El Estado y el bolivarianismo todavía tienen más poder que la oposición: legalidad, petróleo, armas, masas. Aún pueden ganar la batalla, pero nada de esto sirve si no es instrumentado por un equipo capaz de optimizarlo. Para evitar la caída del Chavismo e iniciar la contraofensiva general, se necesitan tres medidas: un paquete coherente de reformas estructurales, la imposición firme del Estado de Derecho y una nueva narrativa fundacional (probablemente de la 6ta República).

“Venezuela no es Ucrania” dice el Presidente venezolano Nicolás Maduro. Efectivamente, Venezuela no tiene una superpotencia nuclear a su lado, conducida por un estratega geopolítico, cuya Fuerza Armada está preparada para intervenir militarmente contra Obama y la OTAN, si siguen con su intervención anexionista en Ucrania. Tampoco la Fuerza Armada de Venezuela ha publicado una advertencia, como lo hizo recientemente la de Ucrania, solicitando al Comandante Supremo –-Presidente Yanukovich– “tomar medidas inmediatas, dentro del marco de la ley, para estabilizar la situación en el país y llegar a un acuerdo con la sociedad”. Sin embargo, en todo lo que atañe a la sobrevivencia del gobierno Maduro ante la Contrarrevolución Naranja, Venezuela sí es Ucrania.

El conflicto en Venezuela es un conflicto hegemónico entre la facción neoliberal-proimperialista (López, Capriles) y la facción socialdemócrata (Maduro, Cabello) de la clase política nacional, por el control del plusproducto petrolero. A diferencia de esta batalla nacional por el petróleo, la batalla por Ucrania es geopolítica. Se trata de la anexión del país a las esferas de influencia de las dos superpotencias mundiales. El resultado final de la Contrarrevolución Naranja en Ucrania es autoevidente: anexión a la OTAN o división del país entre la OTAN y Rusia. ¿Cuál es el desenlace previsible de la Contrarrevolución Naranja en Venezuela?

¿Sobrevivirá la 5ta República?

En un diálogo nocturno con el amigo Hugo Chávez me dijo que alguna gente le recomendaba gobernar con las Fuerzas Armadas y con los pobres y me preguntó, qué pensaba de esto. Le dije que era una estupidez de gente ignorante. Que un gobierno estable en la sociedad moderna sólo era posible si se basaba en el centro político del país. No lo comentó, pero el hecho es, que ésta fue la gran contribución de Hugo Chávez a la estabilidad política en Venezuela: la creación de un centro político de la 5ta República, compuesto por sectores de las clases medias, populares, burocracias, burguesías, y financiado vía la renta petrolera. La crisis actual resulta del hecho, de que ese original esquema de cooptación clasista del Comandante actualmente ya no es costeable. En consecuencia, la influencia del centro de gravitación del “bolivarianismo” se diluyó (a partir de 2010). Hoy día, el sistema se desintegra rápidamente, acelerado en su desintegración por la incapacidad total del gobierno de entender el proceso y controlarlo.

¿Cómo salvar el proyecto de Hugo Chávez?

El actor político que presente primero un esquema convincente para la evolución del Centro político construido por Chávez, en las condiciones actuales de Venezuela, gobernará al país. Para el gobierno esto significa que su sobrevivencia pasa por una inmediata solución estructural de la crisis económica y la creación de una narrativa que pueden preservar las lealtades de los antiguos aliados del Bloque del Centro.

En ambos campos, el record del gobierno es abismal. A casi un año de haber asumido la investidura central, el Presidente no ha presentado un programa coherente ni tomado ninguna acción decisiva, para conjurar la crisis estructural del modelo heredado de Hugo Chávez. Por ejemplo, la Ley Orgánica de Precios Justos y “ganancias justas”, destinada, según Maduro, a “reorganizar todo el proceso económico venezolano”, es un documento quijotesco que hará colapsar la economía definitivamente. En lugar de medidas audaces sistémicos que requiere el rescate de la economía, se improvisan medidas paliativas y populistas en este paraíso socialista, donde el capital bancario paga menos impuestos que los obreros y donde sectores parasitarios se apropian impunemente con la ayuda del Estado de la renta petrolera.

