La Habana, Bangui y Luanda (PL).- La denuncia por las Naciones Unidas del aumento de las violaciones de los derechos de los niños en la República Centroafricana (RCA) revivió un tema que, pese a las advertencias, continúa siendo un problema grave para el mundo. Y es que el asunto resurge como “la mala espina”, sobre todo, en aquellos países donde la institucionalidad se quiebra ante la debilidad de las estructuras o, como es el caso, mediante el uso de la fuerza de elementos armados.

El pasado 19 de agosto el ex jefe rebelde Michel Djotodia prestó juramento para convertirse en el sexto presidente de la RCA, lo que abre un periodo formal de 18 meses de transición antes de las elecciones. Cerca de cinco meses después de que tomara el poder por la fuerza, Djotodia juramentó sobre la Carta de Transición, que sustituye a la Constitución desde el derrocamiento del presidente François Bozizé.

El 24 de marzo la coalición rebelde Séleka derrocó mediante un golpe de Estado al entonces presidente Francois Bozizé, quien abandonó el país, que permanecía envuelto en una ola de violencia y la cual continúa generando éxodos en diversos territorios. Según Ellen Van der Velden, jefa de misión de Médicos Sin Fronteras (MSF) en la República Centroafricana, “los desplazados duermen donde pueden, en la iglesia, la escuela o bajo los árboles”.

Millares de personas se sumaron en las últimas jornadas a otras decenas de miles de desplazados por la violencia en el noroeste de la República Centroafricana. MSF informó que más de 30 mil de esos emigrantes se encuentran en la noroccidental localidad de Bossangoa y las zonas aledañas desposeídos de abrigo, agua potable y alimentos.

La localidad de Bossangoa y sus alrededores están abarrotados y la gente sobrevive sin condiciones sanitarias. “En estas desastrosas circunstancias higiénicas, el riesgo de brotes de enfermedades es alto”, señaló la activista. MSF apuntó en su comunicado que los combates en esa zona entre grupos armados y las actuales fuerzas gubernamentales están causando, además, múltiples víctimas civiles.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) estima que los niños son reclutados, amenazados, abusados y drogados para combatir en conflictos étnicos, religiosos, entre narcotraficantes o contra gobiernos, desde los siete años de edad. La representante especial de la Secretaría General de la ONU para Conflictos Armados Leila Zerrougui denunció que tras la ofensiva militar de la coalición opositora Seleka en marzo se incrementaron en la RCA los asesinatos, agresiones sexuales y el reclutamiento infantil.

“Los niños, uniformados y armados, son obligados a patrullar, llevar a cabo controles y participar en saqueos”, denunció la funcionaria en coincidencia con organizaciones de la sociedad civil centroafricana que venía realizando denuncias de pillajes y violencia. Según Zerrougui, se confirmó la presencia de niños en las filas del grupo armado en diferentes ciudades del país, controladas por la agrupación que hoy ostenta el poder.

Para la representante del secretario general, Ban Ki-moon, en el país del centro de África prevalecen la anarquía e inseguridad que constituyen “caldo de cultivo” para el reclutamiento de los pequeños. En ese sentido instó a los mandos militares a liberar con urgencia a los niños “que están entre sus filas”, además de exigirles abstenerse de “continuar reclutando y utilizando” a los menores.

Un impacto negativo inmediato tras el golpe recayó en el sector escolar con el cierre de muchos centros de enseñanza que dejó sin acceso a la educación a unos 166 mil menores de edad. Unicef alertó que al menos 250 mil niños que comenzaron la primaria en el curso 2012-2013 y unos 30 mil del nivel secundario pueden perder el año escolar a consecuencia del conflicto.

En un comunicado, Unicef demandó a las autoridades golpistas centroafricanas a adoptar “acciones rápidas” para reabrir las escuelas a fin de evitar que alrededor de 300 mil pequeños pierdan el año lectivo. La situación resulta tan complicada que la ONU llamó la atención acerca de que dos millones de infantes de la RCA requieren de ayuda humanitaria urgente.

La ofensiva de Seleka

El 24 de marzo las fuerzas de Seleka, estimadas en unos tres mil efectivos, lanzaron una ofensiva a gran escala contra Bangui, la capital de la República Centroafricana, y tomaron el control del país tras la huida del presidente François Bozizé y sus más allegados al exterior. Esta era la segunda vez en apenas cuatro meses que el movimiento opositor movilizaba sus tropas contra el gobierno, pues en diciembre de 2012 esa guerrilla avanzó hacia la capital hasta ubicarse a solo 75 kilómetros, luego de ocupar ciudades en el norte y centro del país.

