En un contexto de grandes escándalos de corrupción que involucran a los ex presidentes Toledo y García, el descubrimiento de seguridad policial de Estado al operador montesinista López Meneses (con penas por tráfico de armas, interceptación telefónica, etc.), está generando una crisis política y moral profunda en el gobierno de Ollanta, que, en perspectiva, podrían tener tres salidas: O se impone una salida pactista entre gobierno y oposición o se apela a una solución golpista por derecha o las masas intervienen poniendo su sello.

Y no es para menos. La “baja” de varios generales de la policía, la renuncia del Ministro del Interior Pedraza, y la reciente renuncia del brazo derecho y asesor presidencial en temas de seguridad nacional, Adrián Villafuerte, no parece ser suficiente para superar la crisis ya que el candidato que prometió una lucha implacable contra la mafia fujimontesinista ahora se ve envuelto en una trama de espionaje y corrupción con los mismos que el declaró sus enemigos en campaña.

Y es que López Meneses no era cualquier operador. Era el hombre de confianza de Vladimiro Montesinos en el tema de espionaje y el tráfico de armas así como el negociador político para lograr que varios congresistas opositores se pasaran al oficialismo durante la dictadura.

No obstante, la pregunta que se hacen todos es ¿Cómo fue posible esto después de 13 años de democracia? Lo que habría que señalar es que esto se debe al carácter en descomposición del régimen político militar que nunca fue desarticulado del todo. Cayeron Fujimori, Montesinos, generales de alto mando como Malca, Villanueva, Saucedo, etc. Pero los demás altos mandos, intermedios y bajos, se mantuvieron (como también se mantienen en el poder judicial, por eso que López Meneses tuvo una pena benigna y cuadros montesinistas como Víctor Joy Way o ex Gral. Chacón salieron libres). Y solo era cuestión de tiempo para su reestructuración. Es un secreto a voces que en el Congreso el montesinismo está operando.

¿Ollanta sabía de esto? Pues las declaraciones de deslinde tildando a Meneses de “basura” nos sonaron a las declaraciones de actor de García tildando de “rata” a Rómulo León en el caso petroaudios. Es más, está comprobado ahora que fue el ex asesor Villafuerte el que recomendó al Cnel. Oscar Zapata Corrales (primo de Meneses) para que trabaje en el Comando Conjunto de las FF.AA. Y es que el propio Villafuerte fue hombre de confianza del montesinista y hoy preso Gral. Saucedo Sánchez. Entonces, todo queda en familia. Lo más probable es que Ollanta haya seguido su política pragmática de tener cerca al enemigo y utilizarlo en contra de sus enemigos políticos. Y no sería una casualidad. Ya antes tuvo a un premier neofascista como Oscar Valdés (quien también hizo dinero con la dictadura).

Y ¿Qué fue del programa de campaña “afirmar la nación y transformar el Estado”? Pues eso, una promesa de campaña como muchas que hizo Ollanta.

Pero al parecer el asunto no acaba con la renuncia de Villafuerte (una medida muy precipitada que demuestra debilidad y falta de estructura pensante en Palacio), porque ya Lourdes Flores está pidiendo saber las condiciones de prisión de Montesinos y además en las próximas horas la prensa va informar sobre quienes fueron los que visitaron a Meneses en la cárcel. Entre quienes están voceados algunos militares de la promoción de Ollanta y que hoy ocupan cargos importantes en la DINI y el aparato militar con quienes el presidente pensaba estructurar un comando militar para una probable salida bonapartista en el Perú.

El problema que tiene Ollanta es que cualquier salida política le va generar más crisis. Si afirma la confrontación con el APRA y FP hay crisis y si no lo hace también porque va perder más popularidad. Y si quiere dar un golpe de Estado puede ser el látigo que agite la revolución peruana.

Este es el gran teatro de Ollanta.