Naciones Unidas, Tel Aviv, Ramallah y El Cairo (PL).- Recibidas con escepticismo, las negociaciones de paz palestino-israelíes hicieron parpadear una luz de esperanza para las aspiraciones de los primeros a proclamar su Estado independiente tras siglos de dominación colonial y décadas de ocupación. Los un millón 700 mil residentes en la Franja de Gaza, territorio palestino ocupado por Israel, enfrentan una situación casi catastrófica por falta de energía eléctrica y otros servicios básicos, advirtió el relator especial de Naciones Unidas para los derechos humanos Richard Falk.

El Estado palestino independiente existe desde el 15 de noviembre de 1988, hace un cuarto de siglo, cuando fue proclamado en Argelia por el líder de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) Yasser Arafat, en el XIX Consejo Nacional Palestino (parlamento en el exilio), por 253 votos a favor, 43 en contra y 10 abstenciones. Para ese entonces los palestinos estaban condenados a la diáspora y las posibilidades de que Tel Aviv, en su posición de fuerza, aceptara siquiera la eventualidad de sentarse a la misma mesa con Arafat y sus representantes, a los que calificaba de terroristas forajidos, a pesar de la rama de olivo tendida por el líder palestino en la ONU 14 años antes.

Un lustro después de la proclamación en Argelia, la constancia de la resistencia y la naciente presión mundial ante una injusticia con ribetes de limpieza étnica, desembocaron en la firma de los Acuerdos de Oslo por los cuales la OLP eliminaba de su Carta constitutiva el objetivo de liquidar a Israel a cambio del inicio de negociaciones para la creación de su Estado independiente.

Todo ese laborioso proceso, que desató las pasiones en el interior de Israel, quedó interrumpido en 1995 por el pistoletazo de Yigal Amir, un estudiante de la universidad de Bar Ilán a quien se culpó de la muerte de Rabin, único político de nivel jamás muerto de manera violenta en ese país, donde los servicios de espionaje ejercen un control estricto sobre la vida y milagros de la ciudadanía.

A partir de ese momento, la escena política israelí da un giro que marca la caída, la fragmentación del Partido Laborista, relegado hoy a un cuarto plano, y el auge de la ultraderecha sionista, unidas en la negativa de alcanzar un entendimiento con los palestinos.

Sería desacertado considerar que los acontecimientos no han evolucionado y, si bien se mantienen intactas la fuerza militar y la influencia de Israel, desproporcionadas en relación con su tamaño, las autoridades sionistas se han visto compelidas a reconocer la beligerancia del Gobierno palestino. Prueba de ello son las presiones ejercidas en julio pasado por el secretario de Estado norteamericano John Kerry para el reinicio de las pláticas de paz, en un ejercicio que cada vez más demuestra indicios de concluir en el consabido callejón sin salida.

Con solo observar la composición del actual gabinete israelí, presidido por la coalición Likud y su reciente aliado, el partido Yisrael Beitenu, del canciller Avigdor Liebermann, con los partidos Yesh Atid y ha Bayit ha Yehudi como socios mayoritarios, resulta fácil concluir que las negociaciones, en las cuales Kerry invirtió decenas de contactos e idas y venidas, son un ejercicio en futilidad.

Es difícil suponerle al avezado ex senador y ex candidato presidencial fallido un grado de ingenuidad tal que le impida entender que sin expansión, Israel pierde su razón de ser en el contexto del Levante, lo cual niega la posibilidad de llegar a un acuerdo para liquidar el conflicto en la Palestina. Sin embargo, aunque sus gestiones resulten fallidas, lo dotarán de suficiente prestigio en asuntos internacionales para intentar otra aventura presidencial al término de la era Barack Obama en 2016, en una posible disputa con su antecesora en el cargo Hillary Clinton.

En ese contexto Netanyahu y su gabinete de extremistas no se han cruzado de brazos y de forma velada han movido los medios de que dispone, que son muchos, para obstruir las pláticas con los palestinos, congeladas desde el 6 de noviembre por los anuncios de nuevas construcciones de asentamientos en Cisjordania y Jerusalén.

Las conversaciones fueron recibidas con escepticismo por medios en la Cisjordania, experimentados en el trato con decenas de gabinetes israelíes y, sobre todo, con sus tropas de ocupación y los pobladores de los asentamientos en la Cisjordania, crema y nata del sionismo puro y duro, de cuyos desmanes cotidianos son víctimas.

