Atenas.- La situación económica en Grecia hace aguas y hasta el momento las medidas de austeridad no han hecho sino empeorar la situación social y política. El índice de desempleo ya ocupa el primer puesto de los 17 países que integran la Eurozona, afectando al 27% de la población activa, mientras que la recesión se profundiza. El propio Fondo Monetario Internacional reconoció sus errores de cálculo en el programa estructural impuesto a Grecia.

Grecia inició una nueva legislatura marcada por las incertidumbres sobre el futuro del ejecutivo de coalición y la forma en que enfrentará la promesa de suavizar las medidas de austeridad aparejadas al memorando de préstamo firmado con los acreedores internacionales. El nuevo gobierno encabezado por el primer ministro Antonis Samarás, líder del partido conservador Nueva Democracia (ND), contaba en principio con el apoyo del Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok) y de la formación centro-izquierdista Dimar.

Los principales retos a los que debía plantear urgentes soluciones tenían que ver con la catastrófica situación presupuestaria del sistema de salud pública y de los fondos de pensiones estatales, así como del incesante incremento del número de trabajadores desempleados. Los recortes en el sector de la salud dejaron a los hospitales públicos en situación de emergencia al carecer de fondos para comprar medicinas, pagar servicios médicos externos e, incluso, abonar las nóminas del personal sanitario dependiente de la seguridad social.

El número total de griegos sin empleo ascendía a finales del primer trimestre de 2012 al 22,6% de la población activa, siendo especialmente grave entre los jóvenes menores de 25 años para los que el índice de paro era del 52,7%. Además, por quinto año consecutivo la economía griega permanecía en números rojos, sin ningún indicador que ofrezca atisbo de mejora, y cuyos datos oficiales mostraron una caída del 6,2% del Producto Interno Bruto (PIB) durante el primer trimestre de 2012. (1)

Las drásticas medidas de ajuste impuestas desde Bruselas afectaron también al poder adquisitivo de las familias griegas, las cuales vieron reducidos sus ingresos en más del 25% como consecuencia de la rebaja de salarios y pensiones, y el aumento de los impuestos. Al mismo tiempo, el derrumbe de la actividad económica provocaba al cierre de pequeños comercios, a un ritmo de mil por semana.

Así las cosas, el nuevo gobierno pretendía legislar en favor de las grandes empresas intentando con ello recuperar el mercado de trabajo y los ingresos nacionales, y para lo cual situó en determinadas carteras ministeriales a personas con fuertes vínculos con estos grupos económicos. Uno de esos nombramientos fue el de Vassilios Rápanos, ex presidente del Banco Nacional, la mayor entidad financiera privada del país, y que dirige el crucial ministerio de Finanzas.

Otro ministerio que defiende los intereses de las grandes corporaciones es el de Turismo, a cargo de la diputada Olga Kefalogianni, una figura clave para la poderosa asociación de empresarios del sector que demanda más rebajas en los salarios como medida para aumentar la competitividad. Kefalogianni, una obstinada defensora de las medidas neoliberales, pertenece a una acaudalada familia de la isla de Creta y era la encargada de llevar a cabo las inversiones a gran escala prometidas durante la campaña al lobby empresarial. A su vez el Ministerio de Navegación fue delegado a Kostis Mussurulis, quien mantiene la relación con los armadores griegos, que cuentan con una de las mayores flotas de marina mercante del mundo, pero cuyos capitales se hallan principalmente en Londres.

El gabinete estuvo compuesto por 17 carteras, cuyos responsables procedían únicamente de ND, pues tanto las direcciones del Pasok como de Dimar decidieron por mayoría no involucrarse a ese nivel en el ejecutivo y apoyarlo únicamente mediante un voto de confianza en el Parlamento.

Dimar fue invitada a participar en el gobierno, pese a sus reservas sobre las medidas de austeridad y el acuerdo de préstamo, para dotar de mayor legitimidad social a un ejecutivo que es la reedición del que firmó el segundo memorando y sumió al país en el caos. Los tres partidos sumaban una cómoda mayoría de 179 escaños en una Asamblea Nacional compuesta por 300, pero el débil compromiso por parte de las dos formaciones menores despertó ciertos recelos entre los responsables europeos para el momento en que exijan nuevos sacrificios.

