La Habana, Wellington, Nueva Delhi y Bruselas (PL).- La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), surgida con la supuesta intención de enfrentar a la Unión Soviética, intenta convertirse en un policía global en busca de aliados, sin esconder sus propósitos hegemónicos. Además de mantener vivos sus apetitos bélicos, por encima de crisis económicas y en medio de llamados a la austeridad en Europa, la OTAN busca un sustancial incremento de gastos militares.

Con la desaparición del campo socialista en Europa del este y la desintegración de la Unión Soviética, así como del Pacto de Varsovia, la alianza atlántica buscó nuevos propósitos para justificar su existencia que la situaron en una etapa de presencia cada vez más global a través de pactos, acuerdos bilaterales y proyectos. Tal estrategia llevó al tratado noratlático a englobar a más de 65 países, incluidos aquellos que a primera vista en nada coinciden con los objetivos del pacto militar y poseen diferencias ideológicas con esa entidad regional.

Como afirmó el exjefe de las fuerzas armadas de la OTAN en Europa, James Stavridis, ese bloque posee unos tres millones de uniformados, cerca de 24 mil aviones y helicópteros de combate, y unas 800 unidades navales, distribuidos ahora por todo el mundo. Los bombardeos a la Federación Yugoslava entre marzo y mayo de 1999, con el pretexto de proteger a la mayoría albanesa de Kosovo, fueron el estreno de la OTAN para su presentación como gendarme mundial, con un mandato unilateral.

Ahora el pacto noratlántico constituye una fuerza a tomar en cuenta que, como afirmó en 2005 el entonces subsecretario de Estado para Asuntos de Asia y Europa y luego embajador estadounidense ante ese órgano, Kurt Volker, posee un presupuesto anual de 300 mil millones de dólares y llega a un billón junto con el de Washington y Ottawa.

Pero en medio de esas aseguraciones, el actual secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, considera necesario incrementar los gastos bélicos de la alianza atlántica, cuando varios países europeos atemperaron sus desembolsos militares, a causa de la crisis económica de 2008. Rasmussen habló de nuevos retos mundiales, aunque a la luz de los últimos acontecimientos en Europa, en específico en Ucrania, parecen forjarse de forma intencionada para justificar una mayor expansión y presencia en el orbe del mencionado tratado.

La alianza atlántica parece acelerar la aparición de un nuevo miembro de la OTAN, quizás el más estratégico de todos tras la desaparición de la URSS, pues, además de estar cerca de las fronteras de Rusia, colinda con gran parte de su zona occidental, con excepción de Belarús y las repúblicas ex soviéticas con costas en el mar Báltico.

La expansión

Los tentáculos de la alianza atlántica desde el mismo momento en que se produjo la agresión a Yugoslavia, en 1999, dejaron de limitarse al espacio de sus ahora 28 miembros permanentes para contar en estos momentos con presencia y cooperación con naciones en los seis continentes habitados de la Tierra.

En los últimos 10 años, la organización creada en abril de 1949 creció en más de un 70 por ciento al pasar de 16 miembros a los actuales 28, mientras son más de 50 las naciones que participan en diferentes programas de cooperación, desarrollo de planes conjuntos o como apoyo a operaciones del pacto. De esa forma, en los mencionados proyectos participan al menos 67 países. Ello incluye las operaciones de desembarco aéreo en el Mediterráneo (Active Endeavor), las operaciones en el océano Índico y el mar Árabico (Ocean Shield).

Además, se puede hablar de la Asociación para la Paz, un programa surgido en 1996 y que incluye a casi todos los países de Europa del este aún sin ingresar a la organización noratlántica y a estados asiáticos.

La Asociación por la Paz englobó a casi todas las naciones del desaparecido Pacto de Varsovia (acuerdo de cooperación militar firmado en 1955 por los países del Bloque del Este, cuya disolución se formalizó en 1991) y a tres ex repúblicas de la Unión Soviética (Estonia, Lituania y Letonia). Ahora incluye a Austria, Azerbaiyán, Armenia, Bosnia, Georgia, Irlanda, Macedonia, Ucrania, Finlandia, Montenegro, Suiza y Suecia.

En un periodo de tránsito hacia la OTAN están Azerbaiyán, Belarús, Georgia, Irak, Letonia, Lituania, Kazajstán, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Rumania, Turkmenistán, Turquía, Ucrania y Estonia, entre otros, afirma el especialista Rick Rosoff, fundador de la organización internacional Stop NATO.

