La Habana (PL).- El caso de Renisha McBride, la joven afroamericana de 19 años asesinada el 2 de noviembre de un balazo en pleno rostro en la ciudad estadounidense de Detroit, en Michigan, sale del ostracismo y acapara la atención en medios de prensa. Este caso recuerda lo sucedido con el joven Trayvon Martin, de 17 años y también afroamericano, asesinado en febrero de 2012 por el vigilante voluntario blanco George Zimmerman.

Los familiares de McBride piden justicia al insistir que este hecho es uno de los muchos incidentes de discriminación racial que se viven cada día en Estados Unidos. Ellos se niegan a creer que el atacante de su hija aquella madrugada ejerciese el derecho a la legítima defensa, pues Renisha ni iba armada ni era un peligro.

Walter Ray Simmons y Monica McBride hicieron declaraciones públicas el viernes 15 de noviembre luego que Theodore Wafer, de 54 años y originario de Dearborn Heights, fuera acusado de homicidio en segundo grado y homicidio imprudencial, así como de otros cargos por posesión de un arma de fuego.

“No me puedo imaginar qué tipo de temor le causó ella a ese hombre. Quisiera saber por qué”, se lamenta Monica McBride, mientras el padre de Renisha advirtió que no puede recibir “una simple disculpa porque mi hija ya no respira”. “Creo que este hombre le quitó la vida a mi hija sin razón alguna. Solamente queremos que se haga justicia”, enfatizó.

Sin embargo, Wafer no está bajo custodia y consiguió un acuerdo legal tras la presentación en la corte, en tanto espera una audiencia de causa razonable programada para el 18 de diciembre. La muchacha cayó abatida el día fatal a la entrada de la vivienda de Dearborn, localidad ubicada en las afueras de Detroit.

Según reportes periodísticos, McBride tuvo la mala suerte de que su automóvil sufriera una avería y su teléfono celular se quedara sin baterías, por lo cual decidió pedir auxilio en el vecindario donde sufrió el percance. Sin mediar palabras, el homicida, cuya identidad demoró en ser revelada por la Policía, le disparó su arma accidentalmente porque cuando acudió a la puerta creyó que alguien estaba intentado entrar a robar en su casa, dijo de manera tranquila al prestar declaración.

La procuradora del condado de Wayne, Kym Worthy, afirmó que la evidencia mostró que McBride tocó a la puerta corrediza de la vivienda de Wafer y que no había señales de allanamiento forzoso. El informe de toxicología señaló que McBride tenía un nivel alcohólico el doble de lo permitido legalmente para conducir, pero los abogados defensores de la familia afirman que esos resultados son irrelevantes.

Bernita Spinks, tía de la víctima, denunció que se trata claramente de un caso de discriminación racial. “El hombre le disparó en la cabeza”, explicó a medios locales. “¿Por qué? ¿Solo por llamar a su puerta? Si tenía miedo lo normal es que hubiera llamado a la policía, no que la matara sin más. (Ella) Fue a buscar ayuda y ahora está muerta”, subrayó.

La huella de Trayvon Martin

La muerte de Renisha McBride recuerda lo sucedido con el joven Trayvon Martin, de 17 años y también afroamericano, asesinado en febrero de 2012 por el vigilante voluntario blanco George Zimmerman cuando aquel circulaba desarmado por un barrio residencial de Sanford, estado de Florida. Zimmerman fue arrestado 44 días después del homicidio de Martin y peor aún, resultó absuelto en julio de este año, lo que provocó una ola de indignación dentro del territorio estadounidense.

Al igual que el atacante de McBride, el victimario de Martin dudó de sus intenciones solo por su apariencia física y el color de la piel. Dearborn tiene una población compuesta por un 86 por ciento de blancos y un ocho por ciento de negros, de acuerdo con el censo de 2010. La sección de Detroit de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP, por su sigla en inglés) pidió a través de un comunicado que este suceso se investigue a todos los niveles.

Michigan es uno de los 30 estados de la Unión Americana donde rige la ley Stand Your Ground (algo así como Defiende tu territorio), que permite el uso justificable de la fuerza si se presiente una amenaza. La medida ha generado mucha polémica y varios grupos de activistas de los derechos civiles y legisladores piden que sea modificada.

Precisamente, esta ley acaparó la atención nacional tras la muerte de Martin. Fue la razón que esgrimió Zimmerman y que ha sido utilizada ahora por Wafer. También vuelve a la palestra el estancado tema en el Congreso de promulgar una legislación a favor del control de las armas de fuego, en un país donde circulan más de 310 millones de estos artefactos en manos privadas.

Ese 2 de noviembre la Policía recibió una llamada del 911 de parte de Wafer cerca de las 4:42 a.m.: “Acabo de dispararle a alguien frente a mi porche con una escopeta, estaba tocando a la puerta”, dijo a la operadora. “La vida de un negro no vale nada en América, no se respeta, no se tiene en cuenta”, declaró el activista Yusef Shaker. Para él, Renisha McBride era nada más “una joven que lo único que hizo fue intentar buscar ayuda…” y sentenció: “Estamos de nuevo ante un caso Trayvon Martin. Una y otra vez”.

