El 22 de noviembre se cumple el 50 aniversario del asesinato del presidente John F. Kennedy, un crimen del cual nuestra nación nunca se ha recuperado. Los investigadores normalmente consideran quién se beneficia de un crimen y qué cambia como resultado del mismo. En este caso, primero debemos entender quién fue Kennedy y por qué causa luchó; qué éramos como nación, y hacia dónde nos dirigíamos cuando le dispararon. El conocimiento de esto dejará en claro quién lo mató y por qué. Esto nos ayudará a guiarnos en lo que hoy debemos cambiar para lograr nuestra sobrevivencia.

El nacionalismo de Kennedy

Cuando Kennedy regresó de su célebre servicio en la Armada durante la Segunda Guerra Mundial y se enfrascó en la política, se encaminó a poner al mundo de regreso en el camino de su finado comandante en jefe, Franklin Roosevelt, y sepultar al imperialismo.

En su primer discurso político, en la sede de la Legión Americana en Boston, el 18 de noviembre de 1945, como anticipación de su campaña por una curul en el Congreso, explicó la reciente derrota electoral de Winston Churchill contrastando la perspectiva del partido de Churchill con la de Franklin Roosevelt.

El Partido Conservador de Churchill había gobernado Inglaterra, dijo, “durante los años de la depresión, cuando la miseria se cernía sobre las regiones interiores y los campos de carbón de Gales, y miles de miles vivían con la escasa nimiedad de la compensación por desempleo. Donde Roosevelt se ganó su reputación política por las medidas que tomó para superar la depresión, el Partido Conservador perdió la suya”.

Y los votantes ingleses habían quedado impactados por ese contraste cuando los soldados de los Estados Unidos de Roosevelt estuvieron estacionados allí durante la guerra: “Inglaterra tradicionalmente ha sido un país con tremendos contrastes entre los muy ricos y los muy pobres. El archi tory Benjamín Disraeli… declaró una vez que Inglaterra estaba dividida en dos naciones, los ricos y los pobres… con la llegada de las tropas estadounidenses, con sus altos salarios, sus cuentos sobre los carros, los refrigeradores y radios para todos, se había fortalecido en Gran Bretaña un nuevo espíritu, una nueva inquietud, y un nuevo deseo por mejores medios de vida”.

Pero Kennedy advirtió que aun si el Partido Laborista estuviese en el poder, “Gran Bretaña defiende hoy lo que siempre ha defendido: el imperio”. En ese discurso, Kennedy también habló del heroico Michael Collins, el líder de la rebelión armada irlandesa de 1922 contra Gran Bretaña: “La grandeza de este hombre joven, que fue asesinado a sus escasos treinta y un años, se mantiene hoy en Irlanda, como cuando murió”.

Desde la perspectiva de los líderes irlandeses posteriores a la Segunda Guerra Mundial, “todo lo que Irlanda ha conseguido alguna vez de Inglaterra ha sido solo al final de una larga y amarga lucha… Todos han estado en las prisiones inglesas o irlandesas y muchos de ellos tienen heridas que todavía duelen cuando las frías lluvias vienen del oeste”. Kennedy mencionó “el problema fundamental que está detrás de toda la política irlandesa es el de terminar la división, que separa a los veintiséis condados del Sur, que forman Eire [Irlanda], y los seis condados del Norte, conocidos como Ulster, que están atados directamente a Gran Bretaña. Todos los irlandeses están de acuerdo… en que esta división debe terminar”.

La propia familia de John Kennedy se había formado durante muchas generaciones en el encarnizado conflicto de Irlanda con los británicos.

Descendientes del Gran Rey de Irlanda del siglo 11, Brian Boru, los Kennedy habían sido despojados de sus tierras y convertidos en aparceros. Varios miembros de la familia fueron víctimas en el levantamiento irlandés de 1798. El condado de Wexford, el hogar ancestral de los Kennedy, fue el centro de esa insurrección, y durante un breve tiempo se mantuvo como la República de Wexford.

La “Gran Hambruna” de 1847-48 fue conocida por los irlandeses como genocidio deliberado, dirigido por el primer ministro británico John Russell, quien estacionó a la mitad del ejército británico en Irlanda para supervisar la masiva exportación de alimentos y para mantener quieta a la población cautiva. El hambre, las enfermedades, la emigración en barcos como para esclavos, redujo la población de 9 millones a 2.5 millones. La devastación forzó al bisabuelo de JFK, Patrick Kennedy, a emigrar, y lo llevó a su muerte en Boston, de enfermedad producto de las estrecheces económicas.

El asesinato en masa de los británicos quedó ardiendo en la mente de la familia Kennedy y de todos los irlandeses. Los primos de Kennedy, que habían luchado con el Ejército Republicano Irlandés, estuvieron entre quienes se reunieron con él durante su visita de 1963 a Irlanda, como Presidente de Estados Unidos.

JFK recibió su nombre en honor a su abuelo materno, el venerado alcalde de Boston y congresista John F. Fitzgerald. “El buen Fitz” apoyó enérgicamente la lucha de Irlanda y publicó un semanario llamado The Republic. El abuelo paterno de John, P. J. Kennedy, nació en Boston y llegó a ser el jefe político de un distrito electoral de irlandeses americanos.

John abrazó esta herencia irlandesa. Pero su padre, Joseph P. Kennedy, se asoció con los financieros británicos y de Wall Street, se abrió paso a empujones para obtener una inmensa riqueza y finalmente, se puso del lado de los más altos niveles de la oligarquía imperial británica. La carrera política de John se basaría en una visión apasionada opuesta a las ideas reaccionarias por las cuales su padre devino infame. Sin embargo, en esa familia unida, Joe Kennedy más tarde apoyaría con su dinero y conexiones todos los esfuerzos electorales de su hijo.

Papá Joe apoyó a Franklin Roosevelt durante su campaña presidencial y el 7 de enero de 1938 FDR lo nombró embajador en Gran Bretaña. Tres días después, Roosevelt inició una correspondencia secreta con los británicos, advirtiéndoles que se arriesgaban a que en Estados Unidos surgiera “un sentimiento de aversión” por el “corrupto regateo” que estaban haciendo al apoyar a los regímenes fascistas de Mussolini y Hitler. El primer ministro Neville Chamberlain calificó de “absurdas” las propuestas de FDR. Joe Kennedy fue confirmado en el Senado en medio de esta fría correspondencia, que ahora está disponible en los archivos británicos. [1]

Un año más tarde, después de la invasión de Checoslovaquia por los nazis, el Presidente envió un ultimátum al gobierno británico, amenazando que Estados Unidos podría cortar la ayuda a Gran Bretaña si el imperio seguía auspiciando que Hitler se tomase Europa. [2]

Pero el embajador Kennedy se adhirió con toda devoción al híper aristocrático ministro del Exterior lord Halifax, a la familia real y a todo el grupo de estrategas fascistas de Gran Bretaña. Se mudó con John y sus otros ocho hijos al castillo neogótico inglés Wall Hall, propiedad del banquero de Wall Street a favor de los fascistas, J. P. Morgan, Jr. Los sirvientes de Morgan cuidaron de la familia Kennedy.

Indignado, Roosevelt le dijo en 1939 a su asistente James Farley: “Joe ha sido tomado por la gente del gobierno británico y la familia real. Él es más británico de lo que fue Walter Hines Page [el embajador estadounidense en Gran Bretaña durante la Primera Guerra Mundial]. El problema con los británicos es que durante varios cientos de años han estado controlados por la clase alta. Las clases altas controlan toda la industria y el comercio; por lo tanto, la política del gobierno británico se relaciona completamente con la protección de esta clase”. [3]

El imperio y la guerra fría

Después de la muerte de Franklin Roosevelt, Winston Churchill y sus seguidores estadounidenses –notablemente la camarilla bipartidista de los demócratas Dean Acheson y Averell Harriman, y los republicanos hermanos John Foster Dulles y Allen Dulles– manejaron el aparato del gobierno de Truman para torcer la política estadounidense y alejarla de la política de paz nacionalista y antiimperial de Roosevelt. Mientras tanto, los agentes dobles británicos, dirigidos por Kim Philby, alimentaron la paranoia rusa con cuentos de miedo contra los estadounidenses.

