rácticamente han comenzado los aprestos, preparación y campañas en vistas a la realización de los comicios en Bolivia en Octubre de 2014 luego de haberse definido que la oposición tradicional de los Doria Medina, Del Granado y Costas se han lanzado cada uno por su lado a la candidatura presidencial. De la misma manera, aunque con fuerzas aparentemente menores, aparecen las figuras de Felix Patzi y Rebeca Delgado en un intento de marcar diferencias con los citados y con los candidatos oficialistas.

Los primeros se han visto muy restringidos en la posibilidad de brindar alternativas y unidad de oposición puesto que sus posiciones no quiebran el discurso liberal y conservador y se concentran en críticas al “totalitarismo” de Evo Morales, en tanto los segundos tratan de articular nuevos discursos y alternativas tomando en cuenta su militancia anterior con el “proceso de cambio” en su calidad de activos gestores en instancias de gobierno.

Al parecer el binomio Evo Morales-Alvaro Garcia no tendrá dificultades para conseguir un holgado triunfo en las urnas tomando en cuenta no solamente los resultados económicos, sociales y culturales de su gestión de ya ocho años, como por los recursos que le permite administrar para tener llegada a prácticamente todos los rincones del país y la lealtad que demuestran organizaciones masivas como los campesinos, cocaleros, cooperativistas mineros, mujeres campesinas, colonizadores y habitantes populares de los sectores marginados de las ciudades.

Ha tenido también la ventaja de las tendencias económicas internacionales positivas por los precios de materias primas y regionales por la solidaridad con los gobiernos de América Latina, como por los aciertos en la administración interna que han generado, como nunca, millonarios ingresos a las arcas del Tesoro con amplio margen para aplicar políticas redistributivas. La conversión dada desde posiciones de fragmentación de espacios del territorio nacional con autonomía y autodeterminación indígenas hacia una articulación e integración nacionales, con un fuerte nacionalismo boliviano y avance del capitalismo de Estado, ha sido fundamental para la consolidación del gobierno,

El asunto, sin embargo, no es realizar una campaña electoral millonaria, de mercadeo de votos, de cosmética y marketing, sino poner en el debate los grandes problemas económicos, políticos y sociales nacionales e internacionales y las alternativas que se presentan, lo cual significa impulsar la politización de la sociedad boliviana, desarrollar una democracia deliberativa con la participación organizada de las organizaciones nacionales y populares, establecer procesos de formación, capacitación y promoción de liderazgos desde los sectores de base, construir un programa antiimperialista de emancipación social y liberación nacional y así recuperar la dinámica del proceso de las rebeliones de los primeros años de esta década que hicieron posible la derrota de la partidocracia neoliberal y conservadora.

Tomar en cuenta que los procesos políticos en los países de la región tienden a un estancamiento en relación a aquellos impulsos de unidad e integración, de solidaridad antiimperialista, de mayor cohesión comercial, política y económica de los años previos, debido la tibieza de sus posiciones, como a la fuerte presión de Estados Unidos y la Unión Europea por consolidar el bloque neoliberal de la Alianza del Pacífico (A. del P.) debilitando la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), más aún con la muerte del comandante Hugo Chavez.

Por tanto no se trata solamente de impulsar unas elecciones formales, sino avanzar hacia la construcción de un proyecto nacional popular de liberación, desarrollando una cultura política participativa y avanzando en la maduración de una dirección y hegemonía fundadas en una transformación intelectual y moral de la sociedad y no en una pretendida hegemonía fundada en acuerdos o concesiones a los empresarios y terratenientes cruceños, como plantea un columnista, o a la poderosa banca o a las transnacionales.