El Papa Francisco en su visita oficial al Presidente de Italia ha usado un auto simple y ha llegado al Palacio del Quirinale, residencia del primer mandatario italiano, sin motocicletas ni caravanas. El nuevo alcalde de la ciudad de New York Bill Di Blasio ha llegado a la sede del municipio para jurar como alcalde usando el tren subterráneo; el presidente de Uruguay José Mujica usa un viejo auto Wolkswagen; el líder del Partido Democrático, principal partido político italiano, viaja en tren como cualquier pasajero y llegado a Florencia, su ciudad natal, se pone su casco y en motocicletta se dirige a su residencia.

En Bolivia esto no ocurre. La “nueva casta populista” usa aviones de lujo, helicópteros y autos blindados. Se ven por las calles séquitos de personajes y funcionarios, desfile de autos ministeriales, “escoltas” otorgadas aún cuando no son necesarias, son inútiles y costosas y huelen a “ancien régime”, sirven solamente para mostrar los “privilegios” y estar “distantes del pueblo”.

Hay ceremonias del poder político que tienen un valor de identidad y son populares, como los aniversarios patrios o departamentales, pero son pocos y muy distintos de las ordinarias administraciones y por lo tanto son soportables. Las demás, se refieren únicamente a una mentalidad que tiene todo de una “casta”, la nueva “casta” que ha nacido en Bolivia.

No se pretende que un presidente haga la cola en una oficina de correos o en un centro comercial, sería pura demagogia negar, a los que tienen una reponsabilidad pública, ciertos privilegios, pero el espectáculo de Bill Di Blasio, alcalde de una de las ciudades más grandes y populares del planeta que se siente sobre todo ciudadano y como tal trata de llevar su vida, es algo que enriquece la democracia.

Se ve que la democracia reina en esos lugares, como en Uruguay.