Después de intensas gestiones mediadoras de la Comunidad Económica de los Estados del África Central y organismos internacionales y regionales, los guerrilleros, la oposición política y el Ejecutivo firmaron en enero un acuerdo de paz en Libreville, la capital de Gabón. Entre los arreglos se pactó el desarme y desmovilización de los hombres de Seleka, que comenzaría a finales de febrero, previa retirada hacia tres áreas de reagrupación acordadas con anterioridad. El gobierno, a cambio, prometió mediante decreto liberar a los presos políticos y levantar el toque de queda impuesto, ambas demandas reclamadas por los guerrilleros.

En Gabón los contendientes acordaron, además, y quizás lo más importante por su trascendencia, la constitución de un gobierno de unidad compuesto por los líderes rebeldes, opositores civiles y los seguidores de Bozizé. Los insurgentes reanudaron los ataques a finales de marzo bajo el argumento de que el jefe de Estado incumplió los compromisos de Libreville, incluido el retiro de efectivos ugandeses y de unos 500 militares sudafricanos que su misión era la de reforzar al ejército centroafricano. De estos últimos, 13 soldados fallecieron en los combates del 24 marzo contra los rebeldes cuyo líder, Michel Djotodia, se autoproclamó gobernante y anunció que se mantendrá en el poder hasta el 2016, cuando convocará a elecciones presidenciales.

De diferentes partes del mundo y el continente africano llegaron las voces de condena como el Comité de la Internacional Socialista para África, que censuró de manera enérgica el golpe de Estado. En un comunicado dado a conocer por el titular de dicha institución para la región, Emmanuel Golou, exigió el regreso al orden constitucional.

El texto señaló que después de un minucioso análisis de los acontecimientos, el Comité de la Internacional Socialista para África mostró su indignación “contra las exacciones, el pillaje y las pérdidas de vidas humanas durante la ocupación del Palacio Presidencial por los rebeldes”. Asimismo lamentó la muerte de soldados sudafricanos, que junto a otros militares extranjeros, estaban encargados de velar por el orden constitucional.

Los niños y la guerra

La denuncia de la ONU sobre el aumento de las violaciones de los derechos humanos de los niños en la República Centroafricana es una nueva carga que se suma a un fenómeno nada nuevo y que afecta a miles de infantes en el mundo. Datos cifran en más de 300 mil los menores que hoy participan en conflictos armados, de los que una buena parte corresponden a las llamadas niñas soldados. Secuelas síquicas y físicas sufridas por esos infantes impactan tanto en su futuro personal como en sus comunidades y lastran sus posibilidades de desarrollo.

En un intento por erradicar el reclutamiento de menores en los conflictos armados, en una reunión celebrada en 1997 Ciudad del Cabo, Sudáfrica, se recomendó que los gobiernos y las comunidades de los países afectados adoptaran las medidas adecuadas para terminar con esa forma de violación de los derechos de la infancia. Allí se estableció que cada 12 de febrero se celebrara el Día Mundial contra la Utilización de Niños y Niñas Soldados, paso considerado importante para crear conciencia y evitar la utilización de menores, de un modo u otro, en conflictos armados.

Hasta el presente 142 países han ratificado el Protocolo facultativo de las Naciones Unidas sobre la participación de menores en conflictos armados. Esa herramienta está considerada como el instrumento jurídico más importante para los menores obligados a participar en conflictos armados.

El texto obliga a los Estados signatarios a priorizar la promoción de los derechos humanos y la protección de los grupos más vulnerables como el de los menores de edad. Asimismo, exhorta a tener en una dimensión fundamental para luchar contra esta realidad la rehabilitación y la reinserción de los niños y niñas soldados, además de la prevención y desmovilización. La ONU mantiene su objetivo de lograr en 2015 que los Estados limpien sus ejércitos de niños.

Crecimiento sano de la niñez, desafío para África

África es el continente que aún representa los mayores desafíos para los niños en materia de nutrición, supervivencia, educación, desarrollo y protección, sostienen representantes de organismos internacionales en la región. Al referirse al contexto africano, el representante en Angola de Unicef Koen Vanormelingen expresó en declaraciones exclusivas a Prensa Latina que en este continente área aún ocurren la mitad de las muertes infantiles del mundo.