El “Plan de Paz y Convivencia” es otro ejemplo patético de cómo se manejan los asuntos del Estado en la crisis actual. Solo ofrece generalidades, policías adicionales y exquisiteces, como cursos de carpintería en centros penales. Según el Presidente, el mega magnate Gustavo Cisneros le dijo que quiere “contribuir de corazón” a esa propuesta de paz. ¿Y, por qué no? “Paz” para los magnates es la paz para explotar. Y esta paz no está en peligro en Venezuela.

Los decisores

Los que hemos trabajado con Presidentes latinoamericanos sabemos in concreto, que el último decisor de la política en regímenes burgueses es la Fuerza Armada. Su intervención toma diferentes formas. La advertencia de la Fuerza Armada de Ucrania a Yanukovich, de llegar a un acuerdo con “la sociedad” es, de hecho, un ultimátum “elegante”. A Jamil Mahuad, Presidente ecuatoriano, la Fuerza Armada le puso un avión en el aeropuerto y le dijo que no podía garantizar su seguridad, si no lo tomaba. En 2002, con el golpe de Estado en progreso, los militares en torno al General Baduel en Maracay, decidieron la disyuntiva del país en favor del proyecto bolivariano. En Polonia, entre 1980 y 1983, con la fuerza militar y la ley marcial se trató de salvar el Socialismo del Siglo 20. Y en Nicaragua, después de la derrota electoral del Sandinismo, fue la condición del FSLN, de sólo reconocer el resultado electoral, si no se tocaba la estructura de mando de la Fuerza Armada y de la Policía, la que impidió la matanza planeada de sus cuadros.

Las Fuerzas Armadas, las elites o vanguardias y las masas, son las fuerzas decisivas, cuando las modernas sociedades de clase entran en crisis sistémicas. Por el bien del pueblo venezolano esperamos que esos decisores pronto logren consensuar un proyecto de salvación nacional que facilite la transición pacífica de la 5ta a la 6ta República. La 5ta República ya es pasado. Sólo su evolución progresista puede salvar lo mejor de la obra y vida de Hugo Chávez.

Putin y la Salvación del Chavismo

Maduro y Putin ante la “revolución naranja”

Washington y sus aliados europeos han destruido con un golpe de Estado (“revolución naranja”) al gobierno democráticamente electo de Victor Yanukovich, en Ucrania. Putin no acepta el golpe de Estado ni reconoce a los peleles impuestos en Kiev. Las Fuerzas Armadas de Rusia y de la OTAN están en estado de alerta y las rusas se preparan para intervenir en partes de Ucrania. Además, Moscú ha decidido crear una red mundial de bases de apoyo logístico militar que incluye América Latina (Cuba) y Asia (Vietnam) y ha establecido una alianza estratégica de sobrevivencia con China.

La reacción de Moscú y Beijing ante la nueva ofensiva imperialista mundial de Barack Obama-Angela Merkel-ShinzoAbe, ha sido defensiva y tardía. Pero, finalmente reaccionan con claridad y firmeza: Putin, defendiendo (al peligro de una guerra nuclear) la vital profundidad estratégica del país, que siempre lo ha salvado de las invasiones de Occidente (Napoleón, Hitler); China, protegiendo la única alianza estratégica que le permite impedir la destrucción imperialista. A diferencia de ambos países, Venezuela ha sido incapaz de armar un plan estratégico de defensa ante la subversión. Entre medidas caóticas, improvisadas y contradictorias de defensa, pierde cada vez más poder ante las huestes de Obama-Uribe-Santos.