La OTAN desplegó bases y otras instalaciones militares en Bulgaria, Estonia, Hungría, Lituania, Polonia y Rumania, incluidos los sistemas coheteriles Standars Misiles (SM), que en su variante terrestre entran en acción en esa zona europea. Ese tipo de misiles fabricados con la colaboración, entre otros, de la corporación estadounidense Lockheed Martin, que comparte con la Boeing la mayoría de los pedidos bélicos norteamericanos, pueden rodear a Rusia con su instalación en varios estados vecinos en poco años.

Además, para ingresar a la alianza atlántica están en cola Montenegro, Bosnia y Georgia, ésta última deseosa de resolver el asunto de su integridad territorial, después que en 2008, en respuesta a una agresión de Tiflis a Osetia del Sur, Moscú lanzó una operación para imponer la paz y reconoció a Abjasia y Osetia de Sur como repúblicas autónomas.

Por otro lado, el llamado Diálogo Mediterráneo agrupa a siete países de la zona del norte de África y Medio Oriente. La OTAN convirtió al mar Mediterráneo en un lago interior de esa alianza y busca hacer algo similar con el mar Negro, afirma Mahdi Darius, especialista del portal canadiense de análisis político Global Research.

Así, la alianza atlántica controla el mar Rojo y el golfo de Adén, en una zona donde forma un cordón de protección con sus barcos para garantizar un estratégico movimiento de mercancías y energéticos, en medio de una operación contra acciones piratas. La región también cuenta con otro mecanismo para permitir a la alianza atlántica la presencia permanente en esa zona, como es el caso de la Iniciativa de Cooperación de Estambul.

Otro mecanismo global de la alianza atlántica lo constituye el nexo con el Consejo de Cooperación de golfo Pérsico, integrado por Bahrein, Kuwait, Catar, Omán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Además, en 2012 se inició el proyecto Socios globales de la OTAN, que podría incluir en la zona asiática a Malasia, Singapur y Tonga como posibles candidatos, mientras naciones como Marruecos y Jordania solicitaron entrar al programa de diálogo con la organización con sede en Bruselas.

En su momento, se realizaron negociaciones para el ingreso de Estados de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean), la cual agrupa a Malasia, Singapur, Brunei, Cambodia, Indonesia, Laos, Myanmar, Filipinas, Vietnam y Tailandia. En Asia, la red tejida por el pacto noratlántico comprende relaciones especiales con los estados del área a través de entidades como la Organización del Tratado del Centro, la Organización del Tratado del Sudeste Asiático o el Pacto de Seguridad del Pacífico (Austria, Nueva Zelanda y Estados Unidos).

Como mismo lo hace Occidente en el plano económico, la alianza atlántica también se acerca cada vez más a África. En 2006, tras unas maniobras conjuntas en Cabo Verde, sobre la base de las fuerzas de reacción rápida de la OTAN, se formaron las Fuerzas Africanas de Reserva (ACP).

Para 2009, empezó a preparar a oficiales africanos de las ACP en Oberammergau, en Alemania.

Además, Rasmussen anunció que desea establecer relaciones oficiales por separado entre la OTAN y la India y China, en un modelo similar al establecido en el Consejo Rusia-OTAN.

Sin embargo, varios de los países con los que la alianza atlántica establece disímiles tipos de cooperación mantienen diferencias con su política hegemónica y su intervención en asuntos internos de otros estados, como ocurrió en los últimos años en Afganistán, Irak o Libia.

Aunque en los últimos años se redujo la asignación militar, la alianza atlántica conserva aún el 70 por ciento del presupuesto militar global. El coordinador del programa humanitario de la ONU para Irak, Hans von Sponeck, afirmó que además de la custodia de las fronteras europeas, la alianza se propuso nuevos objetivos como el acceso a fuentes energéticas e inmiscuirse en el movimiento de gran cantidad de personas y en los conflictos lejos de sus fronteras.

Al parecer, el siglo XXI se inicia con los insistentes propósitos de la OTAN de afianzarse como policía internacional, sin las restricciones para actuar de los cascos azules y en nombre de una “comunidad internacional” cada vez más selecta.

OTAN y su lógica belicista

La OTAN, además de mantener vivos sus apetitos bélicos, por encima de crisis económicas y en medio de llamados a la austeridad en Europa, busca hoy un sustancial incremento de gastos militares. Mientras centenares de miles de personas demandan en manifestaciones en el continente poner fin a la práctica de recortar fondos sociales y aumentar asignaciones para los bancos, en Praga el secretario general de la alianza, Anders Fogh Rasmussen, recién llamaba al rearme.

Sin llegar siquiera a los primeros signos de recuperación de la crisis financiera de 2008 y ante el peligro de una nueva ola de recesión en el orbe, la Asamblea Parlamentaria (AP) de la OTAN acordó en la capital checa retomar los desembolsos con fines guerreristas. Para Rasmussen, cuando se saquen cuentas de cómo resolver los problemas económicos de los europeos, es necesario evitar la caída en una supuesta crisis de seguridad, aunque las estadísticas destacan que en 2009 se gastó más en armas que durante el período de la llamada Guerra Fría.

