Un pueblo pobre cerca de Mizque vio nacer a esta niña que desde los pocos años se dio cuenta de la pobreza en la que vivían. En la escuela le pedían tocuyo para hacer trabajos manuales, para educación física camiseta y zapatos de deportes. A la tercera vez de no llevarlos, por no tener, decidió que la mejor manera era esquivar la escuela y no ir.

Sus padres decidieron abandonar ese pueblo e irse a buscar fortuna y mejor situación en uno minero. Era mejor pero no tan tanto ni tan poco, ella con trece años ya sabía que algo no andaba bien, que su situación no podía ser eterna, Como bendición llego una comerciante y ofreció a sus padres llevársela para escolarizarla y apoyarle en todo. Casimira vi esto como la oportunidad de su vida, salir del pueblo, ir a la ciudad y con la garantía de encontrar allá una familia sustitutiva.

No fue así la mujer, la hacía trabajar por doce o quince horas limpia esto limpia aquello compra cuida barre, y de salario ni unas gracias bien puestas. Dos años de explotación, dos años de servidumbre a la más antigua de las maneras, además la mujer jugaba a dividir la familia, decía a la madre de Casimira, que Casimirita no quería volver y a Casimira que su madre no quería que volviera.

Su drama se acabó cuando la madre vino a Cochabamba donde pudo comprobar la infelicidad de Casimira y la sacó de esa esclavitud. Ni un centavo de paga de dos años y el juez falló a favor de la esclavista!!!

Casimira se sintió dolida en el alma, las estructuras de poder favorecían al poderoso. Inteligente como es, despierta como es, buscó trabajo en otra parte y consiguió un trabajo de empleada doméstica con una pareja de gente que tenía más conciencia social y que le dieron un mejor trato, sin embargo con las distancias que daba la burguesía a los empleados. Siete años de trabajo, pagado y con tiempo para estudiar, se sentía realmente bien, pero el bicho de luchar contra las injusticias ya había hecho efecto. En las plazas donde se reunía con otras trabajadoras, empezó a hablar a escuchar y ha discernir que algo había que hacer.

Empleada doméstica era un término colonialista, trabajadoras del hogar era el que describía mejor su situación y dignificaba el trabajo. Exigía respeto y consideración demandaba derechos básicos de estas trabajadoras. Fueron las organizaciones solidarias, el Instituto femenino de formación integral, dio las primeras herramientas para que Casimira pudiera lanzar su propuesta de formar el sindicato de trabajadoras del hogar.

La Central Obrera Departamental no podía dar el paso de aceptar a esta naciente organización, tuvieron que pasar años hasta que se reconociera a l sindicato como un sector laboral importante como los fabriles o los trabajadores de las minas.

Más tiempo tuvo que pasar hasta que se las reconociera a nivel nacional en la COB (Central Obrera Boliviana) Al final, no solo con el reconocimiento de las instituciones laboral sino que además con el convencimiento de sacar una ley que defendiera los derechos de las trabajadoras del hogar. La Federación Nacional de Trabajadoras del Hogar elaboro una propuesta de ley y esa ley fue aprobada después de casi 11 años. Las burocracias parlamentarias nunca ponían el tema en su agenda. Hasta que al fin se logró. Una ley que aunque requiere mejoras ya dota de seguridad laboral, contrato de trabajo y seguridad social a las mujeres que trabajan en los hogares.

El mito de que nadie contrataría a las trabajadoras por sé muy caras se desvaneció y ahora las trabajadoras saben de sus derechos y de sus obligaciones.

Su paso como ministra de justicia fue otro avance para Casimira. Una responsabilidad que no dudo en asumirla. Una responsabilidad que la tomo con el compromiso de seguir luchando por los más desfavorecidos. Su experiencia de una justicia sesgada marco la determinación de hacer algo por cambiar esto. La necesidad de descolonizar esta sociedad que todavía vive en los patrones de las épocas coloniales y más en los corredores de la justicia. Ahí es donde ella constato no solo la terrible situación de los presos por delitos no probados por demandas triviales que hacinan gentes en condiciones infrahumanas. Un sistema legal que de caduco tiene polillas, no quiso hacerse cargo de las directrices de una luchadora por los derechos de los seres humanos a la justicia imparcial y limpia.

Esta mujer ahora madre de unas gemelas que no dejan tiempo para muchas cosas, sigue con su tranquilidad y su determinación luchando por apoyar un proceso de cambio que debe ser retomado hasta logra que lo que se dice se vea en la sociedad boliviana.