Sin embargo, apuntó, África es un continente joven, con grandes potencialidades para desarrollarse, que en los últimos años experimentó progresos rápidos en sectores como la educación primaria y en el tratamiento de agua potable.

Frente al espejo de sus enormes riquezas naturales, en África, donde son recurrentes el hambre y la pobreza, más de un millón de niños menores de cinco años muere cada año por falta de alimentos, según un informe de Unicef. Los decesos, que suceden sobre todo en el África subsahariana, se asocian a la desnutrición de infantes que viven en el seno de familias con escasos recursos para vivir.

Al reflexionar sobre esa realidad, el director regional de Unicef para África Oriental y Meridional, Elhadj As Sy, consideró recientemente que el déficit nutricional incide en la muerte de menores, ya que al menos un 30 por ciento de ellos crece famélico. De cara a esa realidad, organismos internacionales, como la propia Unicef, han llamado a los gobiernos de la región a potenciar las inversiones y el rendimiento de los cultivos agrícolas para elevar los niveles alimenticios de la población.

Los expertos coinciden, no obstante, en que para mejorar la nutrición de millones de personas en demarcaciones como África subsahariana y el Cuerno Africano se necesita del apoyo internacional, mediante el suministro de fondos millonarios.

Al abordar la compleja situación alimentaria en el Sahel, la subsecretaria General para Asuntos Humanitarios de la ONU, Catherine Bragg, en mayo último precisamente a aumentar la asistencia humanitaria en esas zonas. Estamos extremadamente preocupados por los millones de personas que se encuentran afectadas en la región del Sahel por la combinación de la sequía, la pobreza y los altos precios de los cereales, combinados con la degradación ambiental y el subdesarrollo crónico, afirmó.

La funcionaria auguró que esos elementos desembocarán en una nueva crisis alimentaria. En relación con el incremento de las tarifas de los alimentos, otros expertos valoran que ello está determinado en parte por la creciente demanda de las economías de rápida expansión, aumento de la población y utilización de alimentos en la producción de biocombustibles y etanol.

En Angola, país del suroeste africano, cientos de familias de 10 de las 18 provincias, fueron dañadas por la intensa sequía de este año, con precipitaciones que fueron 60 por ciento inferiores a la media histórica nacional. La escasez de lluvias, que provocó un descenso productivo de unas 400 mil toneladas de alimentos, puso en riesgo de sufrir este año desnutrición aguda a medio millón de niños menores de cinco años en esos territorios, según organizaciones humanitarias.

Sin embargo, el Ejecutivo angoleño no se cruza de brazos y recupera la salud de los menores con un plan que da respuesta integral a la crisis de la nutrición, con el apoyo de organizaciones locales. Entre las iniciativas que desarrollan autoridades en territorios angoleños figuran la creación de centros de alimentación terapéutica y ambulatorios para pacientes desnutridos, reflejaron medios locales.

Luego de la realización de una pesquisa a gran escala de habitantes desnutridos en las provincias afectadas por la sequía, niños escuálidos reciben tratamientos. En aras de proteger a las personas de corta edad contra la desnutrición, nuestro objetivo es garantizar una respuesta inmediata y eficaz en las zonas más vulnerables, enfatizó la Dra. Adelaide de Carvalho, directora nacional de Salud Pública en Angola.

Para el representante de Unicef en Angola aunque este territorio presenta un índice del 34 por ciento de los infantes con malnutrición crónica, lo que significa uno por cada tres, el país avanza en el desarrollo de los Objetivos del Milenio. Angola, consideró, además de ratificar la Convención de los Derechos de los Niños, hace progresos en aspectos como sobrevivencia, nutrición, acceso a educación primaria, violencia, Sida y competencias familiares, entre otros.

Un logro incuestionable, refiere, es que esta nación, que vivió un cruento período de 27 años de guerra (1975-2002), bajó el índice de mortalidad en menores de cinco años de 240 hace 10 años hasta 154 decesos en el actual, lo cual debe mejorar aún más. Reconoció que en ese adelanto inciden las campañas de vacunación contra la poliomielitis y otras enfermedades, impulsadas por el gobierno, y una mejoría en la educación sobre la importancia de la lactancia materna y adecuados hábitos nutricionales.

* Díaz Guerrero es jefe de la redacción África y Medio Oriente de Prensa Latina, y Bravo Fong, corresponsal en Angola.