Científicos de la Administración Nacional de la Aeronáutica y el Espacio de Estados Unidos (NASA), de la Universidad de Toronto y del Observatorio Astronómico de Japón hallaron signos de presencia de agua en la atmósfera de al menos siete exoplanetas. Se cree que el Sistema Solar contiene una enorme reserva de hielo oculta con la que se podrían llenar miles de veces los océanos de la Tierra.

La revista especializada Astrophysical Journal informó que rastros de agua fueron detectados en los planetas denominados WASP-17b-, HD 209458b, WASP-12b, WASP-19b y XO-1b, que orbitan estrellas fuera de nuestro Sistema Solar. Los cinco mundos son similares a Júpiter, calientes y masivos que orbitan cerca de sus estrellas.

Los expertos están muy convencidos de que existen rastros de agua en los cinco exoplanetas. Con la ayuda del telescopio espacial Hubble, descubrieron que las firmas débiles de ese líquido han variado en dos de los exoplanetas. Una gama de longitudes de onda infrarrojas que revela la presencia de agua, así como la comparación de las características de los perfiles de absorción y consistencia de estas firmas, dieron a los expertos la seguridad del descubrimiento.

Por otro lado, astrónomos de la Universidad de Toronto, Canadá, descubrieron otro planeta extrasolar que tiene vapor de agua y monóxido de carbono en su atmósfera. Se cree que este exoplaneta bautizado como HR 8799c, porque orbita la estrella HR 8799, nació mediante un mecanismo llamado acreción del núcleo, por el cual lo hicieron también los que conforman el Sistema Solar.

Siete veces más masivo que Júpiter, gaseoso y con una temperatura superior a los mil grados centígrados, en HR8799c no se ha detectado metano, uno de los componentes necesarios para que exista vida. “Nuestros resultados son consistentes con los planetas que se forman alrededor de HR8799 a través de la acreción del núcleo, muchos de la misma manera en la que pensamos que se formaron los planetas de nuestro Sistema Solar”, explicó Quinn Konopacky, uno de los autores del estudio difundido por la revista Science.

De igual forma, el portal especializado Space reportó que un grupo de expertos japoneses descubrió que uno de los planetas más cercanos a la Tierra fuera del Sistema Solar, el Gliese 1214b, posee una atmósfera rica en agua, pero se encuentra en un inusual estado de plasma, el cuarto estado de agregación de la materia que se caracteriza por ser fluido y similar al estado gaseoso.

Observaciones mediante el telescopio Subaru, ubicado en Hawai, permitieron a científicos y astrónomos del Observatorio Astronómico Nacional de Japón descubrir agua en la atmósfera de Gliese 1214b. Las imágenes azules obtenidas sugieren la presencia de agua en la atmósfera del superplaneta que se encuentra a 40 años luz de la Tierra, en la constelación de Ofiuco, una de las 88 constelaciones modernas que está situada sobre el ecuador celeste.

Los científicos analizaron las características de dispersión de luz de ese mundo en su tránsito alrededor de su estrella y llegaron a la conclusión de que tiene nubes, agua y, probablemente, un amanecer espectacular. La investigación refiere que Gliese 1214b está mucho más cerca de su estrella que nuestro planeta del Sol, lo cual indica que la temperatura de su superficie deber rondar los 280 grados Celsius. Por tal motivo, la composición química del agua es muy diferente a la terrestre.

Además, científicos del Instituto de Tecnología de California (Caltech) de Estados Unidos detectaron agua congelada en el planeta enano 2007 OR10, ubicado al borde del Sistema Solar, el cual tendría la mitad de su superficie cubierta de agua helada y pudiera estar envuelto en una fina capa de metano. El astro conocido como Blancanieves (aunque es uno de los más rojos), tuvo un activo pasado, con volcanes, agua y una atmósfera que se pierde en el espacio, detalló la revista Astrophysical Journal Letters.

Los descubrimientos anteriores y otros hallazgos recientes permiten inferir que el Sistema Solar contiene una enorme reserva de hielo oculta con la que se podrían llenar miles de veces los océanos de la Tierra, aseguraron investigadores de la Agencia Espacial Europea (ESA) en un artículo publicado por la revista Science. La hipótesis fue planteada luego del hallazgo de grandes cantidades de vapor de agua fría alrededor de los discos de polvo que envuelven a una estrella joven.

