Santiago de Chile, (MAPOCHO PRESS).- Un nuevo episodio de censura a la libre expresión de las ideas llega a instituciones que alegan haber sido creadas para poner la libertad de información y el conocimiento político histórico reciente al alcance de “todos los chilenos”. La polémica, en pleno desarrollo pero clandestina porque nadie la publica, envuelve al documental “El diario de Agustín” (de Ignacio Agüero y Fernando Villagrán), al Museo de la Memoria (MM) y a la estatal Televisión Nacional (TVN). La película, nunca exhibida por TV, se ha visto en algunas salas y en copias DVD.

TVN adquirió los derechos pero no la incluyó en la programación dentro del plazo del contrato que expiró en mayo 2013, según los realizadores. Y recién ahora se supo que el director ejecutivo de TVN Mauro Valdés en enero 2013 notificó a los cineastas que “he resuelto no emitir “El diario de Agustín”, poner término anticipado al contrato entre ambas partes y, para los efectos de proceder a la devolución del material audiovisual de su propiedad, he encargado la preparación de un documento de término de común acuerdo…”.

Este affaire invisible salió a la luz por la decisión del Museo de la Memoria de no autorizar un foro tras la exhibición del film, programado para el 14 de marzo (1), donde un panel calificado criticaría desde el MM la decisión de TVN de adquirir los derechos del film pero no exhibirla. “Al final, uno piensa que los tipos la compraron para no mostrarla”, expresó Villagrán.

¿Cuál ha sido la censura?

La marca registrada El Mercurio impidió que el nombre del periódico apareciera en el título del documental que, según la publicidad en Internet del MM, muestra “un grupo de estudiantes de la Universidad de Chile (que) investiga el rol de la prensa en las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura de Pinochet”. La película no trata “el rol de la prensa”, sino el papel de El Mercurio y su dueño, Agustín Edwards. El MM ofrecería la filmografía de Agüero (8 películas) del 14 al 17 de marzo. “El diario…” incluso se exhibirá dos veces, pero sin el foro que criticaría a TVN y al diario.

La censura del MM no fue al film, sino al proyectado foro sobre “El diario de Agustín” animado por 4 panelistas: Faride Zerán, premio nacional de periodismo y ex directora-consejera de TVN; Francisco Vidal, ex ministro y ex director-consejero de TVN; Giorgio Jackson, ex presidente de la Federación de Estudiantes de U. Católica y Fernando Villagrán, periodista, productor de la película.

Ricardo Brodsky, director del Museo, le pidió a Agüero que bajara del panel a Faride Zerán y a Francisco Vidal, ex miembros del directorio de TVN, en un mail del 5 de marzo que circula ampliamente por las redes: “me parece que los panelista vinculados a TVN pueden estar tentados a poner a TVN y a Mauro Valdés en el banquillo de los acusados, cosa que además de injusta no quisiera que ocurriera desde el Museo de la Memoria”. Añadió: “por lo anterior, quería conversar contigo la posibilidad de cambiar a alguno de los panelistas por otro que pudiera abrir el tema hacia el conjunto de tu filmografía…”.

No hubo acuerdo. Agüero rechazó la propuesta de Brodsky el 6 de marzo y señaló: “…hay una espina que se llama El diario de Agustín, porque a pesar de su calidad reconocida por críticos y en festivales, no logra ser exhibida en la televisión. Este hecho naturalmente es un problema político y ese problema es el que quisimos debatir en el panel por medio de panelista de alto nivel. Creo que hace falta un debate así, que no lleve a acusaciones personales sino que nos haga pensar sobre las relaciones de poder que actúan en nuestra sociedad y que siguen impidiendo la libre circulación de las ideas y el conocimiento de los hechos. Esto sobrepasa ampliamente el caso particular de una película. Pensé que el Museo de la Memoria era un lugar privilegiado para una mesa como la que ideamos. Esa es la verdad…”.

Horas después, los panelistas recibieron otro mail, esta vez de un funcionario de menor jerarquía del MM: “Por la presente lamento comunicarle que el Panel propuesto para el día 14 de marzo en el Museo de la Memoria, en el marco del ciclo de la filmografía de Ignacio Agüero, no va a realizarse. Agradeciéndole su disposición a participar y rogándole que nos excuse por los inconvenientes que esto pudiera causarle, le saluda atentamente…”, etc.

Sin pelos en la lengua, Faride Zerán acusó al poderoso Agustín Edwards de mover los hilos de este episodio desde la sombra, tanto para impedir la difusión del film por TVN como la realización del panel crítico en el MM.

