Las imágenes de la realidad política y social en Colombia pasan una tras otra como retratos de nuestra violencia con la velocidad de una película. Se mezclan emociones, sensaciones, drama, acción, mentiras y ficciones. En lo poco que va avanzado 2014, marcado por ser un año el electoral, en el que habrá descalificaciones, agresiones, improvisaciones, cooptaciones, amenazas, vetos y aniquilamientos, ya hay avances, aterradores avances.

La paz parece ser el tema central, pero los discursos oficiales son contradicciones y oscurecen el escenario de esperanza a la que apuestan las mayorías excluidas. Las vallas electorales no dicen nada de programas, ni de ideas, fijan slogan vacíos y ponen de moda a candidatos que tratan de encantar con lo mejor de su perfil físico y de seducir electores con dedos que señalan y miradas que persiguen. La persecución avanza en cabeza del alcalde mayor de Bogotá, segundo cargo de elección y presupuesto mas importante del país. El estado baraja cartas y trata un asunto político solo con herramientas jurídicas de tipo disciplinario para notificarlo de la destitución definitiva de su cargo acusado de mal gobierno, basado en la pretensión eliminar la opción de gobernar con agenda propia, por fuera de los intereses y deseos de los partidos del poder tradicional incluidos los empresarios que a toda costa buscan impedir que algunas partes de lo publico sean devueltas al lugar que les corresponde como patrimonio nacional. Las noticias al margen dan cuenta de otro falso positivo judicial que recae en un profesor universitario militante de marcha patriótica, en el marco de la guerra sin tregua al pensamiento critico, a la oposición política real y al modo de ser de izquierda, a la vez que las amenazas contra defensores de derechos se mantienen activas.

Otros retratos de la degradación socio económica y de intolerancia dan cuenta de unos jóvenes que violaron a una mujer y subieron a la red la grabación de su perversa hazaña; de varios asesinatos cometidos por jóvenes casi niños sobre otros niños por robarles un teléfono celular; de un grupo de policías detenido portando varios kilos de cocaína; un pequeño poblado, de una zona bajo control de empresarios despojadores de tierras y paramilitares, incendiado y sus habitantes desterrados bajo el horror. Las cifras de militantes de la naciente marcha patriótica y de defensores de la restitución de tierras asesinados siguen creciendo. En los bordes se cuelan retratos que muestran una ley para borrachos que criminaliza al consumidor de un vaso de cerveza o una copa de vino al volante mientras los uniformados oficiales en carretera grabadora en mano filman por oficio infracciones pero no graban las formas usadas para hacer olvidar las faltas. La canciller implora a la Unión Europea la eliminación de visa a colombianos, pero anuncia la propuesta que Colombia la exija a países como Cuba o Somalia en respuesta a una solicitud de refugio.

Cada retrato es la representación de un extenso archivo de imágenes similares. Decenas de niños asesinados por otros niños que aprenden de las practicas de las mafias, del discurso de sus gobernantes y del día a día de una sociedad mediatizada en la que todo puede pasar a cualquier hora, en cualquier lugar. Las culpas se descargan sobre chivos expiatorios en cada caso, convirtiendo a algunos actores en protagonistas. Se culpa a los borrachos de todos los males en las vías pero se hace silencio del desastroso estado de la red vial urbana e intermunicipal provocado por la corrupción elevada a sus máximos niveles que compromete a políticos, contratistas y gobernantes. Se culpa al asesino individual y se exculpan las responsabilidades colectivas de una sociedad que muchos especialistas catalogan como cada vez mas enferma e inconsciente de su mal.

Para cerrar el panorama, el presidente Juan Manuel Santos, convertido en presidente-candidato para citarlo en el día 14 de enero como protagonista dijo tres cosas distintas y contradictorias en menos de seis horas. En Gramalote, un municipio destruido por un terremoto pidió perdón por no haber terminado la construcción del nuevo poblado prometido tres años atrás y advirtió entre líneas que reelegido cumplirá porque según él es mejor tarde que nunca. Mas adelante en otra ciudad anuncio que ahora es mas optimista con el proceso de paz en la Habana y que las conversaciones van bien (a Cuba que es facilitador del proceso de se le pretende imponer visa?). Y en otro poblado anuncio crispando el ceño, dejando una sensación de rabia, de odio, que él es el único responsable de haber dado de baja al numero uno, al numero dos y a 47 jefes guerrilleros de las FARC. Sus decisiones (con acompañamiento de la CIA como se supo) acabaron con la vida de medio centenar de revolucionarios alzados en armas, según las reglas del DIH. Que hubiera podido ocurrir si en cambio de ordenar asesinatos hubiera ordenado diálogos para acabar la guerra y la política de muerte?

Qué hubiera podido ocurrir si en cambio de anunciar muertes efectivas anuncia muertes evitadas como paso necesario para finalizar múltiples violencias que crecen al amparo de la impunidad y de incontables miles de millones de recursos del presupuesto publico. Pedir perdón en un lado, anunciar que la paz va bien en otro y ufanarse de asesinar a su contrario en un tercero, no resulta ser el mejor ejemplo para los jóvenes que sin oportunidades le apuestan al delito como la formula mas efectiva de ser hombres de guerra, machos, valientes, capaces de sobornar, violar, asesinar, quemar un pueblo entero, provocar el destierro o eliminar a sus contrarios de la manera que sea, como sea.