Los datos anteriores están sustentados mediante la observación de TW Hydrae, una estrella de entre cinco y 10 millones de años, ubicada a 176 años luz de distancia de la Tierra. Esta estrella está rodeada por un disco de polvo y gas que puede condensarse para formar un completo sistema planetario. Michiel Hogerheijde, responsable del estudio, destacó que el proceso observado es similar a los acontecimientos llevados a cabo durante la evolución de nuestro propio Sistema Solar.

La búsqueda de agua en otros planetas es tema primordial en las investigaciones de la NASA y la ESA, pues su presencia equivaldría al posible encuentro de vida extraterrestre.

Descubren agua helada en un cráter de la Luna

Expertos de la NASA detectaron en el polo sur de la Luna un cráter de dos kilómetros de profundidad y más de 19 kilómetros de ancho, conocido como Shackleton en honor al explorador antártico Ernest Shackleton, compuesto por agua helada. Mediante el altímetro de la nave Reconnaissance Orbiter (LRO) se pudo examinar el suelo y comprobar la superficie del cráter, más brillante que la de otros cercanos, destacaron los especialistas en un estudio divulgado por la revista Nature.

Gregory Neuman, uno de los autores del trabajo, indicó que las mediciones de brillo desconcertaron a los investigadores desde hace dos años, ya que su distribución no era como se había esperado, teniendo en cuenta las temperaturas frías existentes dentro de los cráteres polares. Por ello se utilizó un láser para iluminar el interior del agujero y medir su energía luminosa o reflectancia natural.

Otro equipo internacional de expertos descubrió moléculas de agua en muestras de rocas de la corteza lunar obtenidas en las misiones Apolo 15, 16 y 17. Al parecer, existían grandes reservas del líquido en el satélite inmediatamente después de nacer el Sistema Solar, lo que contradice la idea de que la Luna se formó tras el impacto de la Tierra con otro cuerpo espacial, resaltó la investigación divulgada por la revista Nature Geoscience.

Debido a que estas son algunas de las rocas lunares más antiguas, se ha podido determinar que el agua ha estado allí desde su formación, explicó Youxue Zhang, uno de los autores del trabajo. El científico dijo que de haberse producido un choque entre la Tierra y un objeto celeste, que posteriormente originaría la Luna, el material expulsado caliente “debería haber sido desgasificado casi por completo, lo que elimina toda posibilidad de agua”. Sin embargo, en las rocas lunares se ha podido detectar la existencia de agua a través de los grupos de hidroxilos distribuidos dentro de la veta del mineral.

Tras analizar muestras del satélite traídas a la Tierra por las misiones Apolo, científicos de la Universidad de Brown encontraron agua en inclusiones de fusión, que son diminutos puntos de vidrio volcánico, razón por la cual sugirieron que el agua en la Luna, como la terrestre, procede de meteoritos primitivos.

Los expertos estudiaron la composición isotópica del hidrógeno contenido en esas inclusiones y concluyeron que el líquido se encuentra allí en igual abundancia que en el material volcánico presente en el fondo oceánico de la Tierra. La proporción de deuterio-hidrógeno, precisaron, es relativamente baja, muy similar a las de contritas carbonáceas, meteoritos que proceden del cinturón de asteroides cerca de Júpiter.

Estudios difundidos recientemente muestran que un 98% del agua en la Tierra proviene de meteoritos primitivos, lo cual sugiere que nuestro planeta y la Luna tienen una fuente de agua en común. De acuerdo con los autores del nuevo estudio, el agua se encontraba en la Tierra primitiva que sufrió el impacto de un meteorito, del cual se formó la luna. Durante mucho tiempo se pensó que el hidrógeno y otros elementos volátiles se perdieron con ese choque y que la luna se había formado completamente seca.

Esta investigación no contradice que la Luna haya nacido del choque de un meteorito con la Tierra primitiva. Sin embargo, no puede responder a cómo el agua sobrevivió. “De alguna manera, el agua no se perdió durante el impacto, pero no sabemos cuál fue ese proceso”, admitió Alberto Saal, profesor de Ciencias Geológicas de la Universidad de Brown y autor principal del estudio.

