La Habana (PL).- El naufragio de una embarcación atestada de unos 500 inmigrantes africanos, con saldo de más de 200 muertos, pareció llevar a un primer plano en Europa un problema de larga data, calificado de vergüenza por el papa Francisco. Sí, efectivamente, es una vergüenza que la estatua de la “Puerta de Europa”, situada en las costas de la isla siciliana de Lampedusa, dedicada al inmigrante ausente, aparezca retorcida ante la peor tragedia migratoria que se recuerda en esta región.

Nada más recordar que en los últimos 20 años perecieron unos 25 mil foráneos cuando trataron de atravesar sin éxito el Mediterráneo hasta alcanzar Lampedusa, con diferentes motivos: mejora de vida, sobrevivir o huir de zonas de conflicto. Pero muchos en la Unión Europea (UE) miraban indiferentes a tal fenómeno y en algunos casos más bien abogaron por fortalecer las regulaciones para penetrar en la frontera de la zona de Schengen.

Otros fuera de la entidad comunitaria como el Reino Unido se disponen a recrudecer medidas para frenar el flujo migratorio, mientras criminalizan cualquier envío de remesas de inmigrados establecidos, como en el caso de los somalíes, al acusarlos de financiar el terrorismo, afirma el diario The Guardian.

Uno de los años más difíciles de los flujos migratorios hacia Lampedusa lo fue 2011, cuando en pleno apogeo de los bombardeos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) contra Libia, al menos 2.700 personas perecieron antes de llegar a esa isla. En marzo de ese mismo año, The Guardian se hizo eco de un incidente en el cual murieron ahogados 61 inmigrantes, quienes hicieron todas los avisos establecidos a unidades navales de militares europeos y solo recibieron la indiferencia como respuesta. (1)

Claro, el caso pasó a menores en medio de la agresión de la OTAN contra el “régimen” del líder libio Muamar Ghadafi, en la primera intervención conjunta de la alianza en África del norte. En ese entonces, nadie intercedió ni lamentó la muerte de los inmigrados, quizás porque las montañas de bolsas plásticas no se agolparon en los muelles como tras el naufragio del pasado 2 de octubre, en el cual la cifra podría sobrepasar los 300 muertos, cuando faltan muchos cuerpos por recuperar en el mar.

Tampoco hubo antes profundas expresiones de dolor de la Unión Europea, la ONU o el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados como ahora para lamentar el naufragio de la citada embarcación de unos 20 metros de largo, una de las tantas que llevaron a unos 200 mil inmigrantes a Lampeduda desde 1999.

Pero el presidente de la Comisión Europea Jose Manuel Durao Barroso rechazó las acusaciones de que ese órgano no hizo nada para resolver o prevenir tragedias como la de Lampedusa, que con seis mil habitantes quedó sin sitios vacantes, tanto para muertos como para vivos. Barroso recordó que la Agencia Europea de Protección de Frontera Externa (Frontex), con un mísero presupuesto de 85 millones de euros para los estándares de la UE, salvó a unos 16 mil inmigrantes en los últimos años.

Una disposición firmada en Dublín por los ahora 28 miembros de la UE deja solos a los estados por donde entra el flujo de inmigrantes, al responsabilizarlos con la recepción y atención de los indocumentados, aunque la mayoría de ellos, el 70%, termina en Alemania, Reino Unido o Francia. Pero la tragedia ocurre en las costas europeas, como en el caso de Lampedusa, a donde no pudieron llegar en 2012 unos 1.300 foráneos.

Sin embargo, los europeos proponen un programa que a su modo de ver puede mejorar ostensiblemente la situación: el Eurosur. Para esos propósitos, se destinarán poco más de 240 millones de euros en el periodo 2014-2020, es decir, unos 40 millones cada año, a fin de poner en funcionamiento un sistema de vigilancia, tanto de las actividades de los traficantes de personas como de la ubicación de los potenciales inmigrantes. (2)

El diario británico Daily Telegraph considera, no obstante, que la medida para emplear satélites y hasta drones a fin de ubicar las embarcaciones con inmigrantes más bien parecen dirigidas a evitar su salida hacia Europa que a localizarlos con vistas a ayudarlos en sus travesías. De hecho, en agosto de este año se conoció que el gobierno italiano ordenó a dos buques comerciales evacuar a los pasajeros de una rústica embarcación para luego obligarlos al retorno a territorio libio, desde donde partieron.

Según sobrevivientes del naufragio, citados por Corriete della Sera, tras el estallido de un fuego a bordo, al intentar hacer una fogata para llamar la atención de la guardia costera sobre su ubicación, tres pesqueros pasaron por la zona sin hacer nada. El ministro italiano del Interior Angelino Alfano se mostró ofendido por tales versiones y las desmintió de inmediato al alegar que los italianos tienen buen corazón y de haberlos avistado, hubieran ofrecido ayuda a los náufragos.

