Este 03 de Octubre se celebra el 45 aniversario de la gesta velasquista. Lenin dijo una vez que “Aquellos que esperan ver una revolución social pura nunca vivirán para verla. Esas personas prestan un flaco servicio a la revolución al no comprender qué es una revolución”. Y esto es lo que se vivió durante el gobierno de Velasco Alvarado. Así como sucedió con la revolución de los claveles en Portugal (donde la alta oficialidad fue el actor protagónico), en Perú, la efervescencia de la lucha de clases, que comenzó en los 60s con las insurrecciones campesinas, tuvo un impacto en la conciencia de militares patriotas como Juan Velasco Alvarado (hijo de una familia trabajadora piurana).

“…Todos reconocemos en América Latina que la insurgencia de movimientos nacionalistas y revolucionarios siempre ha planteado situaciones conflictivas de intensidad variable con el gobierno de Estados Unidos…”, Gral. Juan Velasco Alvarado en 1971 (Planteamiento Integracionista y el apoyo del Gobierno Revolucionario).

Ciertamente, este hombre no había leído a Lenin, pero entendía, por su propio análisis y praxis social-militar que, la única manera de desarrollar al país era recuperando nuestros recursos naturales. Además, Velasco había quedado impactado por la rebelión de Túpac Amaru y las ideas antiimperialistas de Bolívar. Por eso cuando decide dar el golpe militar y radicalizar expropiando a las transnacionales la primera resistencia que tuvo fue de su entorno y la oligarquía.

Un periodista de izquierda cercano al régimen velasquista como Raúl Wienner escribió, “…Me contaba el general Fernández Maldonado, que en los días iniciales del gobierno militar, la gran definición estaba planteada en términos de lo que se haría con los yacimientos petroleros de Talara y la presencia de la IPC en el país. En el primer gabinete institucional había sin embargo una mayoría de generales y almirantes que…desechaban las propuestas de los coroneles radicales que habían impulsado el golpe de Estado y que exigían la expropiación inmediata…Un rato después Velasco regresó a la sala del gabinete y antes de tomar asiento dijo con voz ronca que en esos mismos momentos por disposición suya, el destacamento militar de Talara estaba entrando a las instalaciones petroleras para proceder a la expulsión de la IPC. Y añadió si había alguien que se opusiera. Todos callaron…”.

De esta forma Velasco cruzo el rubicòn, aplasto a la oligarquía y se definió, ganándose el cariño popular, pero también el respeto y temor de la burguesía nacional. Es por esta razón, que desde el poder aplicó una política de nacionalización de las palancas fundamentales de la economía como el petróleo, minería, gas, pesca, etc. que luego fueron complementadas con la aplicación de leyes democráticas a favor de la sindicalización obrera y la reforma agraria, con el eslogan, “campesino, el patrón ya no comerá más de tu pobreza”.

Para cumplir con este objetivo elaboró el Plan Inka, que tenía como fin la transformación de las estructuras económicas, sociales, políticas y culturales, bajo la perspectiva de construir una nueva sociedad socialista. Si bien es cierto, el régimen velasquista practicó una política nacionalista, independiente y humanista; la relación dialéctica entre el líder y las masas (el hombre que les dio voz y esperanza), hizo avanzar el proceso hasta el punto de formarse grupos marxistas en el entorno del gobierno y de impulsar el partido socialista revolucionario en las postrimerías del régimen.

Durante la campaña electoral, un porcentaje del 31% que eligió a Ollanta, creía que éste iba a realizar una política velasquista, honesta y corajuda, contra la nueva oligarquía. Sin embargo, Ollanta, a pesar de contar con un partido y de haber utilizado la figura velasquista, no tiene el carácter de Velasco. Ollanta es el hazmerreír del pueblo y la derecha.

Ollanta, Alan y Toledo

El analista Raúl Wiener escribió una nota sobre Ollanta (creo que en respuesta al ex diputado Gustavo Espinoza), en el sentido de que si la derecha lo sigue atacando, a pesar de su capitulación es porque, a diferencia de otros ex presidentes, Ollanta no se ha corrompido.

Puede ser. De hecho que Ollanta no es como los degenerados políticos Alan o Toledo. A diferencia de los dos últimos, Ollanta, pareciera ser más estructurado, serio y disciplinado con su esposa y familia. No obstante, la corrupción es inherente al sistema capitalista.

El sistema está diseñado para elevar a los presidentes, congresistas y funcionarios A1, por encima de la sociedad. Primeras planas en la prensa, viajes placenteros a cualquier parte del mundo, banquetes de reyes, vestidos suntuosos, y rose con la crema y nata de la alta elite limeña, etc. El caso Urtecho es una expresión del carácter en descomposición del régimen político (y hay varios más en el Congreso). Privilegios del poder le llaman algunos. Y aunque el nacionalismo no gobierna estructuralmente, pues, hay una tendencia hacia la descomposición política. Y Ollanta es el único responsable de todo esto. Desde que llegó a Palacio dio la espalda al pueblo, sus padres y su partido, demostrando que la lealtad a los ciudadanos que lo eligieron no le importa.

Entonces, si Ollanta, ataca a Alan y Toledo, no es porque crea firmemente en la lucha anticorrupción, sino porque calcula que sus programas sociales no le dan la popularidad necesaria como para tener estabilidad política. Es así como Ollanta se ve obligado a boicotear el diálogo para pasar a una fase de ataque político a los ex presidentes porque piensa que así podrá evitar caer al dígito de aprobación popular y mantener vigente al nacionalismo.

No obstante, el movimiento tiene su propia dinámica. Los ataques de Ollanta generaran un blitzkrieg por parte de Alan y Toledo (no asistir al dialogo al menos que este Ollanta, atacarlo por el viaje a Francia, fracaso de Qali Warma, etc.). Y al no tener el gobierno ni la estructura ni los cuadros políticos experimentados para poder enfrentar la “guerra”, pues, estos dimes y diretes entre gobierno y oposición, conllevarán a la profundización de la inestabilidad del propio régimen, para finalmente terminar conciliando.

Inestabilidad que será llevada a su máximo nivel en algún momento debido, por otro lado, a la acumulación de demandas populares irresueltas (médicos por sueldos, administrativos de salud, campesinos por apoyo al agro, obreros por salarios, mineros informales, etc.) y la crisis mundial que en algún momento también tocará fondo en el Perú.

Y es que justamente este es el punto que Ollanta o no entiende o no quiere entender. Por más programas sociales, discursos bonitos y campechanos, agua, desague y pistas que inaugure, lo que las masas populares quieren (consciente o inconscientemente), es un cambio del modelo económico corrupto (repartija), que solo beneficia a la élite limeña y algunos sectores medios.