“El diario de Agustín desnuda la complicidad de la gran prensa en la violación sistemática de los derechos humanos llevada a cabo por la dictadura Pinochet. El documental de 80 minutos muestra la investigación de un grupo de estudiantes de la Universidad de Chile sobre el rol del “diario de Agustín” y, por ejemplo, revela su participación en el montaje del incidente frente al Papa Juan Pablo II durante la Eucaristía del 3 de abril de 1987 en el Parque O‘Higgins, con motivo de la Beatificación de Sor Teresa de Los Andes y la posterior encargatoria de reo de su dueño como resultado de la demanda judicial de dos jóvenes que fueron victimados por el medio como supuestos “autores” de la provocación que, en rigor, fue preparada por la CNI en connivencia previa con el matutino. La noticia del paso por los tribunales del reo jamás fue publicada el diario.

“Igualmente, el film revela que la profesora comunista Marta Lidia Ugarte Román (1934 – 1976), cuyo cadáver apareció en septiembre de 1976 en la playa La Ballena, cerca de Los Vilos, no se suicidó “por amor”, como indicaban los exhaustivos reportajes del “diario de Agustín”, sino que fue bárbaramente torturada por la DINA y lanzada el mar desde un helicóptero Puma del ejército”.

Entretelones y tras-bambalinas

“Lo que antecede a esta narración tiene su origen en una carta enviada el 3 de enero de este año por Mauro Valdés, director ejecutivo de TVN, a Ignacio Agüero, luego que junto al periodista Fernando Villagrán y a otros profesionales, incluyendo quien escribe esta nota (Faride), reclamaran a través de distintas vías por la no exhibición de “El Diario de Agustín” en el canal público, cuestión que quedaba en evidencia en la programación anunciada por TVN para los meses siguientes y hasta el término del contrato”, explicó Zerán (2), quien citó el texto completo de la carta:

“Estimado Señor Agüero:

“Como es de su conocimiento, los derechos de exhibición de su documental “El diario de Agustín” que Televisión Nacional de Chile adquirió en mayo de 2010, se extienden hasta el 30 de mayo del 2013.

“Teniendo en cuenta lo anterior, resultan francamente desconcertante las declaraciones que su co-productor y co-guionista, Fernando Villagrán, hizo al periódico The Clinic, en su edición del 20 de diciembre. (3)

“Desconociendo por completo la potestad de TVN de definir el mejor espacio programático de los contenidos que libremente resuelve emitir, el señor Villagrán hizo allí una afirmación que constituye un juicio carente de todo fundamento y que prescinde de la vigencia de los derechos surgidos para este canal en un contrato legítimamente suscrito: “Para ser absolutamente honesto, el directorio de TVN le tiene miedo a Agustín Edwards. Es tan simple como eso. Al final, uno piensa que los tipos la compraron para no mostrarla”.

Y continúa la carta de Valdés: “Al hacerlo, el señor Villagrán se ha permitido descalificar moralmente al directorio de Televisión Nacional de Chile y ha puesto sobre este canal una presión pública inaceptable e incomprensible…”

Mauro Valdés anunció que definitivamente TVN no exhibirá el film: “…oído el directorio y reafirmando la autonomía de Televisión Nacional de Chile, he resuelto no emitir ‘El diario de Agustín‘, poner término anticipado al contrato entre ambas partes y, para los efectos de proceder a la devolución del material audiovisual de su propiedad, he encargado la preparación de un documento de término de común acuerdo…”.

“En síntesis, concluyó Faride Zerán, una obra cinematográfica premiada ampliamente no puede ser exhibida en el Chile actual porque la censura y el miedo al poder existen y operan en todos los niveles, incluso al amparo de quienes, desde organismos públicos o con financiamiento del estado, deben velar por el pluralismo y la libertad de expresión, consagrados entre los derechos humanos que Valdés y Brodsky deberían cautelar”.

La Nación, ¿muere?

Los trabajadores hicieron su último esfuerzo por impedir que el Presidente de Chile cumpla su promesa electoral de desaparecer el diario gubernamental La Nación, que trae consigo la eliminación del Diario Oficial, licita una valiosa infraestructura inmobiliaria y de maquinaria avanzada, y elimina un competidor del mercado publicitario e impresor para los dos únicos protagonistas relevantes de este negocio en el país, el duopolio El Mercurio/La Tercera, cadenas periodísticas de Agustín Edwards y Álvaro Saieh, cuyos intereses serán fortalecidos con menor competencia.

