Los acontecimientos ocurridos en el municipio de Apolo (Departamento de La Paz), en donde el culpable tiene un nombre: el narcotráfico, no es ni la punta del iceberg sobre lo que realmente ocurre en nuestro país, y debemos decirlo de manera muy seria y preocupante, ya que Bolivia está en firme camino para convertirse en la “México del narcotráfico” en Sudamérica.

En México, prácticamente, el Estado se encuentra con las manos atadas, y el narcotráfico es dueño del país. Ha penetrado en todas las instituciones públicas y sus funcionarios de diferentes niveles, inclusive fuerzas policiales, políticos y dirigentes ciudadanos, y se asesina sin piedad a los periodistas y políticos que se oponen a dicha ilícita actividad.

En tal país latino, al principio, se vio como positivo el tema del tema del narcotráfico, haciendo de la sociedad muy permisiva en base a algunos argumentos, como: la gente tiene derecho a crecer económicamente; el narcotráfico inyecta dinero a la economía; quien quiere consumir droga, consume y quien no, no lo hace. Sin embargo, el narcotráfico no tiene reglas, menos ética, y en el momento en que se le permite actuar, destroza a una sociedad, genera caos e inseguridad ciudadana, los asesinatos no serán solamente entre carteles rivales sino a quienes atenten contra dicha hegemonía y el resultado es, una sociedad arrepentida pero con las manos atadas.

Es un derecho, el de cualquiera persona, la superación personal y económica merced al esfuerzo y el trabajo, pero un trabajo lícito y socialmente útil, pero el narcotráfico no lo es. Podrá generar beneficio y progreso a una familia, donde el narcotraficante lleva el pan a la casa, pero lo hace a un costo demasiado elevado: destruyendo a otras familias y generando muerte a su alrededor. Y eso es lo que debemos entender, ya que aún estamos a tiempo de parar el narcotráfico, actividad que es una lacra para la humanidad, pero cuyo negocio genera miles de millones de dólares en el mundo.

Nadie se hace rico de la noche a la mañana, y quien lo haga, es porque se dedica a una actividad ilícita. La permisividad y pasividad tanto del Gobierno como de los ciudadanos, es el caldo de cultivo para permitir no solo el ingreso de esta actividad en nuestra sociedad, sino para seguir manteniéndola. El narcotráfico no opera de manera asilada o desorientada, sino con nexos y vínculos en varias partes del país de manera interconectada, y hasta poblaciones enteras protegen tales actividades, y lo de Apolo no es el único lugar en el país en donde han existido asesinatos vinculados con droga. Ya no se habla de Oriente u Occidente, sino que nos referimos al país.

De igual manera, según los datos del Ministerio de Gobierno, se incauta y quema más droga que en anteriores gestiones, y cabe la pregunta ante eso: se incauta mas ya que nuestras fuerzas de lucha contra el narcotráfico se han convertido en más efectivas, o es porque la producción de la droga aumento a niveles astronómicos y por simple lógica se tiende a incautar más… El narcotráfico no solo pasa factura aniquilando a personas que son consumidoras o destruyendo sus familias, sino generando el caos que México vive, y que ya estamos padeciendo los bolivianos.

Abogado. abog.paulcoca@gmail.com