La temporada ciclónica 2013 en la cuenca del Atlántico resultó ser la menor en cuanto al número de organismos de este tipo desde 1982. Solo 12 tormentas tropicales marcaron la actividad ciclónica, la mayoría sistemas débiles poco organizados de los cuales dos organismos (Humberto e Ingrid) se convirtieron en huracanes, aunque ninguno sobrepasó la categoría uno en la escala Saffir-Simpson.

Los ciclones tropicales son sistemas de baja presión que se forman en los océanos, en un ambiente homogéneo y generalmente en la zona tropical. Cuando este se fortalece, puede convertirse en una tormenta tropical y después devenir huracán (también conocido como tifón), con vientos máximos sostenidos superiores a 117 kilómetros por hora que incrementan su fuerza a la vez que avanzan en la escala de Saffir-Simpson de cinco categorías.

Los ciclones tropicales se forman sobre aguas cálidas de la zona tropical o subtropical, de hecho este calentamiento es uno de los elementos clave para que el evento gane en intensidad y se convierta en un huracán. Los expertos coinciden además en que el aumento del nivel del mar es otra característica que provoca mayor número de tormentas tropicales; sin embargo, el cambio en los patrones del viento podría contrarrestar su peligrosidad, como en efecto sucedió.

El mar Caribe, el golfo de México y el océano Atlántico fueron lugares poco favorecidos en años anteriores cuando se registraron 12, siete y 10 huracanes en las temporadas de 2010, 2011 y 2012. Uno de ellos, el Sandy, afectó en octubre de 2012 el este de Cuba, y causó algunas muertes y destrucción económica en el territorio nacional. Este evento subió en latitud hasta mezclarse con una tempestad invernal en el norte de Estados Unidos y provocó una catástrofe en Nueva York.

Con el pronóstico de entre 13 a 20 organismos tropicales con nombre, de los cuáles una cifra situada entre siete y 11 llegarán a ser huracanes, comenzó el 1 de junio de 2013 la temporada ciclónica para el Atlántico, Golfo de México y el Caribe, la cual se extendió hasta el 30 de noviembre. Expertos de la Administración Nacional de Océanos y Atmósfera (NOAA en inglés) consideraron que de los huracanes previstos, algunos podrían ser de gran intensidad, y alcanzar categoría tres, cuatro o cinco en la escala Saffir-Simpson.

Factores climáticos como el aumento de la temperatura del mar, y la ausencia del fenómeno “El Niño”, que facilitan la formación de ciclones, así como la fortaleza del monzón en África occidental, fueron tomados en cuenta a la hora de realizar las predicciones.

La NOAA señaló que la tendencia en aumento de tormentas, que comenzó hace 18 años, está vinculada a las temperaturas más cálidas en el Océano Atlántico bajo y el Mar Caribe, donde la mayoría de los fenómenos ciclónicos tienen lugar. Se esperaba que las condiciones oceánicas y atmosféricas en la cuenca atlántica produzcan este año más huracanes y más fuertes, advirtió Gerry Bell, del Centro de Predicción Climática de la NOAA.

Vale destacar que aunque la mayor preocupación radica en la formación de huracanes de categorías superiores, Kathryn Sullivan, administradora en funciones de la NOAA, indicó que una tormenta tropical o un huracán de baja categoría también pueden tener efectos devastadores, no sólo en las zonas costeras. A menudo los fuertes vientos, las lluvias torrenciales, las inundaciones y los tornados amenazan también a las zonas interiores, lejos de donde la tormenta toca tierra, explicó.

La actual temporada ciclónica en el océano Atlántico será más activa de lo normal, aunque podrían haber menos ciclones de los previstos, señaló una actualización realizada por la NOAA en agosto de este año. La institución predijo que se formarían entre 13 a 19 tormentas con nombre, de ellos seis a nueve alcanzarían categoría de huracán, tres a cinco serían de gran intensidad. El primer pronóstico realizado en mayo preveía la formación de 20 tormentas con nombre, 11 de ellas podrían convertirse en huracanes.

Se esperaba que Cuba sea la menos afectada por un organismo tropical, señaló a Prensa latina el máster en ciencias Miguel Ángel Hernández, especialista principal del Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología. Durante la última década, los cubanos sufrieron el impacto de los huracanes Michelle (2001), Iván (2004), Dennis (2005), y en 2008, el paso de Ike, Gustav y Paloma. En octubre pasado, Sandy afectó la región oriental del archipiélago, dejando pérdidas de vidas y cuantiosos daños materiales.

