La Habana (PL).- Sencillo y siempre sonriente se muestra Jorge Mario Bergoglio, el primer Papa latinoamericano, quien habla de la necesidad de introducir cambios en la Iglesia Católica y resucitar el cristianismo de los orígenes.

Para ello, no son pocos los obstáculos que en siete meses ha sorteado este párroco jesuita de provincia, quien llegó a Roma desde la periferia de la Iglesia Católica.

Sin embargo, el papa Francisco sabe que para emprender las transformaciones que tiene en mente necesita “escuchar” a la jerarquía católica y también a la Iglesia de base, donde las mujeres podrían protagonizar las “construcciones profundas”.

Tal vez por ello, uno de los primeros pensamientos tras su asunción al cargo en marzo último esté dirigido al sector femenino, donde a juicio de muchos expertos pudiera generarse uno de los cambios más innovadores del Santo Padre, al nombrar como cardenal a una fémina.

¿Imposible? Tal vez no, pues según el derecho canónico puede haber cardenales que no sean sacerdotes, en tanto sean diáconos, una categoría reservada a la mujer durante las primeras comunidades cristianas.

De acuerdo con Phyllis Zagano, experta en ese tema en la Universidad Loyola de Chicago, “el diaconado femenino no es una idea para el futuro, sino un tema para hoy”, abordado con anterioridad por Bergoglio con el cardenal Joseph Ratzinger antes de convertirse en Benedicto XVI, y a quien este asunto, al parecer, le quedó pendiente en el tintero.

Baste señalar que actualmente la Iglesia Apostólica Armenia y la Ortodoxa Griega, ambas unidas a Roma, cuentan con diaconisas, para darse cuenta que esta cuestión es solo puro trámite en el Vaticano.

“Un jesuita me dijo: Conociendo a este Papa, no le temblaría la mano haciendo cardenal a una mujer y hasta le encantaría ser el primero que permitiese que la mujer pudiera participar en la elección de un nuevo Papa”, refirió Zagano.

En una larga entrevista concedida a la revista jesuita La Civiltá Cattolica, el Sumo Pontífice aseguró que resulta necesario ampliar los espacios para una presencia de la mujer más incisiva en la Iglesia, en tanto “el genio femenino es necesario en los lugares donde se toman decisiones importantes”.

Para la prestigiosa teóloga italiana Lucetta Scaraffia, la designación de una mujer en el Sagrado Colegio de Cardenales representaría un “gesto fuerte, significativo, similar a los que el papa Francisco está cumpliendo”.

Ese gesto sacudiría al mundo eclesiástico, cuya jerarquía es solo de hombres pese a que dos tercios de los religiosos en el mundo son mujeres, de las cuales tres ocupan altos cargos en la Curia Romana, aunque ninguna en un puesto de responsabilidad, acotó.

“No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos, debemos encontrar un nuevo equilibrio, porque de otra manera el edificio moral de la Iglesia corre peligro de caer como un castillo de naipes, de perder la frescura y el perfume del Evangelio”, sentenció el Obispo de Roma en el diálogo con La Civiltá Cattolica.

Fiel reflejo de los vientos de cambio que soplan en el Vaticano, el Papa recibió en septiembre último al sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, considerado el padre de la Teología de la Liberación, una doctrina fuertemente fustigada por sus antecesores.

Tras las críticas e incomprensiones de las décadas de 1980 y 1990, este encuentro es calificado como una suerte de reconciliación de la Santa Sede con la Teología de la Liberación, cuyos preceptos incluyen los ideales de “una iglesia pobre para los pobres”, como predica Francisco.

Esta corriente de pensamiento nació después del Concilio Vaticano II (1962-1965), promovido por el desaparecido Juan XXIII para luchar contra la pobreza a través del Evangelio.

“Con un papa latinoamericano, la Teología de la Liberación no podía quedarse mucho tiempo en la sombra, donde estuvo relegada por años”, comentó Ugo Sartorio en un artículo publicado en el diario del Vaticano L‘Osservatore Romano.

Por su parte, el sitio católico español Religión Digital señaló que el abrazo de Francisco y Gutiérrez “simboliza a la Iglesia en primera persona del plural que auspicia el Papa argentino, esa Iglesia en la que cabemos todos más allá de las diferencias”.

Después de dos mil años de romano centrismo, la Iglesia ha dado un gran sobresalto. El pontífice no habla de Teología de la Liberación, pero adopta el método, la inspiración, el estilo, declaró al diario italiano La Repubblica, el más polémico teólogo de esa doctrina, Leonardo Boff, cura franciscano castigado varias veces por sus ideas, y quien colgó los hábitos y se casó.

En pocas palabras, “Francisco es un Papa que no quiere una iglesia separada”, sostuvo el jesuita José Tojeira, actual director de la Pastoral Universitaria de la Universidad Centroamericana.

LA CURIA ANTE LOS DESAFÍOS DEL PAPA

Pese a la aceptación de su discurso, cuando fuentes de la Santa Sede confirmaron en 10 millones el número de seguidores en su cuenta de la red social Twitter @Pontifex, en los largos pasillos custodiados por la Guardia Suiza se respira preocupación entre la ortodoxia eclesiástica.

Para los miembros de esa corriente, las dudas son muchas, pero también las coacciones que podrían ejercer sobre Bergoglio, quien ya hizo pública las líneas maestras de su reforma en sendas entrevistas periodísticas.

Según un alto prelado que no reveló su identidad, con esta acción “el Papa persigue dos objetivos: abrir el debate a todos los católicos sobre la Iglesia que desea, y plantearse un reto a sí mismo al intentar ser coherente con sus anhelos ante posibles presiones que sin duda llegarán”.

Y ciertamente en su afán de lograr una Iglesia más austera, justa y ejemplar, no son pocos los intereses afectados.

“Los conservadores de la Curia huelen que su tiempo ha acabado, en tanto en la cúpula de San Pedro nadie te habla de forma explícita, todo el mundo está inmóvil y a la espera”, sentenció Paolo Rodari, experto vaticanista en La Repubblica.

Entre los sectores más temerosos destacan la Curia, la cual verá reducidos sus gastos y niveles de vida, y el llamado Banco Vaticano (Instituto para las Obras de Religión, IOR), símbolo de turbios manejos financieros que tras la llegada de Francisco fue sometido a una exhaustiva investigación.

“No sé cómo terminará el IOR. Algunos dicen que tal vez es mejor que sea un banco, otros que debería ser un fondo de ayuda; incluso que deberían cerrarlo”, comentó el Papa. “En cualquier caso, las características del IOR deben ser transparencia y honestidad”, sentenció.

“Francisco tiene margen de autonomía, pero la situación es complicada y no cabe duda de que encontrará oposición y trampas”, apuntó Sandro Magister, quien publicó en el semanario italiano L’Espresso el supuesto pasado de escándalos sexuales de monseñor Battista Ricca, nombrado por el Papa para controlar el Banco del Vaticano.

Pero, mientras este juego de la torre -como calificara un periódico al proceso de transformaciones que vive la Iglesia- transcurre, Bergoglio ha puesto las cartas sobre la mesa y es noticia al hablar de los pobres y declararle la guerra al lujo, algo muy parecido a lo que intentó hacer su antecesor Juan XXIII con el Concilio Vaticano II.

* Periodista de la redacción Europa de Prensa Latina.