Los acontecimientos políticos en Ucrania han llamado la atención mundial. Y no es para menos. El derrocamiento popular, en la capital Kiev, del presidente Yanukovich, por un lado, y la intervención de tropas rusas en la ciudad fronteriza de Crimea así como la denuncia del presidente depuesto de que él no ha renunciado, por otro, ha planteado la posibilidad de una nueva guerra fría entre Rusia, la UE y EE.UU. Pero, ¿será posible esto?

Ucrania es una ciudad estratégica de 46 millones de habitantes (77,8% de ucranianos étnicos, 17.8% de rusos, 0.6% de bielorrusos, 0.5% de tártaros, etc. El 62% de población es urbana). A la misma vez, Ucrania, importa gran parte de los suministros de energía (petróleo y gas natural), de Rusia (cerca del 35% proviene de éste y el restante 40% de Asia Central), a través de rutas de tránsito que Rusia controla. Al mismo tiempo, el 85% del gas ruso se entrega a Europa occidental a través de Ucrania. Y es en ésta tierra también donde se ubica la importante base naval rusa de Sebastopol.

Ucrania, tiene una historia de guerras y de intentos de independencia. Después de la Gran Guerra del Norte, fue dividida entre varios de los poderes regionales y en el siglo XIX, la mayor parte de Ucrania se integró al Imperio ruso, con el resto bajo el control del Imperio austrohúngaro. Recién en 1922 Ucrania surgió como una de las repúblicas fundadoras de la Unión Soviética (que logró resolver por mucho tiempo los conflictos culturales), y fue la segunda más grande siendo un componente importante de la actividad industrial y agrícola en la economía planificada del país.

Supuestamente, la caída del “socialismo real” y la restauración del capitalismo, iban a convertir a Ucrania en un país potencia. No obstante, a 25 años de libre mercado, lo que tenemos es una Ucrania en bancarrota con una deuda pública, salarios y gas subsidiado que no puede costear más (de acuerdo al PNUD 2003, el 4,9% de la población ucraniana vivía con menos de US$ 2 al día y el 19,5% de la población vivía por debajo de la línea de pobreza nacional y la tasa de mortalidad es de 15,2 muertes por cada 1.000 habitantes).

Justamente, por esta crisis económica es que surgen las protestas sociales, pidiendo el ingreso de Ucrania a la UE con la expectativa que así se podrán resolver sus problemas económicos, a pesar que Rusia proponía mantener el subsidio al gas así como un préstamo de $15 mil millones (mientras que la UE daba solo el 10% de esta suma aun cuando había declarado que la deuda de Ucrania es de $50 mil millones). Y esto por la corrupción, soberbia y salvaje represión de la administración pro rusa de Yanukovich.

Así las cosas, EE.UU. y la UE, pensaban que con el derrocamiento de Yanukovich, las cosas se normalizarían. Pero eso está lejos de suceder. Al contrario, lo que han logrado es más inestabilidad. Es decir que el nuevo gobierno provisional de Kiev (que tiene la 2da fuerza militar, pero en descomposición), dirigido por Olexander Turchynov (solo hasta las nuevas elecciones el 25 de mayo), no ata ni desata.

Según la revista británica The Economist “…En el 2008 Putin…dijo que el colapso de la URSS fue la catástrofe geopolítica más importante del siglo 20. Él está armado con una autoproclamada misión de reconstruir el imperio ruso y ahora con el pretexto de intervenir más allá de sus fronteras…Otros argumentan que Occidente necesita a Rusia para negociar con Siria y el programa nuclear de Irán. Pero Rusia está echándole gasolina a la guerra en Siria…” (Kidnapped by the Kremlin, 06-03-14).

No obstante, Rusia no tiene la fuerza económica de la URSS ni la correlación de entonces. Esto no quiere decir que Putin no tenga las aspiraciones de ser emperador, sino que lo que sucede es que Rusia no puede permitir que EE.UU. (que ha invertido $5 mil millones financiando a la oposición ucraniana en los últimos 20 años), avance en su zona de influencia fronteriza (perdió inversiones en Irak, Libia). Por eso la intervención militar rusa en Crimea parece responder a una estrategia preventiva frente al avance del imperio norteamericano y la OTAN.

Pero no es muy probable que EE.UU. y la UE vayan a intervenir militarmente ya que esto implicaría asumir la deuda de Ucrania y un enfrentamiento bélico con Rusia, que también le traería costos económicos y políticos a un Obama debilitado (por el fracaso en la intervención de Siria). Aunque por otro lado, los halcones de la Casa Blanca ligados al Tea Party (impulsores del golpismo en Venezuela), les interesaría una guerra. Sin embargo, el propio senador Mc Cain ha planteado una salida negociada con Putin (que implicaría respetar las inversiones rusas y un plan de salvataje tipo Marshall en conjunto de Ucrania).

De una u otra forma, es muy diferente el contexto actual con el de 1914 o 1939 o la guerra fría, ya que por un lado, Rusia es ahora capitalista (con sus propios intereses), y por otro, porque Rusia tiene todavía importante influencia dentro de la propia población de Ucrania así como en las FF.AA. (tanto así que el ex jefe de las FF.AA. Berezovsky juro lealtad a Crimea), que pueden terminar desintegradas así como la propia Ucrania, si EE.UU. profundiza su intervención.