(CUBARTE).- Desde fines del siglo pasado, la consolidación de la computación y de la cibernética sentó las bases para una verdadera revolución en las prácticas y rutinas productivas, comunicativas o culturales de los ámbitos públicos y privados; es decir, en todas las actividades humanas. Esta denominada “informatización de la sociedad”, convierte en cotidiano lo que hace unos decenios era pura ciencia-ficción.

En el novedoso y dinámico universo virtual de Internet —punta del iceberg— se produce una absoluta subversión de las tradicionales concepciones del espacio y del tiempo y se articulan operaciones y procesos concretos inéditos: ¿Quién pudo prever el acceso simultáneo e instantáneo de millones de usuarios a múltiples ofertas, servicios de información o comunicación con una cobertura global? ¿Cómo anticipar la insólita interactividad entre los más diversos públicos y el novedoso y siempre creciente catálogo de modalidades de la comunicación interpersonal y mediática?

Acostumbrados a la tradicional independencia física de los periódicos, radioemisoras, televisoras, operadores de telefonía y mensajerías… ¿Podía alguien soñar que un mismo soporte físico —incluso portátil— integrara a todos los medios de comunicación y que por demás, añadiera cada día más artilugios materiales y nuevas aplicaciones?

La digitalización, uno de los aportes más relevantes de la informática, transforma y optimiza radicalmente las funciones, procesos o sistemas operacionales, normativos o creativos de la industria y de los hipertextos que la asumen. Los sectores de la información, la comunicación, el diseño, el audiovisual y el arte no son ajenos a este fenómeno.

La fotografía, una de las matrices esenciales del cine, la televisión y la propia computación, abandona el laborioso y lento proceso del revelado químico o las fotos instantáneas degradadas con el tiempo; optimizando su calidad y reproducción. Estos nuevos saberes y quehaceres la redimensionan como práctica cultural masiva de grandes segmentos poblacionales no profesionales que con sus herramientas, logran no solo resultados óptimos y creativos en las fotos fijas sino también en el video.

En la música, se acelera la creación de obras originales y posibilita la apropiación e incorporación de bandas sonoras, sonidos y efectos de las más variadas naturalezas y orígenes. En las disciplinas del diseño gráfico, la arquitectura, las artes plásticas o la arqueología, con el uso de la segunda o tercera dimensión reconstruyen y proyectan cualquier obra humana pasada, presente e incluso futura.

La reconversión de la televisión mundial analógica se inicia desde los años noventa del pasado siglo en los países con mayor desarrollo tecnológico, impulsada por sus hipervínculos con Internet, los periódicos y la radio. Por ello, el reciente anuncio de que entre 2013 y 2021 Cuba digitalizará su televisión es realmente halagüeño.

Por más de cincuenta años de férreo bloqueo norteamericano, la aplicación de las nuevas tecnologías en las telecomunicaciones cubanas venció los retos de nuestra tradicional y absoluta dependencia tecnológica del vecino del Norte, las serias limitaciones financieras y hasta nuestra configuración territorial alargada, que impuso a la difusión de la radio y la televisión el establecimiento de una extensa y vulnerable red de antenas unidireccionales y transmisores-repetidores sometida usualmente a los azotes de las perturbaciones atmosféricas caribeñas.

Todo ello convirtió al transporte de dichas señales desde los centros emisores capitalinos hasta la serranía más abrupta y hasta Baracoa —el último reducto poblacional en el Oriente— en una verdadera epopeya. No obstante, los ingentes esfuerzos del Estado y de todos sus trabajadores han permitido, año tras año, la renovación gradual del equipamiento televisivo.

La digitalización televisiva cubana constituye un verdadero punto de giro para nuestro sistema de televisión pública abierta o terrestre, que difunde hacia el éter en tiempo real mensajes, contenidos o programas, pues los de cable o satélite solo existen en casos contados.

No obstante la inversión financiera y tecnológica que significa, reducirá sensiblemente las redes de antenas y repetidores de la infraestructura convencional, complementándola o sustituyéndola por las de fibra óptica; soporte físico por donde circularán simultáneamente las señales de múltiples canales de televisión o radio, servicios de texto —audiovisuales o no—, la telefonía, etc.

La digitalización constituye en sí misma una novedosa y compleja mirada tecnológica que optimiza y potencia lared distributiva y otorga a la operación de televisión la máximacalidad de imagen y sonido en todas sus transmisiones. Eso implica que todas las señales de los canales televisivos que acceden a su hogar tendrían la misma calidad y quedarían atrás las tradicionales interferencias por ubicaciones geográficas específicas o limitaciones tecnológicas de las antenas.

En la misma forma se optimizará la gestión televisiva en todos los eslabones y niveles del sistema desde su etapa creativa-productiva, en la de distribución y hasta en la de comercialización de su amplio catálogo de productos.

Así, el ordenador desplaza a las máquinas reproductoras y diversos casettes profesionales, dejando atrás las angustias de las diferencias entre sistemas y normas internacionales y los sucesivos transfers, con un considerable ahorro de capacidad de almacenaje y celeridad en la circulación interna y externa.

Desaparece el concepto de original y copias que tanto sufrimiento nos ha dado a todos, cuando veíamos degradarse la resolución y definición de las imágenes fijas o en movimiento, y nos introduce en una reproducción infinita sin deterioro de su imagen o sonido.

Los dibujos animados y los largometrajes de ficción que la industria fílmica digitalizada ha estrenado en los últimos años, nos hacen avizorar su repercusión en la televisión.

Aunque las posibilidades son infinitas, veamos algunas de las que ya son realidades. La tradicional representación escénica de actores-actrices se comparte o suplanta cada día más por personajes virtuales muy diversos. De esta forma, con creciente frecuencia, los seres humanos y animales reales se sustituyen por la réplica de sus movimientos o expresiones contenidas en diseños creados por la robótica o la propia computadora.

Así las cosas, el milenario actor en muchas ocasiones interpreta su rol delante de una cortina —recortador— sin ver nunca a sus contendientes, ni la locación en la que se encuentran, el vestuario o la utilería que usarán. Muchas de estas nuevas prácticas y rutinas productivas o creativas exigen nuevas habilidades y competencias, desarrollan nuevas aptitudes o capacidades e imponen al artista una monumental capacidad de abstracción, imaginación e interpretación.

La digitalización permite reproducir o replicar los más disímiles textos y creaciones y hace realidad la magia o lo real-maravilloso al crear o amplificar ambientes, entornos y personajes que antes necesitaban de escenografías, locaciones o paisajes concretos; de la utilería, el vestuario, el maquillaje y los efectos especiales.

Esta reproducción parcial o total de otros textos e imágenes reales-virtuales significan un monumental ahorro de energía, finanzas, logística y amplían los recursos expresivos artísticos.

Aunque aun no se agotan las posibilidades creativas de la digitalización, ya está claro que ha transformado radicalmente el tratamiento y los límites del audiovisual.

* Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad de La Habana. Diplomada en Marketing y en Investigación Social. Desde 1991, investigadora del Centro de Investigaciones Sociales del Instituto Cubano de Radio y TV. Colaboradora Adjunta de la Cátedra de Estudios Teóricos de la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana. Master en Ciencias de la Comunicación de la mencionada Facultad en 2002. Actualmente guionista de Secciones del Ayer y Figuras de Siempre en el programa televisivo Entre Tu y Yo.