La política de la Guerra Fría de Churchill confrontó a un temeroso Estados Unidos con las maniobras agresivas de la Rusia soviética en su periferia. De esta manera, la simpatía de Estados Unidos desde 1776 hacia los derechos soberanos de las colonias sometidas se vio rebasada por la necesidad artificiosa de aliarse con Londres y los demás imperialistas financieros europeos en nombre de la lucha contra el comunismo.

En tanto que veía realistamente al comunismo soviético como una distorsión de la historia y de la naturaleza humana, John Kennedy comprendió el trágico error de su padre y sabía que el imperio británico y Wall Street continuaban con la política fascista contra la que había luchado Roosevelt. Él atacó tanto a los demócratas de Truman como a los republicanos de Dulles por bloquear el apoyo de Estados Unidos a las aspiraciones de los pobres del mundo. Esta traición a Roosevelt llevaba a las naciones vulnerables a las manos de los comunistas, que se hacían pasar por antiimperialistas y amenazaban con una guerra de aniquilación nuclear.

Kennedy recorrió Asia y el Medio Oriente en 1951 como congresista y posible senador, acompañado por su hermano menor Robert. En su informe radial a la nación, sobre lo sucedido, podemos ver el fuego intelectual y su firme comprensión de la historia que mostraría una década después en la Presidencia:

El mundo colonial de la posguerra “es un zona de miseria y de enfermedad y dolor desenfrenados… donde está arraigada desde vieja data la injusticia y la desigualdad… y arden los fuegos del nacionalismo… Por 100 años y más, ha sido la fuente del imperio para Europa Occidental, para Inglaterra, Francia y Holanda…

“Un Comando del Medio Oriente que opere sin la cooperación y el soporte de las naciones del Medio Oriente… intensificaría toda fuerza antioccidental ahora activa en esa zona, [y] desde un punto de vista militar estaría condenado al fracaso. Las mismas arenas del desierto se levantarían para oponerse a la imposición de un control externo sobre los destinos de estos pueblos orgullosos…

“El verdadero enemigo del mundo árabe es la miseria y la necesidad…

“Nuestra intervención a favor de las inversiones petroleras de Inglaterra en Irán, dirigidas más a la preservación de los intereses externos a Irán, que al propio desarrollo de Irán… Nuestro fracaso para afrontar eficazmente, después de tres años, la terrible tragedia humana de los más de 700 mil refugiados árabes [palestinos], todo esto forma parte de las cosas en las que hemos fallado en coincidir con los deseos árabes y vuelven vacías las promesas de la Voz de América…

“En Indochina [Vietnam] nos hemos aliado a los desesperados esfuerzos de un régimen francés para conservar los remanentes del imperio… Tiene sentido frenar los impulsos del comunismo en el sur, pero no solo mediante la dependencia en la fuerza de las armas…

[Uno] encuentra a muchos de nuestros representantes haciendo una adulación servil a los objetivos menores de otras naciones occidentales… con mucha frecuencia alineándose demasiado claramente con los ricos y considerando las acciones de los pobres no meramente como un esfuerzo para remediar la injusticia, sino como algo siniestro y subversivo.

“El Oriente de nuestros días ya no es el Oriente de Palmerston y Disraeli y Cromer… Queremos… aliados en ideas, en recursos, inclusive en armas, pero si tuviéramos aliados, antes que nada debemos juntarnos con nuestros propios amigos”.[3]

El libro Perfiles de coraje, del senador Kennedy, fue su declaración de independencia del eje de poder Londres-Wall Street y su desafío a la peligrosamente engañada opinión pública. El libro de 1955 está construido alrededor de su primer capítulo sobre John Quincy Adams, el cual empieza así: “El joven senador de Massachusetts agitaba sin descanso…”

Él pinta a Adams bajo el ataque de los anglófilos pudientes y de la opinión pública de Boston. El católico Kennedy celebra a Adams el puritano, que “creía que el hombre fue hecho a imagen de Dios”, tuvo “noble coraje” y “nunca… se amilanó ante el antagonista humano… el exilio, la tortura o la muerte…

“Un americano nacionalista… no podía ceder su devoción al interés nacional por la perspectiva parcial estrecha, parroquial y a favor de los británicos que dominaba al primer partido político de Nueva Inglaterra… Él rechazó el deber de los representantes electos “a ser paralizados por la voluntad de sus electores… El magistrado no es servidor de sus propios deseos, ni siquiera del pueblo, sino de su Dios”.

En un discurso que dio el Día de San Patricio, en 1956 en Chicago, Kennedy gentilmente les pidió a los irlandeses americanos ayudarlo a revertir la traición de la herencia de los revolucionarios americanos; y a ensanchar el resentimiento nacional irlandés por las injusticias a favor de la tarea universal de acabar con el sistema imperial.

En el discurso más famoso de Kennedy antes de ser Presidente, titulado “El imperialismo, el enemigo de la libertad”, el 2 de julio de 1957 en el Senado, exigió que Estados Unidos se aliara con los rebeldes árabes argelinos contra el imperialismo francés. Atacó la política de Dulles y equiparó la situación norafricana con la situación de Vietnam, en la cual habíamos “derramado dinero y materiales… en un intento sin esperanza por salvarle a los franceses una tierra que no quería ser salvada, en una guerra en la que el enemigo estaba a la vez en todos lados y en ninguno al mismo tiempo… Nosotros aceptamos por años las predicciones de que la victoria estaba justo a la vuelta de la esquina”.

El senador Kennedy elaboró ese discurso en colaboración estrecha con el liderazgo de los rebeldes argelinos. Eso emocionó al mundo árabe e infundió ánimo a todos los que tenían esperanzas en un retorno estadounidense de la perspectiva que se vio por última vez con Franklin Roosevelt. Esto puso a Kennedy en una relación decisiva con el industrial italiano Enrico Mattei, un estratega antiimperialista del petróleo y la energía nuclear, que estaba ayudando a financiar la rebelión argelina.

Ese discurso fue atacado por la élite anglófila de su propio Partido Demócrata.

Kennedy atacó la política imperialista francesa, pero esta política comenzó a cambiar. Después de que Charles de Gaulle llegó a ser Presidente de Francia en 1959, él reconoció la futilidad de las guerras coloniales de ultramar y trabajó para garantizar la independencia de Argelia. De Gaulle empezó a retirar a Francia de su alianza imperial con los británicos.

Kennedy ahora se enfocó crecientemente en la totalidad de África: en la lucha de los africanos negros por su independencia para escapar de centurias de atraso y miseria forzados por los europeos. Él buscó y ganó la presidencia de la Subcomisión para África de la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado.

A la presidencia

En su rol de líder político estadounidense antiimperialista único, el mundo exterior lo conocía mejor que la mayoría de los estadounidenses cuando empezó su carrera para la Presidencia.

Durante aquella campaña de 1959-60 se reunió con el Presidente nacionalista de Guinea, Sékou Touré, y llegó a ser su confidente cercano. Más importante, Kennedy abrió canales de comunicación con el Presidente de Ghana, Kwame Nkrumah, el padre del nacionalismo africano. El candidato JFK se reunió con el ministro de Economía de Ghana y con el representante de Ghana ante las Naciones Unidas.

En 1957 Nkrumah había dirigido en Ghana la primera rebelión anticolonial africana negra exitosa, contra el dominio británico; en 1958, Touré le siguió los pasos al independizar a Guinea de Francia. Kennedy atacó la política de Estados Unidos posterior a Roosevelt de demonizar a Nkrumah y Touré como neutrales en la Guerra Fría, empujándolos así hacia el bloque soviético.

África estaba políticamente en llamas: durante la campaña presidencial de Estados Unidos en 1960, trece países africanos negros conquistaron su independencia de Francia; Gran Bretaña reconoció la independencia de Nigeria y Somalia.

