La Habana y Belgrado (PL).- Sin olvidar los más de tres mil muertos y 12 mil heridos, los serbios recordaron el inicio de los bombardeos de la OTAN contra Belgrado en marzo de 1999, en los últimos años en que existió la Federación Yugoslava. Los medios de comunicación hicieron balance de una tragedia que duró 78 días y la sociedad civil rememoró lo ocurrido con actos como uno en que un líder político afirmó: “Los serbios no pueden perdonar ni deben olvidar aquellos crímenes que tenían el objetivo de lacerar nuestra integridad territorial”.

Hoy las potencias de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) muestran un férreo rechazo a la independencia de Crimea, justo cuando se cumplen 15 años de que esa alianza comenzara a bombardear Yugoslavia y apoyara, en este caso, a la separatista provincia de Kosovo.

Esa fuerza atacó lo que quedaba de la federación de naciones balcánicas consolidada décadas atrás por Josip Broz Tito, y promovió los intentos de escisión de Prístina, donde por años el grupo guerrillero Ejército de Liberación de Kosovo (ELK) había operado mediante el uso de la violencia.

La intervención militar en el conflicto serbo-kosovar se produjo sin la previa autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en lo que se considera una de las primeras acciones en que la alianza se auto adjudicó el rol de gendarme mundial.

Múltiples voces se han alzado desde entonces para denunciar la ilegalidad de una maniobra codificada como Operación Fuerza Aliada, la cual fue calificada de crimen de guerra a la luz de los miles de víctimas civiles.

Para llevar a cabo tal acción, Estados Unidos y la OTAN fabricaron un pretexto: acusaron a las autoridades yugoslavas y su presidente, Slobodan Milosevic, de ser autores de una campaña violenta de limpieza étnica contra la población albano-kosovar.

“La supuesta violación de los derechos humanos de los albanos se utilizó como pretexto para los intensos bombardeos de Yugoslavia”, recordó un artículo del sitio web canadiense Global Research.

Sin embargo, el intelectual norteamericano Noam Chomsky presentó una visión diferente del asunto: “Indiscutiblemente, los enormes crímenes tuvieron lugar después de que comenzaran los bombardeos: fueron no una causa sino una consecuencia”.

Veamos los hechos: el 24 de marzo de 1999, aviones caza F-18 comenzaron la agresión contra Belgrado, en tanto desde barcos y submarinos fueron lanzados misiles de crucero Tomahawk.

En 78 días las aeronaves de la OTAN realizaron unas tres mil 800 misiones de combate encaminadas supuestamente a destruir la infraestructura militar yugoslava.

No obstante, según cifras oficiales serbias, resultaron seriamente dañados 14 aeropuertos, 19 hospitales, 20 centros de salud, 18 guarderías infantiles, 69 escuelas, 45 puentes, 148 edificios residenciales, comerciales y del Gobierno, y 166 monumentos patrimoniales como monasterios e iglesias.

En cuanto a las víctimas, unas tres mil personas murieron y 12 mil resultaron heridas, en tanto de los fallecidos, mil 500 era civiles, incluidos casi 100 niños.

DETRÁS DE LA CORTINA DE HUMO

Según publicó la prensa occidental en aquellos meses, la OTAN intervino en el conflicto entre Serbia y Kosovo para impedir la supuesta limpieza étnica contra los albaneses y se posicionó al lado del ELK, organización que presentó como nacionalista en busca de la independencia.

Tiempo después salieron a la luz revelaciones sobre los estrechos vínculos de Estados Unidos y los occidentales con esa organización, cuyo financiamiento procedía de orígenes oscuros.

“La verdad es que el ELK era mantenido por el crimen organizado (narcotráfico) con el apoyo tácito de Estados Unidos y de sus aliados”, afirmó el intelectual canadiense Michel Chossudovsky, profesor emérito de la Universidad de Ottawa.

De acuerdo con el analista de inteligencia John Whitley, el respaldo logístico a ese ejército insurgente se estableció como una empresa conjunta de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Servicio Federal de Inteligencia alemán.

En este sentido, los guerrilleros vestían uniformes alemanes, utilizaban armas alemanas y la CIA desempeñó un papel fundamental en adiestrarlos y equiparlos en Albania.

Chossudovsky señaló que, según las evidencias, el surgimiento del ELK no fue casual, pues Washington y sus aliados se encargaron de financiarlo con el propósito de desestabilizar la región y, en última instancia, terminar de desintegrar a Yugoslavia.

Esta versión la corroboró el coronel Robert L. McCure, quien indicó que “los planes de ingeniería para las operaciones en Kosovo empezaron meses antes de que se lanzara la primera bomba”.

Los hechos también hablan de la fragilidad del pretexto de la OTAN: una campaña de bombardeo que se dirigía a proteger a los albanokosovares terminó atacando también objetivos en Kosovo y provocando la muerte de decenas de miembros de esta comunidad.

QUÉ PASÓ DESPUÉS

Luego de que el 12 de junio el presidente yugoslavo aceptara los acuerdos impuestos por Occidente y finalizara el bombardeo, en primera instancia Prístina permaneció bajo la égida de las Naciones Unidas y principalmente de la OTAN, que ese mismo día inició la instalación de su misión KFOR.

Por otro lado, el escenario político ha estado dominado por exlíderes del ELK cercanos a las potencias occidentales: desde 2008 el primer ministro es el ex guerrillero Hashim Thaci.

Este contexto ha sido favorable para Estados Unidos al permitirle instalar en territorio kosovar la base militar Camp Bondsteel, considerada la más grande de esa nación en el planeta fuera de territorio norteamericano.

Con casi siete mil soldados, este enclave ocupa aproximadamente un terreno de mil hectáreas, tiene en su interior más de 300 edificios, y alberga 55 helicópteros Black Hawk y Apache.

Asimismo, los especialistas señalan que la ocupación de Kosovo está relacionada con una hoja de ruta militar mucho más abarcadora que se conecta con las guerras llevadas a cabo por la Casa Blanca en el Medio Oriente, específicamente Irak y Afganistán.

“Los Balcanes constituyen la puerta de entrada a Eurasia. La invasión de 1999 estableció una presencia militar estadounidense permanente en el sur de Europa que sirve a la más amplia guerra dirigida por Estados Unidos”, afirmó Chossudovsky.

El catedrático opinó que Estados Unidos y sus aliados de la OTAN financiaron el conflicto en Kosovo con el propósito último de recolonizar completamente los Balcanes, lo cual tuvo como consecuencia la destrucción de un país.

“Los gobiernos occidentales y la OTAN son altamente responsables de las muertes de civiles, del empobrecimiento de las poblaciones tanto albanas como serbias y de la difícil situación por la que atraviesan quienes fueron brutalmente desarraigados de sus ciudades y pueblos en Kosovo a consecuencia de los bombardeos”, estimó.

* Periodista de la redacción Europa de Prensa Latina.