En materia tributaria el ejecutivo parecía inclinarse por una reducción de las tasas a las empresas y del IVA, pero sin hacer referencia a los gravosos impuestos directos de todo tipo que están llevando a las clases medias y bajas a situaciones lacerantes.

Mejora económica, una cuestión de fe

“Lo peor de la crisis griega ha pasado”, aseguró el gobernador del Banco Central de Grecia (BCG) Yorgos Provópulos a fines de 2012 en una entrevista concedida al diario económico Financial Times. La afirmación pudiera parecer arriesgada por la situación en la que se halla la economía griega. Pero al proceder de una figura autorizada como Provópulos y teniendo en cuenta que el mismo día el ministro de Finanzas Yannis Sturnaras garantizó el fin de la recesión en 2013, todo parecía indicar que el gobierno contaba con una base sólida para tal euforia.

En sus declaraciones al periódico británico, el banquero interpretó como una buena señal el hecho de que los bonos griegos cayeran por debajo del 10% de interés por primera vez en dos años, desde que se iniciara la crisis de la deuda soberana. Además, consideró positivo que la ciudadanía griega tuviera una mayor confianza en la permanencia del país en la zona euro, al tiempo que se sanean las finanzas públicas, mejora la competitividad y vuelven a retornar los depósitos bancarios retirados en los últimos meses.

Más que aportar datos, Provópulos mostró su fe en unas drásticas medidas de austeridad, las cuales solo acarrearon problemas más graves aún, pues Grecia se halla en el último puesto del Índice Global de Competitividad Industrial, dedicado al análisis de centenares de empresas de 38 países. De los 87 mil millones de euros que los ciudadanos griegos sacaron de sus cuentas hasta junio de 2012, únicamente 15 mil millones retornaron en el segundo semestre del año. Por mucho que el gobernador del BCG espere que “en el próximo año y medio se recuperarán otros 15 mil millones”, se está lejos de alcanzar los niveles de hace un año.

Desde la firma del primer memorando de préstamo, en 2010, el índice de desempleo en Grecia se duplicó y afecta ya al 27% de la población activa, mientras la economía se redujo en un 20% y según, las proyecciones gubernamentales, aún lo hará en un cuatro más durante 2013. Sin embargo, tales datos no parecen ser relevantes para Provópulos porque “lo realmente importante es que, aunque continúa la contracción del PIB, la confianza mejora constantemente” y pese a las dificultades “la estabilidad del sistema bancario se ha mantenido”.

En efecto, el equilibrio del sistema financiero se establece por el momento a costa de inyectar ingentes cantidades de dinero público, más de 50 mil millones de euros, que no solo hipotecan al estado griego, sino que le impiden mantener un nivel de funcionamiento digno y acorde a la realidad social del país. La confianza esgrimida por el banquero hacía referencia a ciertas mejorías, momentáneas y volátiles, procedentes de los mercados financieros, como ocurrió durante unas horas con el rendimiento de los bonos griegos a 10 años que cayó unas centésimas, o la subida de 11 puntos en la Bolsa de Atenas desde el inicio de 2012.

A la luz de los mercados, Provópulos aseguró que “Grecia disfruta de un descanso a tres años de oscuridad y parece estar cediendo el riesgo de agitación social”, justo tras una semana dominada por una dura y larga huelga del transporte público y con la amenaza de protestas en varios sectores contra la austeridad. Por último, el responsable financiero reconoció que tanto el fraude fiscal, estimado en más de 30 mil millones de euros, como el fracaso del programa de privatizaciones, que aún no consiguió alcanzar los niveles exigidos por los acreedores internacionales, podrían suponer nuevos recortes presupuestarios.

Desempleo, sólo una parte del problema

La economía griega, que se encuentra en su sexto año de recesión, ha ido destruyendo alrededor de mil puestos de trabajo diarios. El principal problema señalado por expertos y economistas sigue siendo la negativa influencia de las asfixiantes medidas de austeridad, que han reducido al mínimo el consumo privado al tiempo que disparan los impuestos sobre las pequeñas y medianas empresas, sustento del sistema económico griego.

