Moscú, (PL).- Entre 2000 y 2011 cerca de 65 mil infantes rusos fueron sacados del país por extranjeros, debido a los mecanismos de adopción que favorecen a los extranjeros que pagan grandes sumas de dinero. Numerosas organizaciones y agencias se han beneficiado de este lucrativo negocio, que anualmente reporta unos 1.500 millones de dólares. La gestión del Parlamento ruso y las medidas anunciadas por el Gobierno podrían significar un vuelco radical en la situación de los niños huérfanos y en las adopciones a favor de familias naturales.

Antes de la clausura del período de otoño, el titular de la Duma estatal (cámara baja), Serguei Naryshkin, adelantó que los diputados iniciarán en breve -al retornar del asueto de invierno- la elaboración de actos para perfeccionar las adopciones y la protección por parte del Estado al sector más vulnerable de la infancia rusa. Considero que las medidas propuestas en el decreto presidencial deben ser sistematizadas y trabajadas por los diputados, afirmó en alusión a la disposición suscrita por el presidente Vladimir Putin sobre el tema en particular, a la par de la ley de respuesta al Acta “Magnitsky”.

La normativa, bautizada como la ley “Dima Yakovlev”, contempla en una de sus enmiendas la prohibición de adopciones de niños rusos por ciudadanos estadounidenses, con lo que el Gobierno derogó el convenio suscrito con Estados Unidos en julio de 2011, y que entró en vigor apenas en noviembre último. Para analistas, y buena parte de la comunidad parlamentaria, el destino de los menores sin amparo filial “debe ser resuelto en casa”, es un problema que debe solucionar sólo Rusia.

El propio mandatario consideró que el Gobierno y el poder legislativo tienen por delante mucho trabajo para dar solución a los problemas acumulados con los menores desamparados, y de otro lado, dijo que debían apoyarse las iniciativas dirigidas desde adentro para garantizar a esos niños un futuro digno en su país.

Con los aciertos o desaciertos que pueda tener la iniciativa legislativa, existe consenso que el debate concitado en torno a la prohibición de las adopciones trajo a la palestra pública el problema de la orfandad, fenómeno que cobró fuerza en los últimos 20 años. En opinión del experto del Centro de Coyuntura Política, Dmitri Abzalov, lo más positivo para el destino de los niños huérfanos rusos fue el efecto que provocó la ley en la atención de la opinión pública hacia la problemática de las adopciones.

Dijo que las acogidas al interior de Rusia fueron muy poco estimuladas en los últimos años, ya que todo el sistema se volcó a las adopciones hacia el exterior, de ahí que la ley “Dima Yakovlev”, pueda representar un vuelco real de esa tendencia, subrayó el politólogo. Para el Defensor de los Derechos del Niño ante el presidente, Pavel Astajov, la normativa promulgada por Putin es la puerta hacia la materialización del programa gubernamental “Rusia sin huérfanos”.

El programa se apoya, en primer lugar, en una estimulación de las acogidas por parte de familias rusas, y al mismo tiempo, en un soporte material a los potenciales padres adoptivos. De acuerdo con el ambicioso plan, prácticamente todas las casas de acogidas deberán desaparecer en los próximos siete años.

Todas las fuerzas deben concentrarse en apoyar a las familias rusas, a reconstruir las familias que están en una situación de riesgo, y estimular a aquellas que decidan acoger a menores huérfanos, expuso el Defensor del Niño. Uno de los segmentos más preocupantes es el de los niños huérfanos discapacitados, y en particular, los nacidos con el VIH sida, quienes son más rechazados, debido a los prejuicios en la sociedad, y en la mentalidad de muchas personas en torno a esa enfermedad.

Astajov apreció que la nueva ley garantiza el derecho preferencial de los padres adoptivos rusos, a diferencia de que hasta hace poco tiempo, los mecanismos favorecían a los extranjeros que pagaban grandes sumas de dinero. Numerosas organizaciones y agencias se han beneficiado de este lucrativo negocio, que anualmente reporta unos mil 500 millones de dólares, según cálculos revelados por el senador ruso Evgueni Tarlo.

De acuerdo con el asesor de derechos humanos, entre 2000 y 2011 cerca de 65 mil infantes fueron sacados del país por extranjeros. Estados Unidos figura en primer lugar por la cantidad de niños adoptados, cifra que el pasado año ascendió a 956 menores, y desde la década de 1990 llega a 60 mil, acotó Astajov.

La integrante del consejo presidencial para los derechos humanos, Yana Lantratova, calificó de crimen lo que hasta ahora ocurría con las adopciones. No debemos entregar ni un niño más hasta que no tengamos un mecanismo cien por ciento fiable y que podamos dar seguimiento a todos los menores, sugirió Lantratova. A su juicio, inquieta la posición de quienes “quieren exportar a Estados Unidos nuestros niños”, víctimas en muchos casos de abusos, agregó la defensora.