Herman Wallace, justicia retardada en Estados Unidos

En la actualidad existen más negros insertos en el sistema penal norteamericano que en cualquier momento durante la esclavitud, antes de la guerra de Secesión (1861-1865). Los afroamericanos representan un 40% de la población reclusa y van a la cárcel con una frecuencia siete veces mayor que los blancos, a pesar de constituir solo el 12% de la población nacional.

Tras la muerte el pasado 4 de octubre del afronorteamericano Herman Wallace, confinado durante 41 años en una cárcel de Louisiana, se inscribió otro oscuro capítulo de arbitrariedad en la historia judicial de Estados Unidos. Wallace estuvo solo tres días en libertad, luego que un juez federal decidiera su excarcelación por motivos constitucionales el 1 de octubre, ya que el ex miembro del partido Panteras Negras y uno de los integrantes del llamado grupo los Tres de Angola (nombre de la cárcel), padecía un cáncer terminal.

Sin embargo, este hombre había dedicado las últimas cuatro décadas de su vida a luchar contra todo lo que es injusto en el sistema de justicia penal de su país y tratando de demostrar su inocencia. Personas familiarizadas con este caso advirtieron que ciertamente Wallace falleció sabiéndose libre, pero esto no mitiga las injustificadas décadas sufridas en cruel confinamiento en solitario, 23 horas al día, sin acceso a ningún programa de rehabilitación o reinserción y saliendo solo siete horas a la semana de su celda.

Natural de Nueva Orleans, más allá de las razones por las cuales fue arrestado, en 1974 lo condenaron debido al asesinato de un guardia de prisión por un jurado compuesto totalmente por hombres blancos. Nunca existió una prueba de ADN que lo relacionara con el crimen, ni tampoco el cuchillo ni las huellas de sangre encontradas en el lugar de los hechos.

Más tarde se supo también que el testimonio del testigo clave había sido comprado por el estado a cambio de favores, incluido un indulto. Estas circunstancias indujeron a que un comisario judicial estatal recomendara en 2006 la revocación de su condena, pero el Tribunal Supremo de Louisiana rechazó la apelación.

En 2009, Wallace pidió la revisión de su caso por los tribunales federales. Por años diversas organizaciones de derechos humanos pidieron la excarcelación de los Tres de Angola (Wallace y Albert Woodfox, pues Robert King Wilkerson obtuvo su libertad después de 29 años en similares condiciones).

Los tres hicieron campaña para mejorar las condiciones de trabajo y a favor de la solidaridad racial entre los presos, así como para poner fin a las violaciones y la esclavitud sexual, de acuerdo con un reporte publicado en 2012 por el sitio electrónico Democracy Now.

Wallace y Woodfox permanecieron en régimen de aislamiento desde el 17 de abril de 1972. King, quien salió en libertad en 2001 cuando su condena fue anulada y él se declaró culpable de un delito menor, denunció que este caso constituye una total violación de los derechos humanos y civiles.

El propio King declaró en el funeral de su compañero: “Con frecuencia se afirma que yo fui el único miembro liberado de los Tres de Angola, y es verdad. Pero si alguien dijera que Herman fue el segundo miembro liberado de los Tres de Angola, estaría de acuerdo”. Afirmó que si bien vivió muy poco después, “Herman murió sin antecedentes penales. Sí, murió con una trayectoria limpia”.

Los continuos mensajes de Wallace advertían que estaba luchando porque la gente comprendiera que tanto él como sus compañeros son “total y completamente inocentes”. Artículos publicados en Internet advierten que aún no hay evidencia física que vincule a Wallace y Woodfox al crimen del guardia.

Discriminación racial, mala conducta de la fiscalía y defensa inadecuada son elementos ensombrecedores de esta causa para que recibiera, como apuntan expertos, una “sentencia defectuosa”. Un grupo de legisladores liderados por el congresista John Conyers incluyó un homenaje a Wallace en las actas del Capitolio.

Gracias “al trabajo del Sr. Wallace, aquellos de nosotros que en el Congreso hemos reclamado su liberación dedicaremos nuestros futuros esfuerzos a garantizar que nadie en Estados Unidos sea sometido al tratamiento injusto e inhumano que él tuvo que soportar”, señalaron los parlamentarios.

Como bien circuló en un obituario difundido en páginas digitales después del deceso: este es un trágico ejemplo de que la justicia retardada es justicia denegada. Numerosos defensores de los derechos humanos coinciden en que nada puede deshacer el sorprendente trato de las autoridades de Estados Unidos a este hombre, quien de los 72 años que iba a cumplir, pasó 41 aislado del mundo en una celda.

* Periodista de la redacción Norteamérica de Prensa Latina.