Más de 60 mil empresas cerraron sus puertas durante 2012, según los datos de la Confederación Nacional de Comercio Helénico, ante la caída de las ventas y la imposibilidad de los empresarios para obtener financiación. El propio Fondo Monetario Internacional (FMI) reconoció en un documento de trabajo sus errores de cálculo en el programa estructural aplicado en Grecia pues se subestimó la influencia de la caída del empleo y de la demanda interna. (2)

Las cifras oficiales sobre el desempleo juvenil en Grecia son claras y contundentes: dos de cada tres no tienen trabajo, sin embargo no explican que el empleo del tercero está caracterizado por la más absoluta precariedad. Según el reporte emitido el 9 de mayo por la Agencia de Estadísticas griega (Elstat), hubo un nuevo avance del desempleo que se sitúa en el 27%, pero que afecta con especial gravedad a los más jóvenes con índices que van del 64,2%, para los menores de 25 años, al 36,2%, en el intervalo de edades comprendido entre los 25 y los 34.

Pese a los mensajes optimistas del gobierno, la situación está lejos de ser controlada pues en los últimos 12 meses el incremento del paro se aceleró en ambas franjas de edad, pero mucho más en la primera que sufrió un aumento de 10,1% (7,2 en la segunda).

Las cifras presentan sin embargo una realidad incompleta, pues una gran parte de los titulados universitarios están abandonando el país ante la más absoluta falta de perspectivas laborales y, consecuentemente, no figuran en las estadísticas como demandantes de empleo. El cálculo oficial tampoco recoge el flujo migratorio hacia el extranjero, pero una idea aproximada la dan los 123 mil contratos firmados por trabajadores griegos, solo en Alemania, durante 2012, lo que supuso un aumento del 11% con respecto al año anterior.

Así las cosas, el primer ministro, Antonis Samarás, que llevaba anunciando desde hace meses la inminente puesta en marcha de planes de empleo juvenil que beneficiarán a decenas de miles, eligió el mismo día que Elstat para presentar un programa especial de contratación orientado hacia el sector del turismo.

La propuesta se basa en un acuerdo entre el ministerio de Trabajo y la Asociación de Empresas de Turismo, por el que se crearán 10 mil puestos destinados a personas sin empleo de entre 18 y 29 años, graduados universitarios o con educación secundaria. La oferta no tiene nada de original si se tiene en cuenta que los puestos de trabajo no excederán de los cinco meses, es decir serán contratos temporales pensados para reforzar las plantillas en el sector de la hostelería durante la temporada de verano en un año en el que se espera un importante aumento de visitantes extranjeros.

Lo que sí es una novedad es que el gobierno autorice que los empresarios turísticos formalicen relaciones de prestación de servicios, pues no pueden ser denominados contratos laborales, con remuneraciones inferiores al salario mínimo legal y sin ningún tipo de cobertura social o sanitaria. La precariedad es, sin duda, la característica más extendida en todo lo que se relaciona con el mundo laboral y los jóvenes, muchos de los cuales integran ese 40% de trabajadores griegos que no están asegurados ni contratados legalmente, según un informe de los inspectores del Fondo de la Seguridad Social IKA. Un porcentaje que aumentó en casi diez puntos en apenas un año y que involucra al 52 por ciento de las empresas auditadas durante marzo.

Otro aspecto a tener en cuenta, relacionado con la grave situación de crisis económica por la que atraviesa el país, es la dificultad que tienen las empresas para pagar los salarios a tiempo, algo que en el 90% de los casos no se consigue. Los datos de la inspección de trabajo muestran que en la mayoría de los casos son empresas pequeñas o familiares, del sector de la restauración y el comercio al por menor, y sus retrasos en el abono pueden ir desde unos pocos días hasta varios meses.

Plan contra el desempleo

El alarmante índice de desempleo en Grecia, cercano al 27%, hizo al fin saltar las alarmas del gobierno y movilizarlo para anunciar un plan nacional de empleo dirigido principalmente a los jóvenes. Este programa establece el objetivo de crear 62 mil puestos de trabajo mediante la subvención a empresarios para la contratación de menores de 35 años sin empleo, así como algunas acciones en el medio rural o de trabajo social en el sector de la cultura. La financiación del proyecto correrá a cargo del Fondo Social Europeo y del Fondo Europeo de Desarrollo Regional, y estará coordinado por tres ministerios: Trabajo y Seguridad Social; Desarrollo e Infraestructuras; y Educación y Cultura.