Confirman presencia de agua en el pasado remoto de Marte

La revista científica Science informó que el laboratorio espacial Curiosity de la NSA descubrió que cerca del 2% del suelo marciano está compuesto por agua, y se considera que esa situación es similar en otras regiones del llamado Planeta Rojo. El Curiosity, que aterrizó en el cráter Gale de Marte en agosto de 2012, está equipado para realizar análisis complejos de composición del suelo marciano.

Acorde con estimaciones científicas, las tormentas de polvo que se desarrollan en la superficie marciana mezclan y distribuyen los diferentes compuestos que se hallan en la capa global del planeta, por lo que una muestra de cualquier área serviría para entender las características de otras zonas.

Los expertos analizaron muestras de rocas recogidas del suelo marciano, además de muestras de polvo y granos finos atrapados en un recolector especializado de arena, que luego estudiaron en un equipo dedicado al análisis de muestras de Marte. Tras calentar esas muestras a 835 grados Celsius, hallaron una cantidad considerable de oxígeno, compuestos de azufre y dióxido de carbono, además de un porcentaje considerable de agua.

Recientes análisis de rocas de la superficie de Marte corroboran lo que ya se suponía: en el pasado remoto del Planeta Rojo fluyó agua en cantidades importantes. Mediante el estudio de fotografías de rocas encontradas en el interior del cráter Gale, en el que se encuentra el robot Curiosity, los expertos observaron que fueron talladas y moldeadas por corrientes de agua.

Según el tamaño de las piedras, podemos interpretar que el agua se estaba moviendo a unos tres pies (0,9 metros) por segundo, con una profundidad que a una persona le llegaría al menos hasta los tobillos, y quizás hasta la cadera, explicó William Dietrich de la Universidad de California e investigador de la misión.

Se ha especulado mucho y se han lanzado múltiples hipótesis sobre los canales de Marte, pero esta es la primera vez que realmente hemos visto piedras que fueron transportadas por agua en la superficie del astro. Ya no es suposición, sino que lo estamos observando directamente, manifestó el científico.

Según la revista Science, los investigadores elaboraron nuevos mapas del subsuelo de Marte que muestran por primera vez canales subterráneos donde pudo existir agua en la zona conocida como Elysium Planitia. Dichos canales hallados en una extensión de llanuras a lo largo del ecuador y la región volcánica más joven del planeta rojo, al parecer estuvieron repletos de agua.

La historia geológica de la mayor parte de Elysium Planitia está enterrada en lava, pero por su morfología similar a los sistemas de canales más antiguos de Marte, los investigadores estiman que se formó por la liberación de aguas subterráneas. Las inundaciones tuvieron lugar a partir de una porción ahora enterrada de un sistema de fracturas llamado Cerberus Fossae.

Los analistas cartografiaron los canales enterrados a través de los datos ofrecidos por el radar de la sonda Mars Reconnoaissance Orbiter (MRO) de la NASA al explorar el subsuelo de Elysium Planitia. “La fuente de la inundación sugiere que se originó a partir de un depósito de aguas subterráneas profundas, que pudieron haber sido liberadas por la actividad local tectónica o volcánica”, explicó Gareth A. Morgan, autor principal del artículo.

Los datos de la sonda MRO, que orbita Marte desde 2005, muestran nuevas evidencias de un ambiente húmedo en el subsuelo del planeta, así como rocas planas que contienen minerales de carbonato y arcilla. Los expertos consideran que el cráter McLaughlin, de 92 kilómetros de diámetro y 2,2 de profundidad, pudo albergar un lago subterráneo en el pasado lejano. Estos fluidos atrapados en el subsuelo podrían haber llegado periódicamente hasta la superficie de cuencas profundas como la del cráter McLaughlin, por lo que podrían proporcionar pistas sobre la habitabilidad del subsuelo del planeta.

Todos los ingredientes para la vida existían bajo la superficie, puede ser la parte más habitable de Marte, indicó Joseph Michalski, investigador del Instituto de Ciencias Planetarias en Tucson, Arizona, y del Museo de Historia Natural de Londres, autor principal del trabajo publicado en Nature Geoscience. Por su parte, Rich Zurek, científico del MRO en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de Pasadena, California, señaló que el informe favorece la idea que Marte es más complejo de lo que se creía; algunas zonas son más propensas que otras a mostrar antiguos signos de vida.