Los alegatos de Alfano chocan con las críticas proferidas por la ultranacionalista Liga Norte (LN) contra la ministra de Integración Cecile Kyenge, de origen congoleño y la primera afrodescendiente en la historia de los gobiernos italianos. Para la LN, Kyenge es responsable de la tragedia por abogar por lo que calificaron de políticas hipócritas con vistas a la promoción de acogida de los indocumentados.

La alcaldesa de Lampedusa Guisi Nicolini calificó tales acusaciones de estúpidas y recordó que esas personas son refugiadas. Pero el propio presidente Giorgio Napolitano se vio obligado a demandar al Gobierno el cambio de disposiciones aprobadas en agosto de 2009 en tiempos del ex primer ministro Silvio Berlusconi, quien contaba con un ministro del Interior miembro de LN. (3)

Desde entonces, funciona una regulación para imponer multas de unos cinco mil euros a los inmigrantes indocumentados llegados a las costas italianas. Ello podría aplicarse a los 155 sobrevivientes del naufragio del 2 de octubre, destaca la prensa italiana. A ello se suma la llamada ley Bossi-Fini, por el apellido de sus autores, que penaliza a quienes colaboren con la legalización de indocumentados o su entrada al país, lo cual no excluye los casos en altamar.

Un capitán de un pesquero indicó al diario La Sicilia que mientras del buque en llamas saltaban al agua los inmigrantes, dos lanchas rápidas del servicio de guardacostas permanecieron en el muelle, pues afirmaban que en caso de actuar violarían el protocolo. Existe una disposición de Naciones Unidas de considerar a todo buque sobrecargado de inmigrantes que navegue por el Mediterráneo como un sujeto para prestaciones de socorro y acogida de afectados.

La representante del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en Italia Andrea Lacomini considera en cambio que el primer ministro Enrico Letta debe llevar el tema migratorio a la dirección de la UE para demandar una reunión del Consejo Europeo. Precisamente, el auge de la crisis en la zona europea llevó a la radicalización de movimientos xenófobos, neofascistas y ultraderechistas que explotan el tema de los inmigrantes y la necesidad de limitar la entrada de éstos a Europa.

Italia apenas queda en una quinta posición en la permanencia en su territorio de inmigrantes, con unos 17 mil, pues de Lampedusa, muchos de los indocumentados acceden al resto de Europa. Mientras, desde Estrasburgo Jean-Claude Mignon, presidente de la Asamblea Parlamentaria del Consejo Europeo, un órgano tristemente célebre por sus decisiones de doble rasero en materia de derechos humanos, llamó a poner fin ahora a la tragedia de los inmigrantes, señalan analistas locales. Esperamos que estemos en presencia del último caso de este tipo de tragedias, estimó.

Muchos consideran que la disputa interna entre quienes abogan por poner una pared al flujo migratorio y quienes demandan descriminalizar al fenómeno hace de la UE un órgano con poca maniobra para resolver el citado dilema. Todo ello ocurre mientras la estatua de la “Puerta a Europa”, situada en las costas de Lampedusa, parece dar una fría e indiferente bienvenida a quienes se aventuran a dejar atrás la pobreza o la persecución para llegar a un mundo que poco los acepta.

Notas:

1. Se agudizó el ingreso de inmigrantes clandestinos a territorio italiano a raíz de las revueltas que tuvieron lugar en varios países del norte de África. Lampedusa, con 20 kilómetros cuadrados de extensión, llegó a acoger a unos 6.200 indocumentados, la mayoría tunecinos, retenidos allí en condiciones de hacinamiento. Chipre, Grecia, Italia, Malta y España demandaron auxilio de la UE para enfrentar la oleada migratoria y pidieron programas de repatriación reforzados y una revisión de las regulaciones que establecen la responsabilidad de Estados de la UE en procesar las demandas de asilo.

2. La presión de migraciones desde el norte africano hacia España a través de la localidad ibérica de Melilla, fronteriza con Marruecos, igualó este verano el nivel récord de 2005. Las tensiones por el intensidad de los flujos migratorios entre ambas regiones aumentaron progresivamente durante cada uno de los meses estivales hasta llegar a la situación actua. La Delegación del Gobierno de esa ciudad autónoma española admitió en un comunicado que la colaboración actual de Rabat, en contraste con una pobre presencia en años atrás, implicó la muerte de un suboficial de policía de ese país africano. La inmigración irregular y su manipulación por las mafias ilegales que explotan esos movimientos no son exclusivos de España, Melilla o Marruecos, sino de toda la Unión Europea.

3. El ex canciller italiano Franco Frattini pidió una revisión del Tratado de Schengen que garantiza la libre circulación en la mayoría de los países miembros de la UE. Aclaró que el acuerdo suscrito el 14 de junio de 1985 en Schengen, una localidad de Luxemburgo, no está en discusión, pero defendió la necesidad de revisarlo para adaptarlo a los nuevos tiempos. Las declaraciones de Frattini coincidieron con las del ex ministro francés de Asuntos Europeos Laurent Wauquiez, quien justificó la iniciativa de París de suspender los acuerdos de Schengen en casos de crisis grave.

* Jefe de la redacción Europa de Prensa Latina.