Hace tres años, los desembolsos globales con fines militares y acciones de guerra superaron la máxima alcanzada en 1988 en tiempos del enfrentamiento de Estados Unidos y la OTAN, por un lado, y el bloque socialista con la entonces Unión Soviética a la cabeza, por el otro. La cifra de 2009 fue superior al billón 563 mil millones de dólares, después de haber descendido hasta 2000 a un billón 50 mil millones, sobre todo, luego de una reducción en un 40 por ciento de los gastos militares de los estados de Europa central y oriental.

Pero el ingreso de las naciones ex socialistas europeas en la alianza atlántica obligó a dedicar más dinero de sus angostos presupuestos para formar ejércitos con armamentos acordes a los nuevos estándares de esa organización.

Las reducciones de la convulsa década de 1990 en Europa oriental y el declarado fin de la Guerra Fría fue negativo para el sector bélico estadounidense y europeo que vivió una época de privatizaciones, concentración y asimilación de empresas. De esa forma, la venta de armamentos recayó sobre poco más de una veintena de corporaciones, 19 de ellas estadounidenses y siete británicas y europeas.

Los gastos militares globales superaban los 385 mil millones de dólares hace tres años, a unos mil millones de dólares diarios. El 73 por ciento de los referidos desembolsos se concentró en Estados Unidos y Europa. Apenas en los últimos años se registró una ligera contracción en coincidencia con la crisis financiera global que estalló a finales de 2008 y ya le jefatura de la alianza atlántica vuelve a la carga con la necesidad de una nueva espiral armamentista.

En el reciente trienio, las asignaciones militares disminuyeron en 56 mil millones de dólares, observó Rasmussen en la 58 sesión de la AP de la OTAN. La reunión en Praga de más de 200 delegados de los 28 parlamentos de las naciones miembros y de representantes de 18 estados asociados al bloque militar pareció dar continuidad a los preceptos de la nueva doctrina de la alianza de marcado carácter extraterritorial.

A principios de este año, Bruselas presentó nuevas cartas credenciales sobre sus tareas estratégicas de extender la defensa de sus intereses a cualquier parte del orbe donde lo considerara necesario, como pareció demostrarlo en la agresión a Libia.

Claro está que para operaciones de guerra como la del norteño país africano, es necesario elevar gastos. De hecho, en el encuentro parlamentario se llegó a insinuar que el incremento de las asignaciones para la industria bélica puede, de cierto modo, ayudar a solventar la crisis económica en Europa.

Lo cierto es que mientras la jefatura de la Unión Europea llama a los estados miembros a ser más austeros, reduce o elimina subsidios y cada día se cierran puestos laborales como consecuencia de recortes presupuestarios, Rasmussen aboga por incrementar el gasto militar. Una rara lógica la de la OTAN.

Desigualdad de gastos en defensa

El secretario general de la OTAN Anders Fogh Rasmussen advirtió sobre la desigualdad de gastos en defensa entre los países miembros de la alianza. A pesar de la crisis económica imperante en Europa, el funcionario exige un incremento del presupuesto militar, pues de lo contrario pondría en riesgo la capacidad bélica y la credibilidad política del organismo regional, justificó.

Rasmussen aseguró que los gastos en defensa de los aliados disminuyeron en los últimos años, mientras aumentaron el de nuevas potencias emergentes. Sin embargo, la presidenta del Consejo Mundial de la Paz, María Do Socorro, explicó que los gastos militares de los países miembros de la OTAN representan el 2,6 por ciento del PIB mundial.

En recientes declaraciones, Do Socorro afirmó que la suma del presupuesto armamentista de esa “máquina de guerra” y de Estados Unidos constituye el 76 por ciento de los gastos militares en el planeta. De acuerdo con el máximo dirigente de la OTAN, si continúa la desigualdad en el presupuesto de defensa, se enfrentarán al riesgo de una ampliación de la brecha intraeuropea y entre las relaciones de los aliados de la región con Estados Unidos, así como con las potencias emergentes.

Durante la presentación del Informe Anual, el secretario general indicó que recortes desproporcionados no solo debilitan las fuerzas militares, sino también las industrias de las cuales reciben apoyo y son importantes motores para la innovación, el empleo y las exportaciones.

Las declaraciones de Rasmussen sobre el aumento de inversión militar se producen cuando Europa apenas llega a los primeros signos de recuperación de la crisis financiera de 2008 y ante el peligro de una nueva ola de recesión en el orbe.

* Jefe de la redacción Europa de Prensa Latina.