Corroborando lo anterior, nuevas imágenes recogidas por la sonda Mars Express de la ESA indican la existencia de grandes cantidades de agua bajo la superficie marciana. Las fotografías tomadas en la zona de la cordillera Phlegra Montes muestran abanicos lobulares de derrubios, que son morfológicamente muy similares a las acumulaciones de desgaste que cubren los glaciares en la Tierra.

La ESA detalló en su sitio web que esas estructuras están mayormente relacionadas con la presencia de agua en estado sólido, a veces a poca profundidad, lo que “sugiere que quizás también existan glaciares enterrados bajo la superficie de Marte en esta región”. Todos estos indicios apuntan a la existencia de grandes cantidades del líquido en la región de Phlegra y, “si así fuera, esas grandes reservas podrían abastecer de agua a los futuros astronautas que exploren el planeta rojo”, destaca la información.

Las imágenes fueron recuperadas con la cámara estéreo de alta resolución que viaja a bordo de la sonda Mars Express de la ESA, y complementan las observaciones realizadas por el radar a bordo de la MRO de la NASA. En la actualidad son varios los instrumentos que estudian al planeta rojo, los robots Spirit y Opportunity, ubicados en la superficie del astro, y tres sondas orbitales: Mars Odyssey y Mars Reconnaissance Orbiter de Estados Unidos, y el Mars Express de la ESA.

Además, la sonda Mars Express envió también 57 imágenes que develan que el polo norte marciano tiene una capa de hielo de mil kilómetros de diámetro y dos kilómetros de profundidad. El montículo se encuentra surcado por fosas espirales que son producto de la fusión estacional y la posterior acumulación del hielo mezclado con el polvo. El hielo se encuentra cubierto por una delgada capa de nieve carbónica de apenas unos centímetros. Durante el invierno el manto de hielo acumula entre 1,5 y dos metros de hielo seco, el cual puede alcanzar los 45 grados de latitud.

Se cree que las fosas espirales son resultado de los fuertes vientos predominantes en la región. Al pie de la espiral de hielo las imágenes muestran una fosa de 318 kilómetros de longitud y dos kilómetros de profundidad que se conoce como Chasma Boreale. Dicho cañón se profundiza en la medida que los depósitos de hielo se acumulan a su alrededor. El fondo de esta depresión se encuentra cubierto de oscuras dunas de arena cubiertas de una capa de escarcha.

Los datos de la sonda Mars Express también permiten inferir que el planeta rojo posiblemente tuvo dos océanos, uno data de hace cuatro mil millones de años y el otro de tres mil millones de años cuando el hielo se descongeló bajo su superficie luego de un gran impacto. Sin embargo, la existencia de agua allí fue breve y resulta improbable que haya albergado alguna forma de vida, indicaron investigadores del Instituto de Planetología y Astrofísica de Grenoble (IPAG) y de la Universidad de California, a cargo de la pesquisa.

Al respecto, expertos de la Universidad de Nuevo México, Estados Unidos, indicaron que en Marte existen grandes cantidades de agua subterránea, tanta como en la Tierra. El manto de Marte contendría entre 70 y 300 partes por millón de agua, un porcentaje muy similar al del manto terrestre. El hallazgo fue realizado mediante el análisis de dos meteoritos marcianos, el Shergotty, caído en la India en 1865, y el Queen Alexandria, encontrado en 1994 en la Antártida, destacó un artículo divulgado por la revista Geology.

Hallan rastros de agua en las lunas de Saturno

Expertos británicos descubrieron que de los anillos de Saturno caen grandes cantidades de agua en forma de lluvia, fenómeno que influye en la composición, estructura y temperatura de la atmósfera del planeta. “Saturno es el primer planeta en mostrar una interacción significativa entre la atmósfera y su sistema de anillos”, indicó James O’Donoghue, autor principal del estudio divulgado por la revista Nature.

El principal efecto de esta lluvia es que actúa para “apagar” la ionosfera del astro, reduciendo severamente las densidades de electrones en las regiones en las que cae, un efecto que permite explicar las densidades electrónicas inusualmente bajas observadas durante mucho tiempo en algunas latitudes del planeta, explicó O’Donoghue. Kevin Baines, coautor del artículo e investigador del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, detalló que las partículas de los anillos -situados a 200 mil kilómetros de distancia- son un importante motor del entorno y el clima de la ionosfera de Saturno.