Bélgica le dio a la República del Congo una independencia nominal, pero los financieros y la inteligencia británica organizaron un intento de secesión armada en la provincia congolesa de Katanga, donde se ubicaba la inmensa mina de uranio y cobre de la compañía belga-británica Union Minière, valiéndose de mercenarios blancos procedentes de su vecina Rodesia del Norte.

Nkrumah compartió con Kennedy dos preocupaciones urgentes: las intrigas imperiales contra el nuevo Primer Ministro del Congo, Patricio Lumumba, seguidor político de Nkrumah; y su plan de construir una gran presa para industrializar Ghana y electrificar todo el oeste de África.

El candidato presidencial Kennedy usó África para desafiar el orden mundial “angloamericano”, que se había establecido sobre el cadáver del Presidente Roosevelt.

Kennedy les dijo a los estudiantes de Stanford en 1960: “Llámenlo nacionalismo, llámenlo anticolonialismo…, África está atravesando por una revolución… Los africanos quieren un nivel de vida más alto. El 75% de la población vive hoy de la agricultura de subsistencia. Ellos quieren una oportunidad para manejar y beneficiarse directamente de sus recursos de su tierra y del subsuelo… Los pueblos africanos creen que la ciencia, la tecnología y la educación disponibles en el mundo moderno pueden ayudarlos a vencer en su lucha por la existencia… que su pobreza, miseria, ignorancia y enfermedades se pueden superar… El equilibrio del poder está cambiando… a las manos de los dos tercios de la gente del mundo que quieren compartir lo que el tercio da por un hecho…”

La plataforma electoral de Kennedy hacía un llamado a un marcado incremento en el poderío industrial, científico y militar de Estados Unidos, a una paz negociada con la Unión Soviética y a elevar a la humanidad para salir de la pobreza y la guerra.

Cuando Kennedy ganó la campaña de 1960, como Presidente electo envió representantes a África para anunciar el retorno de Estados Unidos a la soberanía nacional, para nosotros y para los demás. El equipo de Kennedy reportaba que las multitudes de africanos en todo lugar coreaban “¡Kennedy!, ¡Kennedy!, ¡Kennedy!”.

Durante la campaña presidencial y en los primeros días de su gobierno, los enemigos de Kennedy maniobraron para arrinconarlo y destruirlo.

· Mucho antes de la toma de posesión, el director de la CIA Allen Dulles tramó una demente invasión militar a Cuba por una fuerza de 1,400 exilados del régimen comunista de Fidel Castro. Este plan se lo aventaron al nuevo Presidente como chantaje: se le dijo a Kennedy que si no aprobaba la invasión, las fuerzas exiliadas se desbandarían en Estados Unidos y decepcionadas y enfurecidas se desplegarían políticamente contra él. Dulles aceptó la condición de Kennedy de que las fuerzas armadas de EU no participarían, pero le mintió a los exiliados que su desembarco tendría respaldo militar.

· Con la connivencia de Dulles y el puesto del Servicio Secreto británico en Daphne Park, en el Congo, el primer ministro Lumumba fue asesinado de manera encubierta. El crimen se ejecutó solo tres días antes de la toma de posesión de Kennedy el 20 de enero de 1961, a sabiendas de que Kennedy, como Presidente, no lo permitiría.

· Contrariamente a la bien conocida política de JFK hacia la independencia de Argelia, la CIA dirigida por Dulles colaboró con los fascistas franceses que se resistían a la paz de De Gaulle con los rebeldes árabes.

· Antes y después de las elecciones, los retiros y especulación con el oro dirigido por Londres amenazando al dólar pusieron presión a los planes de Kennedy para el desarrollo económico nacional soberano y lo forzaron en la elección de su gabinete: esta fue la “influencia decisiva para la elección del [banquero internacional C. Douglas Dillon] como secretario del Tesoro… (Kennedy) tenía también alguna evidencia para respaldar sus sospechas de que los sombríos rumores que desencadenaron los retiros de oro de 1960 los habían propagado deliberadamente los banqueros estadounidenses para avergonzarlo políticamente”. [5]

Una vez en el cargo, Dillon informó a Kennedy que se deberían reducir los programas de su presupuesto para apaciguar las dudas de los banqueros extranjeros con relación al dólar.

Cuando Kennedy y el mundo supieron del asesinato de Lumumba a mediados de febrero, se culpó del mismo a Estados Unidos y a Kennedy.

La invasión de Bahía de Cochinos del 17 a 19 de abril fue un fiasco terrible y una vergüenza para el nuevo Presidente.

El golpe de Estado de Argel del 21 al 26 de abril, el fracasado intento de golpe de Estado de los generales fascistas franceses contra el presidente De Gaulle, ocurrió una semana después de que un representante de Allen Dulles en Madrid había asegurado al general golpista que EU reconocería su nuevo gobierno, si ellos derrocaban a De Gaulle para detener la independencia de la Argelia árabe.

La inteligencia británica y la facción de los hermanos Dulles ahora manejaban conjuntamente un aparato de asesinos e insurgentes en toda Europa, Asia, África y el Caribe.

A fines de abril, Kennedy hizo saber que esta situación era intolerable, que la CIA era desleal y constituía “un estado reaccionario dentro del Estado”. [6] Pronto Kennedy despidió a Allen Dulles junto con los directores adjuntos de la CIA Richard Bissell, un protegido de Harriman, y Charles Cabell, hermano del alcalde de Dallas.

En los dos años siguientes, la Organización del Ejército Secreto (OAS, por sus siglas en francés), basada en Argel y Madrid, asesinaron al aliado italiano de Kennedy, el industrialista Enrico Mattei, e hicieron varios intentos descarados para asesinar al presidente De Gaulle que acapararon los titulares de las noticias.

Toma de posesión y acción

El discurso de toma de posesión de Kennedy estuvo enteramente dedicado a reafirmar el legítimo lugar de Estados Unidos en el mundo. De inmediato comenzó dando marcha atrás a la entrega nacional que habían convertido a los gobiernos estadounidenses bajo Truman y Eisenhower-Dulles, en los encargados de hacer la voluntad de Londres y su anexo de Wall Street.

Se enviaron embajadores de JFK a todo el mundo subdesarrollado, y, por primera vez, a cada Estado africano. El Presidente le dijo a cada embajador: Usted (y no la CIA) está a cargo de la misión en el país donde está acreditado, y no están para hacer deferencias a los imperialistas europeos.

El día que supo del asesinato imperialista de Lumumba, el 13 de febrero de 1961, Kennedy emitió un secreto Memorándum de Acción de Seguridad Nacional (NSAM) 16, ordenando que, en contra de la política previa, la ayuda de Estados Unidos a “las zonas recientemente independientes” sería proporcionada independientemente “del apoyo de Europa occidental… cuando quiera que tal acción sea en interés de Estados Unidos”.

El NSAM 60 (14 y 18 de julio de 1961) ordenaba presionar al régimen fascista de Salazar, de Portugal, para acabar con su guerra sangrienta contra los rebeldes en Angola y Mozambique, y JFK comenzó a ayudar a los rebeldes.

El Presidente de Ghana, Nkrumah, recibió un tratamiento especial como el primer Jefe de Estado extranjero en visitar a Kennedy en la Casa Blanca, el 8 de marzo de 1961. Él y JFK empezaron una correspondencia personal y una colaboración permanente.

Nkrumah había vivido en EU en tiempos de Roosevelt, y su Autoridad del Valle del Tennessee inspiró su propuesta del proyecto de la gran presa del río Volta. Kennedy se comprometió a financiar el proyecto, construcción que supervisaría su amigo Edgar Kaiser, de Industrias Kaiser. Kaiser había dirigido los equipos que construyeron las presas Hoover, Bonneville y Grand Coulee. El trabajo de ingeniería del proyecto del Volta lo desarrolló personal italiano que se había desarrollado bajo el mando de Enrico Mattei, quien se había reunido con Nkrumah cinco días antes de la asunción del mando de Kennedy.

