malawi.

Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), el territorio fue escenario de enfrentamientos entre británicos y germanos. Malawi sirvió de base de operaciones contra el África Oriental Alemana. La derrota de Alemania en el conflicto universal puso fin a sus ambiciones en la región y en el continente. Todas sus colonias en África pasaron al dominio de sus dos grandes rivales en el saqueo: Gran Bretaña y Francia.

Después de la guerra los colonialistas trataron de unir a Yasalandia con Tangañika (ex alemana), y luego con Kenya, también británica, pero el proyecto fracasó. Londres hizo gestiones al país con Rhodesia del Norte (actual Zambia), y Rhodesia del Sur (hoy Zimbabwe), pero fueron aplazados por el estallido de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

Treinta mil ciudadanos malawis pelearon en los frentes de Etiopía y Birmania. Finalizada la guerra, Gran Bretaña inició nuevas gestiones para reforzar su dominio colonial, y utilizar sus tropas para sofocar cualquier levantamiento independentista. Pero los colonialistas no advirtieron que los tiempos habían cambiado. A pesar de la represión de la administración británica, las luchas del pueblo obligaron a Londres a aceptar las demandas a favor de la independencia.

Aún así todavía debieron transcurrir casi dos décadas, transitadas por luchas y enormes sacrificios, antes de que en 1962 Yasalandia obtuviera su independencia y cambiara su nombre por el actual Malawi.

Mali: los bambara, lucha y tradiciones

Como otros grupos étnicos del África Subsahariana, desde sus inicios los bambara rechazaron la presencia en su territorio de una metrópoli extranjera cuyo objetivo era explotar las riquezas naturales e implantar un humillante sistema de esclavitud colonial.

Los bambara habitan en el valle medio del río Níger en Mali, extenso país del África Occidental, donde son el grupo mayoritario, y en menor cuantía en la vecina Mauritania. Ese pueblo enfrentó la conquista colonial de Francia que impuso su dominio sobre numerosas naciones de la región y con el tiempo constituyó la denominada África Occidental Francesa, una organización que reforzó la explotación del imperio en la zona.

Descubrimientos arqueológicos realizados en el territorio que hoy ocupa Mali han demostrado que la presencia del hombre en la región data de épocas muy remotas. Sin embargo, no existen pruebas documentales sobre el período en que los bambara se insertan en la historia antigua de la nación.

Hacia el siglo XVII había dos reinos bambara: segu y karia que convivían en plena armonía. Una centuria más tarde grupos musulmanes agresivos provenientes de regiones norteñas derrocaron a estos reinos y dejaron su influencia en las creencias de la población.

Aunque la mayoría de los bambara afirman que son musulmanes, muchas personas siguen sus creencias tradicionales de culto a los antepasados. Ellos creen que los espíritus ancestrales pueden asumir la forma de animales e incluso de verduras.

En las ceremonias extraordinarias, los espíritus se adoran y se presentan con ofrendas de harina y agua. El miembro de más antiguo linaje actúa como mediador entre los vivos y los muertos. Los bambara hablan bamana, que es una de las lenguas mandingas y ampliamente la más utilizada en la actualidad en Mali, sobre todo en las áreas de comercio y negocio. Está conectada con la lengua bantú.

La bantú incluye el swahili, que es la lengua principal de Tanzania y Kenya, en el África Oriental, y el zulú en Suráfrica. Hoy en día el bamana en Mali usa el alfabeto N ko, un sistema de caracteres ideado en 1949, como un método de escritura para las lenguas mandé de Africa Occidental.

N ko significa “yo digo” en todas las lenguas mandé. Esta empezó a emplearse al principio en Kankán, República de Guinea, y desde allí se diseminó por distintos sectores del mundo de habla mandé, una lengua muy extendida en esa región de África Occidental.

El idioma de los bambara también se usa como vehículo de comunicación entre los diferentes grupos étnicos malienses. Existen algunos hablantes en Burkina Faso, Costa de Marfil y Gambia, todas naciones del occidente africano. Esta proliferación de lenguas y su empleo por numerosos grupos ofrece una idea de cómo se han mezclado las etnias de esta vasta región.

Como la mayoría de los grupos étnicos tradicionales, los bambara son agricultores. En un continente de escaso desarrollo ese sector se convierte en el más importante para la supervivencia. Sus principales cultivos son el maíz, yuca, tabaco y variedades de hortalizas.

Las sequías que son recurrentes en el país y en general en la zona han perjudicado programas agrícolas, con su efecto negativo en los ingresos familiares. Los agricultores también crían ganado, caballos, cabras, ovejas, entre otros, que confían a los fulani, otro grupo étnico maliense, durante las cortas temporadas de lluvias, para dedicarse por entero a la actividad agrícola.

Tanto los hombres como las mujeres comparten las tareas agrícolas, sin embargo, en comprensión a sus características, estas han conseguido acudir más tarde a los campos y salir antes que los hombres, para cumplir con las obligaciones hogareñas. Cada pueblo bambara se compone de muchas unidades familiares, por lo general todos de un mismo linaje. El hogar o qwa es responsable de producir para la totalidad de sus miembros, así como para ayudarles con sus tareas en la agricultura.

Las casas bambara se caracterizan por ser más grandes que las viviendas de otras comunidades de la región, por esa razón algunas tienen hasta 60 o más personas, y sus miembros trabajan juntos todos los días, excepto los lunes que dedican a actividades comunitarias.

El matrimonio es muy importante, aunque su precio es caro y se considera como un tipo de inversión. El propósito principal del matrimonio es tener hijos que proporcionen la fuerza laboral y aseguren el futuro del linaje familiar. La mayoría de las mujeres tienen un promedio de ocho hijos y todos los adultos están casados. Incluso viudas de edad avanzada, en sus setenta u ochenta años tienen pretendientes, por la razón de que los bambara creen que una mujer aumenta el estatus de los hombres.