Bajo el lema “La Nación no muere”, la Coordinadora de Trabajadores de las Comunicaciones, el Colegio de Periodistas y los sindicatos de trabajadores de La Nación convocaron a la ciudadanía a manifestarse contra la desaparición del diario, con un gran acto político cultural en las cercanías del Palacio de La Moneda, en Paseo Bulnes y Alonso Ovalle.

La invitación a protestar por el cierre fue dirigida a la ciudadanía, organizaciones de la sociedad civil, partidos políticos y líderes de opinión para denunciar y rechazar la desaparición del medio. Los organizadores dijeron que el cierre de La Nación “vulnerará un derecho humano esencial: El derecho de acceso a la libre información y a la libertad de expresión”.

“Como trabajadores de las comunicaciones denunciamos esta decisión política porque atenta contra el pluralismo y fortalece la privatización de la información en un sector social, político y económico”, dijeron las organizaciones que defienden la supervivencia del medio.

La versión en papel de La Nación dejó de circular en 2010, quedando sólo su portal Internet LaNacion.cl y una importante infraestructura de talleres de última generación que presta servicios para imprimir otros medios. Fundado en enero de 1917 por el político liberal Eliodoro Yánez, y expropiado en julio de 1927 por el dictador Carlos Ibáñez del Campo para convertirlo en órgano del gobierno de turno, el cierre definitivo afecta a más de 300 trabajadores, entre periodistas y personal de talleres.

La Coordinadora de Trabajadores de la Comunicación, los sindicatos 1 y 3 de la Empresa Periodística La Nación y diputados de tres tiendas políticas de la Concertación le pidieron a Piñera que reconsidere su decisión de cerrar el diario. No hubo entrevista con el jefe del Estado, sino una carta recibida por la Oficina de Partes del palacio La Moneda.

“Hemos venido a entregarle una carta al Presidente para decirle que no hay razón para cerrar un diario en democracia”, dijo Nancy Arancibia, presidenta del sindicato número 3 del área periodística. Agregó: “La Nación está llamado para ser un medio público, con una regulación pública, que le dé garantías a todos los chilenos y chilenas, porque es deber del Estado garantizar este derecho”. Los dirigentes de los trabajadores fueron acompañados por el senador Ricardo Lagos Weber (Partido por la Democracia, PPD) y los diputados Hugo Gutiérrez (Partido Comunista), Tucapel Jiménez (PPD) y Gabriel Silber (Democracia Cristiana).

El negocio de vender La Nación

La Nación opera como sociedad anónima, con 69% de capital del Estado y 31% de privados. Los “inversionistas” particulares surgieron de la cúpula del personal encargado de conducir la administración de la empresa estatal durante los primeros gobiernos de dos décadas (1990-2010) de administración de la Concertación de Partidos por la Democracia, según reveló una acuciosa investigación de la periodista Alejandra Matus publicada en El Mostrador del 3 de julio de 2009. (4)

Un pequeño grupo de altos empleados administrativos del propio diario, encabezado por Raimundo Valenzuela, constituyeron Colliguay SA, para convertirse en inversionistas. Un intrincado y complejísimo proceso los condujo a la posesión del 31% de las acciones, adquiridas a precios subvalorados y con facilidades de pago, según el informe de Matus. En la sesión del directorio, que el 3 de septiembre 2012 decidió liquidar la sociedad anónima, el grupo Colliguay SA votó en contra, a través de sus directores Enrique Alcalde, Manuel Velero y Teodoro Wigodski. Votaron a favor de la liquidación los representantes del 71% gubernamental, Daniel Platovsky, Presidente; Andrés Correa, Gastón Gómez y María José Gómez.

La decisión del directorio fue presionada por la Tesorería General de la República que, en su tarea de hacer caja para el Estado, pidió convocar a la junta extraordinaria de accionistas para dirimir la disolución y liquidación de la sociedad. El gerente general de la empresa Francisco Ferez, también vinculado a Colliguay SA, tuvo ese mismo día una dura reunión con los trabajadores de la empresa al explicarles la decisión del Fisco de disolver la empresa y liquidar sus bienes al mejor postor.

Después de la junta de accionistas del 3 de septiembre, la Empresa Periodística La Nación SA y Puerto Madero Impresores SA, convocaron a la Licitación Pública N° 01/2012, para iniciar la venta de los activos de ambas empresas. Puerto Madero es la subsidiaria que opera la vasta infraestructura impresora de La Nación, cuyos activos fueron los primeros que el directorio declaró “prescindibles”. El grupo Colliguay SA también posee el 31% de Puerto Madero.