El ministro de Trabajo Yanis Vrutsis señaló que desde el gobierno “hemos declarado la guerra al desempleo; nuestra principal preocupación para 2013 es la generación de nuevos puestos de trabajo” y en particular para los jóvenes pues ante las dificultades existentes están comenzando a emigrar. De ese modo, Vrutsis reconocía implícitamente los pésimos datos recogidos en la encuesta laboral, divulgada por el organismo heleno de estadísticas, así como el hecho de que solo en Alemania 123 mil griegos fueran contratados durante 2012, según la Agencia Federal de Empleo de ese país.

Las previsiones del ejecutivo griego de estabilizar el desempleo en el 24% a lo largo del presente año y reducirlo al 22,2% en 2014 parecen tan alejadas de la realidad como las infundadas muestras de optimismo recogidas a diario por la prensa neoliberal griega. El entusiasmo gubernamental se basa en nuevos recortes presupuestarios, aumento de ingresos fiscales y reactivación económica, una vez que el sector bancario sea recapitalizado y se reciban 400 millones de euros del Banco Europeo de Inversiones para financiar pequeñas y medianas empresas.

En mayo de 2013 el ministro Yanis Sturnarás se aventuró a afirmar que la economía y el empleo comenzarán a recuperarse en 2014, sin prestar atención a los datos del desempleo: un millón 320.189 de personas no tenían trabajo en febrero de 2013, un aumento de 245 mil personas en el cómputo interanual. Desde que a Grecia le fueron impuestos drásticos recortes presupuestarios, en mayo de 2010, el desempleo aumentó del 12% al 27%. (Ver cuadro)

En el segundo semestre de 2013 el desempleo en Grecia frenó su imparable ascenso, cayendo unas décimas porcentuales en el cómputo anual, lo que sirvió al gobierno para retomar su discurso triunfal y anunciar el fin de una tendencia negativa. Según los datos facilitados por la Elstat, el índice de desempleo bajó del 27,4 al 27,1% entre el primer y el segundo trimestre del año, pero pese a este ligero respiro el número de personas sin trabajo continuaba 3,5 puntos por encima con respecto al mismo periodo del año anterior.

También hubo un tímido aumento de las contrataciones, registrándose un incremento de un punto en el número de personas empleadas, pero de nuevo esa cifra se tambalea en el cómputo interanual pues supone una caída del 4,2% comparado con el segundo trimestre de 2012. Pese a ello, el ministro Vrutsis celebró con entusiasmo los datos divulgados por Elstat asegurando que “están en sintonía con los registros similarmente positivos para el empleo asalariado en el mismo período, lo que confirma que el desempleo está disminuyendo y el mercado laboral parece haberse estabilizado”.

“Nadie discute el hecho de que el desempleo se mantiene en niveles particularmente altos”, explicó el ministro, sin embargo, durante el segundo trimestre de 2013 “ha experimentado un descenso, por primera vez en 48 meses consecutivos”. No fue el único es manifestar cierto optimismo ante unas cifras que son fruto más de una particular coyuntura, el repunte de la temporada turística, que de cambios estructurales económicos que pudieran marcar un cambio de tendencia. (3)

Analistas consultados por Prensa Latina consideraron que las cifras de Elstat muestran en todo caso un estancamiento temporal, y que el desempleo continuará aumentando pues la economía griega no muestra signos de recuperación pese a los mensajes del gobierno. Un breve repaso a las estadísticas oficiales muestra que los ingresos del país disminuyeron un 75% con respecto al inicio de la crisis, en 2008, y se sitúan en los niveles de 2002, con una fuerte reducción de la inversión, el consumo interno y la producción industrial. Según Elstat, desde 2008 hasta hoy los salarios se redujeron un 32%, la construcción un 70,2%, el negocio inmobiliario un 39,9%, la minería y la metalurgia un 42,7%, las finanzas y los seguros un 29,6% y las importaciones un 48,2%.