La presa de Akosombo en el río Volta creó el lago artificial más grande del mundo y proporcionó la electricidad para dar energía al impulso de Ghana para su ingreso al mundo moderno. En 1966, el proyecto fue dedicado, con una placa de honor, al inmolado presidente John F. Kennedy. Una semana después, Nkrumah fue derrocado por un golpe planeado en Londres. [7]

El Presidente de Egipto, Gamal Abdel Nasser, fue con Mattei un promotor de los rebeldes árabes argelinos. La elección de JFK había alentado sus esperanzas para un retorno del apoyo americano al nacionalismo secular de Nasser, en la larga guerra de Egipto contra Gran Bretaña y la Hermandad Musulmana, creada por los británicos. El presidente Eisenhower había prometido la ayuda de EU para el gran proyecto de Nasser de la represa del Nilo, pero fue retirada por su secretario de Estado John Foster Dulles, empujando a Egipto hacia los soviéticos y conduciendo a la invasión británica-francesa-israelí de Egipto en la crisis de Suez de 1956.

Nasser y Kennedy iniciaron de inmediato una correspondencia personal. Más tarde, Kennedy revirtió la política de Truman-Dulles y se puso activamente al lado de Nasser contra el eje de la realeza británico-saudí en el Medio Oriente.

Kennedy tuvo afectuosas relaciones personales con el primer ministro indio Jawaharlal Nehru y el presidente indonesio Sukarno, quienes habían dirigido las victorias de sus países en sus luchas por su independencia de los imperios británico y holandés, y aspiraban a la neutralidad entre el Este y el Oeste.

Contra los aullidos de los “guerreros fríos”, JFK luchó para que Estados Unidos ayudara a India a construir la moderna siderúrgica de Bokara. El financiamiento de EU fue cancelado cuando asesinaron a Kennedy; luego lo financiaron los soviéticos.

JFK envió al procurador general Robert Kennedy a Indonesia en 1962, donde habló de manera conmovedora en la plaza central del antiimperialismo en el mundo moderno; luego Robert F. Kennedy fue a Holanda para exigir que los holandeses retiraran sus tropas militares remanentes de la provincia de Irian Oeste de Indonesia en la isla de Nueva Guinea. Furiosos con los Kennedy, los holandeses fueron forzados a retirarse.

De inmediato JFK empezó a organizar ayuda para el desarrollo industrial de Indonesia (NSAM 179, 16 de agosto de 1962).

El primer paquete de ayuda para Indonesia fue aprobado por el Senado en noviembre de 1963, pocos días antes del asesinato de Kennedy. Luego se cambió la política estadounidense para unir esfuerzos con los británicos y crear el caos en Indonesia y el derrocamiento de Sukarno.

La confrontación por el acero: Kennedy y el Sistema Americano

Durante la crisis del acero de abril de 1962, Kennedy se enfrentó con éxito contra los intereses británicos y de Wall Street de la banca Morgan, controladora de la Corporación del Acero de EU. En su búsqueda de enormes nuevas inversiones en la industria estadounidense y el crecimiento no inflacionario, el Presidente prevaleció sobre el Sindicato de los Trabajadores del Acero para acordar un nuevo contrato sin aumento de salarios, en el entendimiento que las compañías no elevarían el precio del acero. Justo después de firmar el contrato, el presidente de la U.S. Steel, Roger Blough, llegó a la Casa Blanca y llevó a Kennedy un comunicado de prensa que acababa de publicar, anunciando un gran incremento del precio. Otras compañías del acero le siguieron de inmediato.

JFK llevó a cabo una conferencia de prensa sin concesiones y reprendió a las antipatrióticas corporaciones por traicionar el interés público. Se presentaron demandas antimonopolio; se cambiaron los contratos de defensa a las pocas compañías que no habían aumentado los precios; y Kennedy envió un emisario a leerle la cartilla directamente a los banqueros Morgan.

Edgar Kaiser, que entonces supervisaba la construcción de la represa de Akosombo de Nkrumah y Kennedy, presidía Kaiser Steel en California, una de las tres grandes compañías que trabajaban con JFK, y puso presión competitiva sobre Morgan para revertir el ataque. Morgan tenía su propia guerra en curso contra Kaiser, acicateado por el generoso tratamiento de este a sus trabajadores. U. S. Steel había montado operaciones en Utah para tratar de excluir al “rebelde” Kaiser de los negocios de los estados del Oeste.

Después de 72 horas, U. S. Steel fue forzada a rescindir el aumento de precios; todas las otras compañías la siguieron. En esta confrontación, el eje anglo-Wall Street estuvo particularmente preocupado por la alianza de Kennedy con los auténticos intereses industriales estadounidenses.

Detrás de esta crisis estaba el hecho de que el programa de Kennedy estaba causando la expansión económica más grande en la historia moderna de Estados Unidos, una reducción de la capacidad manufacturera ociosa a la mitad, sólidas ganancias y un aumento récord en los salarios.

Una política clave fue la exención de impuestos a la inversión, otorgando a la industria del acero y a otras un alivio en los impuestos por la inversión en nueva planta y equipo. Pero U. S. Steel se opuso a este alivio fiscal, en línea con la estrategia de los británicos y sus puestos de avanzada en Wall Street para convertir a Estados Unidos en un basurero posindustrial, y reducir la población mundial. Tan pronto murió Kennedy y nuevas guerras consumieron todo el optimismo, el aparato financiero impulsaría el “programa verde” de Malthus y el sistema imperial británico sobre la deprimida población estadounidense.

Este artículo se enfoca en los choques directos de Kennedy con el sistema imperial británico extendido, para iluminar eficientemente el trasfondo de su asesinato.

Pero la batalla contra el imperio ha tenido lugar igualmente tanto dentro de Estados Unidos como en la política exterior.

Henry C. Carey, el asesor económico de Lincoln, explicó el tema universal en su Armonía de intereses de 1851:

“El mundo tiene ante sí a dos sistemas… Uno busca el empobrecimiento, la ignorancia, la despoblación y la barbarie; el otro busca el incremento de la riqueza, de la comodidad, de la inteligencia, de la unificación de la acción, y de la civilización. Uno procura la guerra universal; el otro procura la paz universal. Uno es el sistema británico; el otro… es el sistema americano… creado con el propósito de elevar e igualar al mismo tiempo la condición de vida del hombre, en todo el mundo”.

La preferencia de JFK por este sistema americano tal vez se pueda resumir en sus comentarios en una cena dada en su honor por el presidente italiano Antonio Segni:

“Nosotros [EU e Italia] ambos, creemos en el logro de la justicia social y en el progreso para todo nuestro pueblo. Ambos creemos en la democracia sustentada en lo que los estadounidenses llaman “las bases”, que coloca al individuo adelante del Estado, la comunidad adelante del partido, y el interés público adelante del privado… ” Durante la década de los 1930, cuando la desesperación y la depresión abrió las puertas de muchas naciones al [fascismo y al comunismo], mi nación se adhirió a la corriente de la libertad bajo el liderazgo de Franklin Roosevelt. Su gobierno introdujo un nivel superior de reforma social, económica y política del que Estados Unidos había visto hasta entonces, como las reformas en los impuestos y el presupuesto, reformas en el campo y la agricultura, reformas políticas e institucionales. A los trabajadores se les aseguró un salario decente, a los ancianos se les aseguró una pensión, a los agricultores se les aseguró un precio justo. Se permitió que los trabajadores, hombres y mujeres, negociaran colectivamente. A los pequeños empresarios, a los pequeños inversionistas y los pequeños depositantes de los bancos [gracias a la ley Glass-Steagall— nde] se les dio una mayor protección contra los males tanto de la corrupción como de la depresión. Se electrificó los campos de cultivo, se guarneció los ríos, se fomentó las cooperativas. La justicia, la justicia social y económica, así como judicial, llegó a ser cada vez más el derecho y la oportunidad de cada hombre, sin importar sus medios o posición en la vida”.