Tal vez los más convencidos de que las pláticas no conducen a lugar alguno es la cúpula de la Autoridad Nacional Palestina, la parte en desventaja en esta nueva fase de la guerra asimétrica que Arafat iniciara contra todos los pronósticos en 1965.

La falta de resultados después de varias sesiones, las desmedidas exigencias israelíes, la negativa a interrumpir la expansión en la Cisjordania y, lo peor, el rechazo explícito a aceptar las fronteras existentes antes de la guerra de junio de 1967 son claros indicios de la ausencia de voluntad que condena las negociaciones a muerte antes del comienzo de la parte sustantiva.

En esas condiciones es evidente que, en las circunstancias actuales, y a 25 años de su proclamación, la suerte del Estado palestino independiente cuelga de una balanza cuyo fiel está trampeado.

Refuerzo del bloqueo israelí a Gaza, un posible bumerán

La prohibición del paso de materiales de construcción a la franja de Gaza, dictada por las autoridades israelíes, puede estar actuando como un bumerán, esa arma de los aborígenes australianos que, al lanzarla, regresa a manos del cazador. El refuerzo del bloqueo israelí, en vigor desde 2007, se suma al cierre por el Ejército egipcio de centenares de túneles ilegales que unen a la franja con la península de Sinaí, por los cuales transitaban mercancías y productos de primera necesidad.

Ambos hechos complican aún más la situación de los palestinos residentes en ese territorio, donde gobierna la organización islamista Hamas, cuyos lazos con el gabinete interino egipcio están en un punto bajo debido a sospechas de que son utilizados para la infiltración de milicianos islamistas que atacan puestos militares y policiales en la península de Sinaí.

La franja, uno de los territorios más superpoblados y pobres del mundo, fue objeto en noviembre del año pasado de una agresión militar israelí por aire, mar y tierra que causó la muerte de más de 180 personas, la mitad mujeres, niños y ancianos, y más de 1.200 heridos, en su inmensa mayoría palestinos. Un acuerdo de cuatro puntos, patrocinado por Estados Unidos y Egipto, con el segundo como garante, estableció el cese de los ataques de la maquinaria bélica de Tel Aviv, uno de los cuales decreta el levantamiento del bloqueo.

La situación se complicó aún más cuando las autoridades israelíes anunciaron a bombo y platillo haber descubierto lo que bautizaron como un “túnel del terror” de 450 metros entre la franja y su territorio, uno de cuyos objetivos era dinamitar los cimientos de una guardería infantil y atacar asentamientos próximos a la zona. Sin embargo, en evidente contradicción, el presidente del Consejo Municipal de la zona Haim Yelin negó que existieran tales propósitos, en particular colocar explosivos en los fundamentos de la instalación infantil.

Un portavoz del ala militar de la agrupación islamista palestina admitió la responsabilidad en la excavación del pasadizo subterráneo y precisó que el objetivo era secuestrar soldados israelíes para cambiarlos por los más de cinco mil de sus compatriotas presos en cárceles de Israel, algunos de ellos durante más de 30 años. Ese túnel fue cavado por las manos de los combatientes de las Brigadas Izzadine al Qassam que no descansarán en sus esfuerzos por golpear a la ocupación y secuestrar soldados, declaró a una emisora palestina el portavoz oficial Abu Obeida.

El grupo armado toma su nombre de un predicador musulmán de origen sirio asentado en la franja que alcanzó notoriedad en las décadas de los años 20 y 30 del pasado siglo por su combate contra la ocupación británica de la Palestina y en el enfrentamiento a las organizaciones terroristas sionistas.

“Secuestrar soldados es la única forma de triunfar contra la ocupación (…) trabajamos sobre la tierra y bajo la tierra para liberar a los prisioneros”, añadió el vocero, en una reiteración de la guerra abierta de la agrupación islamista con Israel, en sentido contrario a las conversaciones de paz iniciadas en julio pasado entre la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y el Gobierno de Tel Aviv.

Esos contactos, a los que Hamas se opone, transcurren en medio de la más absoluta discreción, uno de los requisitos impuestos por el secretario de Estado norteamericano John Kerry, quien se empeñó a fondo en conseguir el reinicio de las pláticas y advirtió que las posibilidades de una paz duradera se están extinguiendo.

