La Habana (PL).- La súbita muerte del trovador cubano Santiago Feliú generó dolor entre sus admiradores, a quienes les cuesta digerir la pérdida de uno de los imprescindibles del género.

El destacado cantautor cubano Santiago Feliú, del movimiento conocido como la Nueva Trova, falleció ayer en La Habana a los 51 años de edad. Otros músicos reconocidos de la isla como Silvio Rodríguez y Carlos Varela compartieron desde las redes sociales la consternación de cientos de cubanos que hicieron correr la noticia por las calles, todavía como una duda pues Feliú era demasiado joven y demasiado loco para algunos.

El rumor de la muerte del atrevido guitarrista zurdo bien podría tratarse de una broma pesada, pero el melancólico soñador ya lo había advertido: la vida vive con y sin nosotros. Un canal de televisión local confirmó el fatal infarto del trovador que desde los cinco años de edad agarró una guitarra al revés y nunca más pudo tocarla al derecho.

Ese instrumento lo cautivó desde la cuna, cuando su hermano Vicente descargaba en la casa con Noel Nicola, Silvio Rodríguez y otros amigos. Para el joven rebelde, el arte de componer canciones era un misterio y se trataba de encontrar una canción que pudiera estar en cualquier sitio o cosa.

En su caso una de esas fue Para Bárbara, un romance personal que terminó siendo compartido por Cuba entera y más allá, se la pedían en todos los conciertos o descargas. Feliú tocó junto a grandes exponentes de las dos generaciones de la trova como Noel Nicola, Frank Delgado, Luis Eduardo Aute, Luis Pastor, León Gieco, Silvio Rodríguez y Vicente Feliú, entre otros.

Dentro y fuera de Cuba, el trovador defendió sus propias utopías y dio pistas para que quienes le quisieran lo supieran encontrar siempre: “búscame donde la ilusión tuvo hijos, sobrevolando un sueño que acuna el tiempo”, apuntó en uno de sus temas.

A Silvio Rodríguez, ícono de la Nueva Trova, lo despertaron en la madrugada para darle la noticia, y según confesó en su blog Segunda Cita, se le ocurren tantas malas palabras que se le atropellan. De entrada, el autor de clásicos como Ojalá creyó que el muerto era Vicente Feliú, su viejo amigo de iniciaciones trovadorescas, pero se trataba del hermano menor, gago, irreverente y genial.

A su vez, el crítico Joaquín Borges Triana consideró a “Santi” dueño de una obra “imborrable en nuestras mentes y cuyo quehacer queda ahí para conformar nuestras evocaciones y nostalgias”.

El Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, cuartel general de la trova, afirmó que sus canciones evolucionaron como él, sin perder sus esencias y sin dejar de ser reflejo de una generación. “Ya sea en las páginas de un libro, o en sus acordes difíciles, o en su tartamudeo frenético, permanecerá en su ciudad y en su país Santiaguito Feliú, tensando nuestra sensibilidad y recordándonos que ahí estuvo, siempre, para nosotros”, aseveró la institución.

Feliú tenía previsto realizar un concierto el próximo sábado en la flamante Fábrica de Arte Cubano, novedoso proyecto de creación artística al cual se sumó con su entusiasmo de hippie.

Fito Páez destacó el lirismo inconmensurable de Santiago Feliú

La súbita muerte del trovador cubano Santiago Feliú consternó al rockero argentino Fito Paéz, quien evocó pasajes de la complicidad humana y musical que los unía desde 1987. El rosarino resaltó el lirismo inconmensurable de quien fue uno de sus más divertidos compañeros en la noche habanera, una especie de Quijote cuya testarudez ideológica amaba y ama.

“Por su autenticidad y su quijotismo contra viento y marea de todas las formas impuestas por los cánones de la música popular del mundo”, afirma Páez en texto publicado por el portal Cubadebate. “Eso que él percibió y expresó del mundo fue y será absolutamente genuino y original. Grave y agudo. Hizo su vida y sus canciones sin pedirle permiso a nadie. Como debe ser”, afirmó Paez sobre Feliú.

Agregó que el autor de Para Bárbara fue absolutamente incorrecto, como los grandes artistas, y destacó su exquisito sentido del humor para desacralizar todo lo fatuo. “Él era un anormal en todo el sentido enorme de la palabra. Sus músicas y sus palabras representaban “la diferencia”. Él era lo diferente”, concluyó el creador de Giros y Mariposa Technicolor.