Las políticas de JFK para generar nuevos trabajos, salarios mínimos más altos y un renacimiento industrial son puro Sistema Americano. Su emocionante pasión por el programa espacial Apolo lo enfrentó al odio imperial al liderazgo estadounidense en el progreso tecnológico; sus acciones en pro de los derechos civiles lo enfrentaron a la opresión racial, el legado y el eco del imperio. Veremos más adelante la coherencia de estas iniciativas con sus objetivos directamente antiimperialistas.

Estrategia para la paz y una rápida guerra con Gran Bretaña

La crisis cubana de los misiles de octubre de 1962 surgió de la petición de Fidel Castro a los rusos para instalar misiles nucleares en Cuba con el fin de bloquear cualquier invasión de EU, y de la jugada rusa de instalar misiles ofensivos cerca de EUA con la esperanza de debilitar su creciente desventaja estratégica ante la política exterior y de crecimiento económico, científico y militar de Kennedy.

Su consejero especial Ted Sorensen escribió un emocionante recuento diario que mostraba el preciso control personal de JFK de cada aspecto de la confrontación, necesario para impedir un fiasco como el de Bahía de Cochinos, que esta vez incineraría el planeta. [8]

La correspondencia personal que Kennedy y el premier soviético Nikita Kruschev habían iniciado en 1961 fue decisiva para lograr que el soviético renunciara, una retirada lograda sin la humillación de Rusia.

Con el apoyo público por el resultado pacífico a la crisis de los misiles en Cuba, JFK empezó de inmediato, en días, a aplicar los plenos poderes de su liderazgo para liberar al mundo de la pesadilla de la Guerra Fría imperialista. Su primer objetivo fue la lacerante crisis en el Congo.

Kennedy alineó públicamente al colonialista gobierno belga con el empeño de Estados Unidos en la unidad del Congo independiente y contra el respaldo de su principal socio imperial, Gran Bretaña, a la secesión de Katanga.

El 27 de noviembre de 1962, un mes después de la retirada soviética de Cuba, JFK y el ministro del Exterior belga Pal-Henri Spaak emitieron una declaración conjunta amenazando con “severas medidas económicas” contra Katanga a menos que se terminara rápidamente con la secesión. Ese mismo día, con su dedo en el ojo británico, Kennedy arregló que se reuniría con el primer ministro británico Harold Macmillan el 19 de diciembre.

Dos semanas antes de la reunión programada, los periódicos informaron que el Presidente Kennedy había decidido cancelar la producción planeada del misil nuclear aire-tierra Skybolt. Desde un acuerdo firmado en 1960 con Eisenhower y Dulles, los británicos habían estado contando con esta arma americana que les diera su única capacidad independiente creíble de guerra nuclear.

Sorensen informó: “El Presidente… en cualquier caso no le veía ningún sentido a que hubiese una pequeña disuasión británica independiente… [La decisión de Kennedy] planteó una crisis política mayor al ya tambaleante gobierno de Macmillan… En años anteriores Macmillan… había elogiado el acuerdo sobre el Skybolt como la clave de la ‘relación especial con los EUA‘… El resentimiento latente por el rechazo de Kennedy a consultar más [con los británicos) en la crisis de los misiles cubana [ahora] alcanzó su punto máximo”. [9]

El día en que Kennedy arribó a Nassau, Bahamas, para reunirse con Macmillan, las Naciones Unidas anunciaron la decisión de EU de enviar rápidamente armas y asesores militares a las fuerzas de paz de las Naciones Unidas en el Congo, para equiparlas para derrotar la secesión apoyada por los británicos.

El Presidente no iba a dar su brazo a torcer en el tema del Skybolt. Él “consideraba… que más países desarrollasen las capacidades para fabricar armas nucleares, como un acontecimiento muy peligroso”. El Pacto de Nassau firmado el 22 de diciembre especificaba que EUA venderían misiles Polaris a los británicos, pero que deberían ser instalados en submarinos bajo el comando de la OTAN, no bajo un comando independiente de los británicos. [10]

Con el régimen británico políticamente en sus talones, EUA empezó a enviar a toda prisa camiones, transportes blindados de personal y equipo antiminas al Congo.

Dos semanas más tarde, el gobierno de Estados Unidos declaró: “Las fuerzas de las Naciones Unidas en Katanga ahora ocupan muchas zonas pobladas clave y centros mineros… Esperamos que el señor Tshombe termine rápidamente la secesión de Katanga y reconozca la total libertad de movimiento de las Naciones Unidas en toda Katanga, [y] que aconseje a todos los mercenarios extranjeros que se desbanden y dejen el país “.

Durante la siguiente semana, las tropas de las Naciones Unidas equipadas por EU pusieron al líder de Katanga, Moisés Tshombe, bajo arresto domiciliario. El gobierno congolés demandó el retiro del cónsul británico en la provincia de Katanga. Cientos de estudiantes congoleses atacaron y saquearon la embajada británica, y destruyeron el retrato de la reina Elizabeth. Luego los estudiantes marcharon a la embajada de EU y expresaron vivas por Estados Unidos.

La furia de la oligarquía británica contra la amenaza de Kennedy al orden imperial y la “arrogancia” estadounidense se le informó a sus socios en Nueva York. El diario New York Times señaló el 14 de enero que, “en Londres, al menos, hay un temor fuertemente desarrollado de que un régimen del Congo apoyado por las Naciones Unidas utilizaría su posición para subvertir los actuales regímenes en las Rhodesias, las colonias portuguesas… y África del Sur”.

Mientras Tshombe, el probritánico líder de la secesión del Congo, estaba arrestado, el principal negociador soviético en temas de armas nucleares llegó discretamente a Estados Unidos, a solicitud de Kennedy. Luego el gobierno filtró a la prensa que “Estados Unidos y la Unión Soviética están explorando activamente y a puertas cerradas nuevos acercamientos a un acuerdo de prohibición de pruebas con armas nucleares que durante años han eludido sus negociadores”, informó el diario Washington Post el 11 de enero de 1963.

Ahora Kennedy impulsó esta iniciativa de paz con todos sus poderes.

Él construyó cuidadosamente un consenso para el progreso, que le pondría músculo político a sus esfuerzos, una nueva coalición al estilo de Roosevelt.

Para junio de 1963, Kennedy estaba movía a la nación hacia una nueva era. En dos días sucesivos, pidió a los estadounidenses que examinaran sus actitudes erróneas y peligrosas, y anunció nuevas medidas para un mundo mejor.

En la Universidad Americana, en Washington DC, el 10 de junio, JFK preguntó: “¿Qué clase de paz buscamos?” Él respondió: “No es una Pax Americana, impuesta en el mundo por armas de guerra americanas. No la paz del sepulcro ni la seguridad del esclavo… Nuestros problemas son creados por el hombre; por lo tanto, pueden ser resueltos por el hombre. Y el hombre puede ser tan grande como quiera ser. Ningún problema del destino humano está más allá de los seres humanos. La razón y el espíritu del hombre han resuelto con frecuencia lo aparentemente insoluble, y nosotros creemos que lo pueden hacer de nuevo… “Reexaminemos nuestra actitud hacia la Unión Soviética. Es desalentador pensar que sus líderes puedan realmente creer lo que escriben sus propagandistas… para darnos cuenta de la extensión del abismo que existe entre nosotros. Pero es también… una advertencia al pueblo estadounidense para no caer en la misma trampa que los soviéticos, no ver solo un punto de vista distorsionado y desesperado del otro lado, no ver… la comunicación como nada más que un intercambio de amenazas.

“Ningún gobierno o sistema social es tan vil que debamos considerar a su pueblo como carente de toda virtud. Como estadounidenses, encontramos al comunismo profundamente repugnante como negación de la libertad y la dignidad personal. Pero aún así podemos saludar al pueblo ruso por sus muchos logros, en la ciencia y el espacio, en el desarrollo económico e industrial, en su cultura y en sus actos de coraje… “[Nuestros] dos países tienen… mutua repugnancia a la guerra… Nunca hemos estado en guerra entre nosotros. Y ninguna nación… sufrió nunca más de lo que sufrió la Unión Soviética en… la Segunda Guerra Mundial. Por lo menos veinte millones perdieron sus vidas… Un tercio del territorio de la nación, así como cerca de dos tercios de su base industrial, fue convertido en un páramo; una pérdida equivalente a la devastación de este país al este de Chicago.