Resulta obvio que la dirección de la ANP concurrió a la mesa de negociaciones con el fin de no aparecer como la parte reticente, ya que de no hacerlo sustentaría la tesis oficial israelí de que los palestinos no quieren la paz pues buscan la liquidación de Israel, un enunciado cada vez menos creíble. Israel tiene uno de los 10 ejércitos más poderosos del mundo actual y es, además, una potencia nuclear, sin contar el apoyo mediático y el de los grupos de presión sionistas, poseedores de grandes masas de dinero.

La aceleración de las construcciones de asentamientos en la Cisjordania y el este de Jerusalén, el reforzamiento del bloqueo genocida a Gaza y la creciente agresividad de los pobladores judíos en los territorios ocupados han permitido a la comunidad internacional hacerse un juicio claro sobre la esencia racista de Israel y un segmento importante de sus ciudadanos.

El hallazgo de restos de docenas de personas en una tumba colectiva en la ciudad israelí de Tel Aviv a fines de mayo de este año podría atestiguar las masacres de las milicias israelíes. Grupos armados formados por entidades sionistas tales como Irgun, Stern y Haganah fueron responsables de matanzas colectivas para obligar a cientos de miles de palestinos a abandonar sus hogares y zonas de residencias durante y después de la guerra de 1948, desatada por la proclamación del Estado de Israel.

Los restos fueron encontrados en seis cámaras durante trabajos de reparación y se determinó que se trata de civiles palestinos, muertos en circunstancias misteriosas y sepultados a toda prisa en lo que hoy es el distrito de Jaffa. En Gaza, un pescador de 80 años afirmó que en su juventud fue obligado por las milicias sionistas a llevar al lugar cadáveres de hombres y mujeres y arrojarlos en tumbas colectivas. El más notorio de los casos de esa limpieza étnica fue el de la aldea de Deir Yessin, cuyos habitantes, incluidos mujeres, niños y ancianos no beligerantes, fueron ametrallados a mansalva y las construcciones demolidas.

Tras la agresión militar israelí contra Gaza de noviembre pasado, el acercamiento entre Hamas y la ANP parecía un hecho con el reinicio de negociaciones bilaterales, seguidas de varios gestos de buena voluntad mutua, pero el diálogo, que transcurría en El Cairo, volvió a naufragar ante las divergencias sobre la fisionomía del gabinete de unidad y temas de sustancia, el principal entre ellos, las conversaciones con Israel.

Con un gabinete en el que integran partidarios de la anexión de la Cisjordania y la expulsión de los palestinos como Nafatli Bennet, Yair Lapid y el primer ministro Benyamin Netannyahu, y un proyecto de ley que exige un 80% de votos para aprobar un acuerdo de paz, el diálogo adquiere cada vez más contornos de un ejercicio en futilidad en el cual los participantes cumplen los rituales, pero sin convicción.

Un nuevo fracaso en las negociaciones puede ser el resorte que necesitan la ANP y Hamas para reconciliarse, lo cual sería una forma de robustecerse, para continuar el escabroso camino hacia la independencia con un frente más monolítico, justo lo que Tel Aviv teme que ocurra y trata de evitar por todos los medios.

Israel sigue construyendo en territorio palestino

El pasado 30 de agosto el ministro de Interior israelí Gideon Saar rechazó que en las negociaciones con los palestinos su país aceptará regresar a las fronteras de 1967, cuando la llamada Guerra de los Seis Días. Los citados límites comprenden territorios palestinos anteriores a la ocupación de la Franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén oriental.

Saar descartó regresar a los límites de 1967 en un acuerdo de paz porque “esas líneas no son fronteras defendibles” y puso en claro la abulia por lograr un convenio viable al respecto, informó el sitio digital israelí Ynet.

Los palestinos demandan que las líneas de armisticio vigentes antes de la Guerra de los Seis Días, de junio de 1967, sean la base de las fronteras de su futuro Estado, sobre las que se acordarían intercambios territoriales para decidir si grandes asentamientos en Jerusalén Este y Cisjordania quedarán o no bajo jurisdicción israelí. Según el ministro Saar, los negociadores de Tel Aviv “insistirán en quedarse con un Jerusalén unido y no dividido”, en rechazo al reclamo palestino de establecer en Jerusalén oriental la capital de su Estado.