Los bambara, al igual que los demás habitantes del territorio ofrecieron una encarnizada resistencia a la colonización francesa en el siglo XIX, pero las rivalidades entre los grupos no permitió que cristalizara un movimiento sumamente fuerte para rechazar las pretensiones de la metrópoli europea. Este grupo de la misma forma que todo Mali sucumbió ante el poderío de una de las principales potencias coloniales europeas que actuaron en África.

Cuando en 1960 Mali obtuvo su independencia de Francia, los bambara, junto a todas las comunidades étnicas que habitaban en esa nación, celebraron con júbilo el fin de una era colonial que no pudo destruir ni su cultura ni sus tradiciones.

Madagascar: La isla codiciada

Madagascar es la cuarta isla del mundo en superficie, y la mayor del continente africano: ubicada en el océano Índico y separada de las costas sudestes continentales por el canal de Mozambique. Numerosas ínsulas de variada extensión también conforman el territorio de la actual República.

En esta zona de África, Gran Bretaña y Francia, las dos potencias coloniales predominantes en el siglo XIX que se repartieron casi a partes iguales el continente, libraron una tensa disputa por el control de la región. En el área el dominio sólo fue alterado por Portugal, que se estableció en Mozambique, y Alemania en lo que es la actual Tanzania hasta el fin de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), cuando perdió todos sus territorios en el continente. Sus rivales, Gran Bretaña y Francia, se apoderaron de sus posesiones.

Algunos historiadores consideran que los primeros pobladores llegaron a esta isla de exuberante biodiversidad, durante el siglo III antes de nuestra era. Según esas fuentes los que arribaron ya sabían obtener y trabajar el hierro. Marineros malasios, indonesios e incluso polinesios realizaban viajes de miles de millas a lo largo del océano Indico en sus frágiles embarcaciones para llegar a una gran isla deshabitada, de un clima magnífico, fértiles llanuras costeras, mesetas y bosques con abundantes animales de caza.

Los inmigrantes de las tribus bantúes de la costa africana tuvieron que atravesar una distancia más corta para llegar a Madagascar, sólo cruzar el canal de Mozambique, porque la ínsula está ubicada a sólo 400 kilómetros de las costas africanas. Los bantúes también aportaron el desarrollo alcanzado en su organización social y diferentes cultivos agrícolas.

A partir del siglo VII y en el transcurso de la Edad Media las costas de Madagascar fueron visitadas por navegantes árabes, sin embargo, el descubrimiento de la isla y su exploración del interior se atribuye a los navegantes portugueses. Cuando el portugués Diego Díaz arribó el 10 de agosto de 1500, denominándola isla de San Lorenzo, el territorio ya estaba habitado por tribus de origen malayo-polinesio, así como por grupos árabes e indios.

En el siglo XVI los portugueses, holandeses y franceses intentaron establecer colonias. Francia se instaló en el siglo XVII en el norte de la isla, pero su esfera de influencia fue limitada al ascenso de la monarquía de los hovas en la altiplanicie central.

El rey Radana I (1810-1828), favoreció a los ingleses, que no ocultaban sus intenciones de apoderarse del país, y permitió que se implantara el cristianismo, pero su sucesora la reina Ranavalona I (1835), prohibió la práctica de la religión cristiana y puso fin al comercio con Europa.

En los años siguientes se inició un período de relaciones tirantes con las metrópolis europeas, hasta que el rey Radana II otorgó concesiones a una compañía francesa, pero fue asesinado en 1863 y sucedido en el trono por su esposa Rasoherina, quien rehusó ratificar el acuerdo con los franceses.

París reconoció en 1886 a Ranavalona II como reina de Madagascar y acreditó a un cónsul igual que Gran Bretaña y Estados Unidos. Con posterioridad, Francia se arrogó por la fuerza un mandato de protectorado, reconocido por Gran Bretaña en 1890, a cambio de concesiones en Zanzíbar, también el Océano Índico.

En 1895, en los albores del siglo XX, al exigir Francia un dominio total por medio de un ultimátum, los malgaches se sublevaron, pero fueron derrotados por la superioridad de las armas coloniales, sin embargo, la revuelta fue una clarinada, una advertencia de que el pueblo no estaba dispuesto a seguir siendo explotado por extranjeros.

A partir de ese instante se inició una continua lucha de la población por restablecer la soberanía nacional. Nuevas sublevaciones fueron ahogadas en sangre y Madagascar y toda su dependencia pasó a ser oficialmente colonia de París.

En la nueva centuria Francia olvidando los principios de igualdad y fraternidad enarbolados por su revolución de 1789, abolió la monarquía e inició una llamada pacificación que costó la vida a 700 mil malgaches en un lapso de 20 años. Deportó a la reina Ranavalona III a la isla Reunión y luego a su colonia de Argelia donde la soberana falleció.

Tuvieron lugar nuevas sublevaciones, cuya represión dejó decenas de miles de muertos, pero ya nada sería igual, el pueblo había derramado mucha sangre por su libertad. El colonialismo puso en práctica diversas fórmulas políticas para enmascarar la explotación: Estado Asociado de la Unión Francesa, República Autónoma de Madagascar dentro de la Comunidad Francesa y otras.

En la década del 60, Madagascar se vio envuelta en la ola independentista que sacudió los imperios coloniales europeos en Arica, y París no pudo mantener su dominio sobre esa hermosa isla del océano Índico. El 30 de diciembre de l960 se proclamó la República de Madagascar y fue declarado Día de la Independencia.

* Colaborador de Prensa Latina y ex corresponsal en África.