La reacción del gobierno venezolano

Putin reaccionó tardíamente a la agresión existencial, pero reaccionó con claridad y firmeza. Esto permitió, que en forma limitada ha podido recuperar la iniciativa estratégica. Nada de esto se puede decir del gobierno venezolano. Actúa más bien bajo síntomas de pánico y ha perdido la iniciativa estratégica. Al personal de planta de CNN se le revoca la acreditación por “propaganda de guerra” y tres días después se renueva. Se implora al principal responsable de la guerra, Barack Obama, “dialogar” y Obama, como era previsible, aprovecha para darle una cachetada al Presidente venezolano, diciendo que primero busque “el diálogo con su pueblo”. Mandan un señorito diplomático como embajador a Washington, cuando se necesita un profesional de carrera. Giran orden de aprehensión contra el general golpista Ángel Vivas y no se atreven a arrestarlo, permitiéndole su show de telenovela mundial.

Elías Jaua pierde el tiempo en una gira para informar a los gobiernos amigos, como si éstos no supieran exactamente que es un golpe de Estado de Washington. (Se han mantenido al margen. Entienden que Washington exige nuevamente su subordinación a la Doctrina Monroe so pena de ser desestabilizados.) Buscan su salvación en el exterior con grupos de solidaridad, cuando su salvación sólo puede ser endógena. Hablan de fascistas como el alcalde Daniel Ceballos en Táchira y permiten que establezca y consolida una cabeza de playa territorial de la contrarrevolución. Mandan aviones de combate Sukhoi a sobrevolar Táchira para amedrentar a los subversivos y lo único que logran es demostrar su impotencia y falta de plan de contraataque.

Tachira: “tierra liberada” — por el imperialismo

“Han destruido San Cristóbal, tienen 40 puntos de barricada”, reconoció Nicolás Maduro durante la Conferencia Nacional de Paz convocada por él mismo. Dijo sentirse angustiado y pidió ayuda para acabar con la sublevación. “Meterse allí con el nivel de violencia y destrucción tiene grandes consecuencias y costos ¿Dejo de actuar? ¿Qué hago?…”, preguntó.

No hay mejor actuación y discurso público para acabar con la autoridad del Estado, que éste. Si Ceballos es un fascista que realiza un coup d´ etat contra el gobierno democrático, entonces es obligación constitucional del Presidente imponer el Estado de Derecho y detenerlo. Y, si para desarmar a las bandas terroristas es necesario usar la fuerza militar, entonces hay que usarla constitucionalmente. El ejército venezolano tiene oficiales y tropas de contrainsurgencia, como el General Alí Uzcátegui, que comandó la operación de rescate de Chávez. El General es de Táchira y ha servido en Unidades de Operaciones Especiales en la frontera. Y como él, hay muchos otros. Es decir, todo el saber y poder para acabar con los terroristas está allá, pero el gobierno no lo usa. Sólo lamenta e implora.

Todo este proceso ha sido previsible y, por tanto, evitable. El 14 de octubre, 2013, hace casi cinco meses, advertí en un artículo que si Maduro no hacía urgentemente reformas estructurales, no llegaría “más allá de marzo/abril 2014. Los escenarios de la eventual caída son evidentes: movilizaciones callejeras dirigidas por Washington y la derecha, o una alianza destituidora y sustitutiva entre Fuerzas Armadas y Gobernadores”. Esta situación ha llegado, pero la ceguera y arrogancia de la cúpula chavista es tal que ni siquiera hoy ve el abismo, al cual están a punto de caer.

La salvación del Chavismo: Reforma y Nuevo Orden

El Estado y el bolivarianismo todavía tienen más poder que la oposición: legalidad, petróleo, armas, masas. Aún pueden ganar la batalla. Pero, nada de esto sirve, si no es instrumentado por un equipo capaz de optimizarlo. Y cada día que se desperdicia con las vacilaciones y acciones caóticas-contradictorias actuales, se pierde poder de negociación. Para evitar la caída del Chavismo e iniciar la contraofensiva general, se necesitan tres medidas: un paquete coherente de reformas estructurales, la imposición firme del Estado de Derecho y una nueva narrativa fundacional (probablemente de la 6ta República). Todo intento de parar la crisis sin este plan maestro de acción está destinado a fracasar.

¿Habrá alguna fuerza en el Chavismo capaz de construir e imponer ese plan para salvar la Revolución de Hugo Chávez?