“Si hoy se desatara nuevamente una guerra total… todo lo que hemos construido, todo para lo que hemos trabajado, sería destruido en las primeras veinticuatro horas… Debemos conducir nuestros asuntos de tal manera que llegue a ser del interés de los comunistas llegar a un acuerdo para una paz genuina…

“Aprovecho esta oportunidad… para anunciar dos importantes decisiones… “Primero… que pronto empezarán discusiones de alto nivel en Moscú para buscar un pronto acuerdo sobre un tratado global de prohibición de pruebas nucleares. Nuestras esperanzas deben ser moderadas por la prudencia de la historia; pero con nuestras esperanzas van las esperanzas de toda la humanidad.

“Segundo:… Ahora declaro que Estados Unidos no propone llevar a cabo pruebas nucleares en la atmósfera solo si otros estados no lo hacen… No seremos los primeros en reanudarlas…” El discurso de Kennedy fue recibido con entusiasmo por los soviéticos, quienes lo reimprimieron en su totalidad para los ciudadanos rusos.

El Tratado Parcial de Prohibición de Pruebas Nucleares se firmó poco después entre EU, la URSS y Gran Bretaña (los británicos no negociaron, sino que fue a insistencia de Kennedy), y posteriormente por 100 naciones.

Al siguiente día del discurso de Estrategia para la Paz, Kennedy apareció en la televisión para anunciar la ejecución de una orden del tribunal que le exigía al gobernador de Alabama, George Wallace, que permitiera la inscripción de dos estudiantes afroamericanos en la Universidad de Alabama.

Kennedy le preguntó a su público nacional: “Si un estadounidense, porque su piel es oscura, no puede almorzar en un restaurante abierto al público, si no puede enviar a sus hijos a los mejores colegios públicos disponibles, si no puede votar por los funcionarios que lo representen… entonces, ¿quién entre nosotros estaría contento con cambiar el color de su piel y ponerse en su lugar? ¿Quién entre nosotros estaría entonces satisfecho con los consejos de paciencia y espera?

“Cien años de paciencia y espera han pasado desde que el Presidente Lincoln liberó a los esclavos y todavía sus herederos, sus nietos, no son totalmente libres… de las ataduras de la injusticia… de la opresión social y económica…” Kennedy preguntó, ¿quiénes somos y qué es Estados Unidos para la raza humana?

“Nosotros predicamos la libertad por todo el mundo, y va en serio, y amamos nuestra libertad aquí en casa; pero, ¿le vamos a decir al mundo, y de modo mucho más importante, nos vamos a decir unos a otros que esta es una tierra de libres excepto para los negros; que no tenemos ciudadanos de segunda clase excepto los negros; que no tenemos un sistema de clases o de castas, ni guetos, ninguna raza de amos excepto cuando se trata de los negros?”

“Las llamas de la frustración y la discordia arden en cada ciudad, en el Norte y en el Sur, donde no existen remedios legales a la mano… Enfrentamos, por lo tanto, una crisis moral como país y como pueblo… “La próxima semana solicitaré al Congreso de Estados Unidos que actúe, para decidir un compromiso que no se ha hecho plenamente en esta centuria al enunciado de que la raza no tiene lugar en la vida o en la ley estadounidense.”

Su proyecto de ley recibió el apoyo adicional de la marcha de Martin Luther King a Washington el 28 de agosto, y el gobierno colaboró para que tuviera éxito. El proyecto de ley de Kennedy se aprobó con el nombre de Ley de los Derechos Civiles de 1964, después de que fue asesinado.

El cambio en el Programa Espacial

El presidente Kennedy habló ante la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de septiembre, mientras el Senado de Estados Unidos estaba considerando el tratado de prohibición de pruebas nucleares.

Dijo que habíamos logrado una pausa en la Guerra Fría y que deberíamos trabajar por una genuina distensión entre las grandes potencias mediante la cooperación en nuestros intereses mutuos.

Dos años antes había propuesto al Congreso que EU enviara hombres a la Luna a fines de la década de 1960. En ese mismo discurso, Kennedy anunció que “aceleraríamos el desarrollo del cohete nuclear Rover. Esto nos promete proporcionar algún día los medios para exploraciones del espacio aún más apasionantes y ambiciosas, tal vez más allá de la Luna, tal vez hasta los límites del mismo sistema solar”. El mundo estaba inspirado y recuerda a John F. Kennedy más vívidamente en conexión con la realización de la fase de la llegada a la Luna, de su finalmente abortado proyecto.

Hasta entonces, la superioridad estadounidense en la competencia con el comunismo soviético era el razonamiento público para el salto propuesto en el programa espacial. Pero para 1963, Kennedy había cambiado su objetivo a una misión espacial conjunta con los rusos. Durante su presidencia —luego de que en su discurso inaugural había exhortado a que “exploremos juntos las estrellas”–- hizo que el administrador adjunto de la NASA Hugh Dryden explorase con los científicos soviéticos las posibilidades de un trabajo conjunto en el espacio. [12]

Este diálogo se mantuvo a pesar de la invasión de Bahía de Cochinos, la crisis sobre Berlín y la de los misiles en Cuba.

En su discurso del 20 de septiembre ante la ONU, Kennedy dijo: “Incluyo entre estas posibilidades [para la cooperación entre las grandes potencias] una expedición conjunta a la Luna… ¿Por qué… debiera ser el primer vuelo del hombre a la Luna un tema de competencia nacional? ¿Por qué Estados Unidos y la Unión Soviética… se empeñarían en la duplicación inmensa de investigación, construcción y gastos? Con seguridad, deberíamos explorar si los científicos y astronautas de nuestras dos naciones –-de todo el mundo, en realidad-– no pueden trabajar juntos en la conquista del espacio, enviando algún día en esta década a la Luna no a los representantes de una sola nación, sino a los representantes de todos nuestros países”.

La posibilidad de colaboración entre EU y Rusia, o en realidad de cualesquier objetivo espacial dramático, había provocado el fuego hostil de quienes apostaban políticamente por la geopolítica angloamericana.

Para flanquear la resistencia en el poder ejecutivo, el 12 de noviembre, Kennedy le ordenó al administrador de la NASA, James Webb, “que asuma personalmente la iniciativa y la responsabilidad del control en el gobierno para el desarrollo de la cooperación sustancial con la Unión Soviética en el campo del espacio exterior… como resultado directo de mi propuesta del 20 de septiembre… incluyendo la cooperación en el programa de aterrizaje en lunar… [El] canal de contacto… entre la NASA y la Academia Soviética de Ciencias ha sido muy efectivo… Yo quisiera un informe provisional sobre el avance de nuestra planificación para el 15 de diciembre”. [13]

En 1963 Fidel Castro empezó a tantear a Kennedy, dándole a conocer, en palabras de William Attwood, el asesor de JFK sobre asuntos africanos, que “estaba insatisfecho con el estatus de Cuba como satélite [de los soviéticos] y que estaba buscando una forma de zafarse… que él quería un arreglo con EU y que haría concesiones sustanciales para este fin; también que sobre este tema se estaba dando un distanciamiento entre Castro y su principal asociado procomunista, el Che Guevara, quien lo consideraba peligrosamente poco fiable”. [14]

El presidente Kennedy desplegó a Attwood para continuar los contactos con Castro, dirigidos a normalizar las relaciones cubano-americanas. El diálogo procedió a través de canales bajo el control personal del Presidente, incluyendo al procurador general Robert Kennedy y el enlace con el asistente personal de Castro, el mayor René Toledo, quien dijo que Castro quería una reunión con representantes de EU sin la presencia de Guevara.