En lo que respecta al mercado laboral, el gobierno eliminará 25 mil puestos de trabajo en el sector público de aquí a fin de año, la mitad de ellos antes de que acabe septiembre, pasando a sus ocupantes a una situación de reserva durante 8 meses, con una parte del sueldo, al término de los cuales causarán baja definitivamente. Otros 4 mil funcionarios serán despedidos directamente y 3 empresas estatales, ligadas al ministerio de Defensa, deberán ser cerradas debido a sus pérdidas según exigen los acreedores internacionales, lo que generará en unos meses una nueva ola de miles de desempleados.

De este modo el sector público comienza a sufrir el duro ajuste que desde el inicio de las medidas de austeridad fueron objeto los trabajadores de las empresas privadas, aunque en ambos casos los objetivos no declarados sean el recorte de derechos y la precariedad de las condiciones laborales. Pese al discurso oficial de que la administración necesita racionalizar sus estructuras y reducir una plantilla sobredimensionada, una de las primeras medidas del gobierno tras la firma de los primeros 12.500 despidos fue la de convocar una oferta de empleo público para 30 mil trabajadores, por un periodo de 5 meses, y con salarios por debajo del mínimo legal.

Esclavitud laboral

La crisis en Grecia golpea de manera indiscriminada a todos los trabajadores, pero en el caso de los inmigrantes hay que sumar abusos y estafas cometidos por empresarios sin escrúpulos y que ahora la justicia comenzó a investigar. Jornadas de 15 horas diarias en granjas o explotaciones agrícolas, salarios no pagados, alojamientos inmundos, son algunas de las condiciones de semi esclavitud en la que se hallaba un numeroso grupo de trabajadores pakistaníes localizados en Megara, a pocos kilómetros de la capital.

Precisamente fue la Fiscalía de Atenas la que abrió diligencias para investigar la situación de estos 110 migrantes encontrados en una granja avícola en desuso, y por la cual les estaban cobrando unos 10 euros diarios por persona, para dormir en unos cubículos con colchones de espuma donde antes estuvieron las gallinas. Dentro de los galpones las temperaturas son insoportables en verano y muy duras en invierno, solo cuentan con dos retretes y para ducharse tienen que ir al pueblo.

Los testimonios de las víctimas fueron recogidos en un largo reportaje por el diario Eleftherotypia, quienes denunciaron la práctica generalizada de no pagar los salarios y la estafa de un vecino de la localidad al que dieron dinero para que trajera a sus familiares a Grecia. El jefe de la comunidad paquistaní en la localidad, un hombre llamado Sabir, explicó que en Megara viven unos mil compatriotas con sus papeles en regla y otros 700 en situación irregular, quienes trabajan entre 12 y 15 horas al día y a los cuales “ocho de cada diez jefes no pagan”.

Igualmente relató que llegaron a ser 3.500, pero muchos ya regresaron a sus hogares ante las condiciones cada vez más indignas; “trabajaron durante muchos años, pero se fueron con las manos vacías”, aseguró. Los que se quedaron lo hicieron fundamentalmente porque les debían mucho dinero. Sabir precisó que hay un patrón que hace tres años no les paga, “nos dice venir a trabajar y os pagaré mañana, nos ofrece 50 euros al mes. Yo no soy un mendigo”. Pero junto a las denuncias de los trabajadores por sus condiciones laborales, de vida y por el impago de sus salarios, la fiscalía trata de dilucidar la estafa denunciada por los paquistaníes, quienes dieron importantes sumas de dinero a cambio de visas para familiares y amigos.

Numerosos trabajadores pagaron a una persona de Megara para tramitar los documentos y poder traer a sus allegados, los cuales nunca llegaron pese a que el dinero desembolsado asciende a “cientos de miles de euros”, aseguró Sabir. Las víctimas, quienes argumentaron con pruebas documentales el haber entregado esas cantidades al denunciado, aseguran sin embargo que carecen de medios económicos para contratar a un abogado y llevar adelante su caso.