La investigación, realizada por especialistas de la Universidad británica de Leicester, se apoyó en las observaciones realizadas con el telescopio Keck II, del Observatorio Keck, en Mauna Kea, Hawai. Ahora los científicos esperan por nuevos datos que deberán obtener de la sonda espacial Cassini de la NASA y la ESA, que tiene el objetivo de estudiar Saturno y sus satélites naturales. Fue lanzada en 1997, entró en la órbita del planeta en julio de 2004 y alcanzó a la luna Titán en enero de 2005.

Recientes datos obtenidos por la sonda Cassini evidencian que témpanos de hielo flotan sobre lagos de metano de la mayor de las lunas del planeta Saturno, Titán, la más parecida a la Tierra primitiva. Titán es el único de los satélites de Saturno que posee una atmósfera importante, compuesta en un 94% de nitrógeno, con rastros significativos de varios hidrocarburos, incluyendo metano, etano, diacetileno, metilacetileno, cianoacetileno, acetileno, propano, junto con anhídrido carbónico, monóxido de carbono, cianógeno, cianuro de hidrógeno y helio.

Según un estudio publicado en Nature Geoscience, la atmósfera de Titán es similar a la de la Tierra. Una densa atmósfera de nitrógeno, con lluvia, ríos, lagos y mares caracteriza el satélite natural del planeta más grande del Sistema Solar. Es un mundo mucho más frío que el nuestro y el metano líquido y el etano ocupan el lugar del agua, pero sus procesos hidrológicos son muy similares a los conocidos en nuestro planeta, destacan los autores, un equipo multinacional de investigadores de Francia y Brasil.

Bajo la densa atmósfera de metano e hidrocarburos que caracterizan a Titán existe una rígida corteza de hielo. Tras analizar datos enviados por Cassini, los científicos observaron que el metano y otros hidrocarburos presentes en la atmósfera caen en forma de lluvia para llenar grandes lagos, y se congelan hasta formar dunas crecientes. Además existen evidencias de un océano de agua líquida, separada de la superficie por una capa de hielo, señala el estudio divulgado por la revista Nature.

Hasta ahora se creía que el hielo en Titán era inexistente porque el metano sólido es más denso que el líquido y se hundiría. Sin embargo, el nuevo modelo tiene en cuenta la interacción entre los lagos y la atmósfera, lo que conduce a una mezcla de composiciones, bolsas de gas nitrógeno y cambios de temperatura. Esa es la razón por la que el hielo flota en los lagos de Titán cuando la temperatura se encuentra a menos 297 grados Fahrenheit.

Imágenes asombrosas del segundo mayor lago de Titán, capturadas por la sonda Cassini, muestran cómo diversos ríos de hidrocarburos desembocan en el Ligeia Mare -donde no hay agua, sino una masa de metano y etano líquido- con costas que se extienden por más de tres mil kilómetros. Este es uno de los lagos que se encuentran en el polo norte del mayor satélite de Saturno.

Los científicos se preguntan si en estos lagos de metano pueden habitar formas de vida. De acuerdo con Jonathan Lunine, científico de la misión Cassini en la Universidad de Cornell, Nueva York, la frontera entre lo líquido y lo sólido constituye un límite que posiblemente fue importante en el origen de la vida en la Tierra.

Estos hallazgos confundieron a los científicos. “Ya las cosas en Titán eran difíciles de explicar, pero esto lo vuelve aún peor y se acrecienta el misterio de un cuerpo ya de por sí extraño”, comentó Doug Hemingway, geofísico planetario de la Universidad de California, coautor del ensayo, quien añadió que los resultados objetidos hasta ahora les induce a revisar sus conocimientos de matemáticas.

Por otro lado, una fotografía tomada por la sonda Cassini a 832 mil kilómetros de distancia reveló que Encélado, una de las lunas de Saturno, expulsa un gigantesco chorro de vapor de agua, hielo y gases a través de su corteza a velocidades supersónicas debido al calor interno del satélite. Esos gigantescos géiseres solo son visibles cuando la nave espacial y el Sol están situados en lados opuestos de Encélado.

Los investigadores creen que este satélite alberga un gran mar subterráneo, ya que existen cerca de cien géiseres de diferentes tamaños cerca del polo sur de Encélado, que expulsan partículas de hielo y compuestos orgánicos al espacio. El último captado por la Cassini es casi del tamaño de la propia luna.