Los bienes incluyen un inmueble de 3,24 hectáreas de superficie total, con más de una hectárea de construcciones, maquinaria de impresión y equipamiento de oficinas, ubicado en Av. Américo Vespucio N° 159, Pudahuel, Santiago. Las ofertas se están recibiendo desde el 4 de septiembre en la empresa Banmerchant SA, que se hizo cargo de coordinar el proceso de licitación.

Todavía está en la incertidumbre qué ocurrirá con el céntrico edificio de Agustinas 1269, que fue la sede tradicional del diario, frente al Palacio de La Moneda. En su interior alberga un archivo periodístico de más de 95 años, que teóricamente pertenecería “a todos los chilenos”. El área periodística del inmueble fue desalojada el 20 de marzo de 2012, cuando el personal del diario electrónico fue conducido a una sede más pequeña, en Serrano 14.

Breve historia de rapiña intelectual y de la otra

La Nación está asociada a avatares políticos y de rapiña del siglo 20. Desde que el diario fue expropiado por el dictador Ibáñez, en 1927, su antiguo dueño, el liberal de derecha Eliodoro Yánez, nunca recibió una compensación. Hasta hoy, sus descendientes reclaman una reparación del Estado. Cuando Ibáñez regresó al poder ganando limpiamente las elecciones de 1952, designó director del diario al recordado periodista Darío Saint Marie Soruco, Volpone, de aguda pluma en la escritura política. Su hermano Osvaldo fue canciller de Ibáñez por varios años.

A los dos años, en 1954, en la mismísima sede de La Nación, Saint Marie fundó Clarín, el diario más popular y de mayor circulación que jamás existió en Chile, con el slogan “Firme junto al pueblo”, el mismo que todavía usa Crónicas, de Buenos Aires. Clarín creció, se instaló sucesivamente en inmuebles propios más amplios en Gálvez y Av. Dieciocho, y perduró hasta el golpe militar de 1973, cuando ya pertenecía a Víctor Pey Casado, quien lo adquirió a su fundador en España. Volpone se mudó de país porque su fino olfato político le hizo advertir el desastre que descargaría sobre Chile el apetito de poder de la oligarquía aliada con los militares. Hasta hoy Víctor Pey lucha porque sel Estado Chile le pague por los inmuebles y maquinarias de Clarín expropiadas por la dictadura militar.

En 1973, la dictadura de Pinochet (1973-2000) cambió el nombre de La Nación por La Patria, denominación de un antiguo diario de Concepción y más cónsona con la ideología fascista neo-liberal del régimen dictatorial que duraría 17 años. Su director era Carlos Sepúlveda Vergara, a la vez presidente del Colegio de Periodistas, democristiano y partidario entusiasta de los militares. Pero La Patria no repuntó, simplemente porque carecía de lectores.

Una ex agregada de prensa de la dictadura en Buenos Aires, Silvia Pinto, a quien se vincula con la fase periodística de las operaciones Colombo –como parte del Plan Cóndor, la multinacional de los servicios de espionaje de las dictaduras del cono sur–, se inspiró en la capital argentina y cuando fue designada directora de La Patria sacó de su cartera el nombre y logotipo de El Cronista, un excelente diario bonaerense del periodista Rafael Perrota, dueño también de El Cronista Comercial (vendido por suscripciones) y otro entre los más de cien hombres de prensa asesinados o desaparecidos por la dictadura de Rafael Videla. La mala copia de El Cronista pirateado duró hasta 1980, cuando el diario volvió a llamarse La Nación.

Notas:

1) Ver http://www.museodelamemoria.cl/actividad/el-cine-de-aguero/

2) http://www.sicnoticias.cl/portada/columnas/2013/03/07/los-tentaculos-mercuriales-llegan-al-museo-de-la-memoria-denuncia-de-faride-zeran/

3) http://www.theclinic.cl/2013/03/11/mauro-valdes-se-pico-con-autores-de-el-diario-de-agustin/

http://www.elclarin.cl/web/index.php?option=com_content&view=article&id=7434:tvn-y-el-museo-de-la-memoria-censuran-el-documental-el-diario-de-agustin&catid=2:cronica&Itemid=3

4) http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2009/07/03/la-nacion-gate-iii-todo-el-poder-de-colliguay-s-a/

* Ernesto Carmona es periodista y escritor chileno.