Uno de los trabajadores de mayor antigüedad en la zona, Mohammad Yunus, de 63 años de edad, explicó cómo fue engañado, entregando poco a poco todo su dinero y quedando finalmente sin nada. “Hace tres años me dijo que necesitaba más gente para trabajar con él”, narró Yunus, “tráeme a tus hijos y sobrinos”; desde entonces le entregó 16 mil euros, por sus cuatro hijos, más 2.800 en concepto de fianza. “Me iba diciendo: Dame algo de dinero para la embajada o el papeleo ha llegado, dame un poco más, hasta que le pagué todo”; ahora Yunus, que vive y trabaja legalmente en la zona desde hace 40 años, se encuentra en una situación muy difícil y a su edad debe redoblar sus esfuerzos para recuperar todo lo que ha perdido.

Otro miembro de la comunidad paquistaní, Mohammed Nasim, dijo que él había llegado a Grecia para trabajar y buscar una vida mejor, pero ahora su jefe le pide que guarde silencio amenazándole con llamar a la policía o a los matones del partido neofascista Amanecer Dorado. “Soñamos con Europa y despertamos esclavos en Megara”, se lamentó, “simplemente no sabemos a dónde ir”.

La recuperación que no llega

En abril de 2013 el gobierno griego mantenía nuevas y difíciles conversaciones con una delegación de los acreedores internacionales para evaluar la marcha de las medidas de austeridad exigidas. El mayor desencuentro entre las partes se dio en el tema de la reducción de miles de puestos de trabajo en el sector público, pero también se abordaron otras cuestiones como el proceso de recapitalización del sistema bancario, la rebaja del controvertido impuesto de la propiedad y la posibilidad del pago aplazado para las deudas tributarias.

La troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) llevaba meses insistiendo en la necesidad de recortar hasta 150 mil empleos en la administración del estado; sin embargo, el gobierno de coalición dirigido por Samarás se ha resistido a ello, sabedor de que ahí se encuentra su último reducto de credibilidad y de votantes.

Samarás aseguró en la I Conferencia Nacional para el Crecimiento 2012-2020 que este sería el último año de recesión y que los resultados positivos de su política financiera comenzarán a mostrarse pronto. No parece que el mejor modo de poner fin a la crisis sea dejando en la calle a miles de funcionarios, como pretende la troika, ni tampoco hacer pasar los despidos por reforma y asegurar a la vez que “el gobierno no aceptará más medidas de austeridad”, como dijo el ministro de Finanzas Yanis Sturnarás el 7 de abril.

Lo cierto es que la situación económica en Grecia hace aguas por muchos puntos y hasta el momento las medidas de austeridad no han hecho sino empeorar la situación tanto en el plano económico como en el social y en el político. El índice de desempleo continúa ascendiendo y ya ocupa el primer puesto de los 17 países que integran la Eurozona, afectando al 26,4% de la población activa, pero las previsiones de los analistas son aún peores.

Según el informe presentado por la Fundación para la Investigación Económica e Industrial (IOBE), el desempleo continuará aumentando a lo largo de 2013 y la recesión económica se profundizará en cerca de un 5%, lo cual vendrá a sumarse al 23,3% que ya se redujo desde el inicio de la crisis en 2008. En la misma línea se posicionaba el estudio realizado por la Confederación Helénica de Profesionales, Artesanos y Comerciantes al prever para el año en curso el cierre de 55 mil empresas, la mitad de ellas familiares, lo que generará 195 mil nuevos desempleados.

Otros indicadores muestran tendencias preocupantes como la imparable caída de la producción industrial, tras seis años de recesión, el descenso en más de un 30% con respecto al año anterior de la construcción, uno de los pilares de la economía hasta el inicio de la crisis, y el aumento del déficit fiscal. Los continuos recortes de sueldos y salarios, así como el brutal aumento de la presión fiscal, mermó los ingresos familiares y su capacidad de compra, llevando a la quiebra al sector comercial y a miles de empresas del sector industrial, lo que a su vez alimenta la espiral de desempleo y menores salarios. Ahora le toca al Estado sufrir las consecuencias de sus propias recetas neoliberales, pues alrededor de la mitad de los ciudadanos no pueden hacer frente a sus obligaciones tributarias y su deuda asciende ya a 55 mil millones de euros.