Posteriormente, el 30 de octubre, Israel oficializó el anuncio de la construcción de 1.500 viviendas en Jerusalén oriental, zona que el Gobierno Palestino tiene reservada para la capital del estado independiente. Según Radio Militar, el primer ministro israelí Benyamin Netanyahu y su titular del Interior Gideon Saar llegaron a un acuerdo sobre el tema, objeto de un supuesto entendimiento con el Gobierno palestino y Estados Unidos.

La miembro de la OLP Hanan Ashrawi negó que exista un acuerdo según el cual la Autoridad Nacional Palestina autorizaría las construcciones a cambio de la liberación de 26 nacionalistas presos en cárceles israelíes. El desmentido fue repetido por el presidente palestino Mahmoud Abbas, quien declaró a la prensa que “hay algunos (…) según los cuales existe un acuerdo de liberar presos a cambio de la construcción de asentamientos y yo les digo ¡cállense!”.

El 25 de noviembre, Lior Amihai, de Shalom Ajshav (Paz Ahora, en hebreo), una agrupación pacifista israelí, reveló que el Gobierno de Israel autorizó la construcción de 829 viviendas en la Ribera Occidental del Jordán, en desafío a advertencias de medios palestinos contra la expansión en los territorios ocupados.

El anuncio preludia un recomienzo tormentoso de las negociaciones de paz palestino-israelíes, programado sin fecha, tras una interrupción de casi tres semanas por protestas de los primeros contra las expropiaciones de terrenos y la construcción de asentamientos sionistas en la Cisjordania, criticados por la comunidad internacional. De acuerdo con la legislación vigente, la anexión de territorios y el asentamiento de comunidades en estados bajo ocupación militar constituyen crímenes de guerra.

Los jefes de la delegación palestina Mohamed Shtayeh y Saeb Erekat a las conversaciones, iniciadas en julio pasado en Washington, renunciaron días atrás en protesta tras conocer que Israel planea construir hasta 20 mil viviendas en la Cisjordania y la ciudad de Jerusalén, que los árabes llaman Al Quds.

Crisis humanitaria en la Franja de Gaza

La salida de operaciones -por falta de combustible- de la única planta eléctrica de Gaza provoca 18 horas diarias de apagones, que acentúan la crisis humanitaria en la zona sometida a un férreo bloqueo israelí desde 2006. Más de tres semanas después de la parada de esa planta generadora, el servicio eléctrico ha sido limitado a seis horas al día, lo que golpea la ya precaria infraestructura de atención médica, suministro de agua y sanidad, advirtió el relator especial de la ONU para los derechos humanos Richard Falk.

Según Falk, particular adversidad enfrentan los pacientes vulnerables, que sufren por la interrupción de la asistencia especializada, como las diálisis, los salones de operaciones, los bancos de sangre, las incubadoras y las unidades de cuidados intensivos.

Por otra parte, durante las últimas dos semanas unos tres mil seres humanos, entre ellos niños, han tenido que convivir en el barrio de Az Zeitoun con calles inundadas de desperdicios, luego de la saturación de la principal procesadora de aguas negras de esa área, por los cortes eléctricos.

La llegada del invierno con seguridad complicará las penurias en la Franja, donde apenas se recibe la mitad del servicio eléctrico requerido, lamentó el experto independiente, encargado por el Consejo de Derechos Humanos de monitorear e informar sobre la situación humanitaria en los territorios palestinos que Israel ocupa desde 1967.

No podemos olvidar que la causa central de este escenario es el ilegal bloqueo israelí, afirmó Falk y recalcó que la comunidad internacional también tiene responsabilidad en la adopción de medidas que ayuden a las personas en Gaza.

Esta semana la Asamblea General de Naciones Unidas acogió un debate sobre la cuestión palestina, de cara a la celebración el próximo viernes del Día Internacional de Solidaridad con ese pueblo árabe. Entidades como el Movimiento de Países No Alineados, la Unión Africana y la Organización de Cooperación Islámica, y estados a título nacional, como Cuba, Nicaragua e India, demandaron el fin de la ocupación israelí y de sus acciones ilegales.

* Corresponsal Jefe de Prensa Latina en Egipto.