Sudán termina 2013 casi con el mismo escenario de años anteriores en cuanto a los choques entre rebeldes y soldados, la insatisfacción económica y el sempiterno contencioso petrolero que condiciona todo lo demás. La economía y la sociedad de Sudán siguen lastradas por problemas vinculados con el petróleo, aunque los más recientes, los cuales causaron 200 muertos, dependieron de la decisión gubernamental de retirar los subsidios al combustible.

La antigua Nubia, nombre de leyendas pero también de esclavitud y de guerras, no se toma un receso y afronta protestas que elevaron la temperatura, ya caldeada por el diferendo petrolero y limítrofe con el vecino Sudán del Sur. Esas exportaciones de crudos del bebe-país, como le llaman algunos al Estado número 193 de la ONU, que mantuvo al separarse en 2011 el 75% de los pozos mientras Sudán conservó solo los oleoductos, son también vitales para la economía de Jartum.

Los recientes movimientos sociales se insertan precisamente en un proceso de negociaciones por la distribución entre ambos Estados de los ingresos del carburante, que no acaban de concretarse pese a los esfuerzos de los últimos dos años. Tales protestas por el retiro de subsidios a los combustibles, que significa en la práctica duplicar su precio, estallaron en la capital el 23 de septiembre último, el mismo día en fue anunciada la medida, y se extendieron rápidamente por el resto del país.

El descontento fue expresado de modo inmediato por grupos en Jartum y Wad Madani, capital de la vecina región (estado, según la geografía local) de Al Yazira, y se propagó hacia la cercana ciudad norteña de Omdurman, segunda del país. Las demandas surgieron entre activistas del distrito de Inqaz, al sur de Jartum, donde unos tres mil manifestantes marcharon por la carretera principal y lanzaron piedras a los coches, a lo que la Policía respondió con gases lacrimógenos y balas de goma.

Aunque los estimados oficiales sitúan en unos 30 el número de muertos desde el inicio de las protestas hasta fines de octubre, el Sindicato de Médicos Sudaneses considera que hubo más de 200 y fuentes de la oposición informaron que ascienden a 600. Ahmed al Seij, presidente de esa organización, declaró en una entrevista con la local Radio Dabanga que los muertos por represión policial tenían heridas de bala en la cabeza y en el pecho, y eran en su mayoría jóvenes. Según analistas, estas son las mayores protestas en Sudán desde que el presidente Al Bashir asumió el poder en 1989.

Estudiantes de enseñanza secundaria de Omdurman comenzaron por incendiar con cócteles molotov instalaciones como la sede del gobernante Partido del Congreso Nacional (PCN) en la zona de Ombada al Yamiab y cerraron allí la avenida principal. La situación de violencia urbana, sin antecedentes en el pasado sudanés inmediato, cobró matices más destructivos con el fuego por la población de gasolineras, vehículos de transporte de combustible y cajeros automáticos.

Muchos manifestantes destruyeron solo en los primeros momentos 27 unidades de policía, 40 estaciones de servicio de carburante, 18 vehículos de transporte público y 10 automóviles particulares. El contexto de desorden prestó abrigo a actos de pillaje como el saqueo de bienes y establecimientos privados por delincuentes y ciudadanos empobrecidos.

Muchos manifestantes coreaban consignas que exigían el abandono del cargo del presidente sudanés, Omar Hassán al Bashir, quien se vio obligado a autorizar el cierre de escuelas, comercios y avenidas, así como el cese del transporte. Solo durante la primera jornada de protestas contra la decisión, muchos de los descontentos lanzaron piedras a las fuerzas del orden. Murió un joven de 23 años, 37 agentes y decenas de civiles fueron heridos y 103 personas detenidas.

El Gobierno introdujo la suspicacia sobre un tercer actor que pudo haber intervenido para agravar de modo artificial la situación, al declarar que fueron desconocidos quienes dispararon desde vehículos contra ciudadanos de barrios como Marangan Auda. La situación sirvió de argumento a la cadena árabe Al Arabiya para comentar que se trataba de “la primavera árabe tardía de Sudán”, afirmación que, junto a la publicación de fotos de las víctimas, le costó a ese medio la suspensión de sus actividades.

Muchas de esas imágenes fueron insertadas en redes sociales por jóvenes descontentos que hablaron de censura, pero el Gobierno declara que esas gráficas son falsas y los cuerpos ensangrentados reflejados en ellas proceden de Egipto.

