Este 10 de Octubre se celebran 31 años de democracia y no es poco. 31 años que nos enseñan el dolor de las dictaduras, las muertes anunciadas por el Plan Cóndor y los desaparecidos por pensar diferente, pensar con el corazón a la izquierda y la sangre roja.

No es poco el tiempo pasado, como no es poca la sangre derramada. Los dolores de las dictaduras tienen que ver con la historia de violaciones a los derechos humanos, con tanquetas a la cabeza de tropas militares.

Con la historia de las torturas y las formas de su aplicación sobre la carne humana, sobre las uñas de los disidentes, las picanas y los baños de agua fría a media noche. Con persecuciones y detenciones preparadas arteramente desde frías oficinas militares con agentes paramilitares.

Tiene que ver con las memorias de Luis Espinal y Marcelo Quiroga Santa Cruz, con la memoria de Domitila de Chungara.

La democracia de hoy, es el resultado de las luchas ayer, la democracia de hoy no es solo el voto periódico y la vigencia constitucional de los derechos, las libertades y las garantías.

La democracia de hoy es el resultado de las luchas populares, por devolverle al voto la soberanía del pueblo y no dejar que sea escamoteada por pasanakus partidarios de compadres provenientes del narco estado.

La democracia de hoy proviene de las victorias populares contra analfabetos de patria y expertos en negociados para beneficio de transnacionales y billetera familiar.

La democracia de hoy, nació justo cuando el 2003 huyo el genocida Gonzalo Sánchez de Lozada y con él un séquito de ladrones con cargos de ministros, diputados, senadores que hoy se pavonean con el dinero del pueblo por las calles de Nueva York o Washington D.C.

Por ello, la democracia que hoy vivimos, es mucho más de lo que se piensa. Los autoritarios de ayer, hoy convertidos en demócratas a ultranza. Los dictadorzuelos de ayer, hoy aprendices de huelguistas. La burocracia de ayer, hoy se victimiza con lamentos hipócritas.

Bolivia, América Latina toda, está viviendo una hora histórica. Son tiempos donde la dignidad se pone por encima del desprecio, donde la solidaridad se pone por encima del sálvese quien pueda.

La democracia en Bolivia ha dejado de ser un asunto de elites, para ser asunto de pueblos. La democracia ya no es nacional, es plurinacional. La democracia ya no es para votar solamente, sino también para votar a los flojos, mentirosos o racistas

La democracia en Bolivia ya no es una pesadilla neoliberal, sino la realidad de un sueño llamado gobierno del pueblo, desde el pueblo, con el pueblo.

La democracia en Bolivia es de todos los invisibles y los invisibilizados. Los despreciados y depreciados entran en la historia y la revolucionan, a mano y sin permiso. La democracia que se vive en Bolivia ha decidido descolonizarse, hacerse indígena y popular.

“Todos somos pueblo”, dijo el presidente Evo Morales, lo dijo para la Democracia de hoy…

* Abogado, director general de Estudios y Proyectos del Viceministerio de Gestión Comunicacional.