En la mañana del 19 de noviembre se le dijo a Attwood que Kennedy quería un informe suyo luego de las próximas reuniones en las Naciones Unidas, preparatorias a la reunión cara a cara entre Kennedy y Castro; y que el Presidente “no saldría de Washington, excepto para un breve viaje a Dallas”. [15]

Vietnam

Como con Cuba y el Congo, el conflicto de Vietnam fue una bomba que se había plantado en el camino de Kennedy por la facción de Churchill antes de que él asumiera la presidencia.

La Declaración de Independencia de Vietnam de los imperialistas franceses, el 2 de septiembre de 1945, fue modelada en la Declaración de Independencia de EU. Empieza con las siguientes palabras: “‘Todos los hombres son creados iguales; están dotados por el Creador con ciertos derechos inalienables; entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad‘. Esta declaración inmortal fue hecha en la Declaración de Independencia de Estados Unidos de América en 1776…”

Seis meses después de la Declaración de Independencia de Vietnam, cuando JFK era un candidato antiimperialista al Congreso, el 16 de febrero de 1945, el líder nacionalista vietnamita Ho Chi Minh escribió una carta al Presidente de EU, Harry Truman, solicitando a EU que honrara la política del finado Franklin Roosevelt. Ho quería la protección estadounidense, como la que se le dio a Filipinas, bajo la cual Vietnam podría proceder a su independencia nacional:

“Nuestro pueblo de Vietnam, desde 1941, se mantuvo del lado de los aliados y luchó contra los japoneses y sus socios, los colonialistas franceses…

“Pero los colonialistas franceses, que durante la guerra habían traicionado tanto a los aliados como a los vietnamitas, han regresado y nos están haciendo una guerra homicida y despiadada para restablecer su dominio…

“Esta agresión… es un reto a la noble actitud mostrada antes, durante y después de la guerra, por el gobierno y el pueblo de Estados Unidos…

“Nuestro pueblo de Vietnam… necesita seguridad y libertad, primero para alcanzar la prosperidad y el bienestar internos, y después para aportar su pequeña contribución a la reconstrucción del mundo.

“Estas seguridades y libertades solo pueden ser garantizadas por nuestra independencia de cualquier potencia colonial, y nuestra cooperación libre con todas las demás potencias. Es con esta firme convicción que solicitamos de Estados Unidos, como guardianes y campeones de la justicia en el mundo, dar un paso decisivo para apoyar nuestra independencia.

“Lo que solicitamos ha sido gentilmente otorgado a los filipinos. Como los filipinos, nuestro objetivo es la independencia total y la cooperación plena con Estados Unidos. Haremos lo mejor para hacer que esta independencia y cooperación sean beneficiosas para el mundo entero”.

Pero el gobierno de Truman apoyó a los británicos para restaurar el dominio francés sobre Indochina. El movimiento de Ho, contando con el apoyo comunista, derrotó a los franceses y para 1954 había instalado un gobierno en Vietnam del Norte. En el Sur se instaló un gobierno apoyado por EU, bajo el presidente Ngo Dinh Diem, con asesores militares estadounidenses, de lo que resultó una nueva guerra en Indochina.

El entrante presidente Kennedy fue presionado para que enviara tropas de combate estadounidenses con el fin de extender la guerra. Él aplazó su decisión para consultar al ex presidente Eisenhower, quien le aconsejó moderación. En la primera de dos célebres reuniones, el general Douglas MacArthur se reunió el 20 de abril de 1961 con el ex capitán de lancha torpedera Kennedy en la Casa Blanca. Esa discusión la resumió después Ted Sorensen: “MacArthur… le advirtió que no comprometiese soldados estadounidenses en la tierra firme asiática, y el Presidente nunca olvidó su consejo”. [16]

Kennedy había negociado previamente un acuerdo con los rusos sobre la neutralidad de Laos, que limita con Vietnam.

Para 1963, Kennedy había aprendido a través de la Bahía de Cochinos y de la Crisis de misiles cubanos que evitar la traición y el desastre dependía de su control personal de las acciones del gobierno. Kennedy confiaba en el Presidente de Vietnam del Sur, Diem, para mantener el rol de EU en el conflicto limitado a los asesores de EU allí, y planeaba retirar gradualmente la limitada presencia militar estadounidense.

Con el poderío industrial, científico y militar estadounidense en su punto máximo, Kennedy apuntaba a un eventual acuerdo en Vietnam bajo el paraguas de la distensión que estaba construyendo con los soviéticos.

La traición a Kennedy de parte de Averell Harriman, entonces secretario asistente de Estado para los asuntos del Lejano Oriente, condujo a la escalada de la guerra en Vietnam después del asesinato de Kennedy. Bajo confusas circunstancias ingeniadas por Harriman y sus seguidores en el gobierno, Harriman inició un mensaje aprobando el derrocamiento de Diem.

El presidente Diem fue asesinado el 2 de noviembre de 1963, justo 20 días antes de que el mismo Kennedy fuera asesinado.

Kennedy para la posteridad

La Presidencia de John F. Kennedy anunció a la humanidad que la década de los 1960 y la vida de la generación naciente debía ser la era de la cooperación pacífica para explorar las estrellas, para avanzar los poderes científicos del hombre, para acabar con la apropiación imperial de los recursos y revertir la pobreza colonial.

La corona británica no estuvo de acuerdo.

Dos meses después de la toma de posesión de Kennedy, un proyecto de la familia real publicó un documento dirigido a organizar a los ultraricos y a la opinión mundial para impedir este objetivo estadounidense precisamente.

Su “Manifiesto Morges” del 29 de abril de 1961, proponía enfrentar la “crisis” y “emergencia” en el Congo y en toda África, y el “gran número” que está “perdiendo sus vidas o sus hogares, en una orgía de destrucción irreflexiva e innecesaria”.

Pero la “crisis”, desde el punto de vista británico, era que “el progreso de la civilización” estaba llevando granjas y represas a los que ellos veían como inútil población de piel oscura. El “gran número” de moribundos que preocupaba a los británicos correspondía a la vida salvaje animal, no a la de los seres humanos empobrecidos.

Este fue el documento de fundación del Fondo Mundial para la Vida Silvestre (World Wildlife Fund, o WWF), cuyos fundadores fueron el príncipe Felipe, consorte de la reina Elizabeth II, y el príncipe Bernardo, esposo de la reina Juliana de Holanda, y ex oficial de inteligencia de las SS de Hitler. [17]

El Manifiesto de la realeza declaraba que “un Club de apoyo de ciudadanos prominentes de muchos países… un grupo activo de hombres de negocios” iba a financiar un “Trust internacional”. Una “especie de ‘sala de guerra‘ en los cuarteles internacionales” iba a coordinar a “todos los principales organismos internacionales interesados en esta campaña internacional… para recaudar apoyo masivo para la causa” del nuevo movimiento Verde de la realeza, o “ambientalismo”.

El grupo patrocinador designado, después llamado “Club 1001”, estuvo integrado por miembros de las familias financieras de la City de Londres, multimillonarios poseedores de recursos naturales en África, Asia, el Oriente Medio y América Latina, y estrategas importantes de acción encubierta imperial.

El presidente Kennedy mostró su dedicación al avance del poder del hombre sobre la naturaleza en su compromiso con la energía nuclear, basado en el reactor de cría, que reprocesa el combustible, y en el uso de torio así como de uranio. El 26 de septiembre de 1963, Kennedy anunció en la estación nuclear Hanford, que “a fines de este siglo… la mitad de toda la energía eléctrica generada en Estados Unidos provendrá de fuentes nucleares”. Después del año 2000, prácticamente todas las nuevas instalaciones de energía eléctrica serían nucleares. [18]

En tanto se aceleraba el uso de la energía nuclear, Kennedy dijo en Hanford: “Debemos mantener un programa agresivo para usar nuestros recursos hídricos al máximo. Cada gota de agua que se va al océano sin ser usada para generar energía o crecimiento, o que no se hace disponible de la manera más amplia posible es un desperdicio…” Kennedy respaldaba el programa de la Alianza Hidráulica y Energética de Norteamericana (NAWAPA) para desviar ríos de la corriente del Ártico y el Pacífico Norte para su utilización en toda la América del Norte. [19]

El Presidente Kennedy facilitó la construcción de un reactor de energía nuclear para investigación en Vietnam. El financiamiento estadounidense se anunció el 9 de agosto de 1963; el reactor fue inaugurado por el presidente Diem el 28 de octubre, cinco días antes de su asesinato.

