En un estudio sobre las elites en Cochabamba, el año 2005 (¿Pitaq kaypi kamachiq?: las estructuras de poder en Cochabamba, 1940-2006), José Gordillo, Alberto Rivera y Ana Sulcata, incluían a los regantes como una de las elites emergentes en el departamento, junto con transportistas y comerciantes, no solo por su importancia económica, sino por su capacidad de incidencia política.

Todavía se vivía la resaca de la guerra del agua (2000), momento de gesta de este sector productivo valluno; más aún, con la ley de agua potable (No 2066) y la ley de riego (No 2878) habían logrado proteger las fuentes de agua de posibles concesiones privadas, a través del reconocimiento de “sus derechos” de acceso y uso, los llamados “usos y costumbres”; en la autoridad nacional de riego (SENARI), el sector logró mayoría en el directorio; la opinión de Omar Fernández, entonces presidente de la Federación Departamental de Regantes de Cochabamba (FEDECOR) era tomada en cuenta por los que decidían sobre el agua en el departamento. Los regantes parecían tener control del agua, hoy convertido en un recurso estratégico.

Ocho años después no se puede sostener más esta afirmación, o por lo menos se la debe matizar. El cambio de uso del suelo a lo largo de la cuenca del rio Rocha, por tanto la reducción de tradicionales áreas agrícolas con riego en los valles cochabambinos, se ha traducido en la reducción física del número de personas dedicadas a la agricultura, expresado en la pérdida de importancia del sector en la economía regional y la seguridad alimentaria regional. El año 2010 el aporte del sector Agricultura, Silvicultura, Caza y Pesca al PIB regional solo llegaba al 8,8 por ciento, cuando en 1997 representaba el 15, 6 por ciento. La crisis de los regantes es la expresión de la crisis productiva y agroalimentaria de los valles cochabambinos.

Pero, es el conflicto de 5 salidas/Taquiña el que da evidencia de lo que afirmo. Luego de una crisis a principios de año que incluyó enfrentamientos entre regantes, asentamientos humanos, y entre medio la cervecería, por el acceso a las aguas de la cuenca Taquiña, finalmente en septiembre de este año se alcanzó un acuerdo, por el cual los asentamientos humanos reunidos en 5 Salidas recibirán 7.5 lts/seg. provenientes del sindicato agrario Taquiña (5 lts/seg) y de la misma empresa cervecera (2.5 lts./seg). Complementariamente la gobernación canalizará un estudio integral de la cuenca Taquiña, en cuanto a disponibilidad de agua y necesidades a satisfacer.

Los barrios han salido ganadores del conflicto, porque los otros actores han tenido que ceder parte de sus “derechos de agua”. El acuerdo evidencia la expansión de los asentamientos humanos en Chili Marka hacia Tiquipaya, justamente en zonas agrícolas tradicionales con riego. El año 2005 difícilmente íbamos a tener este acuerdo, primero porque había menos asentamientos, segundo, los regantes, a diferencia de hoy, tenían una organización fuerte y autónoma.

¿Y qué ha pasado con la FEDECOR que hasta el 2005 hacía temer no solo con sus bloqueos y marchas, y mostraba una alta capacidad propositiva –la ley de riego fue elaborada por los liderazgos regantes y sus asesores-? Ha sido cooptada, neutralizada como acción colectiva autónoma, muchos de sus dirigentes se han convertido en funcionarios públicos. Y los nuevos sistemas de riego, aprobados en el marco del programa “Evo Cumple” o “Mi Agua”, tienen una estructura organizativa débil y están más ligados al poder corporativo de los sindicatos. Cada vez menos bases respaldan a la otrora poderosa institución regante.

Misicuni será otra prueba de la crisis que atraviesan los regantes. El 2014 no habrá agua del proyecto, eso está claro. ¿Los regantes se movilizarán exigiendo la conclusión y transparencia del proyecto? ¿Tendrán el físico y la libertad de movimiento para hacerlo? Lo dudo. Mi sospecha es que, como en 5 salidas/Taquiña, serán los barrios, los nuevos asentamientos, la zona sur que sigue esperando el agua desde el 2000, quienes saldrán a las calles nuevamente.

* El autor es investigador del CESU – UMSS.