Precisamente, la legislación lleva el nombre de Dima, el pequeño de casi dos años que murió en ese país, meses después de haber sido adoptado. Su padre adoptivo olvidó al bebé en el auto, bajo una temperatura de 55 grados, y se dirigió al trabajo. Dima murió en julio de 2008, y una corte norteamericana lo absolvió de los cargos de negligencia y asesinato no premeditado.

La opinión pública rusa se conmocionó, cuando en abril de 2010 una madre adoptiva estadounidense devolvió a su país de origen a un menor de siete años, solo en avión y con una nota en la que renunciaba a sus obligaciones. Desde antes se suscitaron otros escándalos en Estados Unidos por maltratos y hasta muertes de niños aún sin esclarecerse, o que quedaron impunes. Sólo en la última década fueron asesinados 19 infantes rusos por ciudadanos norteamericanos, aunque organizaciones no gubernamentales ubican la cifra en 40 asesinatos, unido a otros casos de muertes por accidentes y enfermedades.

Para las entidades humanitarias, el problema de la orfandad se agrava cada año, al aumentar de forma permanente la cifra de menores abandonados por sus progenitores o desamparados, tras la muerte de éstos. Estadísticas del 2011 sitúan a esa categoría social en 654 mil 355, estimada en un 2,1 por ciento de la población infantil del país. En regiones como Irkutsk, en el Lejano Oriente, el porcentaje de huérfanos supera el cuatro por ciento del total de menores de 18 años.

Otra de las recomendaciones adelantadas por el Parlamento antes de fin de año tiene que ver con la adopción de leyes orientadas a la prevención de la orfandad como fenómeno social en Rusia. La cantidad de huérfanos aumenta por el abandono de sus padres o la retirada de la custodia ante el incumplimiento de las obligaciones.

El incremento de este fenómeno ha sido de un 20 por ciento en los últimos cinco años, a niveles preocupantes, según expertos, ligado a condicionantes sociales (pobreza, alcoholismo y drogadicción), y a cambios en la estructura familiar. Historias como la de la familia de los Shybinij, en la ciudad de Vologdo, con cinco niños adoptados, inundaron las pantallas de la televisión pública rusa, junto a otras, con un llamado subliminal a dar un paso adelante y dar un guiño de esperanza, en este nuevo año, a miles de huérfanos necesitados de afecto y amparo.

Voces contra la orfandad social

El 2 de marzo representantes de cerca de un centenar de organizaciones sociales rusas participaron en la marcha en defensa de los niños y en reclamo al Gobierno de medidas de apoyo a las familias en el proceso de adopciones de menores huérfanos. La demostración fue convocada a raíz de la muerte en Estados Unidos del pequeño Maxim Kuzmin, presumiblemente a causa de los maltratos de su madre adoptiva, de acuerdo con un dictamen preliminar de autoridades norteamericanas.

Los activistas abogan por que el Gobierno flexibilice los mecanismos de adopción para las familias rusas, adopte un conjunto de medidas de estimulación económica para los núcleos con niños adoptados, mejore las condiciones en las casas de acogida (orfanatos) y las someta a un control de la sociedad.

Irina Bergset, coordinadora del movimiento social internacional Madres Rusas, principal organizador de esta marcha, dijo que tras la muerte del vigésimo niño, de manos de una familia adoptiva estadounidense, no podía permanecer en silencio. Es nuestro dolor colectivo, pues más de 100 familias rusas han perdido cerca de 200 niños en unos 28 países, entre ellos, Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda, Australia, Suecia, Finlandia y Noruega, declaró.

Entrevistada al calor de la convocatoria de la marcha, la activista rusa confesó padecer en lo personal una tragedia similar, ya que cuando huyó de Noruega, las autoridades de ese país le retiraron sus derechos sobre su hijo menor de cuatro años (seis en la actualidad), lo entregaron a una familia adoptiva, y luego a su padre, a quien identificó como pedófilo. Desde entonces, denunció, no le permiten un encuentro con su hijo, ni tampoco contactos telefónicos ni por Internet. Vivo muy de cerca la tragedia de más de 100 familias rusas, expresó la coordinadora del movimiento social.

La unidad de la familia y las garantías del Estado para proporcionar a cada niño el derecho a un hogar y el desarrollo pleno emergen como la piedra angular en la solución del fenómeno de la orfandad social en Rusia. El elevado número de menores acogidos bajo el amparo del Estado se ha convertido en una tragedia, de la cual es consciente el Gobierno y las organizaciones sociales, defensoras de la infancia y los derechos de la familia. Tal es la preocupación, pues se trata de una cifra abrumadora, de infantes, a cuyos padres le han retirado los derechos filiales.