Porqué fueron anulados los subsidios

La actual crisis sudanesa por el asunto petrolero explica por sí misma la casi total falta de recursos del ejecutivo, cuya economía, aunque no depende como la de Sudán del Sur en un 98% del petróleo, es imposible de sostener sin ese recurso. El Gobierno explicó, no obstante, que el corte de los subsidios pretende hacer frente al déficit presupuestario estatal, y se comprometió a ayudar a los pobres con algunos fondos y aumentar los salarios de los funcionarios.

Al Bashir aseguró que la polémica medida fue necesaria para evitar el derrumbe económico del país a causa del aumento de la inflación y la depreciación de la libra sudanesa. Aunque reconoció que las protestas “de modo civilizado” están amparadas por la ley, el presidente llamó a la población a evitar “a los vándalos conspirar contra Sudán”, en sus primeras declaraciones después del inicio de las manifestaciones.

Eta crisis económica interna se agrava por la presencia de grupos guerrilleros en diversas partes del país y la casi total debacle militar en regiones como la occidental Darfur, donde fuertes contingentes de la ONU permanecen como garantes de paz. La situación de pobreza del país es tal que en zonas afectadas por el conflicto entre soldados y rebeldes como Kordofán del Sur, según estadísticas internacionales, más del 80 por ciento de la población se alimenta solo una vez al día.

El cese de los subsidios a los combustibles fue aprobado durante una reunión del Consejo de Ministros presidida por Al Bashir, como parte de un llamado Programa de Reforma Económica. Su texto contempla el aumento del precio del galón de gasolina desde 12,5 libras sudanesas (2,84 dólares) a 21 libras (4,77 dólares), y el de diésel de seis libras hasta 14 (3,18 dólares).

En medio de la escalada de actos callejeros, el mandatario anunció ante el Parlamento la realización de elecciones presidenciales para 2015, al parecer como una estrategia para calmar de algún modo los ánimos, al menos por el momento. Los partidos políticos y organizaciones deben prepararse desde este momento para lograr unos comicios democráticos, justos y transparentes y todos los sectores deben participar en la redacción de la nueva Constitución, indicó el jefe de Estado.

Al Bashir llamó de nuevo a los grupos insurgentes negados a deponer las armas a acogerse al proceso de paz comprendido en el Documento de Doha para la situación en Darfur, que concede una amnistía para esas organizaciones armadas. Opositores dentro del gobernante PCN, por su parte, anunciaron la creación de una nueva formación política de carácter reformista, la segunda que surge a partir de esa agrupación desde 1999.

Un grupo de 31 personalidades de ese partido presentó un memorando al presidente sudanés en el que acusaron al Ejecutivo de represión contra manifestantes y pidieron cancelar el plan de austeridad que incluye el controvertido corte de subsidios. Respecto a la cuestión externa con Sudán del Sur, el hecho más reciente fue la firma en Juba el 23 de octubre pasado entre Al Bashir y su colega sursudanés, Salva Kiir Mayardit, de varios acuerdos sobre el conflicto bilateral.

Entre ellos figuraron acelerar el funcionamiento de una zona fronteriza de paz, activar la formación de un cuerpo administrativo, un consejo legislativo y fuerzas policiales en la disputada región de Abyei, principal foco limítrofe de tensión.

Entre combates, protestas y conflictos petroleros

Sudán termina 2013 casi con el mismo escenario de años anteriores en cuanto a los choques entre rebeldes y soldados, la insatisfacción económica y el sempiterno contencioso petrolero que condiciona todo lo demás. Los insurgentes parecen hacerse cada vez más fuertes, sobre todo en la provincia occidental de Darfur, donde ni las fuerzas de la ONU con sus años de intentos resuelven la situación, mientras el Gobierno continúa prometiendo cambios.

Darfur es el más sangriento escenario sudanés de combate desde 2003, cuando varios grupos rebeldes declararon la guerra a Jartum por razones económicas con un saldo hasta ahora de cientos de miles de civiles muertos, heridos o desplazados. Una coalición de esas organizaciones, el Frente Revolucionario Sudanés, que integra a grupos insurgentes de Darfur y de otras regiones del sur, amenazó con derrocar en breve al Ejecutivo e instalarse en el poder. Esa agrupación opositora anunció el 17 de noviembre pasado que tomó la ciudad de Abu Zebd, en el estado de Kordofán Oeste, uno de los más ricos en petróleo.

