La suspensión, por ahora, de la reunión de la OEA para tratar el “Caso Venezuela” y la reciente declaración del Secretario de Estado John Kerry significa, aparentemente, que fracasó una de las jugadas montada por el Departamento de Estado para derrocar al Gobierno de Maduro.

¿Y cuál era?

Acusar al gobierno venezolano a nivel mundial de masacrar a los manifestantes, tildándolo de antidemocrático, con el fin de aplicar en la OEA la llamada Carta Democrática” y así generar su salida y lograr que se forme un nuevo gobierno.

Para ello tenían que lograr manifestaciones en todo el país, fundamentalmente etiquetadas como estudiantiles, que se tornaran muy violentas y con un altísimo grado de provocación que culminase con acciones represivas desmedidas.

Todo ello respaldado con las pocas cartas que todavía le quedan, como las agencias de noticias, la prensa lacaya y unos conocidos pero pobres artistas que tienen su vida hipotecada a las grandes transnacionales del entretenimiento.

O los números de los votos en el organismo no le dieron, o las encuestas dentro de Venezuela arrojan que el Chavismo obtendría el triunfo en nuevas elecciones, lo cual sería mortal para ellos.

Se devela la estrategia

Esa estrategia explica la carrera por convocar la reunión de la OEA antes que Michelle Bachelet se posesionara de la Presidencia de Chile el próximo 11 de marzo, ya que ese voto puede ser decisivo. También explica la orden dada a sus lacayos locales de prolongar artificialmente la vida de las guarimbas y manifestaciones para influir en dicha asamblea, que se expresó en el exhorto de Capriles y de María Corina a los manifestantes de seguir en la calle y la suspensión del carnaval en municipios fascistas.

Es oportunidad para que el Gobierno de Estados Unidos termine de entender de una vez por todas que ya terminó su época de policía del continente con un gran garrote, y debe iniciar una nueva de entendimiento y respeto a la soberanía de los pueblos. Es decir, debe entender las nuevas realidades.

Quienes también deben entenderla son los políticos, o más bien politiqueros, que dirigen la oposición y dar un paso al costado para que surjan nuevos dirigentes opositores que entiendan el nuevo cuadro político y económico en la región. Digo Yo, si tuviesen ética.

Deben entender que, como decía Chávez, el Sur es el Norte, y ya no se trata de arrastrase ante el imperio para ver “llover la nieve”.

También el gobierno debe comprender que, si bien el imperialismo sigue vivito y coleando, su discurso y acción debe estar más acorde con las realidades nacionales y regionales, buscando encontrar más la resolución de los problemas que a culpables.

Pero lo que si me da pena ajena es la conducta de esa legión de docentes, analistas, escribidores, etc., que acompañaron en las últimas semanas, de manera consciente o inconsciente, la estrategia de levantar calumnias acusando de asesino a este gobierno, buscando la entrega de nuestro país al imperio. Si tuviesen un mínimo de dignidad más nunca volverían a abrir la boca.

Una oportunidad magnífica

Pero hay que entender que el imperialismo tiene, como el alacrán de la famosa fábula de Esopo, su naturaleza, y no hay que creer en sus lágrimas de cocodrilo. Por supuesto que para ellos el objetivo de acabar con los planes de independencia y desarrollo de Latinoamérica es prioritario.

Es por ello que la ocasión es propicia para que Venezuela y los países progresistas de la región impulsen en la OEA una reforma sobre la “Carta Democrática”, a fin de que en el futuro se requiera un consenso del resto de las naciones de la región para su aplicación, siguiendo el ejemplo de la CELAC en su toma de decisiones.

De esta forma se estaría castrando la posibilidad de que Estados Unidos, basado en alguna mayoría circunstancial, utilice en el futuro ese expediente para sus intereses, y sólo sea aplicada en atención al verdadero bien común de la región.

Igual en el caso de la CIDH.

Es hora de que la OEA deje de ser el Ministerio de Colonias Latinoamericanas de Estados Unidos y es hora también, de que Venezuela se sacuda de tantos arrastrados y vende patria.

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