Según el plenipotenciario de los derechos del niño, Pavel Astajov, un 84 por ciento de los niños en orfanatos tiene vivos a sus padres biológicos, y el ciento por ciento cuenta con familiares. Con sensibilidad ante el problema y responsable de la ejecución del ambicioso programa “Rusia sin huérfanos”, Astajov defendió la protección de la familia como la célula básica de la sociedad, en tanto premisa ineludible en la erradicación de la orfandad social.

La familia es el fundamento de la sociedad, en mi opinión es sagrada, porque ningún niño sale al mundo sin padre y madre. “El Estado tiene que atender sus necesidades, no destruirla”, afirmó Astajov en entrevista a Prensa Latina. Dijo convencido de que este grave problema de la infancia rusa tiene que ser rebasado, en primer lugar con el enfoque de no retirar los hijos a padres vivos.

Ilustró como un logro en este frente un ligero giro apreciado en 2009-2010, y en 2012, hacia una reducción de los casos, en un 30 por ciento, y en 45 por ciento de los padres que han querido recuperar sus derechos. Soy partidario de dar oportunidad a los progenitores que rectifiquen su conducta -si no se trata de delitos graves- y priorizar la profilaxis, el trabajo preventivo.

“Es tiempo de levantar piedra sobre piedra y apoyar a la familia. Si hoy apoyamos a la familia, si apoyamos a los niños y a sus derechos a que estén con su familia, será en beneficio de la sociedad y del progreso de la nación”, subrayó el defensor del menor ante el Presidente. Insistió en que el niño debe quedarse con sus padres y retirarse la custodia solo como último recurso, pero, al mismo tiempo, confesó su convicción sobre los necesarios cambios de la legislación vigente, en favor de la familia.

La orfandad social se combate, enfatizó, no permitiendo la apropiación de niños con padres vivos. Está comprobado que cuando se retira un menor de una familia se les crea traumas psicológicos de por vida. Cuando un niño es separado de sus padres, en primer lugar, los conoce y los ama sin tener en cuenta lo que sean, si lo golpean, sin son borrachos o bandidos, expresó el también jurista, quien dedicó varias jornadas a reuniones con representantes de organizaciones sociales, sensibles a esa problemática.

Astajov promueve la inclusión de entidades rusas no gubernamentales, defensoras de los derechos de familia y del niño, en un titánico pero necesario trabajo social de prevención. Sociólogos, psicólogos, psiquiatras, activistas sociales y hasta escritores conceden importancia capital a la labor de prevención que ayude a detectar a tiempo los núcleos con problemas, y los niños en situación de peligro, para evitar la retirada forzosa de la patria potestad y la destrucción del núcleo familiar.

La tarea del Estado es ayudar a esas familias, garantizarles un mínimo de sostén material. En lugar de destinar dinero a las casas de recogida, debe asignarse a las familias con dificultades económicas, recalcó el defensor. Coinciden en señalar los expertos la ausencia a escala social de un concepto claro de cómo enfrentar la conducta antisocial de algunos padres, sin llegar a medidas drásticas irreversibles.

Rusia sin huérfanos, ¿una utopía?

Para Astajov, la realización del programa concebido por él y entregado al Gobierno para su ejecución como parte de una política de Estado, muestra resultados en varias regiones de la Federación, que son alentadores. A inicios de 2013 el número de huérfanos llegó a casi 650 mil, de acuerdo con la defensoría del menor.

Rusia comprende más de 80 entidades administrativas, y por fortuna muchos de los gobiernos regionales tratan de solucionar de forma independiente los problemas relacionados con la orfandad social, y la preocupación por las familias y los niños. Ha demostrado efectividad, pues en primer lugar se logró en algunos territorios (Tiumen y Kaluga) reducir la cantidad de orfanatos, informó.

Mi objetivo con el programa es cambiar cardinalmente la ruta del dinero (del financiamiento estatal) de los orfanatos a la familia, ayudar a quienes no tienen posibilidad de mantener a los hijos, enfatizó. Agregó que el dinero que queda libre va directamente a la ayuda a las familias necesitadas, y ello es más ventajoso para el Estado.

El defensor ruso es ferviente partidario de reincorporar a sus hogares naturales a los menores que fueron adoptados, y de acabar en un futuro cercano con la práctica de adopciones a extranjeros. Estados Unidos no envía sus niños al extranjero, y nosotros suspenderemos gradualmente las adopciones externas, aseguró a Prensa Latina.

Una batalla sin duda alguna es lograr que prevalezca un control social -consejo de padres y activistas- sobre el seguimiento de los problemas y un auténtico apoyo a la familia. Pese a los esfuerzos y pasos emprendidos por el Gobierno para adecuar las leyes nacionales a la convención internacional del niño, queda mucho por recorrer para perfeccionar la base legal en defensa de la familia rusa y de la infancia.

* Corresponsal Jefe en Rusia de Prensa Latina.