Además la contracción del consumo también redujo los ingresos por el IVA, y cada vez en mayor número trabajadores por cuenta propia y pequeños empresarios son incapaces de hacer frente a las cotizaciones de la seguridad social, mientras los gastos de esta van en ascenso debido al incremento del número de jubilados. Según los datos del Consejo Económico y Social de Grecia, unos 400 mil autónomos no están al corriente de sus pagos, mientras en el sector privado los empleados han visto reducidos sus salarios desde el inicio de la crisis hasta en un 40%.

En concreto, la recaudación tributaria se redujo durante los meses de enero y febrero en un 6,7% en comparación con el mismo periodo de 2012, mientras los ingresos totales lo hicieron en un 8,7%. Con este panorama, el gobierno tiene que enfrentar una reestructuración bancaria con unas entidades que por el momento no han conseguido reunir la financiación privada exigida y arrastran una absoluta falta de liquidez, pues los ciudadanos cuentan cada vez con menos dinero en los bancos.

¿Teatro griego o crisis de gobierno?

Las tensiones desatadas dentro de la coalición de gobierno en Grecia se producen en el marco de un profundo deterioro de las relaciones entre el partido del primer ministro, Nueva Democracia, y los dos socios menores del pacto, Pasok e Izquierda Democrática (Dimar). Esta ha sido, al menos en los grandes medios de prensa, la visión dominante sobre un conflicto que estalló cuando el 11 de junio de 2013 el ejecutivo de Antonis Samarás decidió cerrar de manera fulminante la Radio Televisión de Grecia (ERT) y dejar, en apenas seis horas, a 2.700 trabajadores en la calle.

La sorpresiva medida de fuerza se produjo poco después del desencuentro dentro de la coalición a propósito del proyecto de ley contra el racismo, tras varios sonados fracasos en el plan de privatizaciones y a pocos días de que venciera el plazo para reducir en dos mil el número de empleados públicos exigido por los acreedores internacionales.

Samarás se convirtió de ese modo, en opinión de quienes defienden los programas de austeridad, en un gestor enérgico que vino a poner fin al clima de corrupción y despilfarro reinante en la cadena pública y a la que ningún otro gobierno se había atrevido a incomodar. De un solo plumazo solucionó el problema de los despidos en la administración, pero a cambio se encontró con una férrea oposición por parte de los trabajadores de la ERT y de una amplia mayoría de ciudadanos que vieron el cierre de la cadena como un atentado al derecho a la información y contrario a la pluralidad democrática de los medios de comunicación. (4)

En medio de esa continua profusión de gestos, declaraciones y denuncias, los trabajadores siguieron emitiendo ininterrumpidamente desde la noche del cierre, con el apoyo de partidos políticos de izquierda, sindicatos y miles de personas que ocuparon el recinto de los estudios centrales para mostrar su apoyo y solidaridad. Los trabajadores pusieron en evidencia no solo el autoritarismo de Samarás, quien gobierna por decreto de espaldas al Parlamento, sino también sus mentiras al publicar la lista de altos cargos de la ERT, colocados a dedo por el ejecutivo, con sueldos millonarios y responsables del despilfarro de recursos cuyos beneficiarios eran familiares y amigos.

El plan del gobierno fue retrasar hasta el límite el restablecimiento de la señal y aprovecharse de la ambigua sentencia del Consejo de Estado para proceder a despedir a más de la mitad de la plantilla, imponiendo a sus socios de gobierno la política de hechos consumados de que “la ERT ya no existe”. Muchos analistas y gran parte de los medios de comunicación presentaron los problemas de la coalición como un detonante que podría ocasionar la ruptura de la mayoría parlamentaria sustentadora del gobierno y un futuro de incertidumbre para el país con la convocatoria de elecciones anticipadas.

Otras opiniones difieren de esta perspectiva, así Kostas Isijós, responsable de Relaciones Internacionales del principal partido opositor (Syriza), explicó a Prensa Latina que las discusiones entre los tres partidos “son un teatro, ninguno de ellos quiere ir a unas elecciones”; todos tienen mucho que perder y muy poco que ganar.

Tras la marcha del socio menor de la coalición, Izquierda Democrática, el primer ministro Antonis Samarás y el líder del Pasok Evangelos Venizelos acordaron una remodelación ministerial que vira hacia posiciones más extremistas. Así, el 25 de junio de 2013 juramentaron los miembros del gabinete del nuevo gobierno griego. Uno de los nuevos integrantes, Adonis Georgiadis, quien desempeña el cargo de ministro de Salud, se jacta de su pensamiento antisemita y xenófobo del cual dio buenas muestras mientras fue portavoz del partido ultranacionalista Laos.