Andrea, Barry, Chantal, Dorian, Erin, Fernand, Gabrielle, Humberto, Ingrid, Jerry, Karen, Lorenzo, Melissa, Nestor, Olga, Pablo, Rebekah, Sebastián, Tanya, Van y Wendy fueron los nombres seleccionados para este año, según el orden establecido por la Organización Meteorológica Mundial, basada en una lista ordenada alfabéticamente.

En el caso de aquellos que identifican a huracanes muy destructivos no vuelven a emplearse nunca más. Tal es el caso de Katrina, que golpeó Estados Unidos en 2005, y el Mitch, Honduras, 1998. También se retiró el de Sandy, considerado el ciclón más letal sufrido en ese país en los últimos 40 años y el segundo más costoso. A finales de la temporada pasada, Sandy causó la muerte directa de al menos 147 personas, 72 de ellas en Estados Unidos, pese a que cuando tocó tierra en esta nación ya no tenía categoría de huracán.

Cuando en una temporada ocurran más de 21 ciclones tropicales con nombre, las tormentas adicionales tomarán su nombre del alfabeto Griego: Alpha, Beta, Gamma, Delta.

Finaliza atípica temporada ciclónica por debajo de los pronósticos

El 30 de noviembre finalizó la temporada ciclónica 2013 en la cuenca del Atlántico con un comportamiento atípico que distó mucho de los pronósticos iniciales. Cuando comenzó el período el 1 de junio los expertos vaticinaban varios eventos meteorológicos; sin embargo, resultó ser la menor temporada en cuanto al número de organismos de este tipo desde 1982.

Solo 12 tormentas tropicales marcaron la actividad ciclónica, la mayoría sistemas débiles poco organizados de los cuales dos organismos (Humberto e Ingrid) se convirtieron en huracanes; pero ninguno sobrepasó la categoría uno en la escala Saffir-Simpson y tuvieron una vida muy efímera con esa fuerza.

La Organización Meteorológica Mundial, organismo especializado de las Naciones Unidas, en su informe anual 2013 sobre el clima, declaró que la temporada concluida presentó formaciones promedio para los ciclones tropicales en la cuenca del océano Atlántico; a pesar del tifón Haiyan, que en el océano Pacífico ocasionó devastación a su paso por las islas Filipinas.

El doctor en ciencias Ramón Pérez del Centro del Clima del Instituto cubano de Metorología, aseguró que este comportamiento inusual debe investigarse pues parece estar asociado en lo fundamental a la fuerte cizalladura vertical del viento predominante en gran parte del mar Caribe. Sobre el tema, estudios previos revelan que un huracán puede debilitarse o disiparse sobre el mar por la existencia de fuertes vientos superiores, así como debido a la gran diferencia en dirección y velocidad entre los vientos a diferentes niveles.

Por otro lado, el doctor en ciencias físicas Eugenio Mojena, de la sección de satélites del citado instituto, también adjudicó la débil formación de ciclones a la fuerte presencia del polvo del Sahara durante los meses de julio, agosto y septiembre. En recientes declaraciones a The Havana Reporter, Mojena explicó que este fenómeno meteorológico ocurre bajo condiciones de suelos muy secos y granulados, vientos fuertes y temperatura baja que posibilitan el levantamiento de las partículas en el desierto al norte de África.

Cuando este polvo se vincula al flujo de los vientos alisios comienza su transporte hacia el Arco de las Antillas, lo cual afecta la génesis de los ciclones tropicales o debilita los ya surgidos. Este tipo de evento se forma sobre aguas cálidas de la zona tropical o subtropical, de hecho el calentamiento es uno de los elementos clave para que el ciclón cobre intensidad y se convierta en huracán.

En la recién finalizada Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático (COP19), la Organización Meteorológica Mundial aseguró que 2013 está camino a ser uno de los diez años más calurosos de los cuales se tiene registro. La mayoría de los científicos aseguran que si en los próximos años la temperatura aumenta por encima de dos grados celsius, los efectos del cambio climático serán devastadores e irreversibles para el planeta.

Asimismo, el secretario general de la citada entidad, Michel Jarraud, declaró durante la COP19 que aunque los ciclones tropicales individuales no pueden atribuirse directamente al cambio climático, los mayores niveles del mar vuelven a las poblaciones costeras más vulnerables a las marejadas, como ocurrió en las Filipinas.

* Periodistas de la redacción Ciencia y Tecnología de Prensa Latina.