Kennedy también financió un reactor de investigación nuclear para su aliado el Presidente Sukarno de Indonesia, y Estados Unidos envió científicos para ayudar con los experimentos. Indonesia realizó su primera reacción nuclear en cadena sostenida el 17 de octubre de 1964, antes de que las intrigas posteriores al asesinato de Kennedy llevaran al derrocamiento de Sukarno.

El programa espacial de Kennedy tenía como objetivo el aterrizaje tripulado en Marte para la década de 1980. Los cohetes nucleares esenciales para realizar esta travesía se estaban desarrollando durante el gobierno de Kennedy en el proyecto de pruebas Rover ubicado en Nevada.

Durante su Presidencia, Kennedy promovió con gran ímpetu la desalinización del agua del mar para el desarrollo del mundo y la paz. Reorganizó la Comisión de Energía Atómica para desarrollar investigación sobre la desalinización mediante energía nuclear. Concertó el trabajo de desalinización nuclear con Rusia, México, Israel, Egipto y varios otros países árabes, impulsando en particular proyectos nucleares hidráulicos conjuntos árabes e israelíes para desalinizar el agua, como base para la paz. [20]

Esta había sido su meta por algún tiempo. Como senador, en 1957 propuso “un Centro Nuclear del Medio Oriente, similar al Centro Nuclear de Asia ya propuesto, que podría traer beneficios incalculables en la utilización de energía en los anteriores desiertos y páramos. Estos proyectos se desarrollarían y administrarían bajo los auspicios y control de las naciones de la región… Los beneficios… serían mutuos”. [21]

Durante la confrontación con el gobernador Wallace sobre la intervención federal por los derechos civiles, Kennedy habló, con Wallace presente, en la celebración del 30mo aniversario de la Autoridad del Valle del Tennessee (TVA) en Muscle Shoals, Alabama. La TVA se había integrado racialmente desde hacía mucho tiempo y los trabajadores, blancos y negros, vitoreaban al Presidente.

Kennedy detalló el tremendo crecimiento económico de la región, de su industria privada e ingresos, bajo este programa federal. Se refirió a los miles de líderes mundiales que en el pasado visitaron las instalaciones de la TVA y a los que lo harían en el futuro, “de naciones cuya pobreza amenaza con rebasar sus esperanzas… y dejaron aquí sentimientos de que ellos también pueden resolver sus problemas en un sistema de libertad”.

Sin mencionar a Wallace, dijo “de vez en cuando se hacen declaraciones etiquetando al gobierno federal como un fuereño, un intruso, un adversario… Sin el gobierno nacional, sin el pueblo de Estados Unidos trabajando junto, no habría protección para los granjeros y sus familias… Nunca hubieran podido electrificar sus campos, de asegurar sus cosechas, de proteger su precio y de adelantarse a los insectos, al picudo del algodón, y a las hipotecas de los banqueros… No habría hospitales Hill-Burton, que han ayudado a desarrollar el mejor sistema de hospitales en el mundo de hoy… Solo un gran esfuerzo nacional… puede explorar los misterios del espacio… y movilizar los recursos humanos, naturales y materiales de nuestras tierras”.

JFK finalizó citando la frase favorita del senador George Norris, el cofundador de la TVA con Franklin Roosevelt: “su mención y su dedicación a las ‘generaciones que están por nacer‘. La primera de estas generaciones está ahora gozando de los frutos de su labor, como lo harán otras en las décadas por venir. De ese mismo modo… decidamos que también nosotros, en nuestro tiempo, 30 años después, construiremos también una mejor nación para las ‘generaciones que están por nacer‘”.

Notas:

[1] [[Archivo Nacional del Reino Unido]] [[http://filestore.nationalarchives. gov.uk/pdfs/large/cab-23-92.pdf]]

[2] Drew Pearson, Robert S. Allen, “Washington Merry-Go Round” (El carrusel de Washington), columna de opinión en varios periódicos, 15 de abril de 1939. La autenticidad de la columna de Pearson acerca de la advertencia de FDR se puede confirmar con facilidad en muchas fuentes. Los británicos fueron socios plenos de la maquinaria de guerra y saqueo de Hitler. La exigencia de Roosevelt de que se parara esa arremetida anglonazi ayudó a forzar un compromiso británico con Polonia y una declaración de guerra a Alemania en septiembre de 1939, pero los británicos no fueron sinceros y no lanzaron ninguna ofensiva significativa. El 10 de mayo de 1940, Hitler volvió su ejército hacia el oeste y lo dirigió contra Francia y Gran Bretaña; ese día renunció Chamberlain y lo reemplazó Winston Churchill.

[3] James A. Farley, Jim Farley‘s Story: The Roosevelt Years (New York: McGraw Hill, 1948), p. 199.

[4] [[Biblioteca JFK]] [[http://www.jfklibrary.org/Asset-Viewer/ Archives/JFKPOF-135-002.aspx]]

[5] Theodore Sorensen, Kennedy (New York: Harper & Row, 1965), pp. 405-407.

[6] Thomas F. Brady, “Paris Rumor son C.I.A.” (Rumores en París sobre la CIA), New York Times, 2 de mayo de 1961.

[7] “Exiles in London Led Ghana Revolt; Nkrumah Foe Tells of Plot Mapped by Secret Group” (Exiliados en Londres dirigen sublevación en Ghana; el enemigo de Nkrumah habla de complot planeado por grupo secreto), New York Times, 25 de febrero de 1966.

[8] Op. cit., Sorensen, pp. 667-718.

[9] Ibíd., pp. 564-565.

[10] Ibíd., pp. 566-567.

[11] “Declaración de EU sobre el Congo”, 4 de enero de 1963, New York Times, 5 de enero de 1963.

[12] La historia señalará correctamente que la pericia científica antinewtoniana de Dryden (corrientes de aire, turbulencias, problemas de las capas límite) y de su principal contraparte soviética, Leonid Sedov (mecánica de medios continuos, movimiento inestable de los gases, campos de velocidad discontinuos, corrientes turbulentas, condiciones límite), es implícitamente antiimperial.

[13] [[NSAM 271]] [[http://www.fas.org/irp/offdocs/nsam-jfk/nsam271.htm]]

[14] William Attwood, The Reds and the Blacks (New York: Harper and Row, 1967), pp. 142-144.

[15] Ibíd.

[16] Op. cit., Sorensen, p. 641.

[17] Julián Huxley, experimentado estratega británico sobre África y presidente de la Sociedad Británica de Eugenesia, autor del “Manifiesto “, escribió en El hombre en el mundo moderno (1947), que “los estratos más bajos se están reproduciendo relativamente muy rápido. Por lo tanto… no deben tener acceso muy fácil a la asistencia o al tratamiento hospitalario no sea que la eliminación del último examen en la selección natural haga muy fácil engendrar niños o que sobrevivan; el alto desempleo debería ser un motivo para la esterilización”.

[18] Comisión de Energía Atómica, “Civilian Nuclear Power—Report to the President” (Uso pacífico de la energía nuclear. Informe par el Presidente); solicitado por Kennedy el 17 de marzo de 1962; publicado el 20 de noviembre de 1962.

[19] Hoy se necesita con urgencia este programa, para crear millones de empleos y triplicar la capa freática del oeste de Estados Unidos y de México (véase www.larouchepac.com).

[20] Testimonio de James T. Ramey, asesor nuclear de JFK, en audiencias del Senado sobre la transformación de agua salada en agua dulce, 19 de mayo de 1965.

[21] John F. Kennedy, The Strategy for Peace (New York: Popular Library, 1961), p. 151.

* Tomado de la revista EIR electrónica del 6 de septiembre de 2013.