Otro polémico nombramiento es el de Mijalis Jrisojoidis, miembro del Pasok y ministro de Transportes, quien durante el gobierno del tecnócrata Lukas Papadimos ideó estando al frente de la cartera de Interior los polémicos centros de detención de inmigrantes y realizó declaraciones de marcado contenido racista. Junto a él continúa en el puesto de ministro de Orden Público el controvertido Nikos Dendias, autor intelectual de la campaña “Zeus hospitalario” por la que más de 6 mil inmigrantes han sido detenidos en Grecia, hacinados y golpeados durante su cautiverio, y muchos de ellos deportados a sus países de origen.

Otro de los cambios más relevantes fue la designación de Venizelos como vicepresidente y ministro de Relaciones Exteriores, dos cargos que se vienen a sumar al de los otros 9 miembros de su partido que ocuparán 2 ministerios y 7 plazas de viceministro. También se nombró un ministro de Estado encargado de la reforma de la Radio Televisión de Grecia (ERT), Pantelis Kapsis, quien será responsable de buscar una salida al conflicto con los trabajadores.

Entre las carteras clave se encuentra la de Finanzas, que sigue en manos del cercano colaborador de Samarás, Yanis Sturnarás; la de Defensa, ocupada ahora por Dimitris Avramopulos; y la de Reforma Administrativa, de la que se hizo cargo Kyriakos Mitsotakis, representante de una importante dinastía política conservadora.

Notas:

1. El 22 de mayo de 2012 la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) pronosticó que la economía griega continuaría en recesión durante los próximos dos años. Según las conclusiones de un informe del organismo, publicado por el diario Kathimerini, el PIB griego se contraería al menos hasta el segundo semestre de 2013, y ello siempre y cuando se apliquen plenamente las duras reformas exigidas por la troika.

2. En junio los tecnócratas del FMI admitieron haber equivocado los cálculos de los llamados “multiplicadores fiscales”, o el efecto que los recortes en el gasto público tienen sobre la economía griega. “Los errores se debieron más a un exceso de optimismo en el potencial de crecimiento”, se dijo en esa oportunidad. En agosto el FMI reconoció por segunda vez en apenas dos meses errores de cálculo en su programa de austeridad para Grecia. Según un documento de trabajo publicado por el diario To Vima, no se valoraron correctamente los devastadores efectos de las políticas impuestas al país y se sobreestimó el estado de la economía local. El documento titulado “Evaluación del impacto y la eliminación gradual del ajuste fiscal multianual: un marco general” considera que las principales razones de esta situación son la inadecuada aplicación del programa de reformas, así como las graves convulsiones sociales y políticas por las que atraviesa el país.

3. También diarios como el conservador Kathimerini, baluarte del gobierno y de las políticas neoliberales, tituló “el desempleo cae por primera vez en cuatro años” y acompañó la noticia con el dato de que el comercio minorista recuperó un 0,2% de sus ventas durante el periodo de abril a junio. Por su parte To Vima rescató un informe de la consultora internacional, con sede en Londres, Ernst & Young en donde se pronosticaba que la economía griega se estabilizará en 2015, con el turismo y las exportaciones como motor del crecimiento.

4. Las críticas también llegaron desde Europa, donde 55 dirigentes de cadenas públicas de radio y televisión enviaron una carta en la que calificaban el decreto de cierre como una medida “antidemocrática y poco profesional”, y pedían la reapertura del ente audiovisual. A todo ello vino a sumarse la decisión del Consejo de Estado, máximo tribunal en materia administrativa del país, en la cual dictaminaba que las emisiones de la ERT debían reanudarse en el menor plazo posible y continuar hasta la creación de la nueva cadena anunciada por el ejecutivo. En la misma línea se posicionaron tanto Pasok como Dimar, asumiendo que el debate en el seno de la coalición sobre la creación de la nueva cadena debía de llevarse a cabo una vez se hubiese restablecido la programación de los canales públicos.

* Corresponsal de Prensa Latina en Grecia.