En octubre de 1917 los bolcheviques habían llevado a cabo la revolución rusa, la más importante y pionera en el siglo XX, creyeron haber dado “el salto de la humanidad del reino de la necesidad al reino de la libertad”, tal como lo afirmo Isaac Deustcher. Los años nos enseñaron después lo que una revolución jamás debe hacer.

En Octubre del 2003, la revolución indígena popular, obrera y vecinal más importante del siglo XXI en la América Latina contemporánea, echa a Gonzalo Sánchez Lozada del poder, quien desesperado huye a los EEUU. “Goni” -como se lo conocía en los círculos políticos- era la expresión máxima del colonialismo servil bajo tutela norteamericana y europea.

Octubre del 2003 Bolivia inicia el cierre de una etapa de la historia republicana que habiéndose inaugurado en octubre de 1982 con la apertura democrática y un gobierno popular como el de la UDP, degenero prontamente en un neoliberalismo económico y político dirigido por los partidos cuya “magia” era una fórmula simplona y burda a la vez: El pasanaku político.

Pero no solo eso, sino que también fue el periodo donde la reformulación de las políticas públicas dejaba sin nada a los que ya nada tenían, echaban a la extrema pobreza a los que ya eran pobres de pobreza. Redujeron el Estado a tal extremo que el Estado era un paralítico con ataques de epilepsia continuos en contra del pueblo.

Al despido le llamaron relocalización, al robo le pusieron el nombre de capitalización y al imperialismo le denominaron cooperación internacional. Subieron los sueldos a tal nivel que solo los directorios de las ONGs (aliadas) en complicidad con los niveles burocráticos más altos del Estado, superaban los 20.000 Bs., los niveles salariales de los trabajadores de base fueron reducidos en escala contraria.

Eran tiempos donde la copa de vino apretaba la barriga de los extremadamente pobres, los medianamente pobres y los pobres con un cinturón llamado “reforma estructural”. La salud y la educación quedaron en cero, como quedaron en cero los niños, los adolescentes y los ancianos… la era de los des-derechos se había iniciado con víctimas inocentes…

Esos días no quedaron en el olvido, lo saben los albañiles, lo saben los profesores, lo saben los burócratas que tenían que pasar de partido en partido para conservar la pega…

Todo está grabado en la memoria… Efectivamente, nada está por fuera de la memoria, y es que no recordar es dar paso a los malos gobiernos, dar lugar a la impunidad y la impunidad es premio al delito.

No se puede olvidar el lugar que ocupaban, Gonzalo Sánchez de Lozada, Jaime Paz Zamora, Manfred Reyes Villa, Samuel Doria Medina, Juan del Granado, Jorge Quiroga y Carlos Mesa. No se puede olvidar a los famosos de la televisión que nos decían una cosa mientras ocurría otra, no se puede olvidar a quienes nos ofrecían pena de muerte y acabaron muertos de pena, como no se puede olvidar a quienes nos ofrecían 250.000 y luego 500.000 empleos, nos dejaron casi un centenar de muertos y más de dos centenares de heridos y la cuenta aumenta día a día.

No se puede olvidar la tarea puntillosa de grandes medios de información que desinformaban con total alevosía y saña, que ocultaban la realidad para transmitir puntillosamente el discurso de Goni cuando decía que “no iba a renunciar” y los muertos aumentaban en El Alto

No se puede olvidar el papel de primera línea que Ana Maria Romero de Campero tuvo al enfrentarse directamente con Goni, como no se puede olvidar a los guerreros y guerreras de El Alto, a las vecinas que con piedras en sus polleras pretendían detener los balines y los gases.

Las balas asesinas de soldados desmotivados y jerarquía castrense confundida por los acontecimientos, desde 1986 no habían visto tal tamaño de resistencia, tal tamaño de dignidad.

Pero lo que no podemos olvidar por nada del mundo, es el racismo. El color de la piel definía el objetivo de la bala. Indios fueron las victimas y lo más cercano a los indios que son los alteños, los migrantes los que del campo vienen a la ciudad a sufrir el desprecio colonial heredado por siglos de abuso.

Indios fueron los muertos en las jornadas de resistencia al modelo neoliberal, indios fueron los mineros que relocalizados no llegaron a ningún lugar, solo al desempleo forzado o el Chapare. Indios los cocaleros que nos enseñaron cómo enfrentarnos al imperio preparándonos para la victoria popular.

Indios son los antecedentes de Octubre, como indios son los apellidos de los guerreros, indios son los pechos que hoy siguen creyendo en la revolución y su potencia histórica.

Por ello, este octubre no solo es el 17, es el mes entero. Octubre de democracia, octubre de memoria revolucionaria, octubre de mujer, octubre de alteños y alteñas, octubre de descolonización.

Es un octubre que nos recuerda cómo se construye dignidad a mano y sin permiso. Aquí la blanquitud colonial, tiene que poner las barbas en remojo, su derrota viene de su peor herencia: el racismo.

* Abogado, director general de Estudios y Proyectos del Viceministerio de Gestión Comunicacional.