Según Carolyn Porco, responsable del equipo de imágenes de Cassini, las eyecciones de hielo y agua a través de fisuras de la luna Encélado contienen salinidad como la existente en océanos terrestres, y también material orgánico. “El tipo de ecología que Encélado podría albergar sería como aquellas presentes en la profundidad de nuestro propio planeta”, aseveró el investigador.

Además de obtener datos de las fisuras de Encélado, Cassini sobrevoló otras dos lunas de Saturno: Dione y Janus. En Dione se observaron características similares a las de las rayas de tigre como se nombran las grietas de Encélado y encontraron también un criovolcán que lanza amoniaco acuoso o metano en lugar de roca fundida.

Nuevas evidencias de agua en Europa, la luna de Júpiter

Nuevas evidencias de la existencia de océanos en Europa, una de las lunas del planeta Júpiter, fueron difundidas por la revista Nature. Investigadores de la Universidad de Texas hallaron indicios de la existencia de un mar en una región llamada Caos de Conomara y no descartaron la probabilidad de que existan otros en zonas poco profundas del satélite natural. Estudios previos sugerían la existencia de agua en Europa, teoría que respalda las imágenes capturadas por la nave espacial Galileo. La presencia de líquido en la luna de Júpiter podría indicar también la existencia de formas de vida microscópicas.

Desde hace tiempo, los astrónomos sospechan que Europa posee océanos subterráneos sobre los que flotan enormes bloques de hielo con varios kilómetros de espesor. Creían también que los océanos interiores se encontraban separados del exterior. Se pensaba además que probablemente esos trozos de hielo se desplazarían horizontalmente y chocarían unos con otros. Pero los científicos sostienen que los movimientos verticales son importantes porque proporcionarían un mecanismo para que los mares interiores se encuentren en contacto con zonas exteriores del satélite.

Según Mike Brown, del Instituto Tecnológico de California (Caltech) y del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, el mar bajo el suelo de la luna Europa puede abrirse camino hasta la superficie, ya que el agua no se encuentra aislada como se pensaba, pues existe un intercambio químico con la superficie, lo cual hace que el océano sea más rico. La retroalimentación entre el agua y el suelo es importante por las posibilidades de vida allí, precisó el autor principal del estudio difundido por la publicación Astronomical Journal.

Se cree que el líquido cubre casi toda la luna Europa con aproximadamente 100 kilómetros de espesor bajo la delgada capa de hielo. Durante mucho tiempo los científicos han debatido sobre la composición del satélite, pero ahora con la ayuda del telescopio Keck II en Mauna Kea, Hawai, y el espectrómetro Osiris, ha sido encontrada una característica espectroscópica que indica la existencia de epsomita, una sal de sulfato de magnesio. Esta pudo formarse por la oxidación de un mineral que probablemente se originó en el océano.

Por otro lado, científicos del laboratorio de Astrofísica de Burdeos, Francia, sugirieron que el 95% del agua de Júpiter proviene de un cometa que impactó en ese planeta hace casi 20 años. Según la revista Astronomy and Astrophysics, en julio de 1994 el cometa Shoemaker-Levy 9 (SL9) impactó en Júpiter y dejó gigantescas cicatrices oscuras visibles durante semanas en su atmósfera, pero su efecto químico ha durado más tiempo.

Los astrónomos observaron una emisión de vapor de agua durante las colisiones, pero a partir de ahí les era difícil evaluar cómo podría modificar la composición de la atmósfera a largo plazo. En 1997 el Observatorio Espacial Infrarrojo ESA detectó vapor de agua en la estratósfera del planeta y los especialistas sospecharon que podría ser una consecuencia del impacto del SL9, aunque había otras posibles fuentes.

Tras 20 años del choque, los científicos franceses resolvieron el enigma a través del Observatorio Espacial Herschel de la ESA. Gracias al Herschel hemos relacionado el impacto extraordinario de un cometa con el agua de Júpiter, resolviendo finalmente un misterio que ha persistido durante casi dos décadas, afirmó Göran Pilbratt, participante del proyecto científico. Las nuevas observaciones muestran una clara asimetría en la distribución del agua en Júpiter, hay entre dos y tres veces más en el sur que en el norte, y se concentra en altas latitudes, lo que coincide con el choque del Shoemaker.

Con reportes de las corresponsalías de Prensa Latina en Washington, Berlín, Londres y Tokio.