Al elemento insurgente se sumó en la misma provincia a mediados de ese mes un incremento de los choques con balance de medio centenar de muertos entre las tribus de origen árabe Al Masiria y Al Salamat, que acumulan unos 250 fallecidos desde abril último. Las hostilidades, que solo en ese mes registraron más de 200 muertos entre ambas comunidades, son más graves en la zona de Um Dajn, limítrofe con el vecino Chad, donde la mayoría de las víctimas pertenecen al clan Al Salamat.

Tropas mixtas de ambos estados cuyos Gobiernos se vieron obligados a concertar acciones, fueron requeridas para controlar la situación y abrir corredores de evacuación de los heridos. Alrededor de 460 mil personas fueron también desplazadas en Darfur desde principios del presente año a causa de esos enfrentamientos étnicos, según informes de la oficina de la ONU para Asuntos Humanitarios en el país.

La crisis económica, por su parte, causó desde el 23 de septiembre pasado una escalada de protestas sociales que clasificaron entre los acontecimientos políticos más novedosos del año. Manifestaciones callejeras comenzaron por el anuncio oficial ese día sobre la supresión de los subsidios al precio de los combustibles, lo cual significó la duplicación de las tarifas del carburante, y se extendieron con rapidez por el país.

Los aumentos del galón de gasolina desde 12,5 libras sudanesas (2,84 dólares) a 21 libras (4,77 dólares), y el de diésel de seis libras (1.36 dólares) hasta 14 (3,18 dólares) fueron detonantes de acciones urbanas sin antecedentes en los últimos años. El número de fallecidos, estimado en unos 600 por la oposición, en 200 por el Sindicato de Médicos Sudaneses y en solo alrededor de 30 por el Ejecutivo, ilustró la dimensión de la violencia empleada por ambas partes.

En lo que fue considerada la peor reacción popular en las calles desde que el actual presidente, Omar Hasan al-Bashir, asumió el poder en 1989, las huellas de balas en la cabeza y el pecho en muchos cadáveres mostraron también la violencia policial. Un conteo parcial de los daños comprendió la destrucción de 27 unidades de policía, 40 gasolineras, 18 vehículos de transporte público, diez automóviles particulares, y decenas de cajeros automáticos en esas plazas citadinas.

El combustible no se apaga

Las medidas de austeridad sobre carburantes, explicó Jartum, responden al déficit financiero al no recibirse los ingresos que según acuerdos debe aportar Sudán del Sur, país que, a su vez, aún no estabiliza la producción y exportación de petróleo. Engranaje de efectos fallidos, el Ejecutivo sursudanés se ve impedido de regularizar el flujo del crudo, así como su traslado por las conductoras sudanesas, por la falta de seguridad en importantes áreas petroleras, a causa del conflicto con Jartum.

Dos años de negociaciones entre ambos Gobiernos fueron insuficientes para crear y consolidar una zona desmilitarizada en la frontera bilateral con vista a la retirada total de ambos Ejércitos hacia el interior de sus territorios. Esa franja de paz entre ambos Estados es imprescindible para resolver de manera definitiva el conflicto en torno al petróleo, principal ingreso y a la vez el motivo más relevante de conflictos en el último medio siglo.

Por diferencias acerca de su explotación y distribución del combustible, sus Ejércitos sostuvieron fuertes combates durante la primera parte de 2012 y mantuvieron una tensión que estuvo a punto de desembocar en una guerra abierta. La aproximación más reciente entre Jartum y Juba en ese sentido fue la firma de varios acuerdos en Sudán del Sur el 23 de octubre pasado entre Al Bashir y su colega sursudanés, Salva Kiir Mayardit.

El funcionamiento de la zona limítrofe de paz, la formación de un cuerpo administrativo y de un consejo legislativo y fuerzas policiales en la región de Abyei, principal territorio en disputa, figuraron entre las medidas convenidas.

Las diferencias sobre ese recurso, que antes fue entre gobernantes y opositores de distinto origen, comprendidas las guerrillas de cuatro décadas atrás, distan aún de una solución para los dos países, dependientes en un 90 por ciento del crudo. Si el casus bellis dentro de las fronteras sudanesas es el petróleo y sus secuelas, la repartición de las ganancias del crudo deviene también motivo fundamental del contencioso externo con Sudán del Sur, todavía muy lejos de ser resuelto.

* Periodista de la redacción África y Medio Oriente de Prensa Latina.